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28 feb 2012

La práctica de actividad física y su relación con la autoeficacia y la salud percibida

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La práctica de actividad física habitual se ha visto beneficiosa para la salud psicológica. El objetivo de este trabajo es analizar la naturaleza de la relación existente entre una serie de variables psicológicas, principalmente la autoeficacia y la salud percibida
Autor(es): Antonio Videra García; Dr. Rafael Reigal Garrido
Entidades(es): FDE Santa María de la Victoria, Málaga
Congreso: XIII Congreso Andaluz de Psicología de la Actividad Física y el Deporte
Sevilla España, 17-19 de Noviembre de 2011
ISBN:978-84-939424-1-0
Palabras claves: práctica actividad física, autoeficacia, salud percibida

La práctica de actividad física y su relación con la autoeficacia y la salud percibida

Resumen

La práctica de actividad física habitual se ha visto beneficiosa para la salud psicológica. El objetivo de este trabajo es analizar la naturaleza de la relación existente entre una serie de variables psicológicas, principalmente la autoeficacia y la salud percibida, y el hecho de practicar o no actividad física en alumnos de Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato de la provincia de Málaga. Así mismo, se han estudiado las relaciones de estas variables con factores personales y sociales de estos alumnos para ver cómo éstos influyen en la práctica deportiva. Se ha utilizado una muestra de 927 alumnos de ambos sexos de diferentes cursos de la ESO y de Bachillerato. Los participantes cumplimentaron tres tipos de cuestionarios: sociodemográfico, autoeficacia general (Schwarzer y Jerusalem, 1995) y salud percibida (Goldberg, 1972; 1978). Los resultados obtenidos señalan que los practicantes de actividad física presentan mayores puntuaciones en autoeficacia y en salud percibida. Otras de las conclusiones que se extrae de nuestro estudio es que las mujeres obtienen puntuaciones más bajas en las distintas variables, así como en la práctica en general. Se discuten las implicaciones de los resultados encontrados y se perfilan futuras líneas de investigación.

Instrucciones

La relación entre la práctica de actividad física-deportiva y la salud física y psicológica es un tema que viene despertando un gran interés entre los investigadores, siendo numerosos los trabajos científicos que tratan de describir y explicar dicha relación. En general, los efectos del ejercicio sobre la salud física están mejor establecidos en la literatura científica que aquellos otros que supuestamente produce sobre el bienestar psicológico (Jiménez. M., Martínez. P., Miró .E. y Sánchez, A., 2008).

Por ejemplo, las investigaciones han señalado que existe una relación significativa entre el hecho de practicar actividad física y la autoevaluación sobre bienestar psicológico. Este hecho de percibir unos niveles elevados de bienestar psicológico se ha acompañado de una mejora de la salud percibida, del estado general de ánimo y de la emotividad (Biddle, Fox y Boutcher, 2000; McAuley, Mihalko y Bane, 1997), de un efecto beneficioso de reducción de depresión clínica (Hassmen, Koivula y Uutela, 2000; Singh, Clements y Fiatarone, 1997; Lawlor y Hopker, 2001; McDonald y Hodgdon, 1991)), de una disminución de los niveles de ansiedad o estrés (Akandere y Tekin, 2005; Biddle, 1995; Crews y Landers, 1987; Martinsen, Hoffart y Solberg, 1989; Petruzzello, Landers, Hatifield, Kubitz y Salazar, 1991) y de una mejora en las estrategias de afrontamiento del estrés (Holmes, 1993).

Encontramos por tanto, investigaciones que informan que la realización de actividad física regular, aporta beneficios tanto para la salud física (Berlin & Colditz, 1990; Bouchar, Shephard, Stephens, Sutton & McPherson, 1990; Powell, Thompson, Caspersen & Kendricks, 1987) como para la salud psicológica (Balaguer & García Merita, 1994; Blasco, 1994; Morgan, 1985). Por ello, necesitamos conocer cuáles son los factores de predisposición, facilitación y refuerzos asociados con la práctica de actividad física y salud y cómo podemos intervenir para formar la base de los hábitos de ejercicio físico para la vida adulta.

