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18 jun 2012

Análisis de las relaciones existentes entre la dimensión percibida de la toma de decisiones y la competencia emocional en jugadores de voleibol

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El propósito de este estudio era analizar las relaciones existentes entre la dimensión percibida de la toma de decisiones y la competencia emocional de jugadores / as de voleibol de diferentes niveles de pericia.

Autor(es):
Entidades(es): Facultad de Ciencias del Deporte de Toledo (Universidad de Castilla – La Mancha)
Congreso:II Congreso Internacional de Ciencias del Deporte
Pontevedra, 8 – 10 mayo de 2008
ISBN: 978-84-612-3518-6
Palabras claves: Autopercepciones de la toma de decisiones, competencia emocional, voleibol

Resumen

El propósito de este estudio era analizar las relaciones existentes entre la dimensión percibida de la toma de decisiones y la competencia emocional de jugadores / as de voleibol de diferentes niveles de pericia. El voleibol se caracteriza por ser un deporte de preferencia decisional donde se dan una serie de reacciones emocionales muy diversas entre si. Para llevar a cabo nuestra investigación se emplearon el Cuestionario de Estilos de Tomas de Decisión en el deporte (CETD) (Ruiz, Graupera y Sánchez, 2000) para evaluar la dimensión percibida de la toma de decisiones y La Escala de Competencia Emocional en el Deporte (ECE-D) (Arruza, Arribas, González, Balagué, Romero y Ruiz, 2005). Participaron un total de 122 jugadores de voleibol de ambos sexos y niveles de pericia. Los resultados obtenidos mostraron diferencias significativas en función del nivel de pericia en la competencia decisional y la competencia emocional. No ocurre lo mismo en función del sexo. En cuanto a las relaciones existentes entre las variables de ambos cuestionarios, destacamos las que existen entre la Competencia Decisional Percibida (r=.311) y el reconocimiento emocional y, entre este último y la ansiedad y el agobio al decidir (r=.-405). Se preveé que un reconocimiento emocional adecuado por parte de nuestro deportista nos hará percibirnos más competentes a la hora de tomar decisiones, siempre y cuando controlemos nuestro nivel de ansiedad para evitar una pérdida en el rendimiento deportivo.

