800 007 970 (Gratuito para españa)
658 598 996
·WhatsApp·

27 feb 2012

Actividad física, salud y sentido de coherencia y salud en personas mayores

/
Enviado por
/
Comentarios0
/
Etiquetas,
El presente estudio tuvo como objetivo determinar la relación entre actividad física, salud y sentido de coherencia en una muestra de adultos mayores que se perciben como sanos y que asisten diariamente a una estancia diurna especial para personas mayores a realizar diversos tipos de actividades.
Autor(es): Zoila Edith Hernández Zamora
Entidades(es): Universidad de Las Palmas de Gran Canaria
Congreso: XIII Congreso Andaluz de Psicología de la Actividad Física y el Deporte
Sevilla España, 17-19 de Noviembre de 2011
ISBN:978-84-939424-1-0
Palabras claves: actividad física, salud, adultos mayores, autopercepción, sentido de coherencia

Actividad física, salud y sentido de coherencia y salud en personas mayores

Resumen

El presente estudio tuvo como objetivo determinar la relación entre actividad física, salud y sentido de coherencia en una muestra de adultos mayores que se perciben como sanos y que asisten diariamente  a una estancia diurna especial para personas mayores a realizar diversos tipos de actividades. Método: ubicar y seleccionar para el estudio a aquellas personas que realizan ejercicio sistemático y con instructor  diariamente y que, además, se autoperciban como sanas para compararlas con otras en las mismas condiciones pero que no hacen ejercicio. Aplicación de los siguientes instrumentos de medición: cuestionario de datos generales,  cuestionario de orientación hacia la vida mismo que mide sentido de coherencia y cuestionario general de salud de Goldberg. El criterio de inclusión fue que las personas tuvieran 60 y más años y que asistan regularmente a la estancia de referencia. Los resultados indican que la generalidad de los entrevistados, aún cuando padezcan alguna enfermedad crónico degenerativa, se auto perciben como sanos y que, una de las variables que correlaciona con esta auto percepción es realizar actividad física de manera sistemática y cotidiana. Conclusiones: Las personas de la muestra entrevistada que realizan alguna actividad física, muestran, de manera estadísticamente significativa mayor sentido de coherencia que aquellas que no tienen actividad física. A partir de lo cual puede afirmarse que realizar una actividad física a partir de la edad adulta mediana es un factor predisponente y protector para una vejez saludable.

Introducción

This study was aimed to determine the relationship among physical activity, health and sense of coherence in a sample of aged people who recognized themselves as healthy people, and who every morning go to an old people’s home to do different kinds of activities. Method: to locate and to select people who regularly do exercise with an instructor and also who perceive themselves as healthy people to be compared with others in the same conditions, but who do not do any exercise. Use of the following measuring instruments: general data questionnaire, questionnaire of orientation toward life which measures sense of coherence and general questionnaire of health of Goldberg. The inclusion criterion was that people were 60 something and who regularly went to the referred home. Results indicate that most of the interviewed people, even though they suffer from some chronic degenerative illness, consider themselves as healthy people and that one of the variables that correlates with this self-perception is to regularly do some physical activity. Conclusions: the people who do exercise show a statistically significant higher sense of coherence than those who do not do any exercise. From these results it can be said that doing exercise in adulthood is a factor that predisposes and protects for a healthy old age.

Key words: physical activity, health, aged people, self perception, sense of coherence

Según Ashton y Seymour (1990, citados en Gallard, 2002) existen factores determinantes en la salud de las personas, mismos que son definidos como los elementos que delimitan las condiciones de salud de un individuo o comunidad. Estos autores consideran que los principales determinantes de salud son: dotación genética, factores ambientales, factores nutricionales, salud laboral y estilos de vida.

Según Giraldo y cols. (2010) en el mantenimiento de la salud intervienen cuatro factores fundamentales en diversas proporciones: factores biológicos individuales determinados por la carga genética (25%); medio ambiente (15%); atención médica (10%) y estilos de vida, actitudes y comportamiento (50%).

