800 007 970 (Gratuito para españa)
658 598 996
·WhatsApp·

6 may 2010

Influencia de familia e iguales en la práctica físico-deportiva

/
Enviado por
/
Comentarios0
Se pregunta frecuentemente si los alumnos de padres activos son también activos. Algunos lo afirman (Freedson & Everson, 1991; Welk, Wood & Morss, 2003), otros tienen…

 
Autor(es): Francisco Ruiz Juan*, Maurice Piéron**
Entidades(es): *Universidad de Murcia (España) – **Universidad de Lieja (Bélgica)
Congreso: III Congreso Internacional de Ciencias del Deporte y Educación Física
Pontevedra: 6-8 de Mayo de 2010
ISBN: 978-84-613-8448-8
Palabras claves: influencia, familia, práctica, deporte

INTRODUCCIÓN.

Se pregunta frecuentemente si los alumnos de padres activos son también activos. Algunos lo afirman (Freedson & Everson, 1991; Welk, Wood & Morss, 2003), otros tienen dudas (McMurray et al., 1993). Ante la existencia de correlaciones significativas entre las prácticas que realizan los padres y alumnos, Taylor, Baranowski y Sallis (1994) emitieron la hipótesis de que variables genéticas y medioambientales como el modelaje, hacer juntos las actividades, un apoyo social y de estímulos, podrían ser el origen de estas relaciones. Tras detectar los beneficios potenciales que la práctica de actividad física regular puede generar en el ámbito de la Salud Pública, una institución competente e influyente en este tema (Centers for Disease Control and Prevention, 1997) incluye entre las recomendaciones de la “Guidelines for School and Community Physical Activity Programs”, la necesidad de promocionar este tipo de práctica de forma regular entre los padres. Nos parece importante conocer los hábitos de vida de la familia y, en particular, los que se refieren a la actividad física. Cuando una familia no posee un patrón de estilo de vida común y coherente, se puede temer que existan pocas posibilidades o probabilidades de que los alumnos desarrollen un estilo de vida activo. Existen varias perspectivas teóricas sobre el fenómeno de socialización de la práctica deportiva (Coakley, 1993; Lewko & Greendorfer, 1988), que se centran en intentar comprender mejor la influencia que ejercen la familia, los pares y la escuela en el ámbito del deporte. Una de estas perspectivas prevé también la orientación hacia la salud. Desde un punto de vista teórico, la socialización en el deporte y en la actividad física puede considerarse como un proceso modelador en el cual otras personas representativas, tal y como los miembros de familia, constituyen modelos disponibles y eficaces. En su teoría cognoscitiva social, Bandura (1986) describió los principios de este proceso modelador. No obstante, se conoce bastante poco sobre el papel modelador de estas figuras en la práctica de actividad física en los adolescentes (Biddle & Goudas, 1996). Se ha alcanzado un cierto consenso, que lleva a la necesidad de recurrir a gestiones de tipo socio ecológico que favorezcan comportamientos positivos para fomentar un estilo de vida saludable y, en particular, para la práctica regular de actividad física y deportiva. Estos modelos adoptan una perspectiva multidimensional, considerando la influencia de aspectos sobre la organización, las relaciones interpersonales y las referidas al propio individuo. El ámbito interpersonal toma una dimensión particular cuando se trata de los alumnos y adolescentes. La influencia social puede proceder de varias fuentes: la familia, otras personas significativas en la vida del niño, los que practican al mismo tiempo, los amigos, el profesor y el entrenador. Cada una de ellas puede intervenir en diversos aspectos de la práctica deportiva: en los comportamientos, determinando tanto el inicio como la continuidad de la práctica, en manifestaciones emocionales y en conocimientos relativos a la participación en el deporte (intenciones de practicar y efectos), por citar únicamente los principales. Es evidente que los padres ejercen una influencia determinante sobre distintos aspectos del desarrollo de sus hijos, en particular, sobre los factores físicos, psicológicos y emocionales. El grado de importancia de cada uno de estos determinantes varía a lo largo de las diferentes etapas por las que pasan los jóvenes, como ejemplo las variables psicológicas pueden ser más importantes durante la adolescencia (Health Education Authority, 1998). El adolescente se encuentra en un entorno social rodeado de hábitos y normas de comportamiento e incluso de pensamiento con los cuales tiene que interactuar dentro de un proceso de socialización. La familia desempeña un papel considerable sobretodo durante la infancia. Aunque otros agentes como los iguales, ejercen una influencia creciente en la etapa de la adolescencia, la familia permanece, siendo uno de los elementos que puede conducir al joven a realizar una práctica regular de actividad físico-deportiva o, por el contrario, a rechazarla. Los jóvenes aprenden e integran distintos valores, actitudes y comportamientos así como otros factores de influencia en este proceso de socialización. Si el ambiente, la familia, los amigos, el médico de familia, piensan que la actividad física es buena y son capaces de transmitir esta opinión y de hacer ver la importancia de ello, hay más posibilidades de que los jóvenes practiquen actividades físicas. Del mismo modo, si las personas cercanas se dedican a un deporte o cualquier otra forma de actividad física, ejercen una función de “modelo” al cual se quiere imitar, acercándose éstos al mismo participando también en actividades físicas. Igualmente cabe destacar que la práctica de actividades deportivas o físicas viene determinada por el apoyo social del que se beneficia una persona. El hecho de conducir a un niño al club deportivo, de pagar su cotización, de apoyarlo moralmente, de ser socio deportivo, etc. son aspectos que propiciarán la práctica de actividades físicas y deportivas. Esto se ve soportado por los resultados de un metanálisis resultado de los estudios especializados que tratan los factores que ejercen una influencia positiva sobre los comportamientos de ejercicio (Carron, Hausenblas & Mack, 1996). Este texto se centra sobre todo en las actitudes y los comportamientos de los alumnos y sus padres, aunque se tendrán en cuenta también las relaciones en la familia, con hermanos y hermanas, así como con los iguales. Se pueden distinguir varios tipos de influencia por socialización:

  • El estímulo de los padres, el compromiso de los padres en la actividad, las facilidades que proporcionan los padres y el papel de modelo que los padres pueden desempeñar. Esto último puede hacer referencia bien a la propia participación de los padres o bien a la función de “entrenadores” que los padres pueden desarrollar en este sentido.
  • Los padres pueden interpretar las experiencias deportivas de sus hijos y proporcionarles mensajes sobre la calidad de sus prestaciones, así como sobre el valor de la participación en las actividades deportivas. También pueden proporcionar un apoyo emocional y múltiples ocasiones de comprometerse en una práctica deportiva.

Instrumento: variables utilizadas en el capítulo.

La recogida de los datos se efectuó por medio de un cuestionario denominado “Hábitos físico- deportivos y estilos de vida en jóvenes” ya descrito en el capítulo 2. Para la elaboración de este capítulo, se han seleccionado cuatro preguntas del cuestionario, a las que se le han pasado las correspondientes pruebas de validez de contenido y de constructo. Las dos primeras las han respondido los sujetos que manifiestan ser activos en la actualidad. En la pregunta 25, se pide a los alumnos que indiquen con quién realiza habitualmente actividad físico-deportiva teniendo cuatro opciones de respuesta: “solo”, “con amigos, compañeros”, “con algún miembro de la familia” y “otros”. En la pregunta 26, se les planteaba quién le motivó o estimuló para comenzar a realizar actividad físico-deportiva en tu tiempo libre, siendo siete las respuestas: “yo mismo”, “mis padres y/o familiares”, “mis amigos”, “el profesor de Educación Física”, “el entrenador o monitor”, “el médico” y “otros”. Las otras dos preguntas se le realizaron a todos los sujetos, indistintamente de su condición de activo o sedentario. Se les preguntó (p. 40) cómo consideraba que había sido la actitud de sus padres y de sus amigos con respecto a las actividades físicas y/o deportivas practicadas en su tiempo libre. Las opciones de respuesta fueron: “me han animado”, “me han obligado”, “no se han preocupado” y “me han puesto pegas u obstáculos”. Por último, en la pregunta 41, se les indicaba que si el padre, la madre, el hermano/os y la hermana/as realizan en la actualidad, han realizado o nunca han realizado actividad físico-deportiva en su tiempo libre. Para cada uno de estos cuatro aspectos, realizamos las comparaciones siguientes según:

  • El sexo.
  • La edad que corresponde al principio y al final de la ESO y ESPO (12 a 18/20 años).
  • La implicación o no en actividad física de tiempo libre: práctica regular, abandono y nunca haber practicado.
  • El índice finlandés de actividad físico-deportiva: diferenciando, por una parte, los que realizan una ligera o insuficiente actividad y, por otra parte, los que muestran una actividad intensa.

RESULTADOS

¿Cómo y con quién se realiza la práctica de las actividades físicas y deportivas?

En todos los casos, de provincias y tipo de enseñanza, el 80% realiza la práctica físico-deportiva en compañía de los amigos. Se encuentra que la práctica individual y la realizada con la familia están en porcentajes cercanos al 10%. No es posible identificar una tendencia particular en las variaciones según la edad de los alumnos en las tres provincias y los dos tipos de enseñanza. En la comparación entre los sujetos más activos y aquellos cuyo índice finlandés de actividad física es insuficiente o demasiado escaso para permitir prever efectos beneficiosos de la participación, la práctica realizada con los amigos es la más fuerte (figura 13.1).