La forma de practicar también es importante a la hora de poder evaluar los efectos beneficiosos sobre la salud psíquica y física. Así, es necesario determinar los patrones de frecuencia, intensidad, duración y tipo de actividad más apropiada en función de cada persona y de cada estado temporal en el que se encuentre. En general, el American College of Sports Medicine (ACSM, 1999) recomienda que se practique ejercicio físico entre 3-5 días por semana para conseguir mejoras significativas en trastornos de ansiedad al cabo de 10 semanas o de 5 semanas para algunos trastornos depresivos, las recomendaciones para la duración varía desde los 20 a los 60 minutos (Miguel, Martín y Navlet, 2001); mientras que la intensidad se sitúa entre el 50 y el 85% del consumo máximo de oxígeno (Van Amersfoort, 1996).

Los trabajos que han estudiado los predictores de la actividad física han estructurado el análisis entre factores personales, sociales y ambientales (Sallis, Simons-Morton, Stone et al. 1992). Desde el punto de vista de los factores personales se ha encontrado que la percepción de la competencia física o deportiva está asociada positivamente con la actividad física practicada por los niños y los adolescentes (Biddle & Amstrong, 1992; Biddle & Goudas, 1996; Moreno, 1997). Por su parte, la salud percibida está relacionada con la calidad de vida y con la capacidad que la persona tiene para enfrentarse a las tareas vitales (Diener, 1994; García, 2002; García-Viniegras y González, 2000; Liberalesso, 2002), muy en la línea de lo mencionado anteriormente.

Un tema importante a considerar es si los efectos debido a la realización de ejercicio físico son directos o pueden verse mediados de alguna manera por la adopción de un estilo de vida diferente y más saludable por los practicantes como sería el hecho de dejar de fumar, de consumir alcohol, de consumir alimentos ricos en grasas, del sexo y de edad, etc. (Burbano, Fornasini y Acosta, 2003; Caraveo, Colmenares y Saldívar, 1999; Global Youth Tobacco Survey Collaborating Group, 2003).

A partir de las consideraciones precedentes, en esta investigación hemos pretendido estudiar los patrones de actividad física de los adolescentes viendo cómo se relacionan con otras variables psicológicas como son la autoeficacia y la salud percibida. Así mismo, hemos analizado la posible influencia que tienen otras variables sociodemoFiguras como el sexo y las creencias relacionadas con la práctica de ejercicio físico.

El objetivo de esta investigación es estudiar los patrones de actividad física de adolescentes españoles, viendo las diferencias en función de variables sociodemoFiguras, como el sexo. Además pretendemos conocer los niveles de autoeficacia y de salud percibida de dichos adolescentes en función de la práctica física realizada. Nuestra hipótesis de trabajo es que la práctica de ejercicio físico redunda beneficiosamente sobre el bienestar positivo de los adolescentes en general y en particular sobre la autoeficacia y la salud percibida. Hemos utilizado una metodología de encuesta para recoger los datos que fueron analizados posteriormente mediante el paquete estadístico SPSS 18.

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Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº20.

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Método

Muestra

Para la realización del estudio se han analizado los datos obtenidos de una muestra de 927 participantes, hombres (n=434; 53’2%) y mujeres (n=493; 46’8%) todos ellos alumnos de 3º y 4º de ESO y 1º de bachillerato que accedieron a participar de manera voluntaria en dicho estudio con edades comprendidas entre 14 y 19 años (M=15’72; DT=1’05).

Tabla 1. Distribución de la muestra

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 20

 

Instrumentos

Hemos usado cuatro cuestionarios:

Cuestionario sociodemográfico

Este recogió la siguiente información:

a) Datos sociodemográficos: el tipo de centro, sexo, el curso o la edad, etc.

b) Se recogió, a su vez, información relativa a las creencias, pensamientos y otros aspectos personales relativos a la actividad física, que se ampliaron posteriormente a través de otros cuestionarios.

c) Otros aspectos valorados en este cuestionario fueron los directamente relacionados con la práctica física. Si eran físicamente activos o no, la frecuencia, intensidad y duración con que desarrollaban las actividades,

Escala de Autoeficacia General “AEG”.

Para medir la autoeficacia general se utilizó la escala de Autoeficacia General de Schwarzer y Jerusalem (1995), en concreto la versión en castellano desarrollada por Baessler y Schwarzer (1996). Es un cuestionario breve, usado para medir el sentimiento estable de competencia para manejar situaciones en la vida. Está formado por 10 ítems que se responden mediante una escala tipo Likert con cuatro posibilidades (del 1 al 4), siendo el 4 la que se corresponde con una mejor valoración de la autoeficacia

Cuestionario de Salud General “GHQ” (General Health Questionary).