De los factores anteriormente mencionados, como puede observarse, los que tienen un mayor impacto en la salud de las personas son los estilos de vida, mismos que según Last, (1998, citado en Aburto, 2001, p. 54) son el conjunto de hábitos y costumbres que es influido, modificado, estimulado o restringido por el proceso de socialización de toda la vida. Estos hábitos y costumbres incluyen el uso de sustancias como el alcohol, tabaco, té, café; hábitos dietéticos, ejercicio, conductas sexuales, entre otros, que tienen importantes implicaciones para la salud y son frecuentemente el tópico de investigaciones epidemiológicas.

En esta forma se puede elaborar una serie de estilos de vida saludables o comportamientos saludables o factores protectores de la calidad de vida, que al asumirlos responsablemente ayudan a prevenir desajustes biopsicosociales y mantener el bienestar para generar calidad de vida, satisfacción de necesidades y desarrollo humano.

Los estilos de vida saludables están íntimamente relacionados con las conductas de salud, que son aquellas que las personas adoptan en ausencia de cualquier indicio o síntoma, y que están destinadas a mantenerse bien o a incrementar el estado de bienestar. Ejemplos de tales conductas serían vacunarse, hacer ejercicios, realizar exámenes médicos preventivos, usar cinturón de seguridad, tomar vitaminas, seguir una dieta equilibrada, entre otras. Se refieren a acciones que realizamos mientras estamos saludables y que pueden mantener o mejorar nuestro estado de salud (Barra, 2002).

Es habitual en psicología cuestionar acerca del impacto negativo que ciertas situaciones pueden tener sobre la salud psíquica de un individuo que ha estado expuesto a situaciones de adversidad tales como catástrofes naturales o sociales, así como eventos vitales altamente perturbadores, Sin embargo, parece igual de importante e interesante poder situar qué sucede con aquellas personas que sobrellevan estas situaciones  sin evidenciar necesariamente consecuencias por la vía sintomática o psicopatológica. Estas personas parecieran disponer  de recursos subjetivos tales que les permiten amortiguar el impacto de esos eventos así como dar curso más elaborado al dolor psíquico que situaciones semejantes pudieran conllevar (Brizzio y Carreras, 2007).

Frente a este escenario, Antonovsky (1979, 1987), sociólogo, investigador de la Universidad de Ben Gurion, Israel se preguntó: ¿Qué es aquello que nos mantiene sanos, a pesar de que estemos sometidos a la continua influencia de condiciones ambientales adversas? ¿Por qué algunas personas muestran dificultades para superar situaciones conflictivas y otras, que atravesaron las mismas circunstancias vitales, resultan indemnes a tal situación? Este autor dirigió sus investigaciones hacia el estudio de la relación entre situaciones, fenómenos o eventos vitales estresantes y la salud psíquica. Es decir, qué es aquello que hace que la exposición frente distintos tipos de sucesos de vida perturbadores pueda ser  tramitada o elaborada de  modo tal de no presentar consecuencias sintomáticas. Este autor propone entonces un marco para el estudio de la temática denominado Orientación Salugénica, de ahí el nombre que se emplea para caracterizar a las variables como salugénicas (Antonovsky, 1979).

Este modelo de abordaje propone orientar las investigaciones en el campo de la ciencia de la salud, centrándose en los recursos así como en las disposiciones personales que permiten amortiguar el impacto de los estímulos externos e internos para buscar salidas alternativas frente al dolor psíquico, que no sean patológicas (Casullo, 2008).

Antonovsky (1987) plantea este tipo de estudio en cierta medida  oponiéndose a una visión patogénica, descrita como aquello que está directa y específicamente orientada a descubrir las causas de la enfermedad de las personas y el desarrollo de trastornos y estructuras patológicas particulares. Este conocimiento se utiliza para luego poder encontrar formas de prevenir y combatir estas enfermedades. En el modelo patogénico se asume que las causas de la enfermedad son agentes físicos, bioquímicos, microbiológicos y psícosociales o más precisamente en la determinación multifactorial de las enfermedades, usualmente en términos de factores de riesgo. Desde ese paradigma puede pensarse que la exposición a situaciones o eventos estresantes pueden conformar  un factor de riesgo para contraer enfermedad o padecimiento.

