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28 feb 2011

Bases para la valoración de la postura estática y dinámica del deportista.

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A lo largo de las distintas etapas y períodos de entrenamiento del deportista, pueden aparecer desviaciones del aparato locomotor, que en ocasiones pueden producir alteraciones irreversibles. De ahí la necesidad de que los profesionales…


Autor(es):
José Luis García Soidán
Entidades(es): Grupo Hi10 – Universidad de Vigo
Congreso: V Congreso nacional de las ciencias del deporte y la educación física
Pontevedra: 7-9 de Mayo de 2009
ISBN: 978-84-613-1660-1
Palabras claves: Desviación, alteración, locomotor, deporte.Deviation, alteration, locomotive, sport.

RESUMEN

A lo largo de las distintas etapas y períodos de entrenamiento del deportista, pueden aparecer desviaciones del aparato locomotor, que en ocasiones pueden producir alteraciones irreversibles. De ahí la necesidad de que los profesionales de la actividad física relacionados con el entrenamiento del deportista, así como el propio deportista y sus familiares, tengan algunos conocimientos básicos sobre las principales alteraciones estáticas y dinámicas, sus causas y la forma de prevenirlas. Por tanto, el propósito de este artículo es el de describir y valorar las alteraciones posturales del deportista, sus mecanismos de lesión y sobretodo la forma de prevenirlas.

ABSTRACT

Along the different stages and periods of training of the sportsman, there can appear diversions of the locomotive device, which in occasions can produce irreversible alterations. That of the need that the physical activity training professionals related to their sportsman, as well as the own sportsman and their relatives, have some basic knowledge on the principal static and dynamic alterations, their reasons and the way of preventing them. Therefore, the intention of this article is to describe and to value the postural alterations of the sportsman, their injury mechanisms and overcoat the way of preparing them.

INTRODUCCIÓN.

Las cargas del entrenamiento deportivo siguen curvas de adaptación similares y específicas a los períodos de crecimiento del deportista, apareciendo a lo largo de este tiempo los denominados “períodos sensibles”, que coinciden fundamentalmente con la pubertad y posteriormente, en algunos casos, con el paso de la categoría promesa a absoluto, momento en el cual se incrementan notablemente las cargas y el volumen de trabajo. La pubertad se caracteriza por ser un período de entrenamiento rápido durante el cual la resistencia estática y dinámica de las zonas de crecimiento (metáfisis), se encuentra debilitada. Por ello es fundamental someter al deportista a una evaluación postural, por parte del traumatólogo o médico deportivo, para determinar las repercusiones tanto estáticas como dinámicas que el entrenamiento y el crecimiento están produciendo en el aparato locomotor del deportista en período de crecimiento. Esta valoración debería repetirse cada 6 meses de forma aconsejable durante el período puberal, continuándose con una evaluación anual hasta llegar a la etapa adulta, cuando se consolide definitivamente su aparato locomotor. El final del crecimiento viene delimitado por la osificación completa de las crestas ilíacas (prueba de Risser, grado 5) y la calcificación de las metáfisis óseas. La evolución de la morfología del esqueleto del deportista viene marcada por la adquisición de las curvaturas sagitales propias de la especie humana, que comienzan a estructurarse cuando aquél aprende a ponerse de pie (10-15 meses) y la aparición de lordosis lumbar con abdomen prominente hacia los 9‑10 años. La recuperación de la lordosis normal asociada a una cifosis dorsal fisiológica ocurre durante el desarrollo del estirón puberal. En este período es fundamental buscar que el entrenamiento del deportista desarrolle tanto la simetría, como la multilateralidad (figura 1):

  • Simetría, en cuanto a igualdad en el desarrollo muscular de sus cuatro extremidades, tronco anterior y posterior, evitando que ninguna zona corporal quede menos desarrollada que su homónima contralateral.

Multilateralidad, trabajando de forma conjunta tanto las extremidades superior e inferior dominantes, como las no dominantes, en lo que hace referencia a su coordinación, flexibilidad, fuerza, resistencia y velocidad.

Figura 1. El entrenamiento del deportista durante el crecimiento, debe desarrollar tanto la simetría como la multilateralidad.

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 10

Como responsables en primer lugar “de la salud de los deportistas a nuestro cargo”, lo primero que deberíamos tener en cuenta, durante el período puberal debería ser “no so­brecargar al deportista en esta época de su vida con una práctica deportiva intensa y desproporcionada, sin tener en cuenta su edad biológica y los períodos de recuperación intra e inter entrenamientos”

PRINCIPALES ALTERACIONES LOCOMOTORAS DEL DEPORTISTA.