El ámbito del deporte es un escenario incomparable para el análisis y estudio de la toma de decisiones como sugiere Gilovich (1984, citado por Ruiz y Arruza, 2005), donde esa incertidumbre que debe ser salvada en el momento justo y de forma satisfactoria, suele ser una característica que diferencie a un deportista de élite del que no es. El problema es que esta área ha sido muy poco estudiada desde una perspectiva científica (Gaspar, 2001). Los primeros estudios sobre la toma de decisiones en el deporte se llevaron a cabo en contextos de laboratorio en los que se trató de reproducir situaciones, que aunque distantes de la realidad deportiva, podrían reclamar procesos cognitivos relevantes para el deporte. Un ejemplo, lo encontramos en los investigadores canadienses de los años 70 (Bard y Fleury, 1976; Bard et al., 1989; Alain y Proteau, 1980; Goulet et al., 1989), que se preocuparon por aspectos tales como el procesamiento visual o las estrategias perceptivas de los sujetos. Tennembaum y Bar-Eli  (1992) se preocupan por el estilo de toma de decisiones de los deportistas y, en la actualidad Ruiz y Arruza (2005) realizan un análisis pormenorizado sobre las tomas de decisión en los deportistas y como optimizar este proceso en el desarrollo de los entrenamientos. Somos conscientes de que nos referimos a datos de difícil análisis, impreciso, donde lo consciente y lo inconsciente se entremezclan, de ahí que el análisis que los deportistas pueden hacer de sus propios actos de decisión haya sido poco tratado y que sea necesario analizar esta cuestión en toda su complejidad contemplándola desde los ojos de los propios decidores.  Por lo tanto, el empleo de instrumentos para conocer más a fondo las percepciones que los propios deportistas tienen de la toma de decisiones dentro de su deporte se hace necesario. Es el caso del CETD de Ruiz, Graupera y Sánchez (2000). La cuestión que se plantea es si existen estilos personales a la hora de tomar decisiones y si es posible detectarlos mediante un instrumento de fácil empleo por los entrenadores y técnicos. Así Jiménez en el 2004, dentro de su trabajo doctoral, aplicó el cuestionario CETD para determinar el perfil decisional de las jugadoras alero de baloncesto. En el 2001 Gaspar lo validó con 450 deportistas portugueses de más de 7 deportes diferentes, obteniendo resultados idénticos en el nivel deportivo que Ruiz et al. (2000), mientras que López (2002) lo aplicó a jugadores de baloncesto en silla de ruedas. Otro aspecto importante es que la toma de decisiones es esencialmente una actividad afectiva (Ruiz y Arruza, 2005). Pero, ¿hasta que punto los aspectos emocionales influyen o condicionan la toma de decisiones en el deporte? Desde que John Mayer formulara junto a Peter Salovey en 1993 La Teoría de la Inteligencia emocional y Goleman (1996) nos hablara de que la llave que favorece la toma de decisiones personales consiste, en suma, en permanecer en contacto con nuestras propias emociones, es una pregunta que se plantean varios autores, ya que consideran que las emociones son indispensables para la toma racional de decisiones y nos orientan en la dirección adecuada para sacar el mejor partido de nuestras posibilidades, por encima de lo que nos puede ofrecer la lógica racional (Cohen, 1975; Damasio, 2000 citado por Ruiz y Arruza, 2005). De hecho son las que generan nuestros impulsos hacia la actuación (Vallerand y Blanchard, 2000; Tenenbaun, 2003). En el ámbito deportivo se trató de construir una escala que aportara información sobre el nivel de desarrollo emocional de los deportistas a partir de la escala de Schutte et al. (1998) y para adaptarla al ámbito de la actividad física y el deporte se eligió la versión traducida al castellano realizada por Eliseo Chico (1999). La intención de Arruza et al. (2005) era construir una herramienta que midiera el nivel de “Desarrollo Emocional” de las personas en el ámbito de la Actividad Física y el Deporte, partiendo de un instrumento ya validado en el campo de la psicología general como es el Test de Inteligencia Emocional de Schutte et al. (1998). Recibió el nombre de Escala de Competencia Emocional en el Deporte (ECE-D). Por lo tanto podemos decir que en los deportes en los que el componente decisional es muy importante, la dimensión emocional juega un papel fundamental para elegir la opción correcta en cada momento (Ruiz y Arruza, 2005). Hemos elegido el voleibol porque es un deporte colectivo que se caracteriza por su variabilidad en las acciones de juego de carácter súbito e instantáneo (Del Pino y Sabas, 2005).  Es considerado un deporte de preferencia decisional donde se dan una serie de exigencias psicológicas y de reacciones emocionales muy diversas entre si. Las acciones tácticas son extremadamente variadas planteando altas exigencias de razonamiento del jugador. Es complejo, dinámico e incierto que exige al atleta habilidad, precisión y regularidad (Noce, Greco y Samulski, 1997), de ahí que el estudio de la toma de decisiones como capacidad cognitiva de optar por la mejor opción de juego reclame procedimientos múltiples de investigación al ser un factor determinante del rendimiento deportivo (Iglesias,  Ramos,  Fuentes,  Sanz. y Del Villar, 2003). Entre las características psicológicas que se hacen necesarias para el juego del voleibol, Noce y Samulski  (2002), destacan la toma de decisión y el control emocional entre otras, ya que el rápido  ritmo de juego, la tensión en la lucha competitiva, la responsabilidad en las ejecuciones técnicas y la constante preparación para ejecutar las acciones, determina la aparición en los jugadores de variadas e intensas reacciones emocionales.  Por lo tanto, lo primero que habrá que buscar en el deportista es el máximo compromiso que este debe tener con la tarea que esta realizando. Debe saber como está y para que esta, exigirse todo lo que pueda y mejorar cada día para exprimir todo su potencial. Así se conseguirá evitar la ansiedad o el agobio, característicos del momento cumbre de la decisión final. Ese agobio al decidir que hacer, puede ser evitado si el deportista tiene ganas de aprender, y un compromiso integro a la hora del desarrollo de las diferentes tareas planteadas que le lleven a tener un control emocional sobre ellas Por lo tanto, ese control emocional es vital para el desarrollo de cualquier actividad en la vida diaria pero mucho más en plena competición o rendimiento deportivo. Así, por ejemplo, Bird y Horn (1990) encontraron relación entre los niveles de ansiedad y los errores cometidos por jugadores jóvenes de softball cumplimentando el Inventario de Estado de Ansiedad Competitiva (CSAI-2) antes y después de jugar, encontrando que los que habían cometido más errores decisionales en el juego eran los que puntuaban más alto en este inventario. Los estudios realizados hasta el momento que relacionen estos dos aspectos son escuetos y pocos aclaratorios. La mayoría son recientes, lo que demuestra que este campo ha sido poco estudiado, siendo bajo la opinión de muchos y la mía propia, uno de los factores que deciden al final el rendimiento óptimo de un deportista, que al fin y al cabo, es lo que busca un entrenador o el propio deportista. Por lo tanto, el principal objetivo de este estudio fue analizar las relaciones existentes entre la dimensión percibida de la toma de decisones y la competencia emocional de jugadores de voleibol de diferente nivel de pericia.