Figura 13.1. Con quién realizas habitualmente actividad físico-deportiva (práctica con amigos).

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 13

¿Quién motivó a los alumnos a una práctica de las actividades físicas y deportivas?

Más del 60% de los practicantes indican que el origen de su participación se sitúa en la auto-motivación, aunque la participación se realiza con amigos. A excepción de la provincia de Murcia, en los dos tipos de enseñanza, un porcentaje superior en el caso de los varones con respecto a las mujeres menciona la automotivación como elemento esencial. Exceptuando los alumnos de ESPO de la provincia de Murcia, la auto motivación aparece como la más fuerte en los alumnos dotados con un índice finlandés de práctica superior con relación a los que cuyo índice es insuficiente o ligero (p = 0.05). Es indispensable tener en cuenta que la proporción de jóvenes que indican que el profesor de Educación Física es la causa de esta participación es muy limitada, el porcentaje de alumnos que les asigna el origen de la participación sobrepasa muy raramente el 5%. La incidencia del instructor/entrenador parece aún más escasa. En las seis comparaciones posibles, la proporción de las mujeres que indican que el profesor de Educación física es el que las influyó es superior al de los varones. También en este caso el entrenador recoge mayores porcentajes de las opiniones de las mujeres de ESPO.

En las comparaciones según el índice finlandés de actividad física los que están dotados con el índice más escaso indica una “más fuerte influencia” del profesor de EF, en este caso el efecto del entrenador es más sensible en los más activos.

Figura 13.2. Actitud de los padres con respecto a las actividades físico-deportivas practicadas en el tiempo libre (animar).

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 13

Las proporciones de padres que animaron o incitaron a sus hijos a practicar actividades físico-deportivas son muy elevadas, cercanas al 80% en ESO y ligeramente inferiores en ESPO, encontrándose en porcentajes alrededor del 70%. Es interesante mostrar el dato de que sólo un 5% de los jóvenes piensan que sus padres supusieron un obstáculo para su práctica deportiva. La percepción de una relativa indiferencia a este tipo de participación recoge alrededor de un 10% en ESO y un 20% de opiniones en ESPO. No aparece una tendencia o diferencia clara en la actitud desarrollada por los padres al compararlo según la edad.

Por otra parte, generalmente, los padres animan prioritariamente a los alumnos más jóvenes, y esto en los dos tipos de enseñanza. Las diferencias son más marcadas en ESO, entre 12 y 16/17 años, que en ESPO, entre 16 y 19/20 años (figura 13.2).

Figura 13.3. Actitud de los padres con respecto a las actividades físico-deportivas practicadas en el tiempo libre (animar).

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 13

Cerca del 90% de los alumnos del ESO, dotados con un muy buen índice de participación, perciben que recibieron estímulos en su participación por parte de sus padres. El porcentaje es ligeramente inferior en ESPO. Todas las comparaciones revelan la superioridad en los más activos (figura 13.3).

Figura 13.4. Actitud de los amigos con respecto a las actividades físico-deportivas practicadas en el tiempo libre (animar).

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 13

La actitud de los amigos (figura 13.4) resulta muy bien percibida por los alumnos muy activos (más del 80%) en ESO y entre el 70 y el 80% en ESPO. En todas las comparaciones, la proporción de alumnos caracterizados por un índice alto indica claramente una influencia más fuerte de la actitud de los amigos en la participación en este tipo de actividades.

Relación entre los comportamientos de los hijos y los comportamientos del padre ante la práctica físico-deportiva.

Entre un 30 y un 35% de los alumnos de ESO manifestaron que su padre realizaba una actividad físico-deportiva en el tiempo de ocio. Se constata la misma tendencia en ESPO, pero de manera menos afirmada, puesto que aproximadamente un 20% de los alumnos indican que sus padres figuran dentro del grupo de practicantes (figura 13.5). En todas las comparaciones recogidas en la figura 13.5, los porcentajes de respuesta de práctica de los alumnos se corresponden con la práctica de actividades físicas por parte del padre.

Figura 13.5. Relación entre el sexo de los hijos y los comportamientos del padre ante la práctica físico-deportiva (práctica de actividad física del padre).

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 13

Figura 13.6. Relación entre el índice de actividad del hijo y los comportamientos del padre ante la práctica físico-deportiva (práctica de actividad física del padre).

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 13

Un 40% de los alumnos de ESO cuyos padres realizan algún tipo de actividad físico-deportiva registran un índice de actividad física de intensa o vigorosa (figura 13.6). La comprobación es también favorable para los alumnos cuya participación corresponde a un índice insuficiente de actividad física, con valores entre un 25 y un 35% de participación.

Figura 13.7. Relación entre el índice de actividad del hijo y los comportamientos del padre ante la práctica físico-deportiva (padre nunca han realizado).