El estado de salud de las personas encuestadas se midió a través del instrumento GHQ (General Health Questionary), elaborado por Goldberg (1972; 1978). Nosotros hemos utilizado la versión del cuestionario que tiene 30 ítems, aunque existen otras como son las de 12, 28, 36, 60 o 140. Hay cuatro posibles respuestas en cada ítem (de 1 a 4) siendo el 4 el que da una mayor puntuación en salud percibida. Como indica Veiga (2004), los modos de respuesta pueden ser varios: puntuación GHQ (0-0-1-1), puntuación Likert simple (0-1-2-3) y puntuación Likert modificada (0-0-1-2).

Procedimiento

Este trabajo sigue una metodología no experimental de tipo transversal y correlacional (Salkind, 1999; Ramos, et al., 2004), en el que se usa la encuesta como herramienta para la toma de datos y no se produce manipulación de las variables objeto de estudio.

Una vez elaborado el cuestionario sociodemográfico se eligieron los instrumentos más adecuados para medir la autoeficacia y la salud percibida. Los cuestionarios fueron administrados durante el calendario lectivo del curso 2010-2011, entre los meses de febrero y abril de 2011. Previamente, se contactó con profesores de Educación Física que nos facilitaron el acceso a los alumnos para pasar los cuestionarios. Los instrumentos fueron presentados a los participantes en un documento único y se cumplimentaron en una media hora durante las clases de Educación física o en otro momento, según conveniencia del profesorado. En los propios cuestionarios se facilitaba una explicación a los alumnos sobre la correcta realización de la prueba.

Se solicitó a los participantes su colaboración de manera anónima y voluntaria en un estudio que pretendía examinar las características de práctica físico-deportiva ne general y sobre la salud de adolescentes. Se insistió especialmente en la sinceridad de las respuestas, siendo voluntario la participación en el estudio, aunque ningún sujeto rehusó contestar a los cuestionarios.

Resultados

En la muestra seleccionada podemos comprobar como el número de practicantes es superior al número de no practicantes (tabla 2). También son ilustrativos de los hábitos de actividad física de los adolescentes los datos de frecuencia, duración e intensidad. Así, entre los practicantes, son los valores medios (2/3 y 4/5 veces por semana) los indicativos de una mayor frecuencia semanal. En cuanto a la duración, el tiempo más empleado para la práctica es de más de una hora (417%), acompañado de una intensidad alta (29,8%).

Tabla 2. Frecuencia y porcentaje de características de la práctica física

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 20

 

Hemos encontrado que existen diferencias en relación a la práctica física según el sexo de los participantes. Así, los adolescentes practican más deporte que las adolescentes ((2, N=927) = 146’215; p<0’001).

Figura 1. Práctica física en función del sexo

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 20

 

Nos interesaba estudiar la relación existente entre la práctica realizada y la animación o refuerzo por sus amigos y la de los participantes pensando que a estas edades adolescentes, el modelado y la observación de los demás son fundamentales para incrementar la práctica física así como otras conductas generales propias de este periodo. En concreto nos hemos fijado en las respuestas a las preguntas de “si sus amigos practican actividad física” y de “si éstos le animan a practicarla” (tabla 3). No se han encontrado diferencias significativas entre hombres y mujeres en relación a estas dos variables. Aunque observamos que la mayoría de los amigos de nuestros adolescentes practican deporte algo o bastante en un 89’2% pero de estos solo les animan a hacer deporte algo o bastante en un 74’2%. En cuanto a la práctica en sí, observamos como la mayoría varia entre 30 minutos y más de una hora.

Tabla 3. Frecuencia y porcentaje de adolescentes cuyos amigos practican deporte o no y si éstos les ayudan a practicar

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 20

 

También se han analizado varias variables provenientes del cuestionario sociodemográfico que provienen de creencias sobre distintos conceptos relacionados con la actividad física. Así, en la tabla 4, podemos observar las respuestas de los participantes en estas variables según el sexo.