MATERIAL Y MÉTODO

Participantes En este estudio participaron voluntariamente 122 jugadores de voleibol de ambos sexos, 46 varones (37,7%) y 76 mujeres (62,3%), de edades comprendidas entre  los 12 y los 36  años, (M= 18.89  años; DT: 5.46 años). El nivel de competición se estableció en tres niveles diferentes: local  y autonómico (29 sujetos; 23,8 %), nacional (63 sujetos; 51,6 %) e internacional (30 sujetos; 24,6 %). Todos los participantes fueron informados de la experiencia y firmaron su consentimiento. Instrumentos En esta investigación se emplearon el Cuestionario de Estilos de Tomas de Decisión en el deporte (CETD) (Ruiz, Graupera y Sánchez, 2000) para evaluar la dimensión percibida de la toma de decisiones y La Escala de Competencia Emocional en el Deporte (ECE-D) (Arruza,  Arribas, González, Balagué, Romero y Ruiz, 2005).  El tipo de respuesta fue el mismo para los dos cuestionarios. Los ítems se presentaron en un formato de escala tipo Likert de 4 puntos, en la que 1 indicó el total desacuerdo con lo propuesto en cada cuestionario y el 4 con el total acuerdo.

Procedimiento El procedimiento que se siguió para la administración de los cuestionarios a los sujetos consistió, en primer lugar en contactar directamente con los responsables de los equipos deportivos para darles a conocer el estudio y solicitar su permiso. Posteriormente se tomó contacto con los deportistas que firmaron un documento en el que consentía en participar en el estudio. El cuestionario fue aplicado por la investigadora o por colaboradores de la investigación en los lugares de entrenamiento o de competición de los diferentes equipos. El tiempo para cumplimentarlo osciló entre treinta y cuarenta minutos, no presentando en su mayoría dificultades de ningún tipo para su comprensión y cumplimentación por parte de los jugadores. El análisis de los datos se llevó a cabo con la versión 14.0 del paquete estadístico del SPSS para Windows.