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 13

Cuando el padre nunca ha realizado una actividad física, menos del 15% y a veces menos del 10% de los alumnos alcanza el nivel altamente deseable de actividad física y deportiva de fuerte intensidad, la que permite obtener beneficios sobre la salud y que permite prever un futuro activo. En las seis comparaciones posibles, los porcentajes de alumnos que tienen un insuficiente nivel de actividad son pequeños, siendo algo superior en el caso de los alumnos de ESPO (figura 13.7).

DISCUSIÓN

Con frecuencia se acepta que en la niñez la familia ejerce una influencia significativa sobre la adopción de algunas prácticas comportamentales tanto positivas como negativas. Es posible que la familia pueda ejercer una influencia directa sobre la adquisición de un estilo de vida físicamente activo. Esta afirmación es reforzada por el hecho de que el apoyo y el estímulo de los padres favorece la socialización de los niños y la atracción hacia la actividad física (Brustad, 1993; Shropshire & Carroll, 1997).

El papel que puede ejercer el modelo del padre se manifiesta en la relación entre la participación habitual del padre en la actividad física y la participación de los niños en este tipo de práctica. Basados en estudios epidemiológicos, Sallis, Prochaska y Taylor (2000) informan de la existencia de una fuerte relación entre la participación del padre y de los niños. En las investigaciones que utilizan instrumentos objetivos de medida de la actividad física esta relación es clara (Freedson & Evenson, 1991). En el caso de los trabajos con cuestionarios, las dependencias parecen menos claras, mostrándose a veces correlaciones positivas y en otros casos resultados estadísticos no significativos. El papel de modelo del padre trata la relación entre la participación habitual del padre en el ejercicio y la participación de los niños en la actividad física. Refiriéndose a los estudios epidemiológicos, Sallis et al. (2000) informan de la existencia de una fuerte relación entre la participación de los padres y de los niños. Dempsey, Kimiecik y Horn (1993) constataron que deportistas cuyos padres y madres desempeñaban un buen modelo para este tipo práctica, presentaban mejores percepciones de su competencia, encontraban más placer y poseían una motivación intrínseca más fuerte. Sin embargo, la información aportada por los padres sobre la actividad física que realizan, no correspondía exactamente con las respuestas de sus hijos. En el mismo orden de ideas, Babkes y Weiss (1999) verificaron esta divergencia entre las opiniones de padres e hijos sobre la actividad física, de moderada a intensa. Varios estudios han confirmado que los padres físicamente activos suelen tener niños físicamente activos (Anderssen & Wold, 1992; Dishman, 1990; Freedson & Evenson, 1991; Wold & Anderssen, 1992). Los resultados de la investigación de Anderssen y Wold (1992) sobre la influencia que tienen los padres e iguales sobre la actividad física en el tiempo de ocio indican que el nivel de actividad física de los padres y su apoyo a la misma, así como el de los iguales, desempeñan un papel positivo significativo. De acuerdo con la teoría del aprendizaje social (Aaro, Wold, Kannas & Rimpela, 1986), los resultados del estudio de Raudsepp y Viira (2000) indican la influencia de los miembros de la familia y los iguales sobre los niveles de actividad física de los adolescentes. Raudsepp y Viira (2000) examinaron las contribuciones relativas de aspectos como el sexo, la clase social, el estatuto socioeconómico de la familia y el comportamiento ante la práctica físico-deportiva de personas que resultan significativas para el joven (padre, madre, hermana, hermano, mejor amigo), sobre la variabilidad de las actividades físicas de los adolescentes de 13 a 15 años que habitan en un medio urbano. Los niños que indicaron que su padre había realizado actividad física regular, dedicaron significativamente más tiempo a participar en actividades físicas que los que afirmaron que su padre no hizo regularmente práctica física. Estos resultados son independientes del sexo del niño, pudiendo afirmar que la actividad física de los chicos y chicas, implicados en este estudio, pudo estar influida por la práctica de ejercicio regular del padre. Las relaciones entre la actividad de los niños con la de la madre no son significativas (Shropshire & Carroll, 1997). Los resultados sugieren que una nula o escasa participación del padre puede ser un factor con una importante influencia sobre la actividad física del niño. Los estudios transversales indican, con bastante frecuencia, relaciones positivas entre los niveles de actividad físico-deportiva de los niños y la percepción que estos tienen sobre la actividad física que realizan sus padres. No obstante, la interpretación y la consistencia de los resultados en este ámbito son complejas y no siempre coherentes.

Creencias y pensamiento de los padres.