Tabla 4. Tabla de contingencia según sexo del alumno

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 20

 

En la percepción de la buena forma física (figura 2), observamos que los hombres tienen una mayor percepción de la forma física que las mujeres ((2, N=927) = 47’829; p<0’001).

Figura 2. Percepción de la forma física en función del sexo

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 20

 

Ocurre lo mismo con las demás variables del mismo tipo. Así, en la percepción de tener buenas capacidades (figura 3), obtenemos que los hombres perciben que tienen una mejor forma física que las mujeres ((2, N=927) = 62’749; p<0’001).

Figura 3. Percepción de buenas capacidades en función del sexo

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 20

 

En el gusto por la educación física (figura 4), obtenemos que a los hombres les gusta más la educación física que a las mujeres ((2, N=927) = 12’305; p<0’01).

Figura 4. Gusto por la educación física según el sexo

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 20

 

En el interés por la práctica física (figura 5), señalamos que hemos encontrado que a los hombres les interesa más que las mujeres la práctica física ((2, N=927) = 34’153; p<0’001).

Figura 5. Interés por la práctica física

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 20

 

Tanto en lo relativo a la salud percibida como a la autoeficacia hemos encontrado que los hombres obtienen una puntuación más alta que las mujeres (t926=-4’414; p<0’001) y (t926=-4’478; p<0’001), respectivamente (tabla 5).

Tabla 5. Estadísticos descriptivos de salud percibida y autoeficacia en función del sexo y de la práctica

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 20

 

En cuanto a la diferencia entre los practicantes de actividad física y los no practicantes hemos obtenido que hay diferencias significativas en cuanto a la autoeficacia (tabla 5), los practicantes tienen mayor autoeficacia que los no practicantes (t926=-6’046; p<0’001). Ocurre algo similar con la salud, ya que hemos encontramos que los practicantes perciben mejor su salud que los no practicantes (t926=-3’626; p<0’001)

Al estudiar la relación entre autoeficacia y salud percibida hemos encontrado una correlación moderada (Pearson=0’277; p<0’001). En cuanto a las correlaciones por sexo observamos que en las mujeres la correlación entre la autoeficacia y la salud percibida es menor (Pearson=0’238; p<0’001) que en los hombres (Pearson=0’288; p<0’001). En cuanto a las correlaciones en función de la actividad física vemos curiosamente que en los no practicantes de actividad física la correlación es algo mayor entre la salud percibida y la autoeficacia (Pearson=0’294; p<0’001) que en los practicantes de actividad física (Pearson=0’237; p<0’001).

Discusión

El principal objetivo de esta investigación fue la de confirmar si los niveles de autoeficacia y de salud percibida eran superiores en practicantes de actividad física que en no practicantes, además de estudiar el comportamiento de otras variables en función de dos variables grupales: el sexo y la práctica física.

A la vista de los resultados obtenidos podemos señalar que el grupo de practicantes estudiado presenta unos niveles más elevados tanto de autoeficacia como de salud percibida. Así mismo, también se puede constatar como el grupo compuesto por hombres obtienen en las dos variables mayores puntuaciones que las mujeres

Los datos encontrados en este trabajo ponen de manifiesto la relación positiva existente entre la práctica de actividad físico-deportiva y variables relacionadas con el bienestar subjetivo, como son la autoeficacia y la salud percibida De hecho, aquellos adolescentes que eran activos obtuvieron puntuaciones más elevadas que los participantes que no practicaban, tanto en el cuestionario de Autoeficacia General (AEG) como en el de Salud Percibida (GHQ). Estos resultados coinciden con los consultados en la literatura que dio origen a esta investigación y que asociaba de igual manera dichos fenómenos, tanto en población española como de otros países (Holloway, et al., 1988; Kimiecik, et al., 1996; Blasco, 1999; Rimal, 2001; Olaz, 2004; Ortega, 2005; Stubbe, et al., 2007; Castillo y Molina-García, 2009).

Los resultados también muestran un significativo descenso de la práctica de actividad física en las mujeres, así como una consideración inferior de aspectos relacionados con la práctica física. Los porcentajes que nos permiten afirmar esto son similares a los de un estudio de García Ferrando (1990), el cuál destaca el descenso alarmante de la práctica observado en las chicas españolas con respecto a los chicos. En esta misma línea está una investigación realizada por Mendoza y cols. (1994), en la cual, la práctica de actividad física durante la adolescencia desciende de forma más pronunciada en las mujeres que en los varones (Balaguer, Pastor y Moreno, 1999).