Escoliosis. Deformación de la columna vertebral del deportista, asociada con rotación, angulación, y lordosis. Afecta aproximadamente a un 2-10% de la población, sobre todo a las mujeres especialmente en los períodos cercanos a la pubertad. Su etiología y tipo de herencia no han sido suficientemente aclarados, las investigaciones recientes se orientan hacia trastorno­s genéticos y alteraciones en los órganos centrales que controlan la postura erecta durante el período de crecimiento. Respecto a la asociación de la escoliosis con el tipo de actividad deportiva realizada, incluso asimétrica, tampoco ha sido suficientemente aclarada, ni en su origen ni en la evolución o agravamiento de una escoliosis ya establecida. Respecto a las escoliosis menores, con angulaciones inferiores a los 20º y sin rotación, no contraindican la práctica ­de ningún deporte, ni siquiera los de contacto, o la gimnasia en el suelo o en aparatos. Actualmente es conocido que la práctica de algunos juegos con balón, deportes de raqueta, esquí e incluso de la danza son perfectamente posibles de realizar con ayuda del corsé o incluso sin él. En el momento actual, se recomienda para las escoliosis la realización de deportes que favorezcan el desarrollo respiratorio y el trabajo de la zona abdominal y diafragmática. Se prefieren los deportes simétricos como: remo, voleibol, natación, danza, carreras de media resistencia, deportes de combate y distintas actividades de expresión corporal, que se paran especialmente en el trabajo respiratorio. El sobreentrenamiento unilateral excesivo de ciertos depor­tes puede causar desviaciones de columna, sobre todo durante el periodo del entrenamiento puberal, donde las vértebras son frágiles, al tiempo que el sujeto ha perdido la flexibilidad que tenía en su in­fancia. Por eso es importante que en los deportes como piragüismo, lanzamientos, vallas, remo o deportes de equipo, donde alguna extremidad predomine porque obtiene un mayor rendimiento, se trabaje especialmente de forma simétrica y multilateral, a lo largo de la semana para compensar las posibles desviaciones de columna, por sobreentrenamiento de alguna extremidad cuyo rendimiento predomine sobre las otras. Es precisamente en la adolescencia cuando los entrenadores tratan de seleccionar y modelar a sus deportistas. De ahí la importancia de los reconocimientos médicos del aparato locomotor a estas edades, con el objetivo de descubrir cuáles son los deportistas que corren el riesgo de sufrir alteraciones, con el fin de reorientar su actividad deportiva en función de las alteraciones estructurales detectadas. Con frecuencia las alteraciones de la columna ligadas al de­porte, aparecen sobre todo en el plano sagital, y muy a menudo están relacionadas con sobreesfuerzos repetitivos a nivel de las curvas fisiológicas. El adecuado funcionamiento de la charnela lumbopélvica, (promontorio) es fundamental, debido a la importante redistribución de fuerzas y cargas que esta zona realiza. Siendo precisamente a este nivel donde los entre­nadores y las evaluaciones médicas, deben dedicar su atención para adaptar adecuadamente las técnicas de entrenamiento. Una actividad deportiva intensa no impide la agravación de escoliosis pero la existencia de escoliosis no es una contraindicación para la práctica deportiva. Si la escoliosis es de poca importancia (<20°) las actividades deportivas se proseguirán bajo una simple vigilancia (favoreciendo los deportes de extensión). Durante la adolescencia, la intensidad de la práctica deportiva será reducida, porque la escoliosis, podría modificar las condiciones biomecánicas y podría producir una artrosis precoz. No obstante, la escoliosis habitualmente es indolora en el adolescente. La actividad deportiva intensa y desproporcionada durante este período puede provocar o agravar lesiones en la columna vertebral, modificando las curvaturas fisiológicas de manera re­petitiva. El aumento en la intensidad y tensión sobre la columna, puede provocar microlesiones continuadas de las estructuras vertebrales durante los entrenamientos (figura 2), especialmente expuestas durante la pubertad. Estas lesiones pueden afectar a los distintos planos del esqueleto preferentemente al sagital y al frontal.

Debemos tener en cuenta a la hora de entrenar la columna, que está depende de la superposición de cartílagos de crecimiento muy sensibles (alrededor de tres por vértebra) y que las vér­tebras lumbares crecen más rápido que las dorsales. El pico de crecimiento puberal se corresponde especialmente con el aumento de crecimiento de la columna vertebral, mien­tras que las extremidades inferiores crecen de forma más lenta, produciéndose una desproporción temporal en las dimensiones corporales aproximadamente a los 13 años de edad biológica en la niña y a los 15 en el niño. La estructura morfológica de la columna es muy varia­ble en función de la edad, que ya empieza a modificarse con la aparición de la marcha en los niños/as de un año. A los seis o siete años, aparece una lordosis lum­bar fisiológica, en ocasiones acentuada y extendida. También a estas edades aparece la “posición de relajación o asténica” con relajamiento mus­cular global, pero suele carecer de importancia a esta edad.

Figura 2. Las microlesiones continuadas sobre la columna vertebral, pueden alterar las curvas fisiológicas normales

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 10

Existen algunos estudios que indican que la práctica precoz de deportes de combate como el judo, la gimna­sia deportiva y los saltos, aumentan de manera considerable la aparición de deformaciones de columna en los distintos planos espaciales de la misma, sin embargo las muestras con las se han realizado dichos trabajos son pequeñas y por tanto, difíciles de generalizar. Otros autores, han descrito como ciertos deportes asimétricos pueden producir diversas alteraciones de columna, como: saltos de trampolín, halterofilia, gimnasia, remo, ciclismo, esquí náutico e incluso algunos deportes con balón. Cuando aparecen en el deportista lesiones dolorosas en la columna dorso-lumbar y lumbar, son muy difíciles de tratar y exigen, a menudo, el cese, al menos temporal, de la práctica deportiva. En ocasiones, puede aparecer ciática y dolor lumbar originados por una hernia de disco, aunque son raras en adolescentes, si pueden ser frecuentes en jugadores de rugby, gimnastas, halterófilos, baila­rines, futbolistas, lanzadores, etc.

Dolor cervical.