RESULTADOS

Con la finalidad de comprobar los efectos de las variables sexo (hombre y mujer) y del nivel (Local y Autonómico, Nacional e Internacional) en las diferentes variables dependientes del estudio, se llevó a cabo un análisis multivariado de la varianza (MANOVA). Además, los análisis univariados establecieron el tipo de diferencias existentes en cada uno de los dos instrumentos en las diferentes subescalas.  La prueba de los efectos inter-sujetos mostró las diferencias significativas entre los factores de este cuestionario en función del nivel. Por último, para establecer el tipo de diferencias existentes entre los tres niveles se llevó a cabo el procedimiento de las comparaciones múltiples post hoc (criterio Bonferroni),  mostrando diferencias significativas en  numerosas variables en función del nivel de competición. Para comprobar la existencia de relaciones entre las diferentes dimensiones de los instrumentos empleados se llevó a cabo un análisis correlacional (Correlación de Pearson momento-producto). Se encontraron diferencias significativas en función del nivel de pericia en los dos cuestionarios analizados, no siendo significativas entre hombres y mujeres. En el CETD se encontraron diferencias entre los locales y autonómicos (M=2,148)  y con los internacionales (M= 2,491)  (p<.016) en la subescala de Competencia Decisional Percibida. Asimismo en la subescala de Ansiedad y agobio al decidir se hallraron diferencias entre los deportistas de nivel local y autonómico (M= 2,146) con los nacionales (M=1,775) (p<.050) e internacionales (M= 1,549) (p<.000).  En cuanto a la subescala de Compromiso en el aprendizaje decisional, las diferencias se hallaron entre los internacionales (M=3,475) y el resto de los niveles, en concreto con los locales y autonómicos (M=3,277) (p<.044) y los nacionales (M=3,162) (p<.004). El análisis del cuestionario de Competencia Emocional se encontraron  diferencias significativas en dos de las cuatro dimensiones que este instrumento evalúa. En concreto en las dimensiones de Control Emocional donde los deportistas internacionales (M=3,412)  obtuvieron puntuaciones más elevadas que los locales y autonómicos (M=3,100) (p<.038),   y que los deportistas de nivel nacional (M=3,000) (p<.008).   Algo similar ocurrió con la dimensión Reconocimiento Emocional, donde los internacionales (M=3,014)  volvieron a puntuar más elevado que los deportistas de categoría local y autonómicos (M=2,549) (p<.000)   y nacionales (M=2,622) (p<.000). Los resultados del análisis correlacional mostraron relaciones moderadas entre la Competencia Decisional Percibida con la mayoría de los factores del cuestionario de Competencia Emocional: control emocional (r=.238), reconocimiento emocional (r=.311), utilización emocional (r=.226) y empatía (r=.241). En cuanto al factor de Ansiedad y Agobio al decidir encontramos correlaciones negativas con el factor Reconocimiento Emocional (r=-.405), mientras que el compromiso en el aprendizaje decisional correlacionó positivamente con todos los factores del cuestionario de Competencia emocional: control emocional (r=.308), reconocimiento emocional(r=.262), utilización emocional(r=.275) y empatía(r=.399).  Con el objetivo de establecer  qué variable del Cuestionario de Inteligencia emocional predecía mejor las puntuaciones de las tres dimensiones del Cuestionario de Toma de Decisiones se llevaron a cabo de forma individual tres análisis de regresión múltiple mediante el método de introducir, tomando como variables dependientes (predichas) la Competencia decisional percibida, la Ansiedad y agobio al decidir y el Compromiso en el aprendizaje decisional, y como variables independientes (predictoras) los cuatro factores del Cuestionario de Inteligencia Emocional. Es adecuado destacar que el hecho de que la relación pudiera ser significativa no prueba que la variable predictora (VI) sea la causa de la predicha (VD), solamente indica que los cambios en las puntuaciones de la VD pueden ser predichas por los cambios en la VI. El resumen del modelo mostró que el conjunto de las VI introducidas podían predecir la Competencia decisional percibida de forma significativa (F (4,109)=4,113; p=.004). De forma más concreta fue el Reconocimiento Emocional la que realmente se mostró como la dimensión del Cuestionario de Inteligencia Emocional que mejor predijo las puntuaciones de este factor: b= .234 (t= 2,518; p=.013). En cuanto a la dimensión negativa del cuestionario CETD, el resumen del modelo mostró resultados significativos (F (4,109)= 6,888; p=.000), siendo la dimensión Reconocimiento Emocional la variable independiente que mejor predice las puntuaciones de este factor del CETD (b=-.442 (t= -4,955); p=.000). Por último, el resumen del modelo del análisis de regresión indicó que las dimensiones del CIE predecían las puntuaciones del factor Compromiso en el aprendizaje decisional (F (4,109)= 11,911;p=.000) siendo la empatía la que muestra unos resultados más significativos (b= .241(t= 2,408; p=.000)) seguido por la utilización emocional (b=.197 (t= 2,143; p=.034)) y por el reconocimiento emocional (b=.171 (t=2,049;p=.049)).

