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7 may 2009

Influencia del apoyo familiar percibido y de la autoeficacia en el nivel de práctica de actividad físico-deportiva en jóvenes de 12 a 17 años.

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Existe una concepción general de que la práctica de actividad físico-deportiva es buena. Sin embargo, este estudio se basa en la idea de que esta práctica es buena dependiendo…

 
Autor(es): Izaskun Azpillaga Arrechea, José Antonio Arruza Gabilondo, Susana Irazusta Adarraga, Óscar González Rodríguez, Oihane Otaegi Garmendia.
Entidades(es): Escuela Universitaria de Magisterio de San Sebastián (UPV/EHU), España.
Congreso: V Congreso nacional de las ciencias del deporte y la educación física
Pontevedra: 7-9 de Mayo de 2009
ISBN: 978-84-613-1660-1
Palabras claves: Actividad física, salud, frecuencia de práctica, apoyo familiar percibido, autoeficacia

RESUMEN COMUNICACIÓN

Existe una concepción general de que la práctica de actividad físico-deportiva es buena. Sin embargo, este estudio se basa en la idea de que esta práctica es buena dependiendo del uso que se le dé y del contexto en el que se desarrolle. El objetivo del estudio es analizar la frecuencia de práctica de actividad físico-deportiva y conocer si el apoyo familiar y la autoeficacia influyen sobre ésta. La muestra la componen 900 jóvenes gipuzkoanos de entre 12 y 17 años y está estratificada en función de la edad, el sexo, la comarca, el tipo de centro y el modelo lingüístico, con un margen de confianza del 95% y un error muestral del ±5%. Se trata de un estudio descriptivo, valorativo y multivariado. Los resultados obtenidos indican que el 58’8% realiza práctica de actividad físico-deportiva tres o más veces por semana y que el 41’2% lo hace dos veces o menos por semana. Así mismo, se han encontrado diferencias significativas en relación al apoyo familiar percibido en función de dicha frecuencia, siendo mayor para los que más práctica realizan. También las diferencias halladas en la autoeficacia en relación a la frecuencia de práctica son significativas, presentando mayor nivel de autoeficacia aquellos jóvenes que más práctica realizan. A pesar de que los resultados obtenidos son consistentes y se orientan en la misma dirección que otras investigaciones, es necesario profundizar en la influencia que ejercen estas dos variables en la práctica de actividad físico-deportiva, sobre todo en lo que se refiere al desarrollo de la autoeficacia como variable motivacional en la adherencia a la práctica.

INTRODUCCIÓN.

Existe una concepción general de que la práctica de actividad físico-deportiva es buena. Sin embargo, este estudio se basa en la idea de que esta práctica es buena dependiendo del uso que se le dé y del contexto en el que se desarrolle. Así pues, no hay duda de que la práctica de actividad físico-deportiva es buena cuando promueve la diversión y cuando se realiza por motivos de tipo intrínseco, es decir, por el gusto o la satisfacción que conlleva practicar la actividad en sí misma, independientemente de los beneficios que la práctica pueda conllevar (Frederick & Ryan, 1995; Ryan, Frederick, Lepes, Rubio & Sheldon, 1997). Entonces, la práctica de actividad físico-deportiva se traduce en una mayor adherencia a medio y largo plazo, una mayor persistencia en las actividades, la inversión de un mayor esfuerzo y una mayor satisfacción (Arribas, 2005; Weiss, 1994, 2000). Se dice que una persona está intrínsecamente motivada en una actividad cuando la realiza por el propio beneficio que existe inherente a la actividad, independientemente de cualquier incentivo externo que pueda existir (Deci & Ryan, 1985; Ryan & Deci, 2000). En el ámbito del deporte, los beneficios de la motivación intrínseca se traducen en comportamientos de motivación (esfuerzo, persistencia), adherencia a la práctica, una mayor deportividad y un mayor bienestar del deportista (Frederick & Ryan, 1995; Vallerand & Loisier, 1994; Weiss, 1994, 2000). La práctica de actividad físico-deportiva es una actividad educativa que favorece el desarrollo integral de los participantes, en la que permanentemente están participando los jóvenes durante su etapa formativa, caracterizada por los grandes cambios que se producen en su personalidad y por la búsqueda de identidad personal, de autonomía y de aceptación por parte de sus iguales. Esta propuesta reconoce los beneficios fisiológicos, psicológicos y funcionales de la práctica de actividad físico-deportiva y está dirigida hacia los maestros, entrenadores y monitores escolares relacionados con el mundo del deporte educativo y de la educación física, ya que configuran el contexto de participación a través de sus valores, de sus sistemas de recompensa y de sus estilos de retroalimentación. En la vida de muchos niños y adolescentes, la participación deportiva es un pasatiempo con grandes implicaciones personales. La práctica de actividad físico-deportiva les ofrece a los jóvenes muchas oportunidades para interaccionar y comunicarse con los demás. Al mismo tiempo, pueden surgir situaciones de desacuerdo que les proporcionarán oportunidades para mejorar las habilidades interpersonales y poder aplicarlas en otros contextos de la vida. En este sentido, estudiaremos la importancia del contexto de la práctica de actividad físico-deportiva y la forma en que les afecta a los propios participantes, que de acuerdo a las últimas perspectivas, el desarrollo ético se basa en el sentido de equilibrio entre todas las personas que participan en situaciones sociales (Brustad, 1988).

