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6 may 2010

Influencia de un programa de intervención en el comportamiento de los entrenadores de fútbol durante la competición

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El objetivo de la presente investigación es el de analizar y valorar la influencia que ejerce un programa de orientación psicosocial en el comportamiento de los entrenadores….

 
Autor(es): Izaskun Azpillaga Arrechea, Óscar González Rodríguez, Oihane Otaegi Garmendia, Saioa Urrutia Gutiérrez, José Antonio Arruza Gabilondo.
Entidades(es): Escuela Universitaria de Magisterio de San Sebastián (UPV/EHU), España.
Congreso: III Congreso Internacional de Ciencias del Deporte y Educación Física
Pontevedra: 6-8 de Mayo de 2010
ISBN: 978-84-613-8448-8
Palabras claves: Intervención, comportamiento, entrenadores, competición, fútbol.

RESUMEN COMUNICACIÓN

El objetivo de la presente investigación es el de analizar y valorar la influencia que ejerce un programa de orientación psicosocial en el comportamiento de los entrenadores de fútbol durante la competición, basado en la Teoría de Metas de Nicholls (1982), en la de Autoeficacia de Bandura (1982) y en la de la Autodeterminación de Deci & Ryan (1989). Se seleccionaron cuatro entrenadores, a los que se les aplicó un programa de intervención formativo durante cuatro sesiones, con contenidos relacionados con el clima motivacional, la confianza en los jugadores, la comunicación y el estilo decisional. Se realizaron tres observaciones durante tres partidos y después de cada uno de ellos se realizó una sesión postpartido para realizar una valoración conjunta. Para evaluar el comportamiento en competición se partió de la versión original del CBAS de Smith, Smoll y Hunt (1977) y se realizó una adaptación que contemplaba una nueva categoría, “las instrucciones al jugador que está en posesión del balón”. Tras la intervención se produjo una importante reducción de la media de la frecuencia de las conductas negativas, disminuyendo de 50 a 32. También se produjo una adecuación de las conductas positivas, reduciéndose de 137 a 84. Además, en 2 de los entrenadores desaparecieron las instrucciones al jugador con balón, respetando el criterio de los jugadores en la resolución de las jugadas. Esto supone que la intervención planteada ha supuesto un efecto positivo en el comportamiento de los entrenadores, que ha contribuido a la mejora de los jugadores. Finalmente, estos resultados nos indican que el comportamiento de los entrenadores es personal y no en función de la categoría a la que pertenecen, en contra de lo señalado por Smith y cols. (1983), Smith, Smoll y Curtis (1979), Cruz y cols. (1987).

INTRODUCCIÓN.

Durante los últimos años ha ido creciendo la presencia e importancia del desarrollo de competencias psicosociales en el ámbito de la actividad física y el deporte, sobre todo desde la visión de los monitores y entrenadores. Por ello, se admite la necesidad de apoyar el trabajo de los técnicos para conseguir un buen desarrollo cognitivo-emocional de los jugadores, no sólo orientado hacia el rendimiento deportivo, sino también hacia su crecimiento personal.

El objetivo de la presente investigación es el de analizar, describir y valorar la influencia que ejerce un modelo psicosocial de intervención para entrenadores, concretamente el Clima Formativo Percibido, basado en la Teoría de Metas Nicholls 1982, en la de Autoeficacia de Bandura 1982 y en la de la Autodeterminación de Deci & Ryan 1989, y el concepto de “Clima Motivacional” de Ames (1992), correspondiente a las categorías Infantil Txiki, Infantil de Honor, Cadete de Honor y Cadete de Liga Vasca de la S.D. Eibar. El modelo multidimensional de tecnificación utilizado y el Clima Formativo se basan en la Teoría de Metas de Nicholls (1982), en la Orientación Motivacional de Roberts y Balagué (1991), en el modelo de afrontamiento del estrés de Lazarus y Folkman (1986), en la teoría de la Autoeficacia de Bandura, A. (1986), en el Clima Motivacional de Ames, C. (1992) y Brustad, B. (1994), y en la teoría de la Autodeterminación de Deci & Ryan (1989). Partimos desde este corpus de conocimiento para abordar el estudio de aquellos aspectos personales del entrenador que inciden en los procesos de tecnificación deportiva.

