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4 may 2006

Las conductas de los entrenadores infantiles de Baloncesto después de los errores en los partidos

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El objetivo de este estudio es completar algunos de los aspectos planteados por Smith y Smoll (1989) en su modelo del liderazgo del entrenador; para ello, se procedió a la construcción del denominado Sistema de Observación de la Conducta del Entrenador.
Autor(es): Antonio Montero Seoane, Milagros Ezquerro García-Noblejas
Entidades(es): Instituto Nacional de Ecuación Física – Universidade da Coruña
Congreso: I Congreso Internacional de las Ciencias Deportivas
Pontevedra- 4-6 de Mayo de 2006
ISBN: 84-611-0552-4
Palabras claves: Entrenador; Evaluación, Baloncesto, Competición, Errores.

Resumen las conductas de los entrenadores infantiles después de los errores en los partidos

El objetivo de este estudio es completar algunos de los aspectos planteados por Smith y Smoll (1989) en su modelo del liderazgo del entrenador; para ello, se procedió a la construcción del denominado Sistema de Observación de la Conducta del Entrenador (S.O.C.E.) para evaluar las conductas de los entrenadores de baloncesto de categoría infantil (13-15 años) en cuatro dimensiones: conductas del entrenador, momento de su registro, a quien dirige su conducta, periodo de juego y resultado en el marcador, con el que se analizaron 43 partidos de 7 entrenadores mediante diversos procedimientos estadísticos. Se presentan los resultados de la evolución de las conductas de los entrenadores tras las acciones de juego erróneas por parte de los jugadores de su equipo que apunta a una variación de las mismas en relación con el resultado en el marcador. Se puede concluir una orientación genérica de los entrenadores a disminuir sus conductas reactivas a lo largo del encuentro y en consecuencia, serán necesarios nuevos estudios que profundicen en las variables que puedan incidir en dichas modificaciones.

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1. INTRODUCCIÓN

Parece que el deporte es un fenómeno ineludible en nuestras vidas, de algún modo nos “rodea” y, además, para amplias capas de la sociedad es un fenómeno que les interesa activamente. El deporte es, además, una actividad institucionalizada que contempla la participación de muchas personas, con especial atención a los más jóvenes. De ahí, de su relación con el mundo juvenil y de la importancia que le es otorgada socialmente, es posible derivar la exigencia de una formación y dedicación más completa por parte de las personas que se dedican a la enseñanza y el entrenamiento deportivo de los alumnos en edad escolar. El presente estudio, está centrado en los entrenadores dedicados a la preparación en la etapa deportiva infantil, central en el total de los practicantes que, a pesar de la extensión de la práctica deportiva siguen siendo mayoría los jóvenes quienes la realizan. En el transcurso del mismo se estudió la actuación de los entrenadores en partidos de baloncesto de competición oficial.

2. MÉTODO

A lo largo de esta investigación se han efectuado los siguientes pasos: 1. Revisión bibliográfica. Centrada en los aspectos de la evaluación de la conducta del entrenador. Son varios los instrumentos desarrollados y empleados para estudiar la conducta del entrenador. Sin embargo, la mayoría desde el famoso estudio de Tharp y Gallimore (1976) centrado en el famoso entrenador de la Universidad de California, Los Ángeles, Jhon Wooden, están orientados al estudio de los entrenamientos, mientras que la situación competitiva se ha visto más limitada en su extensión. Algunos de los estudios derivados de trabajos relacionados con la competición –y más concretamente en deportes de equipo- son los realizados en el ámbito norteamericano por Smith y Smoll y colaboradores (1977; 1978; 1983) y en España por Jaume Cruz (1987; 1989; 1994). Como consecuencia de esta revisión fueron detectadas algunas necesidades que, como señalan Smith y Smoll (1989) en su modelo mediacional del líder, podrán incidir en la conducta del entrenador; elementos que, como las variables que denomina “situacionales” están relacionadas con el resultado en la competición o los períodos de juego que se estén celebrando en el momento de su registro. Derivada de la revisión bibliográfica efectuada, y por las escasas referencias encontradas, se tomó la decisión de analizar algunos de estos aspectos “situacionales”, de los que presentamos en esta ocasión los resultados más relevantes en relación con las acciones de juego falladas por los jugadores de su equipo, entendiendo éstas como aquellas que no logran el acierto en el lanzamiento a canasta o las que posibilitan que el equipo contrario recupere el control del balón. El desarrollo de la investigación se centró en el desarrollo de un instrumento de evaluación que pudiera servir para el logro de nuestros objetivos. Así, a raíz de la revisión bibliográfica se tomó como referencia el Coaching Behavior Asessment System (Smith, Smoll y Hunt, 1977) como instrumento para la evaluación de las conductas de los entrenadores. 2. Estudio piloto. Posteriormente, se entrenó durante 3 meses a dos grupos de observadores para implementar dicho sistema de categorías en 4 partidos en equipos de diversas categorías de edad, con entrenadores de ambos sexos y en diferentes niveles competitivos. A raíz de dicha aplicación se encontró que el C.B.A.S. no cumplía algunos criterios básicos respecto los objetivos propuestos. 3. Construcción del instrumento de observación. Así, se tomó la decisión de construir un nuevo instrumento, el Sistema de Observación de la Conducta del Entrenador-S.O.C.E. (Montero (2004) el cual, aunque, basado en el anterior instrumento, no sólo incluye nuevas dimensiones sino que completa las del mismo con nuevas categorías, resaltadas en negrita para cumplir la condición de exhaustividad de los sistemas de categorías, como se recoge en la Tabla 1.