Por otro lado, existe una creencia generalizada en el ámbito de las Ciencias Motrices, en Medicina, en Psicología, en Sociología y en el ámbito educativo, sustentada por numerosos trabajos científicos, que señalan los aspectos beneficiosos que aporta la práctica de actividad físico-deportiva en el desarrollo integral del ser humano, relacionada con sus capacidades funcionales, con su nivel de destrezas, con su salud corporal, con su bienestar psicológico y con su calidad de vida, además de otros universalmente reconocidos.

En una publicación relacionada con el deporte escolar (Arruza & Brustad, 2001) se señalaba que las consecuencias psicosociales de dicha participación tienen que ver más con la calidad de las interacciones sociales que se producen en el contexto deportivo que con la presencia o ausencia de competición. De acuerdo a estos autores, son los entrenadores, los padres y los iguales los que configurarán esa experiencia deportiva, dando una forma distinta en cada caso. Así pues, no es posible generalizar los contextos y discutir las consecuencias de la práctica de actividad físico-deportiva sin la consideración simultánea del papel de los otros significativos y de lo que acontece en ellos.

La mayoría de las actividades físico-deportivas requieren habilidades de carácter abierto para desenvolverse en situaciones de juego cambiantes, seleccionar estrategias efectivas, predecir las probables acciones de los oponentes e improvisar las ejecuciones adecuadas. Esto requiere un alto nivel de eficacia en el uso de la inteligencia emocional, porque implica toma de decisiones muy rápidas, captación de mucha información no verbal, seguridad y confianza en sí mismo, entre otros aspectos.

Entendemos por actividad físico deportiva “toda aquella actividad física que se da mediante la participación organizada o libre y que tiene como objetivo expresar o mejorar la forma física y mental, divertirse en su tiempo libre, crear nuevas relaciones u obtener resultados competitivos”. Esta es la definición consensuada por el proyecto europeo COMPASS (a project seeking the coordinated monitoring of participation in sports in Europe), la cual nosotros asumimos. Cuando hacemos referencia a las sesiones relacionadas con la práctica de actividad físico-deportiva, en general, se suelen utilizar diferentes criterios para definir las características de las sesiones relacionadas con dicha práctica. En unos casos, como el COMPASS, utilizan la frecuencia de las sesiones entendida como “el número de sesiones que se realizan durante el año, con una duración mínima de 20 minutos” y en otros casos utilizan la duración y la intensidad de las sesiones. En nuestro caso, creemos acertado que para valorar una sesión de práctica de actividad físico-deportiva desde un punto de vista cuantitativo, habría que tener en cuenta la frecuencia, la intensidad y la duración de la misma, y desde un punto de vista cualitativo, los aspectos organizativos y normativos en los que están contextualizadas dichas sesiones. Para el presente estudio, hemos tomado la decisión de utilizar como criterio metodológico, la frecuencia de práctica, entendida como número de veces que se realiza la práctica.