En numerosas investigaciones se han destacado de manera consistente la influencia de los entrenadores en relación a aspectos del desarrollo psicosocial de los participantes, señalando claramente que estos asumen un papel muy importante que afecta a todos los niveles de la práctica deportiva. Partimos de la línea de investigación, iniciada por Smith, Smoll, y sus colegas (Smith, Smoll, y Curtis, 1978; Smith, Smoll, y Hunt, 1977; Smith, Zane, Smoll, y Coppell, 1983), examinada exhaustivamente de forma sistemática, en la que se señalaba que los jóvenes que recibían una retroalimentación positiva y frecuente, con alto grado de instrucción técnica, y con una cantidad limitada de castigo verbal por parte de los entrenadores, realizaban un cambio positivo de su autoestima durante la temporada deportiva.

Los resultados del estudio (Smith, Smoll, y Curtis, 1978) mostraron que los deportistas que habían participado con los entrenadores del grupo experimental, que habían recibido la intervención del programa, evaluaron a sus entrenadores más favorablemente y tuvieron una atracción más alta hacia los otros miembros de sus equipos frente al grupo de jugadores que participaron con los entrenadores del grupo control.

Se han replicado otros estudios en los que se han obtenido los mismos resultados, Smith y Smoll (1990) y de Smoll, Smith, Barnett, y Everett (1993). Esta línea de investigación llevada a cabo por estos autores, nos ha ayudado mucho a reconocer y a comprender el papel fundamental que juegan los entrenadores en el desarrollo psicológico y social de los jóvenes deportistas.

Durante los últimos años, diferentes investigadores han llevado a cabo numerosos trabajos en los que se ha destacado la importancia de esta orientación motivacional personal, que afecta a diferencias cognitivas, afectivas, sociales, y comportamentales de los individuos en todos los contextos de logro (Duda, Fox, Biddle & Armstrong, 1992; Duda & Nicholls, 1992), asociando la disposición Tareas al compromiso con el entrenamiento, a la implicación en el esfuerzo, a la elección de tareas desafiantes, al aprendizaje continuo, a la persistencia ante la adversidad, a la asociación del éxito al esfuerzo y a un buen funcionamiento en general del sistema de autorregulación.

Ames (1984), de forma paralela a la orientación motivacional personal ego/tarea, establece dos climas motivacionales que existen en contextos de logro. Específicamente, nos referimos al ámbito del rendimiento/resultado y al ámbito de aprendizaje/maestría (Ames, 1984; Ames & Archer, 1988), y se refieren a las características del ambiente creado por los adultos significativos, tales como profesores, padres y entrenadores que reflejan sus propios valores.

En este sentido, los entrenadores son muy influyentes porque estructuran el clima de la participación, especialmente los valores que están presentes en este contexto. En el deporte, el papel de los entrenadores y monitores es particularmente importante porque son el elemento de referencia existente de mayor influencia en este entorno en el que se intenta trabajar permanentemente con principios de mejora centrados, en este caso, en un conjunto de capacidades psicosociales, tales como: el sistema de autorregulación (autocontrol, autoestima, automotivación, autoconfianza y competencia percibida), el control y manejo emocional en situaciones significativas y exigentes, la autonomía percibida, así como el desarrollo de conductas asertivas y adaptativas (compromiso con el entrenamiento, implicación en el esfuerzo, espíritu colaborativo y persistencia frente a las adversidades). En el estudio realizado por el profesor Cecchini (2001) sobre Clima Motivacional en la iniciación deportiva, el clima de maestría fue asociado al disfrute, a la competencia percibida y al esfuerzo, así como a la ansiedad somática pre-competitiva y al vigor post-competitivo, mientras que el clima de ejecución fue asociado a la auto-confianza y al vigor pre-competitivo y a la tensión post-competitiva. Por eso, en aquellos contextos en los que se fomenta la comparación social y el rendimiento en relación a los demás, la motivación intrínseca desaparece (Kavussanu & Roberts, 1996). Finalmente los resultados de dicho estudio, junto a otras investigaciones, corroboran el hecho de que la orientación de meta es maleable a través del tiempo y puede reconstruirse por las intervenciones o por las influencias ambientales (Nicholls, 1989, Ames, 1992, Roberts, 1995).

Creemos que el comportamiento del entrenador orientado hacia los jugadores durante el entrenamiento y la competición, quizás sea el elemento más influyente en la formación de los jóvenes deportista. Este eslabón, situado en el extremo proximal desde la vertiente de los jugadores, es el elemento vehiculador del impacto psicosocial que produce el deporte en sus practicantes. Por eso el objetivo principal de este estudio se centra en describir y analizar el comportamiento de los entrenadores durante la competición. Hemos observado de forma exploratoria numerosas situaciones de competición, por lo que estimamos que durante el desarrollo del juego se produce un gran número de respuestas reactivas, por parte de los entrenadores, que influyen negativamente en el desarrollo psicosocial de los deportistas.