Durante los entrenamientos, en diversas ocasiones aparecen situaciones que pueden provocar dolores a nivel del cuello. Ciertos deportes como el rugby, la lucha grecorromana, saltos en piscina, judo, esquí, fútbol, etc., son más propensos que otros como el atletismo, voleibol y el piragüismo a producir dichas lesiones. En estos momentos aparecen bloqueos estáticos, seguidos de bruscos movimientos que intentan tirar o voltear al adversario. Los deportes sobre ruedas, son en los que con mayor frecuencia aparecen estos problemas producidos sobre todo por caídas violentas y/o accidentales, así como por los pequeños traumatismos repetitivos. En este grupo se encontrarían los deportes de riesgo y en los que abundan las caídas como el patinaje, el ciclismo, rafting, parapente, motociclismo, equitación, etc. y también se encontrarían el grupo de de­portes en los que se obstaculiza con violencia al contrario como: la lucha, artes marciales, fútbol y el rugby entre otros.

Dolor Lumbar.

El dolor en la zona lumbar quizás sea la lesión más frecuente en la práctica deportiva. Es raro el deportista, que no lo haya tenido en algún momento de su vida. Existen distintas situaciones que implican una sobrecarga de la columna importante en deportes como: los saltos, la halterofilia, el esquí, el ciclocross, así como la intensidad y el número de entrenamientos intensivos para las competiciones, cuya finalidad no es otra que la de conseguir el máximo rendimiento, en columnas vertebrales que aún no han alcanzado su máximo desarrollo y consistencia, ni están preparadas para soportar dichas cargas. El reflejo miotático de protección, se encuentra sobrepasado por una mala coordinación del gesto y/o una inadaptación del ejercicio a la edad del suje­to. En algunas ocasiones se puede producir una lesión en el disco vertebral muy dolorosa, provocada por alteraciones estáticas y dinámicas en la postura de la columna vertebral, que pueden ser graves como consecuencia de la utilización de pesas o ejercicios de carga inadecuados, así como esfuerzos en los que predomina la rotación o inclina­ción lateral como en la lucha, las artes marciales, el balonmano, voleibol y lanzamientos, en los que muchas veces se trata de un gesto ejecutado en desequilibrio con un mal control propioceptivo de la columna lumbar. Esta lesión aguda es provocada en muchas ocasiones por una hernia de disco, desencadenada por deportes en los que existe una gran rotación, como en el tenis o el golf. Otras de las causas que podrían desencadenar dolor de espalda son aquellas en las que pueden producirse caídas accidentales, desequilibrando los mecanismos de control estático y dinámico de la columna, produciendo hiperextensiones o hiperflexiones bruscas, como ocurre en deportes como la vela, los saltos, el judo, la gimnasia deportiva, el rugby, etc. Por lo que ante cualquier caída grave conviene siempre descartar una fractura vertebral. Los responsables de la salud de los deportistas, debemos de estar en contra de una especialización deportiva precoz y apostar por el retraso en el tiempo del deporte como competición, de esta forma evitaríamos algunos de los problemas relacionados con el dolor lumbar agudo de niños y adolescentes, que pueden pasar factura cuando lleguen a adultos, momento en que dichas lesiones ya son graves y solamente pueden ser resueltas con cirugía y no en todos los casos, pudiendo quedar secuelas permanentes en el deportista. En deportes como la gimnasia, el rugby (figura 3), el esquí y deportes de lucha se han descrito casos de fracturas patológicas y roturas de los cuerpos vertebrales (espondilólisis), posiblemente a causa de las alteraciones estáticas y dinámicas producidas por las caídas y los golpes, en las estructuras vertebrales.

Figura 3. Se debe tener precaución con los deportes de lucha, durante los períodos de crecimiento, debido a las alteraciones dinámicas y estáticas que se producen sobre la columna vertebral.

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 10

Diversos estudios indican que la presencia de dolor lumbar en la población general, se encuentra entre un 40 y un 85% y, genera un enorme gasto económico a la sanidad pública de los países. Aunque el dolor lumbar puede aparecer a cualquier edad, su prevalencia aumenta al superar los cuarenta años y en bastantes casos, se hace referencia a algún episodio de dolor lumbar brusco, que aconteció mientras practicaba algún deporte en su juventud. La columna vertebral del deportista, sufre en ocasiones, cuando tiene que mantener durante un cierto tiempo la misma posición (lucha, agarres, rugby, etc.) o cuando el deportista adopta posturas que modifican las curvaturas naturales de la columna vertebral, por la realización de grandes o pequeños esfuerzos repetidos (saque de tenis, golf, levantamiento de pesos, etc.); o cuando realizan movimientos bruscos a consecuencia de desequilibrios provocados en deportes de adversario, adoptando la columna lumbar posturas muy forzadas. Los gestos técnicos del deportista al caminar, cuando permanece de pie o en diversas posiciones estáticas (dependientes del deporte realizado), al girar o recepcionar un objeto en movimiento, contribuyen a una adecuada dinámica corporal o, por el contrario, favorecen ciertas alteraciones o deformidades, por lo que el entrenador o profesional que supervise al deportista, debe prestar especial atención a la correcta ejecución de cada gesto técnico realizado por el deportista. El esfuerzo locomotor está condicionado en gran parte por la postura en la que se realiza, por ello la biomecánica de cada gesto técnico, debe ser adecuada para cada deportista con la finalidad de evitar lesiones, mejorar el rendimiento y evitar la fatiga tanto de los gestos estáticos como de los dinámicos. El aumento del dolor lumbar en los deportistas durante estos últimos años, se cree que es debido a un aumento de las sobrecargas del entrenamiento con la intención de conseguir un mayor rendimiento del deportista, que desencadenan gestos técnicos inadecuados cuando trabajan en columnas inmaduras, durante largos periodos de tiempo, sin descansos, ni instrumentos ni materiales de protección adecuados. Las columnas vertebrales de los deportistas en período de crecimiento sufren fundamentalmente cuando se trabajan con sobrecargas y se mantiene la posición durante un largo período de tiempo (ejercicios isométricos), modificando la curvatura lumbar (hiperlordosis). Cuando se estudian estos dolores lumbares, se comprueba que aproximadamente un 85%-90%, no se encuentra ninguna enfermedad de la columna que pueda justificar dichas molestias, sino más bien se cree que pueden ser debidas a posturas estáticas y actividades dinámicas inadecuadas debidas a sobreesfuerzos provocados por el entrenamiento (figura 4).

