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3 nov 2009

Actividad física vs obesidad en centros educativos

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La obesidad infantil y juvenil es uno de los grandes problemas de salud en los países desarrollados y en vías de desarrollo. La OMS ha catalogado a la obesidad (incremento de peso debido al aumento de la grasa Corporal) como la epidemia del S.XXI, ligada al 60% de las defunciones por enfermedades no contagiosas.

 
Autor(es): Francisco Agudo Ruiz.,Juan Francisco Agudo Ruiz.
Entidades(es): Universidad de Murcia,C.E.I.P. “Ciudad de Begastri”.- Cehegín
Congreso: VII Congreso Internacional Sobre la Enseñanza de la Educación Física y el Deporte Escolar
Pontevedra: 3-6 de Noviembre de 2009
ISBN: 978-84-613-3640-1
Palabras claves: salud, obesidad, actividad física

INTRODUCCIÓN.

La obesidad infantil y juvenil es uno de los grandes problemas de salud en los países desarrollados y en vías de desarrollo. La OMS ha catalogado a la obesidad (incremento de peso debido al aumento de la grasa Corporal) como la epidemia del S.XXI, ligada al 60% de las defunciones por enfermedades no contagiosas: diabetes, hipercolesterolemia, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, alteraciones ortopédicas, respiratorias, cutáneas, pancreatitis… En el informe presentado en el Parlamento Europeo (30/10/07) por el eurodiputado Pál Schmitt, se señala que el número de niños que sufren obesidad o sobrepeso aumenta en la Unión Europea cada año en más de 400.000, que se suman a los tres millones de niños obesos que hay en la actualidad. Un problema generalizado: uno de cada cuatro menores padece sobrepeso en Europa. A nivel nacional, el estudio “enKid”, la estrategia “Naos”, programa “Perseo”…, ponen de relieve los hábitos alimentarios y el estado nutricional de los niños y jóvenes españoles e intentan invertir la tendencia manifiesta a la obesidad que indican los datos del Ministerio de Sanidad y Consumo en su última encuesta, año 2006, para una población entre 2 y 17 años (Castillo, 2007):

  • Obesidad: 7´92%.
  • Sobrepeso: 16´85%.

El informe SEA (sociedad española de arterioesclerosis) de 2007, nos indica que la prevalencia de la obesidad en España se sitúa en un 20% para niños y adolescentes y un 15% para la población de más de 20 años. Lo que sitúa a España entre los países con mayor prevalencia, sólo superada por Grecia, Malta e Italia. Según el VIII Congreso Internacional sobre Obesidad (París, 1998): En España la obesidad afectaba al 30% de la población. En cuanto a la obesidad:

  • varones (las tasas más elevadas se sitúan entre los 6 y 13 años).
  • mujeres (las tasas más elevadas se sitúan ente los 6 y 9 años).

Los resultados ponen de manifiesto que la obesidad en la población española en edad infantil y juvenil (edad escolar) está adquiriendo dimensiones alarmantes; por lo que, desde el ámbito educativo, tenemos la obligación de prestar especial atención en el trabajo de prevención, información y fomento de hábitos saludables para evitar que esta situación se mantenga o deteriore aún más. Los hábitos alimenticios que se adquieren a edades tempranas, junto con la práctica física realizada de forma adecuada, determinarán la mejor medida de prevención.

FACTORES QUE INFLUYEN EN LA OBESIDAD

Una primera e importante causa del aumento de la obesidad la podemos encontrar en el alejamiento de “la dieta mediterránea”, junto con otros errores alimenticios (Delgado y cols.,1997):

  • Sobrealimentación a la par que desnutrición (más alimento y menos gasto energético).
  • Consumo excesivo de alimentos que contienen calorías vacías (sin nutrientes): azucar, bollería, alcohol…
  • Escaso consumo de alimentos de origen vegetal (pobre en minerales, vitaminas y fibras).
  • Insuficiente aporte de alimentos crudos (en estado natural).
  • Ingesta elevada de sustancias tóxicas (alcohol, tabaco, aditivos químicos…).
  • Dieta rica en proteínas (deshidratación, colesterol).
  • Dieta rica en hidratos de carbono, azúcares simples (caries, obesidad, diabetes mellitus, triglicéridos, déficit en calcio y vitaminas…)
  • Dieta rica en grasa saturada y colesterol (obesidad, sobrecarga hepática, colesterol)
  • Dieta exenta de alimentos de origen animal, “alimentación vegetariana” sin conocer los principales déficits (lo puede llegar a perjudicar sobre todo a mujeres embarazadas y en periodo de lactancia).