Sin embargo, para Antonovsky (1987) eso no es así, por el contrario, suponer que la exposición a situaciones de estrés conlleva inevitablemente la presencia de sintomatología psicopatológica es errónea. El autor hace hincapié en la elaboración de esas situaciones y las distintas salidas posibles frente a un hecho o estímulo determinado, es decir, que no se trata de evitar el impacto subjetivo percibido a partir de determinada escena, aunque sí, tal vez, una mayor elaboración de lo acontecido (producto de una disposición personal particular) permita disminuir ese impacto de modo tal que redunde en salidas más saludables.

A lo largo de la conceptualización de esta orientación, se vislumbra la intención del autor de especificar alguna respuesta frente a la pregunta salugénica: ¿qué es lo que nos mantiene orientados hacia el polo saludable del continuum salud-enfermedad? Esta respuesta toma forma en el desarrollo que el autor construye del concepto que denomina Sentido de Coherencia (SOC), que conforma la disposición personal que permite a las personas lograr esta inclinación saludable.

Antonovsky (1987) define el SOC como la orientación global de un individuo que expresa el grado en que posee sentimientos de confianza penetrantes, estables y dinámicos, acerca de que: “(1) los estímulos que derivan del medio interno o externo en el curso de la vida, son estructurables, predecibles y explicables; (2) los recursos para responder a las demandas estimulares están disponibles; (3) estas demandas son desafíos en los que resulta importante invertir y comprometerse” (p. 19). El SOC es una disposición u orientación personal, no un estado o un rasgo; tampoco es una estrategia de afrontamiento en sí misma. Sino que aquellas personas que lo poseen de manera notable, sabrán llevar a cabo estrategias más apropiadas para afrontar las demandas estimulares (Antonovsky, 1992).

Para Antonovsky (1987), una persona con alto Sentido de Coherencia experimenta menos emociones negativas, tales como depresión y ansiedad, pudiendo hacer frente a los estímulos estresantes de un modo más elaborado, redundando en una mayor percepción subjetiva de bienestar psicológico.

En cuanto a la salud de las personas mayores, grupo etario que nos ocupa en este trabajo, existen enormes diferencias en la manera en que cada persona envejece, que van desde las habilidades físicas hasta la energía y el compromiso con la vida.
La expectativa de vida aumenta globalmente en el mundo debido a varios factores como los estilos de vida, los socioculturales y los económicos. Alrededor del 42% de los hogares tienen al menos un adulto mayor (Cornachione, 2006), por lo tanto, se hace necesario que esta población que cada día ocupa un mayor número en nuestra sociedad, no sólo viva más años, sino que lo haga de manera saludable.

La finalidad de esta investigación es pues, estudiar personas sanas, desde el modelo de la salud, a través de su Sentido de Coherencia (SOC), y no desde el de la enfermedad, ya que la mayoría de las investigaciones sobre este grupo etario presentan individuos atípicos, enfermos, recluidos en instituciones, ya sea en asilos, hospitales o estancias geriátricas. El estudio se llevó cabo con personas sanas, o bien, que se percibían como sanas, que llevan una vida dentro de sus hogares, generalmente con su familia, que hacen al menos una actividad física que les gusta y que no padecen enfermedades que los incapaciten para disfrutar de una buena calidad de vida. Se trata de investigar si tener una actividad física sistemática ha influido, al menos en parte, para tener un envejecimiento saludable.

Completa la información

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº20.

¡Consíguelo aquí!

Método

Muestra

Se trabajó con una muestra intencional voluntaria de 80 adultos mayores, o sea, personas de más de 60 años, 26 hombres y 54 mujeres, con edades fluctuantes entre los 60 y los 81 años y una edad promedio de 69.3 años; 46.3% con estudios profesionales y  23.9% con bachillerato, 44.8% amas de casa y 22.4% jubilados o pensionados, aunque hay que aclarar que catorce de estas amas de casa eran jubiladas o pensionadas; 55.2% con pareja. El criterio de inclusión es  que tuvieran 60 o más años de edad y desearan participar en el estudio, además de que percibieran su salud como buena o muy buena. Los cuestionarios fueron aplicados de manera individual en la modalidad de entrevista.

La selección de los participantes se hizo mediante un muestreo por oportunidad, el cual consiste en seleccionar a aquellos sujetos voluntarios y que presentan mayor oportunidad de ser seleccionados (Coolican, 1994). La investigación se llevó a cabo a través de un diseño descriptivo de tipo transversal.