Actualmente existe un interés creciente generalizado que intenta entender mejor los procesos inmersos durante la práctica de actividad físico-deportiva desde una perspectiva integral, en relación a la calidad de relaciones interpersonales, a las vivencias emocionales, a las implicaciones en el desarrollo cognitivo o a las habilidades personales que pudieran desarrollarse a través de ella. Se considera que la formación de hábitos de práctica de actividad físico-deportiva no implica única y exclusivamente el entorno escolar del practicante, sino que esta formación debe darse en un entorno social más próximo como es el familiar. Concretamente nos referimos al apoyo familiar percibido, entendido como el ánimo que recibe el niño de su entorno familiar más cercano para realizar práctica de actividad físico-deportiva.

Gráfico 1. Representación de las relaciones entre los agentes deportivos y los deportistas.

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 10

En este sentido, es importante orientar a los padres para que puedan influir positivamente en la práctica de actividad físico-deportiva de sus hijos y ayudarles a resolver sus inquietudes y sus necesidades, ya que las creencias de los padres sobre el éxito deportivo repercuten en la disposición motivacional personal de los deportistas y contribuye a la continuidad y persistencia de la práctica de actividad físico-deportiva, que es uno de los objetivos a alcanzar en su desarrollo.

Numerosos estudios señalan que el nivel de competencia percibida o de autoeficacia que tienen sobre las prestaciones de sus hijos determinará el desarrollo de las capacidades relacionadas con la práctica de actividad físico-deportiva, dado que funciona a modo de refuerzo positivo, cuando así lo perciben y tienden a tener mayores niveles de práctica de actividad físico-deportiva (Amorose, 2003; Babkes & Weiss, 1999; Woolger & Power, 2000). Así mismo, esta percepción de competencia se encuentra asociada a la percepción de autoeficacia deportiva de los hijos, independientemente de cuál sea su habilidad (Van Yperen, 1998).

Sin embargo, en demasiadas ocasiones, utilizan una única fuente comparativa para valorar dichas competencias, que normalmente es normativa, es decir, en base a los demás deportistas. Desgraciadamente se olvidan de las otras dos, la ipsativa, referida a la diferencia entre lo que era capaz de hacer y lo que hace actualmente y la correspondiente al modelado o la diferencia que existe entre su nivel de actuación y el modelo óptimo de ejecución.

Diversas investigaciones refuerzan esta importancia y muestran que el entorno social influye principalmente en la percepción que los escolares tienen de su propia competencia en el ámbito de la práctica de actividad físico-deportiva, y también en la motivación intrínseca, es decir, en hacer práctica de actividad físico-deportiva por la propia satisfacción que se experimenta en la actividad (Amorose, 2003; Delgado, 1993; Kimiecik, Horn, & Shurin, 1996; Nicholls, 1989; Van Yperen 1998).

La autoeficacia percibida relacionada con el nivel o tipo de habilidad que uno es capaz de realizar en un determinado momento, supone un papel crítico en las dimensiones motivacionales, es más, quizás podamos considerarla como una de las variables más importantes de la motivación. Según Bandura (1986) se define como “los juicios de cada individuo sobre sus capacidades, en base a los cuales organizará y ejecutará sus actos de modo que le permitan alcanzar el rendimiento deseado”.

También, los sentimientos de autoeficacia influyen directamente en el esfuerzo, en la perseverancia en el logro de un determinado objetivo y en el afrontamiento de nuevos retos de forma positiva, siendo precursora de actitudes y conductas de búsqueda y de demanda de información. Esta teoría postula que los juicios de autoeficacia influyen no sólo en la elección de conductas, sino también en el esfuerzo que la gente emplea, y cuanto persiste ante las dificultades, fracasos, cambios y experiencias adversas (Bandura, 1986; Bandura y Cervone, 1983).

MATERIAL Y MÉTODO

El estudio se ha llevado a cabo en la provincia de Gipuzkoa, siendo representativo para la población en la que se ha desarrollado, de acuerdo a las siguientes características:

  1. Muestra: La componen 900 jóvenes de entre 12 y 17 años, estratificada en función de la edad, el sexo, la comarca, el tipo de centro y el modelo lingüístico. El margen de confianza se sitúa en el 95%, con un error muestral del ± 5%
  2. Diseño y variables: Se trata de un estudio descriptivo, valorativo y multivariado, con tres variables seleccionadas: la frecuencia de práctica, el apoyo familiar percibido y la autoeficacia.
  3. Instrumentos: Se ha realizado un cuestionario “ad hoc”, en el que se ha incorporado la frecuencia de práctica, siguiendo el criterio del COMPASS, el apoyo familiar percibido, y la autoeficacia a través de 3 ítems.
  4. Procedimiento: Una vez realizada la distribución aleatoria de la muestra, nos pusimos en contacto con los responsables de los centros escolares, para concretar el grupo de jóvenes, el día, el lugar y la hora para realizar la recogida por parte de los investigadores.