CONCLUSIONES Y DISCUSIÓN

Recordemos que el objetivo principal de este estudio era analizar las relaciones existentes entre la dimensión percibida de la toma de decisiones y la competencia emocional.  Los resultados obtenidos deben interpretarse con una evidencia de que un componente importante del rendimiento de los jugadores de voleibol depende de su estado emocional y de la capacidad que tengan de controlarlo a la hora de tomar una decisión dentro de la competición. Hemos encontrado que existe una relación entre la competencia decisional percibida y la emocional ya que se dan correlaciones positivas con los cuatro factores de la Escala de Competencia Emocional. De los factores de este ultimo, ha siso el reconocimiento emocional el que correlaciona con los tres factores del CETD, destacando la que se produce con la ansiedad de valor negativo. Así, debemos destacar la influencia que tienen los estados emocionales negativos sobre los rendimientos en competición y en los entrenamientos (Aragón, 2006; Pons et al. ,1992; Mahlo ,1985; Lazarus, 2000; Meyer y Fletcher, 2007, Zizzi et al. ,2003; Williams et al., 2002). Estos generan en el organismo estados de ansiedad que es preciso controlar. La ansiedad es un factor negativo que influye en la toma de decisiones del deportista, de ahí la importancia del control y reconocimiento emocional que tenga el deportista a la hora de actuar (Hanin 2000, Jones, 2003 Lazarus, 2000).  Otros autores que hablan de esta relación son Giacobbi y Weinberg (2000). Nos dicen que la incertidumbre que posee el deportista en si a la hora de actuar o de conseguir unas metas de rendimiento, crea unos estados de ansiedad que le pueden hacer presentar conductas negativas a la hora de decidir. Todo ello se debe a la percepción de los deportistas de la dificultad de alcanzar dichos resultados. De ahí que los que obtengan valores más altos en la ansiedad los obtendrán más bajos en la competencia decisional percibida, como pasa en nuestro estudio. Por lo tanto, podríamos decir que valores altos en la ansiedad y el agobio a decidir son indicadores de un posible desajuste emocional.  Otro de los puntos importantes de nuestro estudio es que existen diferencias significativas en función del nivel de pericia. Coincidimos con García Ucha (2001) en que a mayor grado de rendimiento alcanzado, la ansiedad tiende a ser menor  y por lo  tanto las habilidades de autocontrol de la misma, consiguiendo una mejor adaptación al estrés competitivo sobre la base de que ganaran en autoconfianza y pensamiento positivo (Meyer y Fletcher, 2007). Vemos como en nuestro estudio, la ansiedad de los deportistas de mayor nivel es mucho menor que el resto, así como el reconocimiento emocional es superior en los de nivel internacional. Para concluir este apartado y centrarnos en el perfil del jugador de voleibol, podemos decir que, cuando Noce y Samulski (2002)hablaban de las características psicológicas de estos jugadores decían que la toma de decisiones y competencia decisional eran fundamentales para un jugador de voleibol. Además, destacaba como el control emocional era imprescindible en este nuevo sistema para que el jugador pueda llegar a administrar sus emociones. Del Pino y Sabas (2005) hablan de que los jugadores de voleibol deben tener unos mecanismos de autorregulación que deben ser efectivos y que les garantice la estabilidad emocional que les posibilite el control en las tensas y cambiantes situaciones de juego, para que pueda llevar a cabo toma de decisiones adecuadas.

Por lo tanto, un jugador de voleibol debe reconocerse emocionalmente  para poder controlar esas emociones que le provocan la competición y de esa forma le permitirá percibirse más competente a la hora de tomar decisiones consiguiendo un mejor rendimiento deportivo.

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