En el Congreso Internacional sobre Obesidad (París, 1988), se citan algunas causas y hechos que influyen significativamente en la obesidad y el sobrepeso (Aranceta y cols, 2005):

    • Más elevada en chicos cuyos padres tienen un nivel de estudio bajo, especialmente si la madre tiene un nivel cultural bajo.
    • Más elevada en nivel socioeconómico bajo.
    • A partir de los 14 años, los obesos consumen significativamente más embutidos, productos azucarados, bollería y refrescos.
    • Los que consumen más verduras y frutas tienen menos obesidad.
    • Chicos y chicas que consumen desayunos completos tienen tasas de obesidad más bajas que aquellos que se saltan el desayuno.
    • El alumnado que no trae el almuerzo de casa, y por lo tanto lo compra en el Colegio o Instituto, tiene unos niveles de sobrepeso más alto que los que sí lo traen de casa (Ries, 2007).
    • Más alta en chicos y chicas que desempeñan actividades sedentarias (estudio, TV, ordenador, vieojuegos…). Más horas de televisión, mayor obesidad. La información televisiva se correlaciona positivamente con las peticiones a sus padres de alimentos anunciados, pero la publicidad parece no influir en la demanda de material deportivo y/o en la participación en actividades deportivas.
    • En los mayores de 14 años, obesidad más elevada en los fumadores (tanto en chicas como en chicos).
    • Prevalencia más alta entre los que no practican ningún deporte, especialmente sobre los que lo practican 3 veces a la semana.
    • Entre 2 y 5 años, los que recibieron lactancia materna durante más de 3 meses las tasas de prevalencia de obesidad fueron inferiores sobre los que no habían recibido lactancia materna o durante un periodo más corto.

INTERVENCIÓN DESDE LOS CENTRO DOCENTES.

Consideraciones generales.

En base a los aspectos referidos anteriormente, cualquier intervención realizada desde el ámbito educativo, con la pretensión de realizar una verdadera influencia sobre los hábitos y estilos de vida, debería estar fundamentada en (Wärngerg, 2006):

  • Una voluntad política que actúe desde diferentes ámbitos de intervención (familiar y comunitario, escolar, empresarial y sanitario) y a diferentes niveles territoriales (local, autonómico, nacional y comunitario). Por ejemplo, actuando sobre los medios de comunicación y publicitarios que no sólo distorsionan mensajes y manipulan, sino que además promocionan y encubren hábitos insalubre o perniciosos.
  • Una intervención interdisciplinar de los diferentes agentes influyentes en la educación de los adolescentes (medios de comunicación, madres, padres, educadores, políticos…). Cualquier programa de intervención de tipo preventivo en entornos escolares, debe de contar no sólo con apoyo del personal sanitario o dietista, sino con la implicación de padres y otros agentes del entorno.
  • Desarrollar estrategias multisectoriales para adoptar medidas encaminadas a la promoción de la salud y enfocadas al diseño de políticas y programas de:
  • Prevención de la obesidad incidiendo en el desarrollo de correctos hábitos alimenticios.
  • Incremento de la actividad física con el fomento de su práctica y consolidación de estilos de vida activos.

En la aplicación de programas preventivos o de actuación, partiremos del reconocimiento de una premisa: “los programas más eficaces, a largo plazo, son los que incluyen la restricción calórica junto con la actividad física como un estilo de vida de los niños” (Skender, 1996). Por ello, será fundamental tener en cuenta los parámetros:

  • Dieta saludable
  • Ejercicio físico moderado y regular
  • Hábitos de vida activos.