MATERIAL Y MÉTODOS.

El estudio se ha llevado a cabo en Gipuzkoa, de acuerdo a las siguientes características:

  • Muestra: La componen 4 entrenadores, correspondientes a 4 equipos constituidos por 67 jóvenes de entre 12 y 15 años pertenecientes a la S.D. Eibar.
  • Diseño y variables: Se trata de un estudio descriptivo, valorativo y observacional. Analizaremos el comportamiento de los entrenadores en competición, registrando sus conductas en base a: conductas reactivas (positivas y negativas) y conductas espontáneas (positivas y negativas).
  • Instrumentos: Para evaluar el comportamiento en competición se partió de la versión original del CBAS de Smith, Smoll y Hunt (1977) y se realizó una adaptación que contemplaba una nueva categoría, “las instrucciones al jugador que está en posesión del balón”,quedando configurado de la siguiente manera:

A) CONDUCTAS REACTIVAS.

  • Positivas: Se refieren a la reacción positiva (R+), al aliento al jugador tras el fallo cometido (AE) y a las instrucciones técnicas para corregir al jugador (ITE).
  • Negativas: Las que se encuentran dentro de este apartado se refieren a no responder ante un acierto (NR), a la respuesta negativa (IP), a corregir hostilmente (ITP) y a la falta de respuesta ante el error (IE).

B) CONDUCTAS ESPONTANEAS.

  • Positivas: En este apartado se contemplan las instrucciones relevantes (ITOG) y el aliento y ánimo (AG).
  • Negativas: Se centran en dar instrucciones al jugador con balón (IPA) y en la reacción ante los errores del árbitro (REA).
  • Procedimiento: Nos pusimos en contacto con el coordinador del fútbol base de la S.D. Eibar para plantearle nuestro proyecto y saber si estaría dispuesto a colaborar con nosotros. Éste, a su vez, se puso en contacto con los entrenadores de las categorías seleccionadas (Infantil Txiki, Infantil de Honor, Cadete de Honor y Cadete de Liga Vasca) para proponerles la posibilidad de llevar a cabo el proyecto con sus equipos. Nos reunimos con el coordinador del fútbol base y con los cuatro entrenadores de las categorías seleccionadas a finales de noviembre del 2008 para explicarles más exactamente en qué consistía el proyecto. A lo largo de los meses de diciembre y enero mantuvimos otras tres reuniones con los entrenadores para presentarles los cuatro temas en los que se basa el modelo que llevamos a cabo, que son el clima motivacional, la confianza en los jugadores, la comunicación y el estilo decisional percibido. Durante los meses de febrero y marzo realizamos las diferentes observaciones en competición a los entrenadores (sin previo aviso y procurando que no detectaran nuestra presencia), registrando su comportamiento en la hoja de registro que diseñamos previamente. A los dos días de cada competición observada, quedamos con el entrenador observado para darle el feedback. Tras observar en tres ocasiones a cada entrenador y darle el posterior feedback, estuvimos dos meses sin realizar ninguna intervención. A finales del mes de mayo realizamos una observación más a cada entrenador, para ver si los cambios observados durante la intervención se mantenían dos meses después. Les dimos el feedback correspondiente a cada entrenador y posteriormente realizamos una reunión conjunta con todos los entrenadores y el coordinador del fútbol base para valorar el trabajo realizado con ellos. A finales de septiembre mantuvimos una entrevista semi-estructurada con cada uno de los entrenadores para que valorasen el programa y nos diesen su opinión sobre el trabajo realizado con ellos.

RESULTADOS

Para analizar las conductas de los entrenadores durante la competición se consideró conveniente establecer una separación en dos grupos, conductas reactivas y conductas espontáneas, como se señala en el apartado de instrumentos. Dentro de cada una de ellas, se diferencia el signo de la influencia que ejercen en el modelo planteado, positiva o negativa. Para favorecer la comprensión gráfica, se han situado las positivas en los extremos de las representaciones gráficas obtenidas y las negativas en su parte central. De esta manera y como representación estándar tendencial se produce un trazado en forma de U.

Además, las variaciones producidas a lo largo de la intervención se incorporan dentro de cada gráfico, representando los valores medios y la desviación típica provenientes de cada observación realizada a los entrenadores, pero centrándonos en la primera y en la última observación, es decir, en las tomas PRE y POST intervención.