Situación o ámbito

El estudio se llevó a cabo en una estancia diurna exclusiva para el uso de personas mayores de 60 años. Está compuesta por clubes que se agrupan dependiendo de las intereses de las personas, y se reúnen de una a cinco  veces a la semana.

Instrumentos

Cuestionario de datos generales: se aplicó un cuestionario de datos generales donde se recabó información sobre edad, sexo, escolaridad, enfermedades, estado de salud percibido,  ocupación, estado civil, satisfacción con el apoyo social recibido,  estado de ánimo, entre otras. Además de identificar los principales comportamientos que la población de estudio considera han contribuido para mantener una buena salud.

Cuestionario de Orientación hacia la vida (OLQ). Elaborado por Antonovsky para operacionalizar el SOC (1987). En el presente estudio  se ha tomado la versión original que consta de 29 items. El rango de respuesta de los ítems es 1-5 en escala tipo Likert. Estudios previos demuestran que el cuestionario cumple los criterios de fiabilidad test-retest (Radmacher y Sheridan, 1989; Coe y cols. (1990) y validez (Margalit y cols., 1988, Carmel y cols., 1987). Antonovsky (1987) aporta índices de consistencia entre 0.84 y 0.93.

El sentido de coherencia es un patrón cognitivo-motivacional o una orientación global en la forma de ver las situaciones de la vida. Antonovsky refiere que puede guardar relación con la salud influyendo en el proceso de evaluación que una persona hace de las situaciones como estresantes o no, moderando el grado de tensión que un estresor produce y moderando también las consecuencias adversas para la salud.

Para evaluar el nivel de sentido de coherencia de cada una de los entrevistadas, se obtuvo el puntaje máximo que pudieran obtener las personas así como el mínimo, dividiéndose de manera proporcional para obtener así tres niveles en los cuales ubicarlos: alto, medio y bajo sentido de coherencia.

Cuestionario General de Salud de Goldberg (Versión 12 items). Es un instrumento estandarizado para México. Además de servir para la detección de casos probables de trastornos psiquiátricos, permite conocer las actitudes del sujeto en cuanto a su estado de salud y para identificar la aparición de fenómenos asociados con situaciones de distrés natural como serían depresión, ansiedad, deterioro social y trastornos somáticos (Mc Dowell y Newell, 1987; Medina y cols., 1983, Ezban y cols. 1985; Romero y Medina, 1987).

Resultados

Como consecuencia de que la población de estudio se limitó a una muestra en una sola comunidad de adultos mayores, se sugiere no generalizar los resultados a otras comunidades o grupos de adultos mayores, no obstante los datos recabados ofrecen información de sumo interés y utilidad en la prevención, mantenimiento y mejora de la salud  tanto de este grupo etario como de otros grupos de edad.

Debido a que las personas de la muestra obtuvieron altos puntajes en sentido de coherencia, fueron ubicadas, de acuerdo a su puntuación obtenida, en nivel medio y alto, 65 (81.2%) resultaron con nivel alto y 15 (18.8%) con nivel medio.

Para las correlaciones se utilizó la prueba de Chi cuadrada de Pearson con  p< .05.

Tabla 1. Distribución de la población según qué es lo que más le gusta hacer

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 20

 

Tabla 2. Distribución de la población por si hace algún tipo de ejercicio

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 20

 

Tabla 3. Distribución de la población según el tipo de ejercicio que hace

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 20

 

Tabla 4. Distribución de la población que hace ejercicio según el tiempo que lo practica en cada ocasión

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 20

 

Tabla 5. Distribución de la población de acuerdo a lo que ha hecho para llegar a tener una vejez saludable

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 20

 

Tabla 6. Distribución de la población de acuerdo a lo que hace actualmente para cuidar su salud

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 20

 

Tabla 7. Distribución de la población según cómo considera su salud

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 20

 

Tabla 8. Correlación entre hace ejercicio y sentido de coherencia (SOC)

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 20

 

Tabla 9. correlación entre hace ejercicio y tipo de alimentación

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 20

 

Tabla 10. Correlación entre hace ejercicio y género

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 20

 

Tabla 11. Correlación entre hace algún tipo de ejercicio y número de enfermedades

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 20

 