La idea de que los padres juegan un papel principal en la incorporación de sus hijos a la práctica físico-deportiva es confirmada por resultados de investigaciones que manifiestan que el apoyo de los padres mejora la participación y aumenta la probabilidad de que el niño se convierta en un participante regular. Las actitudes positivas de los padres hacia la actividad física parecen afectar favorablemente las intenciones de los niños de participar en la actividad física y de realizarla de forma continuada. Por el contrario, parece probable que una falta de apoyo de la familia o una escasa valoración de la actividad física por parte de los padres pueda constituir un factor que genere divergencias en la idea de que los niños se hacen de los efectos positivos de la actividad física sobre la salud influyendo en su participación (Shropshire & Carroll, 1997). El trabajo de Fredricks y Eccles (2005) es especialmente interesante por la fundamentación que proporciona sobre la socialización llevada a cabo por los padres en sus hijos en aspectos del género y de la motivación en la práctica deportiva. Se concluye con la hipótesis de que el proceso de socialización difiere según se trate del padre o de la madre. Conviene considerar las particularidades de cada familia en sus prácticas de socialización, en general a la hora de proporcionar los mensajes a sus hijos, y en cuestiones específicas como su habilidad y el valor que confieren a este tipo de práctica.

Relaciones con los iguales.

La práctica de actividades físico-deportivas presenta, durante la adolescencia, un marcado carácter de relación social. Los jóvenes tienden a realizar juntos este tipo de actividades e incluso, varios estudios demuestran evidencias de que los adolescentes físicamente activos tienen amigos que realizan también actividades físico-deportivas (Anderssen & Wold, 1992; Wold & Anderssen, 1992). La influencia que ejerce el grupo de iguales podría traducirse de varias maneras:

  • Los adolescentes se influyen mutuamente en el momento de tomar la decisión de comenzar a realizar su práctica físico-deportiva.
  • Un adolescente puede comprometerse en el deporte porque su mejor amigo ya está implicado en actividades de carácter físico-deportivo.
  • Se establecen nuevas amistades entre los adolescentes que realizan conjuntamente algún tipo de práctica física o deportiva.

Estos tipos de influencia interpersonal pueden derivarse de dos procesos. Por un lado, de la imitación, en la cual una persona copia el comportamiento o los valores de los otros y, por otra parte, del refuerzo social, en el cual un sujeto adopta los valores de otro por el hecho de que esto va a ser aprobado por los mismos. Por lo tanto, se puede considerar la actividad física como un ámbito en el que se generan amistades y que permite mantenerlas. Varios estudios confirman que hacer amigos constituye un motivo importante para que los adolescentes participen en la actividad física (Wold & Kannas, 1993).

Apoyo de los profesores.

Los resultados del estudio de Ommundsen, Klasson-Heggebø y Anderssen (2006) evidencian que los niños que indican que el profesor organiza juegos con ellos, habla con ellos de la importancia del juego y del ejercicio físico en las clases, son más activos durante el tiempo escolar que sus compañeros que no lo manifiestan así. Estos autores constatan también que, en cierta medida, algunos profesores parecen desalentar a sus alumnos a que participen en el deporte y la actividad física durante el tiempo de ocio.

Mecanismos.

Hasta ahora los estudios han concluido, de manera uniforme, que los miembros de la familia, especialmente los padres, ejercen una fuerte influencia sobre la actividad física de los niños (Anderssen & Wold, 1992). Una explicación sobre la relación entre la práctica de los hijos y los niveles de actividad física de los padres es el papel del modelo que éstos pueden desempeñar, un concepto central de la teoría social (Bandura, 1986). La teoría destaca que el comportamiento es aprendido, no sólo por una experiencia directa sino también por la observación de otros (modelando). De acuerdo con este enfoque, una aplicación del papel modelador al ámbito de actividad física orientada a la salud, tiene como consecuencia la hipótesis de que los niños de los padres que se comprometen en la actividad física de manera regular se convertirán también en físicamente activos (Dempsey et al., 1993). Se ha visto reforzada la hipótesis de este papel modelador en varios estudios empíricos europeos y septentrionales-americanos que indicaban la influencia de los padres y de los iguales sobre la actividad física en los niños y los adolescentes (Anderssen & Wold, 1992). Además el apoyo social de los padres y de los iguales, considerado bien desde el estímulo y participación de los mismos o por el interés hacia este tipo de práctica, parecen influir en el nivel de participación de los adolescentes en el deporte y en el ejercicio de los mismos (Greendorfer & Lewko, 1978; Raudsepp & Viira, 2000) Los padres influyen también sobre la actividad física de sus niños a través del refuerzo directo, mediante acciones como el estímulo verbal, ayudas para potenciar este tipo de práctica (por ejemplo facilitándoles el transporte) y con el apoyo económico (Anderssen & Wold, 1992; Biddle & Goudas, 1996). El apoyo a menudo se refleja en facilitar el transporte de los hijos al lugar de la actividad deportiva. La frecuencia de estos transportes sobrepasa, frecuentemente, las dos veces por semana. Los chicos se benefician más a menudo de este tipo de apoyo que las chicas. El apoyo se manifiesta también, más en los chicos que en las chicas, en la compra de equipamiento o por dedicarle más tiempo a la práctica de actividades deportivas con el hijo.

