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3 may 2019

MANIOBRA DE ABDOMINAL BRACING

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“Maniobra” de ABDOMINAL BRACING: No más coactivación es mejor…

Grenier y McGill, (2007) en un trabajo de investigación relativamente reciente abogan por la realización de la maniobra de tirantez abdominal o Abdominal Bracing (AB), frente al hundimiento abdominal o Abdominal Hollowing (AH), con el objetivo de proporcionar un apoyo seguro y efectivo para la realización de ejercicios contra resistencias realizado con las extremidades.

La maniobra de hundimiento abdominal o Hollowing básicamente es un “intento” de activar el musculo transverso del abdomen de forma aislada principalmente metiendo el abdomen hacia adentro, mientras que la maniobra de tirantez abdominal o Bracing es un intento de contraer o coactivar de manera isométrica todos los músculos de la pared abdominal sin tirar o empujar hacia afuera (McGill, 2002).

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Al realizar la maniobra de hundimiento abdominal o AH (abdomen hacia adentro), los músculos de la pared abdominal se encuentran más cerca de la articulación, acortando el brazo de momento. Esto tiene un gran efecto sobre la energía potencial resultante y en consecuencia también sobre la estabilidad. La estabilidad de una columna con cables de retención (o una columna vertebral con sus músculos) está condicionada por la geometría (la ubicación de los soportes), así como la rigidez que generan los músculos y las imperfecciones de la columna, como la curvatura fisiológica. El Hollowing reduce la estabilidad al estrechar la base geométrica (Grenier y McGill, 2007).

Teniendo en cuenta esto, es lógico que, al comparar las consecuencias mecánicas de ambas maniobras, lo primero que observamos es que los “cables de apoyo” de los oblicuos y el recto abdominal son más efectivos cuando tienen una base más ancha, es decir, cuando el abdomen no está hundido. En segundo lugar, los oblicuos parece que deben estar “activos” para proporcionar “rigidez” como puntales entrecruzados, lo que mejorará considerablemente la estabilidad (McGill, 2002).

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En la gráfica (segunda imagen del post) del estudio de Grenier y McGill, (2007) nos muestra como los datos del “Índice de Estabilidad” demuestran que el Hollowing no fue tan efectivo como el Bracing para aumentar la estabilidad. De hecho, el Bracing mejoró la estabilidad respecto al Hollowing en un 32%, con solo un aumento del 15% en las fuerzas de compresión raquídea derivadas de la coactivación.

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En otra grafica (tercera imagen del post) del mismo estudio, se observa como la estabilidad aumentó en un margen significativo (32%) bajo la condición de refuerzo simulado a favor del Bracing. El Hollowing se realizó con un 20% de activación tanto en el oblicuo lateral como en el transverso del abdomen y un 2% de activación tanto en el recto del abdomen como en el oblicuo externo. La mayor parte de la estabilidad se obtuvo a través del oblicuo interno (Grenier y McGill, 2007).

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A modo de resumen podemos indicar que los resultados de los diferentes estudios biomecánicos sugieren que todos los músculos del tronco tienen un rol importante en aportar estabilidad y deben coordinarse para lograrlo. Por este motivo, el trabajo abdominal no debe basarse en intentar desarrollar 1 ó 2 músculos concretos, sino TODOS.

Por lo tanto, el abdominal Bracing se ha mostrado muy efectivo, al generar una gran coactivación muscular. Además, es conveniente mantener el raquis lumbar en una posición alineada (zona neutra). Mientras que el abdominal hollowing puede ser útil en personas con inestabilidad lumbar y alteraciones en el patrón de activación abdominal.

La maniobra Abdominal Bracing (AB) (Grenier y McGill 2007), consigue una coactivación global de la faja abdominal, con una mayor activación de la musculatura superficial; el recto del abdomen (RA) y oblicuos externos (OE).

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Como ya hemos explicado esta coactivación tanto de la musculatura EXTERNA como INTERNA se produce una mayor estabilidad espinal, convirtiéndose en una maniobra mucho más adecuada en todos aquellos ejercicios dinámicos o estáticos, que requieran de una implicación del sistema global y sobrecarga externa (mayor demanda de estabilidad raquídea).

En un estudio de Vera-García y col, (2007) se buscó evaluar la efectividad de la maniobra del AB con respecto al AH para controlar el movimiento y la estabilidad de la columna contra la aplicación de perturbaciones externas rápidas al 10,15 y 20% de la MCV de los sujetos evaluados, previamente testada con un sistema de Biofeedback EMG, que también se utilizó para controlar el patrón de activación, así como la intensidad de contracción.

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En la gráfica del mismo estudio (quinta imagen del post), se pueden ver las barras que implican cuanto se mueve el tronco ante la perturbación aplicada. De manera que cuanto más alta sea la barra, mayor desplazamiento se habrá generado. Si comparamos las barras por pares (AB vs AH) ante un mismo %MCV podemos ver como a medida que este aumenta (10, 15, 20%) menos desplazamiento se genera en el tronco mediante el Bracing y en consecuencia mayor estabilidad se genera.

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Por lo tanto, podemos concluir que ante una perturbación externa la maniobra del Bracing consigue que el tronco este más estable y conforme aumentamos ligeramente el nivel de activación del Bracing, el tronco se va quedando más fijo. Por lo que la intensidad es importante (Vera-García y col, 2007).

Sin embargo, a pesar de que la intensidad juega un rol importante en la estabilidad raquídea, no sirve de nada si el patrón de activación neuromuscular se ve alterado. Es decir, si un sujeto no es capaz de activar todos los grupos musculares que debería, podrá generar altas intensidades de contracción de los músculos reclutados (más del 20% de la MCV) pero la estabilidad será baja. Ahora bien, si un sujeto aun presentando una intensidad de activación más baja (10% de la MCV) es capaz de generar un patrón de activación neuromuscular eficaz y adecuado en el que se involucre a todos los músculos, lograra una estabilidad adecuada (Own, Stephen, Vera-García y McGill, 2006).

Retomando anteriores afirmaciones, podemos indicar que; a mayor intensidad de activación con un óptimo reclutamiento neuromuscular, mayor es la estabilidad generada.

Pero debemos ser cautos, puesto que según vamos elevando los niveles de activación, nos vamos a encontrar que por más activación que generemos no vamos a crear más estabilidad y si mayores niveles de cargas compresivas en la columna.

Esto nos lleva a una conclusión sencilla; NO es necesario realizar contracciones máximas, se deben realizar contracciones de LIGERAS a MODERADAS (20-30% MCV), siempre controladas y con una respiración fluida. Suficientes para estabilizar y que no generen elevadas fuerzas compresivas (Vera-García, Brown, Gray y McGill, 2007).

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Roberto Barrón Revilla.
Profesor en Alto Rendimiento.

Enlaces de estudios citados:

  • https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/17207676
  • https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/16996278
  • https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/16442677

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