Dolor dorsal.

Aunque en general es raro, algunas de las causas que pueden producir dolor en esta zona serían producidas por traumatismos en los que se asocian movimientos dinámicos de rotación con agarres estáticos, como por ejemplo en las artes marciales, el rugby, el judo, el tenis, la gimnasia deportiva. En algunos casos, se describen cifosis dolorosas rígidas que afectan muy frecuentemente al deportista. La dis­trofia producida por el entrenamiento se conoce como enfermedad de Scheuermann. En la génesis de esta afección, se cree que existe un factor genético familiar y un factor traumático. Los microtraumatismos repetidos ocasionados por movimientos deportivos muy dinámicos, pueden provocar fisuras de los cartílagos fibrosos con penetración del disco intervertebral. La cifosis dolorosa puede aparecer ya entre los 12 y los 14 años, los dolores son a menudo muy tardíos, y aparecen después de los 18 años favorecidos por microtraumatismos de­portivos. Por lo que es muy difícil establecer una relación causa-efecto inmediata, sino que ocurre muchos años después de que la lesión se produjese durante la práctica deportiva durante la adolescencia. Aparecen inicialmente como dolores estáticos difusos, en toda la columna dorsolumbar. Por ello es indispensable vigilar a los niños deportistas que desarrollen una cifosis durante el periodo puberal y prepuberal en cuyo caso es aconsejable la restric­ción temporal de ciertas actividades deportivas (halterofilia, judo, equita­ción, gimnasia), hasta que se complete el desarrollo de la columna y se vuelva a evaluar.

A lo largo del período de crecimiento postpuberal, es imprescindible el control médico continuado por especialistas de toda la columna, especialmente de las zonas sensibles, a las que les afectan directamente la carga del entrenamiento, según la modalidad deportiva seleccionada.

Figura 4. Posturas estáticas y actividades dinámicas inadecuadas, se encuentran entre las causas probables del dolor lumbar

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 10

Traumatismos deportivos.

Las lesiones más graves ocurren con frecuencia en los deportes de velocidad donde existen giros dinámicos bruscos, también en los deportes de riesgo y en los deportes que producen caídas (judo, lucha, automóvil, moto, bicicleta, esquí, equitación). Las contusiones musculares y los desgarros musculares son responsables de dolor lumbar o dorsal agudo, que se resuelve en varias  semanas con tratamiento o sin él. Las fracturas y luxaciones vertebrales aunque son raras obligan a la suspensión de toda activi­dad deportiva de cuatro a seis meses. En estas actividades deportivas, los desgarros musculares son muy frecuentes y también obligan a largos períodos de inactividad. Los músculos se adaptan al tipo de esfuerzo realizado, tanto en sus procesos bioquí­micos como en los biomecánicos. En su función, el músculo se adapta a las fases cinéticas o estáticas. Cualquier modificación súbita de estas condiciones expone al riesgo de provocar lesiones. Los accidentes musculares son evidentemente frecuentes en los jóvenes deportistas, la cicatrización completa de las lesiones y la recuperación funcional sin embargo en estos deportistas se realiza con mayor rapidez. Existen dos grandes tipos de lesiones musculares: las provocadas por traumatismos directos (origen extrínseco) y las desencadenadas por traumatismos mecánicos internos (origen intrínseco). Estas últimas son propias de la actividad de­portiva, aunque sus causas son todavía mal conocidas. Se especula con alteraciones hidro-electrolíticas, así como alteraciones enzimáticas como causantes de este tipo de lesiones. La etiología desencadenante es impreci­sa, al menos en sus mecanismos íntimos. El músculo puede ser utilizado más allá de sus posibilidades bien sea por un exceso de velocidad del mismo o por una mayor amplitud de un gesto mal controlado, contracción indebidamente situada en el tiempo, o gesto mal coordinado. Se trata más bien de lesiones por sobreestiramiento, y de las que es responsable la musculatura antago­nista. La causa desencadenante puede ser un rebote o una recepción de salto tras una acelera­ción brusca, o bien una deceleración por un golpe vio­lento, o un cambio de dirección demasiado re­pentino. Se trata de lesiones ligadas a la propia contracción. Al lado de estas causas mal delimitadas, se conocen cierto número de factores favorecedo­res, lo que aconseja una prevención eficaz, ya sea de orden técnico, individual, higiénico‑dietético o médico. La lesión más frecuente afecta a los miembros inferiores (isquio-peroneos, tríceps sural), las localizaciones varían según la clase de deporte y pueden ser originadas por:

  • Fatiga. Presentan dolor muscular que no apare­ce durante el esfuerzo, sino algunas horas o unos días después de una fatiga desacostumbrada para un músculo o un grupo de músculos. Su soporte anatomo-fisiológico es mal conocido. Es posible que haga intervenir fenómenos de inflamación y de congestión a nivel de las aponeurosis y de los planos de deslizamiento. Sin embargo, es proba­ble que existan microlesiones a nivel de las pro­pias fibras musculares, las cuales ceden con el reposo y mejoran con el calentamiento.
  • Calambres. Su causa principal es la deshidratación muscular, que provoca desajustes hidro-electrolíticos. Se caracterizan por  tetanización global del músculo, espontáneamente reversible o rever­sible por el estiramiento y la compresión del músculo. No dejan habitualmente secuelas dolo­rosas. Aparecen con la fatiga o en condiciones metabólicas defectuosas; a menudo están liga­dos a un defecto de entrenamiento o de adap­tación, o a situaciones de deshidratación.
  • Contracturas. Aparecen bruscamente durante un esfuerzo, y se caracterizan por la aparición de tensión o de una bola en el músculo, que limita su función. Consisten en tetanización localizada de algunas fibras o de algunos fascículos de fibras musculares. No ceden con el estira­miento y a veces son consecuencia de pequeñas roturas musculares, actuando como mecanismo de defensa, evitando así que el músculo se rompa más.
  • Elongación. Se manifiesta por un dolor súbito en el momento del esfuerzo, con sensación de estiramiento del músculo. Se acompaña de limi­tación parcial (alrededor del 70 %) de la tuerza muscular. El dolor aparece por la tensión isométrica del músculo y por su estiramiento pasivo localmente, sobre los músculos se encontrará una rigidez anormal en la zona dolorosa.
  • Distensión. Se producen por estiramientos bruscos. Implican un accidente muscular severo que ocurre en pleno esfuerzo y presenta dolor brusco, ocasionando una impotencia funcional inmediata y en muchos casos, caída del deportista.
  • Desgarro. Supone una lesión muscular importante, que aparece como consecuencia de un gran estiramiento con signos funcionales y clínicos agravados que ocasionan una retracción de las fibras y la aparición de un hueco en el músculo que deberá ser rellenado en la cicatrización por un tejido fibroso y que presenta un gran hematoma. Dan lugar a prolongados períodos de inactividad.
  • Origen extrínseco. Su incidencia es variable, según el tipo de actividad deportiva. Se encuentran sobre todo en deportes donde los con­tactos son frecuentes como: taekwondo, kárate, fútbol, hockey sobre patines, etc. Se trata de choques sobre el cuerpo del múscu­lo; un agente exterior será el que producirá el traumatismo: cabezazo, puntapié, codazo, rodi­llazo, choque contra un poste o caída, etc. Este tipo de accidentes provoca contusiones cuya gravedad depende de la violencia del trau­matismo, y del estado funcional del músculo en el momento del impacto; un músculo contraído en ese momento es más vulnerable. Algunas de las zonas corporales que más se lesionan son: en el miembro inferior, el cuadriceps, el tríceps sural el tensor de la fascia lata y los isquiotibiales. Mientras que a nivel del miembro superior los músculos que más se lesionan son: el deltoides, bíceps y tríceps.

Influencia del entrenamiento en las lesiones estáticas y dinámicas durante el crecimiento.

El tipo y la duración del entrenamiento supone un complejo proceso fisiológico en el que influyen diversos factores (intrínsecos, extrínsecos y mixtos), por lo que en el momento actual no está rigurosamente demostrado que el ejercicio físico estimule o acelere el proceso de crecimiento. Si tenemos en cuenta los factores endocrinos, hay que considerar que no sólo es la hormona del crecimiento la res­ponsable del mismo, sino la compleja correlación hipotálamo (soma­tostatina y GHRH), hipó­fisis (GH) y la periferia orgánica (somatomedina C relacionada con el factor insulínico de crecimiento I y posiblemente también con el II). La columna vertebral normal consta de un eje óseo vertical, flexible y resistente en su conjunto. Es rectilíneo en el plano frontal pero en el sagital presenta una triple curvatura formada por: una lordosis cervical, una cifosis dorsal y una lordosis lumbar. Estas curvaturas presentan modificaciones a lo largo del entrenamiento, con el fin de adaptarse a los cambios sucesivos osteo-musculares que se vayan produciendo y poder así amortiguar las cargas progresivas a las que se somete la columna vertebral en los distintos planos y adaptarse también a las distintas actividades como la carrera, los saltos, los lanzamientos, las recepciones, etc. Debemos fomentar una adecuada actitud postural, en todo momento: tanto activamente al estar de pie, durante la marcha/carrera, etc. o pasivamente, al estar estirando o sentado en haciendo pesas. Esta actitud puede ser correcta, cuando buscamos una simetría de nuestro organis­mo o defectuosa cuando mantenemos una posición asimétrica, gene­ralmente más cómoda inicialmente, con menos gasto energético, pero que cuando es mantenida ocasiona trastornos posicionales. Estas actitudes posturales, incorrectas o defectuosas tienen una impor­tancia mayor en la época de entrenamiento.

La influencia de la actividad física, durante estos períodos, es importante para un desarrollo armónico, funcional, físico, psíquico y social. Los estímulos motores adecuados, representan elementos indis­pensables para el desarrollo y mantenimiento funcional del niño. En general, el ejercicio físico durante el crecimiento, bien con­trolado ejerce efectos positivos sobre el hábito psicofísico y fisioló­gico. Sin embargo, y debido a la compleja delicadeza de aquél, el ejercicio físico intenso durante este periodo de la vida, puede tener efectos negativos, si se realiza sin el debido control del traumatólogo o del médico especialista en medicina deportiva, en colaboración con profesionales de distintas áreas del deporte, evitando el sobreentrenamiento y las cargas perjudiciales para la salud del deportista (figura 5). Hoy en las actividades físicas duran­te el entrenamiento se desarrollan en una clara dirección y orientación hacia el deporte saludable”, que adecuadamente enfocado es beneficioso para la salud de los deportistas, ya que influyen favorablemente sobre la evolución orgánica equilibrada.