Tabla 12. Correlación entre hace ejercicio y autopercepción de salud

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 20

 

Tabla 13. Correlación entre hace ejercicio y caso probable psiquiátrico

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 20

 

Discusión

El presente estudio muestra resultados bastante alentadores para la población adulta mayor, llamado así el grupo etario que sobrepasa los 60 años de edad,  ya que la muestra entrevistada tuvo puntajes bastante altos en el instrumento que mide sentido de coherencia (SOC), además de haberse encontrado una proporción relativamente baja de casos probables psiquiátricos. Lo que aunado a que la mayoría de los entrevistados realiza alguna actividad física de manera cotidiana y sistemática contribuye al mantenimiento o mejoramiento de su salud. Estas personas han desarrollado un alto sentido de coherencia que les hace orientarse hacia el polo saludable del continuum salud-enfermedad, que es una disposición personal que permite a las personas lograr esta inclinación saludable.

Es de mencionarse que todas las personas entrevistadas percibían su salud como buena o muy buena en el momento del estudio. Se hace necesario aclarar que una proporción minoritaria de ellos padecía una o más enfermedades, aunque, padecerlas no afectó la autopercepción positiva sobre su salud.

Las personas de la muestra se desenvuelven gran parte del día en un ambiente favorable para su estado de ánimo, este lugar es una estancia diurna diseñada y dedicada especialmente para ellos, la gran mayoría realiza algún tipo de deporte y convive diariamente con personas de su edad, lo cual, además de contribuir a un alto SOC, probablemente les ha favorecido para desarrollar sus capacidades y habilidades con relación a las oportunidades que el medio les presenta y les ofrece la posibilidad de cubrir y plantear nuevas expectativas para el logro de su bienestar material y subjetivo.

Además, a esta edad, el componente psicológico desempeña un factor importantísimo en la salud, pues los añosos, en algunos casos, tienen alguna enfermedad de tipo crónico degenerativo, lo que no influye en seguirse percibiendo como sanos, lo más importante y lo que es la salud para ellos, es el grado de funcionalidad que tienen, lo que comprende el hecho de poder seguir realizando actividades físicas lo que les hace sentirse personas independientes porque pueden hacerlas y porque pueden trasladarse de un lugar a otro sin ayuda, aunado ello a la capacidad de disfrute que poseen, la manera de relacionarse con los demás y su satisfacción por la vida en general.

Así mismo, para estas personas la actividad física es una manera de contactar con personas de su misma edad, de lograr tener amistades, de estar en un grupo con intereses semejantes, de convivir antes, durante y después de la actividad. En fin, la actividad física de manera grupal se traduce en un gran apoyo social, junto con los otros beneficios que proporciona.

Se encontró en este estudio que las personas con un nivel alto de SOC, significativamente, lo más importante y por encima de su salud ha sido el aspecto afectivo, lo cual quiere decir que a este edad también el componente afectivo influye decisivamente en la autopercepción sobre la salud, así, una persona satisfecha y feliz tiende más a percibirse como sana que una insatisfecha.
Ni la edad ni el sexo fueron factores factor influyentes en la capacidad para poder realizar alguna actividad física, siendo que, diversos estudios puntúan a la mujer con mucho más presencia de enfermedades que los hombres en todas las etapas de su vida (Sojo, Sierra y López, 2002).

Tampoco influyó el sexo ni la edad en el estado de salud mental.
A partir de estos hallazgos puede detectarse la necesidad de atender los elementos físicos, sociales y psicológicos que integran la salud de una persona mayor, considerando que cada ser es único y que lo que satisface y es saludable para uno puede no ser válido para otro. De aquí surge la recomendación de investigar qué satisface a una persona mayor, qué le da mayor placer en la vida y tratar de satisfacerlo sin perjudicarla en ningún aspecto. Desde luego, sin olvidar reafirmar la necesidad de llevar estilos de vida sanos donde se incluya el ejercicio y la alimentación adecuados.
La actual preocupación que la sociedad muestra por la salud puede llevar a caer en el error de considerarla más como un fin (alcanzar ese bienestar utópico) que como un medio (vivir encontrándose bien). En cierta medida, los medios de comunicación y las tendencias estéticas del culto al cuerpo, bajo las que subyacen sabrosos intereses económicos, parecen orientar el logro de la salud como si de una meta se tratara. El peligro de esta concepción estriba en identificar la adopción de hábitos saludables como un sacrificio que obliga a las personas a renunciar a muchos placeres de la vida que creen insalubres. El afán por vivir saludablemente no debe implicar el divorcio entre salud y calidad de vida.