Coincidimos con los resultados de Sallis y cols. (2000) en su revisión de correlaciones de la actividad física en niños y adolescentes. Estos autores afirman que es mayor la práctica físico-deportiva de los varones, siendo éstos más activos que las mujeres. Y en relación a lo demostrado, opinan que es necesario aumentar los esfuerzos dirigidos a que las chicas realicen más actividad físico-deportiva.

Como ya hemos resaltado, en lo que se refiere a actividad físico-deportiva y sexo, el varón practica más que la mujer. Esta afirmación está respaldada por los resultados obtenidos por García Ferrando (1990), Vázquez (1993), Moreno y cols. (2008), Casimiro (1999), Torre (1998), Ruiz (2000), Rodríguez (2000 y Pavón (2004), entre otros. No obstante, como afirma Buñuel (1992), los estereotipos asociados al género van evolucionando, de tal manera que los comportamientos de hombres y mujeres respecto al deporte son cada vez más similares.

También es significativa la percepción más favorable que tienen los hombres sobre distintos aspectos relacionados con la práctica física como el considerar que se tiene una buena forma física, unas buenas capacidades, gusto e interés por la práctica. Esto iría en la misma dirección que varios estudios sobre el tema que señalan además que una mayor práctica mejora la percepción física y las buenas capacidades (Castillo y Balaguer, 1998; Fylkessnes y Forde, 1991; Lamb, Dench, Brodie y Roberts, 1988; Mechanic y Hansell, 1987, Thorlindsson, Vilhjalmsson y Valgeirsson, 1990).

Centrándonos en las expectativas de eficacia, consideramos que la práctica física continuada genera experiencias de éxito que, sumado a la adquisición de mayores competencias y destrezas, repercuten en una mayor confianza personal (Bandura, 1986, 1997; León, Medina y Munduate, 2008). En esta línea, aquellos que practicaban con más frecuencia tenían mayores niveles de autoeficacia, lo que coincide con lo postulado por Marcus, Eaton, Rossi y Harlow (1994), quienes informaron de dicho efecto argumentando la existencia de conexiones entre la realización de una elevada cantidad de ejercicio físico y un mayor percepción de autoeficacia. Además, teniendo en cuenta que hemos utilizado una medida de autoeficacia general, podemos añadir que Balaguer, Escartí y Villamarín (1995) señalaron que los cambios en autoeficacia provocados por la realización de una tarea motora podrían generalizarse, al provocarse una transferencia positiva, tanto a actividades de similar naturaleza como no motoras. Asimismo, las sensaciones de mejor estado de ánimo (O’Neil, 1989; Macone, et al., 2006) o menor ansiedad (Biddle, 1995), generan estados fisiológicos más adecuados para aumentar la confianza a la hora de afrontar tareas (Ortega, 2005), constituyendo otra de las fuentes de información de este constructo (Bandura, 1986).

Los datos obtenidos en el presente trabajo señalan la percepción de salud está relacionada con la actividad física realizadas. Las personas que realizan regularmente ejercicio físico se perciben más saludables y presentan mejores índices de bienestar psicológico que aquellas otras que no realizan ningún tipo de ejercicio físico. Estos hallazgos vienen a confirmar una constatación clínica conocida desde hace mucho tiempo y reiterada a lo largo de numerosas investigaciones, aunque no se sabe con certeza a través de qué mecanismo la práctica regular de actividad física mejora estos niveles e incide beneficiosamente sobre otras emociones, contribuyendo todo ello al bienestar y la calidad de vida de las personas (Akandere y Tekin, 2005; Biddle et al., 2000; Fox, 1999; Miguel et al., 2001; Paluska y Schwenk, 2000; Piko, 2000). De hecho, diversos estudios con mujeres informan que el ejercicio físico se asocia a una mejor salud mental (Kull, 2002).

Los resultados de este estudio permiten señalar la importancia de la práctica física en la consideración de variables relacionadas con el bienestar psicológico como son la autoeficacia y la salud percibida. Cuando los participantes son activos, éstos se perciben más positivamente en relación con variables saludables. De ahí la importancia de implementar hábitos relacionados con la práctica física en cualquier edad en general y en edad adolescente en particular.

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