RESULTADOS

En primer lugar se presentan los análisis descriptivos relacionados con la frecuencia de práctica. En segundo lugar, los valores relacionados con el apoyo familiar percibido y en tercer lugar, los valores relacionados con la autoeficacia.

Frecuencia de Práctica

La frecuencia de práctica, entendida como número de veces que se realiza práctica de actividad físico-deportiva con una duración mayor de 20 minutos, presenta valores muy diferentes en el conjunto de la muestra, de tal manera que el 6’8% practica una vez al mes, el 11’2% lo hace entre una vez al mes y una vez por semana, el 23’2% realiza dos veces por semana y, finalmente, el 58’8 % practica más de dos veces por semana. Esto supone que el 41’2% lo hace dos veces o menos por semana y que el 58,8% realiza práctica de actividad físico-deportiva al menos 3 veces por semana, niveles mínimos recomendados por la asociación americana de salud.

Si analizamos esta variable en función del género, observamos que en el caso de los chicos, el 71’7% realiza tres o más veces por semana y el 28’3% lo hace dos veces o menos por semana. En cuanto a las chicas, el 45’8% realiza tres o más veces por semana, mientras que el 54’2% realiza dos veces o menos por semana. Esto supone que los chicos realizan una práctica de actividad físico-deportiva con mayor frecuencia. (Cuadro 1). Cuadro 1.- Frecuencia de Práctica en función del género.

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 10

Apoyo Familiar Percibido

Como podemos observar en el Cuadro 2, los jóvenes que realizan práctica de actividad físico-deportiva tres o más veces por semana tienen unos valores medios más elevados de apoyo familiar que aquellos que lo hacen dos veces o menos por semana.

El apoyo de la madre hacia los jóvenes que realizan práctica de actividad físico-deportiva dos veces o menos por semana es de 2’6 (en una escala de 1 a 4) mientras que los jóvenes que lo hacen tres o más veces por semana, reciben un apoyo de 2’7, por lo que la diferencia de medias es de 0’1. En cuanto al apoyo de hermanos y hermanas también es mayor hacia aquellos jóvenes que realizan práctica de actividad físico-deportiva tres o más veces por semana, con una diferencia significativa de 0’2 (p<.05). En lo que respecta al ánimo que reciben por parte del padre, sigue siendo mayor en aquellos que realizan práctica de actividad físico-deportiva tres o más veces por semana, con una diferencia de medias algo mayor y un grado de significación bastante más elevado, 0’3 (p< .000).

Cuadro 2.- Diferencia de los valores medios de apoyo familiar percibido en función de la frecuencia de práctica y su nivel de significación.

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 10

Si analizamos esta variable en función del género, destacamos que en relación al apoyo proveniente del padre, son más altos los valores medios de los chicos (2’9) frente a los de las chicas (2’7), con una diferencia significativa de 0’2 (p<.05).

En función de la frecuencia de práctica, en el caso de los chicos no se han encontrado diferencias significativas, es decir, los chicos que realizan práctica de actividad físico-deportiva tres o más veces por semana, reciben el mismo apoyo familiar que los chicos que lo hacen dos veces o menos por semana. En cuanto a las chicas, comentar que las que más apoyo familiar reciben son aquellas que realizan práctica de actividad físico-deportiva con mayor frecuencia, tal y como podemos observar en el Cuadro 3.

Cuadro 3.- Valores medios de apoyo familiar percibido en chicas en función de lafrecuencia de práctica y su nivel de significación.

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 10

Autoeficacia

Como se observa en el Cuadro 4, una vez realizada la prueba T para analizar las diferencias de medias entre dos grupos, los jóvenes que practican más de dos veces por semana presentan un nivel de autoeficacia mayor que los que lo hacen con menor frecuencia, 7’1 frente a 6’3. Concretamente esta diferencia significativa se sitúa en 0’8 puntos (sig=.000). Esto supone que la autoeficacia ejerce una influencia positiva en relación a la práctica sostenible y duradera en el tiempo. Cuadro 4.- Valores medios de autoeficacia en función de la frecuencia de práctica y nivel de significación.