Tabla 1. Sistema de Observación de la Conducta del Entrenador (S.O.C.E.).

tabla1



En resumen, el diseño planteado en este trabajo y basándose en los criterios propuestos por Quera (1993; 2001), responde a las características del microanálisis, por el tipo de medidas empleadas; en relación con la variable tiempo, por el diseño transversal empleado enmarcadas ambas por la naturaleza observacional de la investigación. En el estudio se han incluido tres tipos de variables: las “situacionales antecedentes” y las “de las conductas de los entrenadores que corresponden con las dimensiones del estudio ya citadas y las variables “extrañas controladas” ya que se introdujeron diversos mecanismos y operaciones para restringir o impedir al máximo su incidencia en los registros efectuados que se pueden agrupar en tres apartados: 1. Variables implicadas en la investigación; 2. Características de los entrenadores integrados en la muestra; y 3. Variables ambientales. Para el registro de los datos procedentes se empleó una hoja de registro creada al efecto que contenía las dimensiones del S.O.C.E.. Previamente al registro de los partidos incluidos en la presente investigación, se procedió al entrenamiento de los observadores hasta que lograron un nivel de fiabilidad interjueces para escalas nominales iguales o superiores a .90 en las conductas y acciones, en tres periodos de observación y registro de 10 minutos de un encuentro seleccionado al azar de dos entrenadores. Posteriormente se analizó la concordancia interobservadores que alcanzó valores de .9655, y cifras similares al emplear el índice Kappa (.881) o Pearson (.824). Con estos instrumentos y después de estos procedimientos, se procedió a la grabación y al registro de 43 encuentros de los 7 entrenadores que aceptaron participar en el estudio, con lo que se analizaron un total de 21.187 registros.

3. RESULTADOS

De los diversos análisis realizados, se presenta en este estudio la evolución de las conductas de los entrenadores en los diversos periodos del encuentro. Así, en la tabla 2, se indican los valores de la prueba de Kruskall-Wallis empleada para la comparación de las medias para las conductas de los entrenadores tras error; de modo que las conductas con niveles de significación estadística más elevada son “Otras Conductas tras Error”, “Ignora Error”, Castigo y Ánimo contingente al Error”

Tabla 2. Valores de la prueba de Kruskall-Wallis para las conductas de los entrenadores.

Tabla 2. Valores de la prueba de Kruskall-Wallis para las conductas de los entrenadores

Una vez establecidas los niveles de significación estadística de las categorías analizadas en el presente trabajo, pasamos a exponer los resultados más relevantes en relación con los errores de los jugadores. Así, en la tabla 3, se indica la frecuencia relativa de las conductas de los entrenadores teniendo en cuenta el resultado en el marcador en el momento de registrarlas; con frecuencias más elevadas de conductas “positivas” tras el error (ánimo e instrucción técnica) cuanto mejor sea el resultado y conductas “negativas” de castigo cuando el resultado es desfavorable o igualado.

Tabla 3. Frecuencia relativa de las conductas de los entrenadores en relación con el resultado en el marcador.

Tabla 3. Frecuencia relativa de las conductas de los entrenadores en relación con el

Otra forma de presentar los resultados que pudiera parecer relevante es la que afecta al período de juego, dado que en baloncesto se juegan 4 períodos de 10 minutos y, en esta categoría tienen la obligación de participar todos los jugadores inscritos en el partido en alguno de ellos. En este sentido, en la tabla 4, se muestran los resultados en cada uno de los períodos donde se pueden observar variaciones porcentuales más importantes como el descenso progresivo del ánimo después de error, el aumento del mantenimiento de control, e ignorar el error, entre otros aspectos.

Tabla 4. Frecuencia relativa de las conductas de los entrenadores en los periodos de juego.

Tabla 4. Frecuencia relativa de las conductas de los entrenadores

Creemos, sin embargo, que se pueden derivar otras cuestiones si se presentan los valores no sólo absolutos o relativos sino, incluyendo también, las razones de las conductas registradas agrupándolas en relación con la orientación de la intervención del entrenador definiéndolas como “positivas” o “negativas” en relación con el error en las acciones de juego; es decir, el número de éstas en función de las oportunidades que han tenido los entrenadores para efectuarlas. Así, en la tabla 5 se indican estos valores a los largo de todo el encuentro.

Tabla 5. Razón de conductas de los entrenadores.

Tabla 5. Razón de conductas de los entrenadores

De estos datos, se puede apreciar cómo la mayor diferencia “positiva” se produce en el segundo período y la menor separación es registrada en el último período de juego.