Figura 5. Control del entrenamiento por médicos especialistas.

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Los trabajos estáticos, aunque teóricamente presentan un menor coste metabólico, a menudo producen una mayor fatiga. Su justificación se encuentra en que son trabajos en los cuales las contracciones isométricas aprisionan los vasos sanguíneos, comprometiendo la circulación sanguínea, dificultando así el transporte del oxígeno y acumulando metabolitos resultantes de la vía anaeróbica muscular, lo que aumenta la fatiga muscular. Mientras que los trabajos dinámicos, presentan un mayor aporte de oxígeno y glucosa, así como una continua eliminación de productos de desecho por vía aeróbica. Los excesos y las sobrecargas en el entrenamiento pueden afectar de forma negativa (retrasos o estancamientos del entrenamiento, retardo en la aparición de la menarquia, amenorreas, trastornos menstruales, anorexia, descalcificación ósea, escoliosis, descensos de los niveles de testosterona en los niños, etc.) e incluso trastornos inmu­nológicos, con descenso de las defensas orgánicas ante infecciones y viriasis. Según distintos estudios epidemiológicos, se considera que los deportistas son más susceptibles de contraer infecciones, y que el ejercicio físico intenso afecta negativamente al sistema inmu­ne, mientras que el ejercicio moderado y controlado, favorece las defensas frente a las infecciones, aunque aún no sepamos en el momento actual a que es debido. Entre los efectos inmunológicos negativos se han descrito los siguientes: disminución en el número y función de los linfocitos en maratonianos, disminución de la Inmunoglobulina A salivar, descenso en el número de anticuerpos, lisozimas etc., que en conjunto hacen que aumenta la susceptibilidad a las distintas infecciones, sobre todo respiratorias. Respecto a la edad más adecuada para iniciar los entrenamientos de algún deporte, hay que tener en cuenta la edad biológica del niño/a, ya que la evolución orgánica y funcional puede variar mucho entre ellos. Algunos criterios médicos, que suelen aplicarse a la hora de trabajar con escolares serían:

  • Nivel inicial: estado de salud, preparación física previa y deporte adecuado a su grado de desarrollo.
  • Edad biológica real o grado de maduración fisiológica.

Previamente a toda actividad física debe realizarse un evaluación completa del aparato locomotor por parte de médicos especialistas, analizando distintos parámetros fisiológicos y estableciendo la relación grasa corpo­ral/masa muscular, con el fin de conocer los aumentos simétricos y multilaterales de la masa muscular, para prevenir de esta forma la desviación patológica de la columna en cualquiera de los tres planos corporales. En el caso de las deportistas existe una relación importante entre el peso de la deportista y el entrenamiento de alta intensidad, con respecto a la aparición de su primera regla (menarquía) o la regularidad de los ciclos menstruales, pudiendo retrasarse aquella o dejando de ser regular esta última, incluso volviéndose dolorosa o dejando de aparecer cada mes. Otras enfermedades asociadas con el entrenamiento de alta intensidad serían: anemia ferropé­nica, lesiones en las inserciones musculares, alteraciones en el riñón, enfermedades inmunológicas, descalcificaciones que pueden producir desviaciones de columna (escoliosis, cifosis, etc.). El problema del entrenamiento y la especialización deportiva precoz, desde el punto de vista de la sobrecarga funcional, física y psíquica, ha preocupado a diversos especialistas desde hace mucho tiempo. Ya que desde hace tiempo venimos observando una especialización deportiva precoz en ciertos deportes (tenis, golf, gimnasia deportiva, fútbol, natación, deportes de combate, etc.), acompañándose de métodos de entrenamiento cada vez más intensos (3 a 5 horas diarias) y agresivos. Lo que parece claro es que en las etapas escolares y en la adolescencia se debe evitar el sedentarismo. Ya que hoy en día los medios de comunicación, fundamentalmente la televisión hacen que los escolare y adolescentes, pasen muchas horas sentados delante del televisor. Por otro lado los padres tienen poco tiempo para fomentar conductas o hábitos deportivos saludables, lo que hace que los niños carezcan de referencias directas que les animen a la actividad física. Todo ello hace que además los escolares empiecen a desarrollar sobrepeso e incluso obesidad, lo que hace que se forme un círculo vicioso cuyo resultado final es el sedentarismo y un déficit en el desarrollo de las cualidades físicas básicas. Lo que puede traer consecuencias a largo plazo como alteraciones de la regulación cardiovascular, digestiva, resistencia física, etc. El sedentarismo puede ser combatido mediante programas de educación física, bien diseñados, adaptados a las necesidades de los escolares de hoy en día y con la intensidad suficiente. Varios autores indican en sus estudios que los escolares sufren alteraciones estáticas y dinámicas que afectan negativamente a su desarrollo corporal, destacando entre ellas: un menor tono muscular, disminución de la movilidad articular, tendencia al sedentarismo y alteraciones de la columna como hiperlordosis, escoliosis, hipercifosis y rectificaciones de la columna. Estas lesiones aparecen generalmente durante el crecimiento y motivadas por la ausencia de práctica deportiva o actividad física, que permitan mantener el tono muscular y una postura estática adecuada, provocando la posición asténica de los adolescentes con la cabeza inclinada y los hombros desplazados hacia delante. En esta etapa del crecimiento, debemos promover una actividad física o iniciación deportiva, espontánea y natural, vinculada a la necesidad de movimiento que tiene el niño y el adolescente. El objetivo del ejercicio físico, sería mejorar y mantener la forma física, acrecentándola durante el periodo de entrenamiento. La forma física adecuada nos puede conducir a los distintos deportes, que durante el entrenamiento, tendría como objetivo mejorar la aptitud, mediante juegos o sistema ordenados de prácticas corporales, en los que intervienen capacidades físicas y psicomotrices, ya sea en forma competitiva o no, pero siempre adaptadas a los distintos períodos de entrenamiento. Los beneficios para la salud de la actividad física y especialmen­te para el niño y adolescente en entrenamiento, son muy similares a los del adulto, pero además, son especialmente «necesarios» para que el desarrollo psicofísico sea normal, equilibrado y armónico, como nos recuerda la Organización Mundial de la Salud (OMS) al referirse “a un completo desarrollo del bienestar físico, psíquico y social, para todos”.