Los resultados de Freedson y Evenson (1991) indicaron un grado bastante elevado de semejanza entre la categoría de actividad del padre y del niño (el 67% de todos los casos) y entre la de la madre y la del niño (el 73% de todos los casos). Moore et al. (1991) constataron una fuerte probabilidad de que los niños de los padres activos sean más activos que los niños de los padres inactivos. En particular, los niños cuyos dos padres fueron clasificados dentro de la categoría de los activos tenían seis veces más oportunidades para estar realizando algún tipo de actividad físico-deportiva que los niños cuyos dos padres eran inactivos.

La posibilidad de que los padres desempeñen un papel de modelo, al participar en actividad física, y esto pueda influir sobre la participación de sus niños, puede explicarse por varios mecanismos:

El sistema de creencia del niño.

Inclusión de los padres.

La vida y rutina de la familia.

Estímulo y apoyo (Shropshire & Carroll, 1997).

El sistema de creencia del niño.

El reconocimiento que hace el niño sobre los aspectos que su padre evalúa como importantes y el deseo de responder a lo que sus padres esperan de él, puede influir sobre la participación del niño en la actividad física. La hipótesis de que el pensamiento del niño en relación con lo que las personas importantes en su vida esperan de él puede influir sobre su decisión de participar en la actividad física, se basa en la “teoría de la acción razonada” (TRA) (Fishbein & Ajzen, 1975) y la “teoría del comportamiento previsto” (TPB) (Ajzen, 1985; Shropshire & Carroll, 1997). Si el niño percibe que su padre otorga un alto valor a la actividad física, como puede indicarlo por su participación regular en el ejercicio, entonces resulta coherente, siguiendo el TRA o TPB, que el niño pueda querer participar en la actividad física. Específicamente, el niño responderá satisfactoriamente a lo que cree que su padre espera de él, participando ella/él mismo en la actividad física. En consecuencia, el papel modelador de la participación en la actividad física del padre puede realizarse, habitualmente, o de manera fortuita, mediante el mensaje dado a su hijo de lo que es importante para él, o bien puede ser un factor de influencia y estímulo del hijo, intencionalmente, pasar más tiempo participando en la actividad física de su hijo (Shropshire & Carroll, 1997). Los problemas de la diferencia de trato por razón de sexo que rodean al deporte ofrecen una explicación posible sobre el porqué los planteamientos y las creencias del padre pueden ser más importantes que las de su madre. La tradición cultural, los valores en la sociedad y la opinión popular han contribuido a que estos niños comenzarán a percibir el deporte principalmente como actividad masculina. En consecuencia, los niños se sienten más afectados por la participación de su padre que por la de su madre, puesto que perciben de primordial importancia la visión que tiene el padre sobre el deporte y la actividad física (Shropshire & Carroll, 1997). Se puede también concebir que muchos padres que participan de forma regular en actividades físico-deportivas puedan implicar directamente a sus hijos en la realización de las mismas, incluyéndoles en la propia práctica (Shropshire & Carroll, 1997).

La vida y rutina de familia.

Otra explicación para las diferencias en la participación de la actividad física puede asignarse al hecho de que el padre realiza ejercicio regularmente debido a la rutina habitual de la familia y a los papeles adoptados por los dos padres en la misma. (Shropshire & Carroll, 1997). Las salidas en familia, cuando vienen determinadas por un padre físicamente activo, pueden incluir, a menudo, una determinada forma de actividad física, como salir a dar una vuelta en bicicleta o nadar. Por otro lado cuando un padre da importancia a la actividad física, como su propio comportamiento indica, puede ser menos tolerante frente a comportamientos sedentarios como ver la televisión (Shropshire & Carroll, 1997)

Estímulo y apoyo.

Es posible que los padres que se ejercitan físicamente de manera habitual, animen voluntariamente a sus niños a participar en una amplia gama de actividades. Este estímulo puede ser concretado tanto por su apoyo financiero como emotivo. Por ejemplo, permitiendo oportunidades para que experimenten diferentes deportes de los que se ofertan desde el programa escolar, como artes marciales o equitación, o favoreciendo la asistencia del niño a los clubes y a ver competiciones de diferentes equipos deportivos. Sin embargo, la madre tiene una mayor responsabilidad con las labores domésticas, que tras la escuela o el trabajo diario deben ser solventados. Por ello, el padre puede tener más tiempo disponible, coincidiendo con los periodos de ocio del niño, para ofrecerle el apoyo y el estímulo hacia la práctica física (Shropshire & Carroll, 1997).