Planteamiento de finalidades y objetivos

Otras intervenciones (Santos, 2005) contemplan la importancia de recoger algunas recomendaciones en las programaciones docentes, a través de las cuales podemos diseñar objetivos de intervención , adaptándolos a las necesidades de nuestro alumnado y a las posibilidades de la Comunidad Educativa a la que pertenecemos:

  • Detectar los casos de sobrepeso y obesidad en el alumnado, a través del índice de masa corporal (IMC). Objetivo: “conocer la situación de nuestro alumnado”.

La Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición ha establecido una escala que permite conocer a partir de qué punto se es obeso; para ello, mediremos la obesidad a través del Índice de Masa Corporal (IMC), también llamado Quetelet: IMC = Peso/Talla². Como referencia, para clasificar a los niños de 2 a 17 años, podemos tomar los valores propuestos por Cole y cols. (2000). VER TABLA 1.

  • Dar información a los padres del grave problema de salud que supone el sobrepeso y la obesidad, creando una actitud de colaboración e implicación en la formación de hábitos saludables para sus hijos. Objetivo: “motivar hacia el cambio de actitud”.

Para tratar la obesidad, durante la infancia y la adolescencia, el agente más importante son los padres, si hay colaboración directa por su parte se obtienen mejores resultados. Podemos proponer, entre otras colaboraciones, el realizar una reeducación nutricional del niño y su familia, para que con el debido asesoramiento, elijan regímenes de comidas variadas, apetecibles y adaptadas al niño y su familia.

  • Ofrecer refuerzos educativos a grupos que lo necesiten. Objetivo: “aumentar la autoestima y confianza en las posibilidades individuales de cambio”.

Es muy importante el “soporte psicológico” para lograr la adaptación del niño y su familia a los cambios en los hábitos alimentarios y deportivos (la presencia y el apoyo de familiares, previamente informados del riesgo de padecer obesidad y de la forma de tratarla, será un bastión determinante). En el desarrollo de un plan de actuación, por diversas razones, podemos encontrarnos con problemas que dificultan el éxito de las intervenciones:

  • Una excesiva sobreprotección o rigidez de los padres influye en la manera de ser y comer (sobrealimentación por factores educacionales y culturales: “hermoso” o “fuerte” como sinónimo de sano).
  • Si algún progenitor es excesivamente rígido o ansioso.
  • Actitud inconsistente en la disciplina del uso de la comida o en el afecto.
  • La falta de interés debido a problemas familiares (suele suceder cuando alguno de los progenitores es obeso).
  • La resistencia al cambio (ya que desean seguir unos patrones alimenticios distintos a los indicados).
  • Sabotaje por parte de algún familiar que impide el desarrollo satisfactorio del plan.
  • Diseño y desarrollo de un programa que incluya objetivos de: pérdida de peso, manejo de la actividad física y de la alimentación, modificación del comportamiento e implicación de la familia. Objetivo: “desarrollar actuaciones eficaces”.

Por ejemplo, realizar un programa individualizado de aumento de la actividad física en el niño:

  • estimular los paseos diarios, sobre todo en los niños que no tengan hábitos deportivos (ir al colegio andando, subir siempre las escaleras,..).
  • animarlos en la participación de deportes escolares y actividades deportivas (preferentemente no competitivas) en actividades extraescolares o durante el fin de semana.
  • concienciarles de la necesidad de reforzar el programa de actividad física con otras intervenciones como: eliminar la actitud sedentaria, exceso en el uso de videojuegos y televisión, en ingerir alimentos hipercalóricos…

En EE.UU sólo un tercio de los desplazamientos a escuelas situadas a un kilómetro y medio (o menos) se hace a pie o en bici, y ese porcentaje desciende al 3% cuando el colegio dista tres kilómetros o más. Quizás sea esta una de las realidades que haya propiciado que la American Heart Association (AHA), determine una serie de medidas, a desarrollar en las escuelas, frente a la poca actividad física de los estudiantes y mucho tiempo frente al televisor (Lera, 2007):

    • Mínimo de 30 minutos de actividad moderada-vigorosa por día en horario escolar.
    • Organizar programas de educación sanitaria que promuevan el ejercicio y disuadan de la conducta sedentaria.
    • Desarrollo de programas opcionales de ejercicio fuera del horario escolar.
    • Tener clubes de deporte extracurricular.
    • Promover rutas seguras hacia las escuelas para ir en bicicleta o caminando.
    • Asegurar que los programas sean adecuados y formen parte del currículo, y sean desarrollados por profesionales altamente cualificados.
    • Los centros de desarrollo infantil y escuelas primarias implantarán la educación física diaria.
    • Los grupos de educación superior establecerán programas que formen profesores de Educación Física y educación sanitaria altamente cualificados.