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 10

En el conjunto de la muestra los valores de la autoeficacia alcanzan una cifra de 6’8 puntos sobre una escala de 10, con una D.T. de 1’7. Sin embargo, al analizarla en función del género en el Cuadro 5, se observan diferencias significativas, dado que en el caso de los chicos alcanza un valor de 7’3 frente al de las chicas que se sitúa en 6’3, siendo esta diferencia significativa (sig=.000).

Cuadro 5.- Diferencia de los valores medios de autoeficacia en función del género y nivel de significación.

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 10

DISCUSIÓN

El nivel de frecuencia de práctica observado en los jóvenes de 12 a 17 años se sitúa en torno a tres veces por semana, con un porcentaje del 58’8%, próximos a los estándares de salud. En el caso de los chicos, el 71’7% realiza práctica de actividad físico-deportiva tres o más veces por semana, mientras que el 28’3% lo hace dos veces o menos por semana. En el caso de las chicas, ocurre lo contrario, ya que más de la mitad realiza práctica de actividad físico-deportiva dos veces o menos por semana, con un 54’2%, mientras que un 45’8% lo hace tres o más veces por semana.

Al analizar el apoyo familiar percibido, vemos que las diferencias encontradas son significativas, siendo el más importante el ánimo proveniente del padre, con una diferencia de 0’3*** a favor de los jóvenes que realizan práctica de actividad físico-deportiva tres o más veces por semana. Sin embargo, mientras que en el caso de los chicos este apoyo no tiene influencia en la frecuencia de práctica, en el caso de las chicas, la diferencia encontrada es de 0’3***, favorable a las chicas que realizan práctica de actividad físico-deportiva tres o más veces por semana.

En cuanto al ánimo que reciben por parte de la madre, las diferencias encontradas no son significativas en el caso de los chicos, mientras que en el caso de las chicas se ha encontrado una diferencia de 0’3**. El ánimo proveniente de los hermanos y hermanas presenta comportamientos diferentes, siendo en el caso de las chicas el apoyo del hermano el de mayor influencia (0’3*).

La influencia de la autoeficacia también presenta valores interesantes. Aquellos jóvenes que practican tres o más veces por semana presentan un valor de 7’1, mientras que los que lo hacen 2 veces o menos por semana presentan un valor de 6’3, siendo la diferencia de 0’8***. Este nivel alcanzado por los que realizan práctica de actividad físico-deportiva con mayor frecuencia, se sitúa en los valores óptimos en los que el nivel de autoeficacia empieza a tener un efecto motivacional importante en relación a la adherencia de la práctica. En relación a los valores en función del género, las diferencias encontradas son significativas (1***) y se orientan en la dirección de otras investigaciones, donde el nivel de autoeficacia de los chicos es siempre mayor que el de las chicas.

CONCLUSIONES

La práctica de actividad físico-deportiva es una actividad educativa que favorece el desarrollo integral de los participantes, en la que permanentemente están participando los jóvenes durante su etapa formativa.

El apoyo familiar percibido influye de una manera importante en la construcción de la competencia percibida y en la cantidad de práctica que realizan sus hijos. Concretamente, la influencia del padre resulta ser una variable motivacional especialmente significativa en relación a la cantidad de práctica y al nivel de autoeficacia.

Además, también se encuentra relacionado con el desarrollo de la autoeficacia, a través de la utilización de valoraciones autorreferentes, concretamente la ipsativa y el modelado. Hemos visto que existe una estrecha relación entre el apoyo familiar percibido y la autoeficacia en relación a la frecuencia de práctica, pero además, conviene destacar que para la construcción de la autoeficacia también es importante el apoyo familiar percibido, es decir, que esta variable influye positivamente en la construcción de la autoeficacia y en la frecuencia de práctica.

Es necesario continuar con esta línea de investigación, dado los interesantes resultados observados que en ningún caso pueden considerarse como definitivos. Sobre todo habrá que contemplar la intensidad y la duración de la práctica para valorar adecuadamente la cantidad y el tipo de práctica realizada.

BIBLIOGRAFÍA

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