En relación a las conductas reactivas positivas, vemos que la media de los técnicos correspondientes a la observación PRE en relación a la reacción positiva a una actuación deseable (R+) se sitúa en 36 (DT = 26,8) y en el caso de la POST se reduce a 18 (DT = 5,6). En cuanto a las conductas de correcciones instructivas al jugador que ha cometido el error (ITE), la media PRE se sitúa en 14 (DT = 5,8) y la POST en 11 (DT = 1,5). La media de las conductas de aliento al jugador tras el fallo cometido (AE) en el caso de la observación PRE es de 3 (DT = 4,2) y en el caso de la POST de 7 (DT = 5,5).

Gráfico 1. Valores medios de las conductas reactivas de los entrenadores correspondientes a los 4 partidos observados.

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 13

En el caso de las conductas reactivas negativas relacionadas con no dar respuesta a una conducta positiva (NR), la media de los entrenadores en la primera observación es de 9 (DT = 8,2), mientras que en la última se ha reducido a 3 (DT = 1,2). En relación a la respuesta negativa del entrenador después de una conducta no deseable (IP), se produce un importante descenso, ya que la media PRE se sitúa en 13 (DT = 12,8) y la POST en 4 (DT = 4). En cuanto a decirle de una manera hostil al jugador que ha cometido el error cómo debe realizar la jugada correctamente (ITP), la media PRE se sitúa en 8 (DT = 10,7) y la POST en 5 (DT = 4,6). Por el contrario, se produce un aumento en una falta de respuesta ante el error, ya que la media PRE es de 1 (DT = 2) y la POST es de 2 (DT = 0,6).

En relación a las conductas espontáneas positivas, se aprecia que la media de instrucciones técnico-tácticas (ITOG) en la primera observación de los técnicos es de 60 (DT = 33,2) frente a las 36 (DT = 28,5) de la última, y la media de las conductas de aliento para futuras acciones (AG) en la primera observación es de 23 (DT = 19,7) y de 13 en la última (DT = 11).

Gráfico 2. Valores medios de las conductas espontáneas de los entrenadores correspondientes a los 4 partidos observados.

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 13

En el caso de las conductas espontáneas negativas relacionadas con el control decisional instruccional al jugador que tiene el balón (IPA), la media en la primera observación es de 18 (DT = 20) y en la última se reduce a 10 (DT = 10,4). En cuanto a las reacciones ante los errores del árbitro (REA), vemos que la media de los entrenadores se sitúa en niveles mínimos, prácticamente inexistentes, tanto en la primera como en la última observación.

DISCUSIÓN

Como se ha observado en los resultados, la frecuencia de las conductas R+ y ITE ha disminuido, acercándose a unos valores más adecuados desde una perspectiva formativa, ya que inicialmente se producían demasiadas conductas en su totalidad, por encima de 200 a lo largo del partido. Por el contrario, el valor de aliento al jugador tras el fallo cometido (AE) ha aumentado de 3 a 7, lo cual es positivo dado el bajo valor observado inicialmente. Estos cambios observados en sus conductas positivas de los entrenadores se adecuan mejor a la frecuencia óptima relacionada con su acción formativa.

En este caso se evidencia claramente un importante descenso de las conductas reactivas negativas en los valores medios obtenidos en la observación POST, lo que supone que se ha producido una influencia positiva durante la intervención, reduciéndose considerablemente las conductas negativas de los entrenadores.

Se produce una disminución de la frecuencia de las conductas espontáneas positivas observada de la observación PRE a la POST se interpreta de la misma manera que las reactivas positivas, es decir, que son más adecuados desde una perspectiva formativa, dado que inicialmente se producían demasiadas conductas en su totalidad, como se ha señalado anteriormente.

También se produce una reducción de las conductas espontáneas negativas, que se centran fundamentalmente en el descenso de las intervenciones relacionadas con el control decisional instruccional al jugador que tiene el balón (IPA), lo cual es muy positivo, ya que se trata de que sea el propio jugador el que tome la decisión de cómo continuar la jugada, ayudándole así a aumentar su confianza decisional, lo que nos llevará a formar jugadores con alta capacidad resolutiva.

En resumen, podemos afirmar que se ha producido un importante cambio en las conductas de los entrenadores durante la competición y que este cambio es positivo, favoreciendo el clima formativo de los entrenadores. En primer lugar, la excesiva frecuencia de las conductas reactivas positivas ha disminuido, acercándose a unos valores más adecuados desde una perspectiva formativa y la que presentaba bajos valores ha aumentado. En segundo lugar, se evidencia claramente un importante descenso de las conductas reactivas negativas en la observación POST, lo cual es muy positivo. En tercer lugar, el excesivo número de conductas espontáneas positivas observadas inicialmente también se ha adecuado a las necesidades formativas y, finalmente, en cuarto lugar las conductas espontáneas negativas se han reducido considerablemente.