Castillo (2007) nos sugiere algunas líneas de trabajo a realizar desde los Centros Educativos:

  • Los desayunos sanos y variados. Se les ofrece a los alumnos, alumnas y sus familias el menú de desayunos para cada estación, y para cada día de la semana.
  • Elaborar una lista de menús de desayunos y almuerzos saludables para la casa y el recreo.
  • Charlas y coloquios sobre la alimentación correcta y sus beneficios y desarrollo de actividades de promoción de la salud.
  • Seguir diariamente los alimentos que toman los escolares y debatir semanalmente la información recabada.
  • Pasar cuestionarios anónimos para evaluar la calidad del entrenamiento recibido y el efecto en la escuela.
  • Actividad de pesar, medir y calcular el índice de masa corporal.
  • Revisión del peso por especialistas.
  • Charlas-coloquios impartidas por médicos especialistas tanto al alumnado, profesorado y padres y madres.
  • Creación de recetas saludables y ubicación en la revista escolar.
  • Realización y aprendizaje significativo de la pirámide de la alimentación saludable y modelos de platos.
  • Proyección de videos.
  • Lecturas de revista de salud.
  • Creación de murales, posters con alimentos sanos.
  • Participar en programas deportivos, escolares o extraescolares.
  • Realización de un registro personal de ingesta de alimentos y de actividad física.

Puesta en común de la experiencia educativa para los distintos cursos…

ACTIVIDAD FÍSICA COMO FACTOR DE PREVENCIÓN.

Ries (2007) analizando varios estudios de diferentes países europeos, nos informa de aspectos, muy significativos, sobre actividad física, sedentarismo y sobrepeso en adolescentes:

    • La obesidad unida a la inactividad es una de las primeras causas de muerte prevenible en Europa (Wärnberg, 2006).
    • La frecuencia de actividad física baja con la edad, siendo más evidente entre las chicas.
    • Los adolescentes con el nivel socioeconómico más bajo pasan más tiempo viendo la TV, habiendo una relación lineal entre las horas frente al televisor y el exceso de peso corporal. Los que ven más TV consumen más dulces, bebidas azucaradas y comen menos fruta y verduras diariamente.
    • Un 63% de la población afirma no realizar ninguna actividad física de forma regular. Aunque en el ámbito escolar puedan maquillarse este dato, fuera de él, el uso habitual de transporte motorizado, la desaparición del juego en la calle, las alternativas de ocio sedentarias, la televisión o el uso de las nuevas tecnologías hacen que el porcentaje de práctica de actividad física se acerque al citado (Palou, 2007).
    • En la reducción de peso corporal, disminuir la conducta sedentaria (aunque sea en dosis bajas) es más eficaz que aumentar la cantidad de ejercicio (Espstein, 2000).

En términos generales, el informe de Pál Schmitt al Parlamento Europeo, hace hincapié en que los niños de hoy están menos en forma que los de las generaciones pasadas debido a la inactividad física: “los niños no comen más, sino que se mueven menos”. Para frenar e invertir esta tendencia de actitud sedentaria e incremento de obesidad, son propuestas a la Eurocámara, entre otras, las siguientes medidas:

  • Hacer obligatoria la gimnasia (suponemos que se refiere a una actividad físico-deportiva controlada y educativa: educación física) en la educación primaria y secundaria y que garanticen al menos tres clases semanales. Porque, mientras que la tasa de obesidad aumenta entre los escolares, el número de horas dedicadas a educación física en los colegios disminuye.

A pesar de ello, en España, incongruencias como el hecho de colocar a la actividad física como uno de los factores fundamentales (sugerido por Sanidad); y el que se contemple, en los próximos planes de educación, una disminución de las horas de actividad física en los centros de enseñanza, no hacen más que transmitir el sentir de descoordinación y falta de colaboración institucional entre los sectores implicados en la prevención y tratamiento del problema.