Debemos informar a los técnicos y especialistas deportivos, para que desarrollen programas suficientes y adapta­dos a cada nivel de desarrollo del niño (figura 6). Una educación físico‑deportiva adecuada y unos planteamientos del entrenamiento más reales, en consonancia con las necesidades del niño, sin rigideces y teorizaciones excesivas junto con una mayor atención social, que tienda a dar facilidades, para realizar una práctica deportiva dentro de las posibilidades reales de cada deportista

Figura 6. La iniciación deportiva debe contemplar programas adaptados a las necesidades del deportista

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 10

Desde un punto de vista fisiológico, la actividad física bien diseñada y metódica, durante el proceso de crecimiento, debe producir:

  • aumento del volumen sistólico
  • disminución de la frecuencia cardiaca
  • aumento del transporte de oxigeno arteriovenoso
  • disminución del consumo de oxígeno del músculo cardiaco
  • disminu­ción de la resistencia vascular periférica
  • aumento de la masa muscu­lar del ventrículo izquierdo
  • aumento de la capacidad aeróbica máxima
  • mejora en la ventilación pulmonar máxima
  • mayor eficacia funcional de la musculatura respiratoria
  • mejora del coeficiente respi­ratorio, en reposo y en el ejercicio
  • regulación del peso
  • disminución el colesterol y mejora el HDL-Colesterol (factor protector)
  • a nivel muscular mejora: la fuerza, resistencia y velocidad de contracción y su coordi­nación
  • a nivel óseo mejora la mineralización y disminuye la reabsorción
  • a nivel psicológico puede mejorara la capacidad de concentración y la resistencia a la fatiga lo que se traduce en un aumento de la productividad académi­ca, la firmeza, la confianza, la estabilidad emotiva, independencia, el compañerismo, la solidaridad, la autoestima, etc.

El deporte de alto rendimiento.

Una vez decididos a que los niños participen en la competición, ésta debería ser instaurada de manera progresiva, procurando adaptarla al desarrollo individual del competidor y limitándola en número (no más de 10 ó 15 al año) y espa­ciándola en el tiempo (cada 15 días como mínimo), procurando que al finalizar la temporada se produzca la recuperación total del organismo. La alta competición puede originar alteraciones importantes en la psicología infantil, del tipo de estrés psíquico, neurosis, disminución de la motivación intrínseca con incremento de la originada por la recompensa, la frustración, la ansiedad, los celos, la depresión y el aumento de la tendencia a la agresión y a las conductas violentas (grupos ultras). Uno de los grandes errores de nuestro tiempo es el de pensar que mediante una especializa­ción temprana se pueden conseguir buenos resulta­dos deportivos, por lo que cada vez se va adelantando más la edad a la que los deportistas se ponen en contacto con el deporte de alto rendimiento, lo que les obliga a entrenar y competir como si fueran adultos. Se debe recordar que muchas de las características que sobresalen en un campeón estarán influenciadas en gran medida por la herencia. Por lo que además de estar dotado convenientemente para la práctica deportiva, el deportista necesita conocer y dominar la técnica del deporte elegido, mediante un largo aprendizaje. Siguiendo las recomendaciones de la Asociación Americana de Medicina del Deporte (ACSM, 2006), debemos aconsejar lo siguiente:

  • Revisión completa por aparatos por médicos especialistas (figura 7), antes de iniciar cualquier deporte de alto rendimiento.
  • Los escolares siempre deben realizar actividad física, debemos luchar contra el sedentarismo.
  • Jamás debe excluirse a ningún niño/a por su falta de habilidad para un deporte concreto.
  • En los prepúberes se deben fomentar las habilidades motrices y la flexibilidad, más que la fuerza, la resistencia y la velocidad.
  • Si los escolares van a competir nos guiaremos por su edad biológica.
  • Se deben recomendar exámenes médicos periódicos.
  • Antes de la pubertad la selección de talentos deportivos es poco fiable.
  • Se debe evitar en lo posible los deportes de contacto, y en su caso se deben realizar con las correspondientes protecciones.
  • La alimentación de los deportis­tas debe respetar los mismos principios que para el resto de escolares de su misma edad, incrementando ligeramente las calorías totales y la hidratación.

La forma final del cuerpo se alcanza después de la pubertad y la adolescencia, prácticamente cuando el entrenamiento ha cesado total­mente y a esa edad debemos llegar con un adecuado equilibrio postural tanto estático como dinámico, ya que posteriormente será muy difícil conseguirlo. El periodo escolar, que abarca edades comprendidas entre los 3‑4 años y los 18‑19 años es un periodo óptimo para el estudio y valoración de cualquier alteración estática o dinámica del aparato locomotor que pueda y deba ser tratada durante este periodo de tiempo. Existen unos períodos básicos para que las actitu­des defectuosas aumenten o por el contrario, poder ser tratadas ade­cuadamente: son los períodos en que la velocidad de entrenamiento (aumento de centímetros año) es mayor.