4. DISCUSIÓN

Aunque se puede y, quizá debería plantearse la cuestión del procedimiento con mayor profundidad, en esta ocasión sólo mencionaremos En este sentido, parece necesaria la inclusión de nuevas categorías que detallen el tipo de instrucción técnica, como han realizado en el C.B.A.I. Wandzilak, Ansorge y Potter (1988), y Bloom, Crumpton, y Anderson (1999), con el Coaching Behavior Recording Form Revisado; así como Solomon, Striegel, Eliot, Heon, y Maas (1996) con el C.B.A.S. que, al menos, indiquen el tipo de contenido informativo de dicha comunicación: técnica y táctica, individual y colectiva e, incluso, la consideración del procedimiento empleado para hacerlo, puesto que algunos sistemas recogen una categoría, la de “instrucción en forma de pregunta” que pudiera completar alguna de las anteriores propuestas. Los resultados obtenidos en el presente estudio señalan, por un lado, ciertas variaciones respecto a estudios previos realizados en España por Cruz (1989) y Saura (1996) con instrumentos similares (tabla 6), señalan un porcentaje intermedio respecto a los resultados de dichos autores, aunque cabe mencionar que, mientras que el estudio de Cruz fue realizado con entrenadores de baloncesto infantil escolar, el de Saura se realizó con entrenadores de balonmano, lo que podría influir en los resultados obtenidos con la frecuencia relativa más elevada en las conductas reactivas tras error, frente a los estudios realizados por Cruz y Montero.

Tabla 6. Frecuencia relativa de conductas en diversos estudios.

tabla6

Cuando se analizan más detalladamente las conductas tras error de los entrenadores, como indican los datos de la tabla 7., se aprecia cierta similitud en las conductas positivas (Ánimo tras Error, e Instrucción Técnica tras Error), mientras que se diferencian con claridad en las negativas (Castigo, e Instrucción Técnica Punitiva) y en las conductas de inhibición tras dichos errores.

Tabla 7. Porcentajes de las conductas de los entrenadores tras los errores.

Tabla 7. Porcentajes de las conductas de los entrenadores tras los errores

En la Tabla 7.4, los datos del estudio de Cruz (1989), corresponden a la “línea base”, antes de haber realizado la intervención. Desde este supuesto se podría avanzar una hipótesis de orientación prioritaria de la conducta del entrenador de baloncesto de la categoría por los resultados de las acciones de los jugadores. Para conocer con mayor precisión las conductas de los entrenadores, se podrá realizar, como han hecho con el C.B.A.S., Solomon et al., (1996) la inclusión de diversas categorías que detallen las formas de instrucción técnica empleada; puesto que al observar las conductas de entrenamiento e instrucción de Jhon Wooden eran más de la mitad de todas sus intervenciones (Tharp y Gallimore, 1978); categorías similares a las registradas por Latorre, Martínez, Paniagua, Romeu, y Cruz (1990), o a las planteadas por Bloom et al., (1999). De ahí la necesidad de incluir aspectos técnicos y/o tácticos, con orientación individual y/o colectiva y los procedimientos empleados para hacerlo, siendo aconsejable la inclusión de las instrucciones en forma de pregunta. En este sentido, se han introducido variables que relacionan las conductas del entrenador con las situaciones del marcador, el tiempo de juego y el resultado de las acciones. Sin embargo, parece necesaria la inclusión de nuevas variables y técnicas de investigación, que permitan conocer tanto las variables antecedentes de las conductas del entrenador como las secuencias de producción de las mismas. Inclusión que recomiendan Rejeski, Darracott, y Hutslar (1979) y Horn (1985) para poder asociar, según propone ésta, con mayor precisión las conductas del entrenador con las expectativas de los deportistas y, de ese modo, potenciar los efectos positivos que puede conllevar una práctica deportiva convenientemente orientada. Por eso, como indican Cloes (1987) y Curtner-Smith, Wallace, y Wang (1999), una conducta aislada no podrá determinar diferencias entre entrenadores más y menos eficaces; aunque Claxton (1988) indicó que sí podrían diferenciarse por sus conductas de instrucción técnica en forma de pregunta. De ahí, la necesidad de precisar el contexto en el que se producen las conductas de los entrenadores para comprender las orientaciones de éstas o, posteriormente, desarrollar programas de intervención con el objetivo de facilitar el aprendizaje y las vivencias positivas de los alumnos-jugadores implicados en el entrenamiento y la competición deportiva.

6. CONCLUSIONES

1. Los entrenadores expresan conductas verbales mayoritariamente genéricas. 2. Las conductas tras error varían a lo largo del partido, con mayor registro de conductas positivas en el segundo período y las más bajas en el cuarto. 3. Las conductas tras error se modifican en función del resultado en el marcador, con frecuencias más elevadas de conductas positivas cuando su equipo está en ventaja o igualado y más conductas “negativas” si su equipo está por debajo en el marcador o empatado.

Bibliografía

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