En este sentido, la idea fundamental que dimana de la promoción de la salud es que su objetivo último, más que prolongar los años de vida, lo que pretende es que se vivan mejor.
Cuando se dice que el objetivo es que los últimos años se vivan mejor, se habla de vivirlos saludablemente, es decir con salud; en este sentido, la salud es un estado de equilibrio, con determinado grado de componente subjetivo, entre lo biológico y lo psíquico con el medio ambiente social, cultural y natural. Así, pues, la salud no significa simplemente ausencia de enfermedad, es un estado bíocultural de equilibrio relativo y función normal mantenidos dentro de contextos temporales, sociales, culturales y ecológicos específicos. Para concluir este trabajo se deja abierta una interrogante que es ¿la actividad física influye en tener un alto SOC, o, un alto SOC influye para que las personas realicen ejercicio como parte de su estilo de vida?

Referencias

Bibliografía

Aburto, C. 2001. Estilos de vida y salud: su efecto en la mortalidad. Psicología y Salud 11 (2): 543-59).)
Antonovsky, A. (1979). Health, Stress and Coping: New Perspectives on Mental and Physical Well-being. San Francisco: Jossey-Bass.
Antonovsky, A. (1987). Unraveling the mystery of health. How people manage stress and stay well. San Francisco: Jossey-Bass.
Antonovsky, A. (1992). Can attitudes contribute to health? Advances, 8, 33-49.
Barra, E. (2002). Psicología de la salud. Santiago de Chile: Universidad de Concepción.
Brizzio, A. y Carreras, A. (2007). Variables salutogénicas y su relación con los sucesos de vida. Revista Iberoamericana  de Diagnóstico y Evaluación Psicológica, 23 (1) 83-99).
Carmel, S., Anson, O., Levenson, A., Bonneth, D. Y. y Maoz, B. C. (1991). Life events, sense of coherence and health: gender differences on the kibbutz. Social Science and Medicine, 32, 1089-1096.
Casullo, M. (2008). Prácticas en Psicología Positiva. Buenos Aires: Lugar Editorial.
Coe, R., Romers, J., Tang, B. Y Wolinsky, F. (1990). Correlates f a measure of coping in older veterans: A preliminary report. Journal of Community Health, 15, 287-296.
Coolican, H. 1994. Métodos de Investigación y Estadísticos en Psicología. México: El Manual Moderno
Cornachione, M. (2006). Psicología del desarrollo. Aspectos biológicos, psicológicos y sociales. Buenos Aires: Editorial Brujas.
Ezban, B., Padilla, G., Medina, M. y Gutiérrez, C. (1985). Aplicación de un cuestionario de detección de casos psiquiátricos en dos poblaciones de la práctica médica general. Salud Pública de México, 27, 384-390.
Gallard, M. (2002). Promoción de la salud y apoyo psicológico al paciente. Madrid: Thomson Paraninfo
Giraldo, A., Toro, M., Macías, A., Valencia, C. y Palacios, S. (2010) La promoción de la salud como estrategia para el fomento de estilos de vida saludables. Hacia la Promoción de la Salud, 15 (1), 128-143.
Margalit, M., Leyser, Y. y Avraham, Y. (1988). Subtypes of family climate hmong kibbutz Mathers of disabled children. International Journal of Special Education, 3, 101-115.
Mc Dowell, I. y Newell, C. (1987). Measuring Health. New York: Oxford University Press.
Medina, M., Padilla, G. y Ezban, B. (1983) The factor structure of the G.H.Q. a escaled version for a Hospital General Practice service in México. Psychologycal Medicine, 13,  355-361.
Romero, M. y Medina, M. (1987) Validez de una versión del Cuestionario General de Salud para detectar psicopatología en estudiantes universitarios. Salud Mental, 10,  196-203.
Sojo, D., Sierra, B. y López, I. (2002). Salud y Género. Madrid: Médicos del Mundo.

Responder

Otras colaboraciones