Socialización en las actividades físicas y deportivas.

Los niños que participan en actividades físicas y deportivas reflejan el interés que sus padres tienen por la práctica físico-deportiva. Si los padres son practicantes activos, pueden servir de modelo a sus hijos (García Ferrando, 1993; Piéron, 2002). Este papel de modelo fue puesto de relieve también por Woolger y Power (1993).

En un estudio longitudinal entre 9 y 12 años, (Telama, Laakso, Yang & Viikari, 1997; Telama, Yang, Hirvensalo & Raitakari, 2006; Yang, Telama, Leino & Viikari, 1999; Yang, Telama & Leskinen, 2000) confirmaron la relación positiva que existía entre la actividad física del padre y la participación deportiva de los hijos. Aunque todos los estudios no concluyen siempre en la existencia de fuertes relaciones entre la práctica de los padres y la de sus hijos, convienen destacar varios aspectos:

  • El modelo proporcionado por el padre puede incitar a la práctica de actividades físico-deportivas, más que el de la madre.
  • La relación con la práctica físico-deportiva de los iguales resulta bastante fuerte, el igual de la del padre, sobre todo durante la adolescencia.
  • El apoyo proporcionado por la familia se manifiesta tanto directa como indirectamente. La forma directa predomina en los más jóvenes.
  • Existen estereotipos de sexo hacia los cuales los padres deberían estar sensibilizados. Los hijos varones se benefician, frecuentemente, de un trato de favor. La opinión del padre favorece a los hijos varones en varios aspectos importantes. Las hijas reciben menos incentivos y son menos consideradas que los hermanos.

La multiplicidad de los correlatos permite comprender que las relaciones de socialización en la familia no son muy altas. Aparece una relación entre la actividad actual del padre y de las de sus hijos.

CONCLUSIONES

Dos aspectos de la socialización aparecen claramente: el acompañamiento de los amigos en la participación en las actividades físico-deportivas y el papel del padre en la animación de esta práctica. La práctica paternal se acompaña de un porcentaje más elevado de practicantes que cuentan con un índice de práctica intensa, mientras que la ausencia de compromiso por parte del padre es más importante y se acentúa más en los alumnos que son menos activos. El papel del profesor de Educación Física y el instructor deportivo en la socialización a la actividad física de ocio sigue siendo muy escaso.