Por todo ello podemos señalar que la intervención realizada ha mejorado sustancialmente el comportamiento de los entrenadores durante la competición, dado que el exceso número de refuerzos positivos, sin intención ni adecuación, se ha visto reducido a un número adecuado para la acción formativa y las conductas negativas se han reducido considerablemente.

CONCLUSIONES

A la vista de los resultados y de la discusión realizada en la que se ven los importantes cambios de los entrenadores y su influencia sobre los deportistas, señalaremos aquellos aspectos más destacables. Habrá que tener en cuenta que existen diferencias entre los distintos entrenadores que serán tratadas en otro momento.

Las conductas reactivas positivas de los entrenadores en los casos en que no existían o eran muy reducidas han aumentado y en las que se producía un excesivo número se han reducido a valores más proporcionales y adecuados para los fines formativos. Además, las conductas reactivas negativas de los entrenadores han descendido de forma importante, lo que ha generado una influencia positiva en la percepción de los jugadores.

Las conductas espontáneas positivas eran demasiado numerosas en la primera observación realizada y a lo largo de la intervención se han ido reduciendo, alcanzando valores más adecuados en la última observación. Por otro lado, las conductas espontáneas negativas se han reducido considerablemente desde la primera observación a la última.

La intervención realizada ha mejorado sustancialmente el comportamiento de los entrenadores durante la competición, dado que el exceso número de refuerzos positivos, sin intención ni adecuación, se ha visto reducido a un número adecuado para la acción formativa y las conductas negativas se han reducido considerablemente, por lo que el cambio en las conductas de los entrenadores durante la competición es positivo, y favorece el clima formativo de los entrenadores.

¿Cómo son los entrenadores? A la vista de todo ello, podemos afirmar que el estilo personal de estos entrenadores se configura en base a los dos existentes, entrenador controlador y entrenador autónomo, ya que se observan características de ambos. El hecho de imponer un específico y preestablecido camino de pensamientos, sentimientos y comportamientos a los deportistas, reduce su desarrollo potencial y su influencia será negativa cuando los jugadores perciban pocas posibilidades de tomar decisiones, acompañado de la comunicación reactiva y de instrucciones técnico-tácticas negativas. Esto supone que la satisfacción de la necesidad de autonomía y de aceptación social desaparecen en el deportista, lo que le puede llevar hacia el abandono de la práctica deportiva.

El estilo personal del entrenador autónomo es positivo porque contribuye a desarrollar un comportamiento autónomo de los deportistas, sobre todo, cuando los deportistas perciben posibilidades de tomar decisiones, los niveles de comunicación reactiva desaparecen y van acompañados de instrucciones técnico-tácticas positivas. De esta manera, el deportista sentirá que sus necesidades básicas de autonomía y de aceptación social se satisfacen durante la práctica deportiva. Ser autónomo no es querer hacer las cosas sólo o individualmente, sino, la manera en que se toman las decisiones, es decir, el sentido de la elección (Deci, 2009).

Si el entrenador es controlador y la comunicación afectiva no funciona como debe funcionar, la motivación intrínseca desaparecerá. La percepción de los procesos decisionales también guarda relación con la competición y, en dicho contexto, solamente es positiva cuando el comportamiento es elegido por el deportista (Deci, 2009), es decir, cuando decide participar el propio deportista. Además, es importante señalar que, cuando los resultados de la competición son negativos, aquellos que reciben un feedback positivo orientado hacia su mejora después de perder, mantienen alta su motivación intrínseca. ¿Qué opinan los interesados? Las opiniones de los entrenadores recogidas cuatro meses después de la intervención se orientan hacia las mejoras encontradas con los instrumentos utilizados y con las observaciones realizadas, destacando el impacto positivo generado en la confianza en los jugadores, en las respuestas reactivas y en la facilitación de un clima afectivo y equilibrado emocionalmente, transmitiendo desde el banquillo serenidad, respeto y confianza, por muy complicadas que sean las situaciones que se produzcan. También señalan que han aprendido a disfrutar más durante el partido, con un beneficio personal emocional importante, que ha sido una experiencia muy positiva. Además, reconocen que gracias al trabajo realizado han crecido como entrenadores y que les ha servido para mejorar la relación con sus jugadores y entender la importancia que tienen la comunicación y la confianza en el ámbito deportivo. A continuación presentamos una tabla donde destacamos las reflexiones más interesantes.

Tabla 1. Valoración de los entrenadores sobre el impacto generado por el programa.

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 13

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