  • Coordinar mejor las actividades escolares y extraescolares, invirtiendo más en equipamiento deportivo.

En las actividades escolares, uno de los principales problemas es el contenido de los programas de educación física de los colegios, que resulta poco atractivo para los niños y en ocasiones es demasiado competitivo. Por otra parte, las sesiones son muy poco intensas, las quejas se realizan frente a exigencias mínimas y esfuerzos de baja intensidad, muchas veces apoyadas por los progenitores con justificantes o notas que les eximan de participar en tal o cual actividad. Como medidas preventivas, tanto el control de la ingesta como el fomento de la actividad física son cuestiones indiscutibles; ahora bien, como medida de actuación, chocamos con una problemática: “los niños obesos no sienten, por lo general, demasiada atracción hacia la actividad física”, sobre todo bajo la perspectiva de la competición (suelen ser menos hábiles y decisivos en labores de equipo). Una alternativa dirigida hacia la práctica de actividad por parte del niño obeso, sería el ofrecerles la posibilidad de participar en “juegos y actividades físicas no competitivas”, que le alejen del sentimiento de culpa, incompetencia y frustración hacia sí mismo, y de rechazo o aversión hacia la actividad físico-deportiva.

  • Destinar fondos estructurales de la UE a la creación de escuelas y facilitaciones deportivas en las zonas más desfavorecidas, teniendo en cuenta que “la educación física es la única asignatura que prepara a los niños para un estilo de vida saludable.

Las tendencias principales actualmente, para paliar el problema, se encaminan hacia:

  • Implicar al alumnado, profesorado y padres, en la creación de unos hábitos saludables.
  • Confirmada la relación “obesidad e hipoactividad”, promocionar las prácticas físicas regulares como medio de prevención.

Por ello, el centro docente se convierte en un espacio ideal para crear estilos de vida saludables. Numerosos estudios sobre la actividad física y la prevención de la obesidad (Caballero y cols, 2003; Pangrazi y cols. 2003; Warren y cols. 2003; Lobstein y cols. 2004) indican que las intervenciones empleadas, en su mayoría, no repercuten sobre el peso de los niños en algún grado significativo, si bien muestran una mejoría significativa en los conocimientos y la conducta. Gerardo Villa (médico y profesor en la Univ. de León, premio Nacional de Investigación en Medicina del Deporte. El País, 12/02/08), concluye de sus investigaciones:

    • “La escasa actividad física y deportiva escolar genera, más que la mala alimentación, sobrepeso, obesidad infantil y riesgo de síndrome metabólico”.
    • “Las clases de educación física escolar son insuficientes en duración, frecuencia e intensidad para impedir la tendencia al sobrepeso, obesidad y resistencia a la insulina”.
    • “Incrementar las horas de educación física hasta cinco a la semana es la mejor estrategia para prevenir o tratar la obesidad infantil”.
    • “Se debería integrar al médico deportivo en equipos multidisciplinares de trabajo, en los que además hubiera control nutricional”.

La labor del profesional en Educación Física y Deportiva no debe quedar reducida a su actuación en los centros educativos o escuelas deportivas, sino que debe fomentar, sobre todo, la creación de un hábito de vida activo. Para ello su quehacer ha de ir más encaminado a enseñar al niño o adolescente por qué, cuándo y cómo debe realizar la actividad físico-deportiva (saber hacer), que a la consecución de objetivos específicos de rendimiento (conseguir hacer), Delgado y Tercedor, 1998. Para promocionar la práctica de actividad física, utilizaremos pautas sencillas y efectivas, con el objetivo de llegar a una amplia mayoría de la población, independientemente de la edad y circunstancias (porque en mayor o menor grado, todos podemos ser practicantes). Actividad física de intensidad adecuada a cada persona (esfuerzo moderado), de frecuencia diaria (o casi) y, a ser posible, practicada en compañía o grupo (para aumentar la motivación y el compromiso).

TABLA 1.CLASIFICACIÓN EN FUNCIÓN DEL I.M.C. (NIÑOS DE 2 a 17 AÑOS)

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 11

BIBLIOGRAFÍA

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