REFERENCIAS

  • Aaro, L. E., Wold, B., Kannas, L. & Rimpela, M. (1986). Health behaviour in schoolchildren. A WHO cross-national survey. A presentation of philosophy, methods and selected results of the first survey. Health Promotion, 1(1), 17-33.
  • Ajzen, I. (1985). From intentions to actions: A theory of planned behavior. In J. Kuhl & J. Beckman (Eds), Action-control: From cognition to behavior (pp. 11-39). Heidelberg: Springer.
  • Anderssen, N. & Wold, B. (1992). Parental and peer influences on leisure-time physical activity in young adolescents. Research Quarterly for Exercise and Sports, 63, 341-348.
  • Babkes, M. & Weiss, M. (1999). Parental influence on cognitive and affective responses in children’s competitive soccer participation. Pediatric Exercise Science, 11, 44-62.
  • Bandura, A. (1986). Social foundations of thought and action: A social cognitive theory. Englewood Cliffs, NJ: Prentice-Hall. Biddle, S. & Goudas, M. (1996). Analysis of children’s physical activity and its association with adult encouragement and social cognitive variables. Journal of School Health, 66, 75-78.
  • Brustad, R. (1993). Youth in sport: psychological considerations. In R. Singer, M. Murphy & K. Tennant (Eds.), Handbook of research on sport psychology (pp. 695-717). New York: MacMillan.
  • Carron, A., Hausenblas, H. & Mack, D. (1996). Social influence and exercise: A meta-analysis. Journal of Sport & Exercise Psychology, 18, 1-16.
  • Centers for Disease Control and Prevention. (1997). Guidelines for school and community programs to promote lifelong physical activity among young people. Morbidity and Mortality Weekly Report, 46, 1-36.
  • Coakley J. (1993). Socialization and sport. In R. Singer, M. Murphy & K. Tennant (Eds.), Handbook of research on sport psychology (pp. 571-586). New York: MacMillan.
  • Dempsey, J. M., Kimiecik, J. C. & Horn, T. S. (1993). Parental influence on children’s moderate to vigorous physical activity participation: an expectancy-value approach. Pediatric Exercise Science, 5(2), 151-167.
  • Dishman, R. (1990). Determinants of participation in physical activity. In C. Bouchard, R. J. Shephard, T. Stephens, J. R. Sutton & B. D. McPherson (Eds.), Exercise, fitness and health: A consensus of current knowledge (pp. 75-101). Champaign, IL: Human Kinetics.
  • Fishbein, M. & Ajzen, I. (1975). Belief, Attitude, Intention and Behaviour: An Introduction to Theory and Research. Reading, MA: Addison-Wesley.
  • Fredricks, J. & Eccles, J. (2005). Family Socialization, Gender, and Sport Motivation and Involvement. Journal of Sport & Exercise Psychology, 27, 3-31.
  • Freedson, P. & Evenson, S. (1991). Familial aggregation in physical activity. Research Quarterly for Exercise and Sport, 62(4), 384-389.
  • García Ferrando, M (1993). Tiempo libre y actividades deportivas de la juventud en España. Madrid: Mº Asuntos Sociales e Instituto de la Juventud.
  • Greendorfer, S. L. & Lewko, J. H. (1978). Role of Family Members in Sport Socialization of Children. Research Quarterly for Exercise and Sport, 49(2), 146-152.
  • Health Education Authority. (1998). Young and Active? A Policy Framework for Young People and Health-Enhancing Physical Activity. London: HEA.
  • Lewko, J. & Greendorfer, S. (1988). Family influences in sport socialization of children and adolescents. In F. Smoll, R. Magill & M. Ash (Eds.), Children in sport (pp. 287-300). Champaign, IL: Human Kinetics.
  • McMurray, R., Bradley, C., Harrell, J., Bernthal, P., Frauman, A. & Bangdiwala, S. (1993). Parental influences on childhood fitness and activity patterns. Research Quarterly for Exercise and Sport, 64(3), 249-255.
  • Moore, L. L., Lombardi, D. A., White, M. J., Campbell, J. L., Olivera, S. A. & Ellison, R. C. (1991). Influence of parents’ physical activity levels on activity levels of young children. The Journal of Pediatrics, 118, 215-219.
  • Ommundsen, Y., Klasson-Heggebø, L. & Anderssen, S. (2006). Psycho-social and environmental correlates of location-specific physical activity among 9- and 15- year-old Norwegian boys and girls: the European Youth Heart Study. International Journal of Behavioral Nutrition and Physical Activity, 3, 32.
  • Piéron, M. (2002). Estudi sobre els hàbits esportius dels escolars d’Andorra. Andorra: Govern d’Andorra, Ministeri d’Educació Joventut i Esports.
  • Raudsepp, L. & Viira, R. (2000). Influence of parents’ and siblings’ physical activity on activity levels of adolescents. European Journal of Physical Education, 5, 169-178.
  • Sallis, F. J., Prochaska, J. J. & Taylor, W. C. (2000). A review of correlates of physical activity of children and adolescents. Medicine & Science in Sports & Exercise, 32, 963-­975.
  • Shropshire, J. & Carroll, B. (1997). Family Variables and Children’s Physical Activity: Influence of Parental Exercise and Socio-economic Status. Sport, Education and Society, 2(1), 95-116.
  • Taylor, W. C., Baranowski, T. & Sallis, F. J. (1994). Family determinants of childhood physical activity: A social-cognitive model. In R. K. Dishman (Ed.), Advances in Exercise Adherence (pp. 319-342). Champaign, IL: Human Kinetics.
  • Telama R., Laakso, L., Yang, X. & Viikari, J. (1997). Physical activity in childhood and adolescence as predictor of physical activity in young adulthood. American Journal of Preventive Medicine, 13, 317-323.
  • Telama, R., Yang, X., Hirvensalo, M. & Raitakari, O. (2006). Participation in Organized Youth Sport as a Predictor of Adult Physical Activity: 21-Year Longitudinal Study.Pediatric Exercise Science, 17, 76-88.
  • Welk, G., Wood, K. & Morss, G. (2003). Parental influences on physical activity in children: An exploration of potential mechanisms. Pediatric exercise science, 15, 19-33.
  • Wold, B. & Anderssen, H. (1992). Health promotion aspects of family and peer influences on sport participation. International Journal of Sport Psychology, 23(4), 343-359.
  • Wold, B. & Anderssen, H. (1992). Health promotion aspects of family and peer influences on sport participation. International Journal of Sport Psychology, 23(4), 343-359.
  • Woolger, C. & Power, T. G. (1993). Parent and sport socialization: Views from the achievement literature. Journal of Sport Behavior, 16(3), 171-189. Yang, X., Telama, R., Leino, M. & Viikari, J. (1999). Factors explaining the physical activity of young adults: the importance of early socialization. Scandinavian Journal of Medicine & Science in Sports, 9, 120-127.
  • Yang X., Telama, R. & Leskinen, E. (2000). Testing a Multidisciplinary Model of socialisation into Physical Activity: A 6-Year Follow-up Study. European Joournal of Physical Education, 5, 67-87.

Responder

Otras colaboraciones