Figura 7. Revisión completa por aparatos por médicos especialistas, antes de comenzar el alto rendimiento.

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 10

El estirón de la adolescencia es un fenómeno que acaece en todos los niños, si bien no son con igual intensidad, duración ni cronología. En los jóvenes suele ocurrir entre los doce y medio y quince años y en las jóvenes uno o dos años antes. Las jóvenes como consecuencia de este estirón superan a los jóvenes; posteriormente el estirón del entrenamiento de los jóvenes y su más sostenido incremento hace que alcan­cen dimensiones finales mayores, en general, que las jóvenes, de forma que el aumento de la estatura no se realiza de manera uniforme, sien­do durante estos períodos, que pudiéramos llamar «criticas» los mas interesantes para modificar actitudes defectuosas. Una actividad física adecuada durante la época de maduración desarrolla una formación más com­pleta en las actitudes ontogenéticas, las que precisan de un aprendiza­je para su ejecución, como es el saltar, nadar, andar correctamente, etc. El caminar, el mantener una posición erecta son filogenéticos propias de la especie, pero el hacerlo correctamente, el mantener una actitud y una marcha adecuada precisa un aprendizaje y debería hacerse durante el periodo crítico de evolución del individuo, antes que la maduración esté completa, que suele coincidir, no siempre, con el final del entrenamiento. En las personas cuya evolución psicofísica y endocrina es normal suelen superponerse el final de la maduración y el del entrenamiento. Los deportistas durante su período escolar suelen estar un promedio de 6‑7 horas diarias en el cole­gio, gran parte de ellas en las aulas así como el que utilizan para las comi­das habituales y el que estarán estudiando. Por lo que los pupitres y asientos escolares y los de su casa, deben ser ergonómicos, de forma que proporcionen a la columna vertebral estabilidad y descarga, precisando mantener las curvas naturales de la columna vertebral sin esfuerzo muscular o que éste sea el menor posible. La posición incorrecta que se observa con mayor frecuencia sitúa la espalda encorvada hacia delante, con aumen­to de la cifosis y pérdida de la lordosis normal. La silla deberá tener una serie de condiciones básicas. Un asien­to sin respaldo es incómodo y fatigoso al obligar a continuos esfuerzos equilibradores a los músculos del tronco. Junto con el apoyo de los codos en la mesa o pupitre o brazos del asiento, el respaldo permite retrasar la fatiga de los músculos que mantienen erguido del tronco. Este respaldo debe ocupar una posición lo más equilibrada posible entre la comodidad y la funcionalidad del asiento. Son interesantes los respaldos oblicuos hacia atrás con inclinación de 100° respecto al asiento, con ello se consigue evitar la lordosis lumbar a la vez que la columna dorsal pueda atenuar también su curvatura permi­tiendo descansar al que está sentado. El asiento debe cubrir los dos ter­cios del muslo; se ha de procurar que el apoyo isquiático sea firme mientras que los tejidos blandos del muslo quedan libres de presión. Estudios recientes indican como la ausencia de actividad física, así como su exceso, que sobrecarga las estructuras corporales, son factores de riesgo para la aparición de dolor lumbar y alteraciones posturales en deportistas jóvenes. Por ello, una actividad física realizada de forma adecuada, permitirá mantener el tono muscular necesario para favorecer una adecuada postura estática y dinámica. La práctica correcta favorecerá y fortalecerá un desarrollo adecuado de los músculos de las extremidades inferiores, que reducirán así el trabajo que realizan mientras soportan el peso corporal. Para mantener la posición adecuada erecta del deportista, es necesario que la línea de gravedad caiga dentro de la base de soporte, representado por el área de apoyo entre los pies, que podrá variar según las diversas técnicas deportivas. La posición de los pies influye sobre la actitud postural estática, dinámica y sobre la estabilidad global. Para mantener la postu­ra erecta se producen contracciones musculares intermitentes y de con­trol automático. Los cambios de posición de las articulaciones relacionados con la práctica deportiva, produ­cen estiramientos de los músculos antigravitatorios aumentando la contracción tónica de los mismos. Para saber el deportista se encuentra en la posición correcta, el especialista deportivo deberá evaluar continuamente los gestos técnicos del deportista tanto estáticos como dinámicos, corrigiendo inmediatamente y explicando los defectos que encuentre. Si bien la forma de andar se establece hacia el final del crecimiento, podrá modificarse según la actividad deportiva que realice. En el equilibrio dinámico de la marcha, el centro de gravedad estará en per­manente avance sobre la base de sustentación. A cada paso, el miembro delantero va a compensar el desequilibrio dinámico, que el miembro posterior ha ocasionado. A ese desplazamiento sagital, lineal, se acompañan movimientos laterales, frontales y transversales que es lo que hace peculiar la marcha de cada individuo y estas variaciones sobre el simple desplazamiento es lo que precisa un aprendizaje. Los diversos gestos técnicos de cada deporte implican alteraciones posturales estáticas y dinámicas, que repercuten de forma diferente en el aparato locomotor, de ahí la necesidad de su evaluación continua para proveer de un feedback permanente al deportista y a los profesionales que lo entrenan, así como a sus padres. En definitiva, compete a todos los profesionales relacionados con la práctica deportiva de los jóvenes, la evaluación continua de todos los gestos y actitudes estáticas y dinámicas para corregir a tiempo, cualquier desviación o alteración producida y conseguir de esta manera que el entrenamiento sea, sobretodo, saludable.

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