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29 may 2007

Patrón de actividad en futbolistas infantiles

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En fútbol, el patrón de actividad de jugadores adultos, tanto masculinos como femeninos, ha sido ampliamente estudiado, pero son escasos los estudios que han centrado su atención en el análisis de los desplazamientos de los jugadores de categorías infantiles.


Autor(es):
José Carlos Barbero Álvarez y Juan Granda Vera.

Entidades(es): Facultad de Educación y Humanidades de Melilla. Universidad de Granada.
Congreso: III Congreso Nacional Ciencias del Deporte
Pontevedra: 29-31 de Marzo de 2007
ISBN:84-978-84-611-6031-0
Palabras claves:Fútbol, niños, patrón de actividad.

RESUMEN.

En fútbol, el patrón de actividad de jugadores adultos, tanto masculinos como femeninos, ha sido ampliamente estudiado, pero son escasos los estudios que han centrado su atención en el análisis de los desplazamientos de los jugadores de categorías infantiles. Un mayor conocimiento de las demandas de este deporte en las etapas iniciales permitiría la confección de programas de entrenamiento más acordes con las características de los chicos de estas edades. El objetivo del presente estudio fue cuantificar de los desplazamientos en jugadores de fútbol de categoría infantil, mediante la aplicación de dispositivos basados en tecnología GPS. Los resultados obtenidos certifican que el fútbol infantil es una especialidad deportiva intermitente en la que se intercalan actividades de alta intensidad con situaciones del juego que permiten que el jugador recupere estando parado, andando o con una velocidad de carrera muy baja. La tasa trabajo-descanso fue de 1:9 y la distancia media recorrida por minuto de juego fue aproximadamente de 100 m. Los esfuerzos de alta intensidad que se realizan implican el 6.1% del tiempo de juego y el 16.3% de la distancia recorrida, efectuando un sprint máximo de entre 10 y 15 m de media, cada 141 segundos.

INTRODUCCIÓN.

El objetivo primordial del entrenamiento es la mejora del rendimiento competitivo y, en ese sentido, la cuantificación del entrenamiento es de vital importancia de cara a programar tareas y cargas que permitan una preparación óptima del deportista para la competición. Para ello es imprescindible el conocimiento de las exigencias de cada especialidad, siendo necesario el análisis del juego, el cual proporcionará la información necesaria para diseñar tareas condicionales específicas, es decir, nos permitirá ajustar la preparación física a las peculiaridades de cada puesto y jugador en una determinada modalidad deportiva. En fútbol, el patrón de actividad de jugadores adultos, tanto masculinos como femeninos, ha sido ampliamente estudiado (Bangsbo, et al., 1991; Ekblom, 1986; Reilly, 1996; Withers, et al., 1982; Ohashi et al., 2002). En cambio, son escasos los estudios que han centrado su atención en el análisis de los desplazamientos de los jugadores de categorías infantiles (Castagna, et al., 2003, Caprinica, et al 2001; Stroyer, et al., 2004), lo que resulta sorprendente dada la gran trascendencia de este especialidad entre los jóvenes. Un mayor conocimiento de las demandas de este deporte en las etapas iniciales permitiría poder confeccionar programas de entrenamiento más acordes con las características somáticas y madurativas de los chicos de estas edades, e incluso mejorar los criterios de detección y selección de talentos para este deporte. En este sentido, la reciente aparición de nuevas tecnologías basadas en los sistemas de localización por satélite (GPS), estan siendo utilizadas para realizar time-motion análisis, puesto que su empleo permite la monitorización, valoración y control del entrenamiento y el rendimiento deportivo. Hasta ahora, este tipo de sistemas habían sido diseñados para ser utilizados en deportes de aventura o en especialidades de resistencia (ciclismo, orientación, ski, etc.). El desarrollo de nuevos instrumentos de registro, específicos para deportes de equipo, como el fútbol o el rugby, podría proporcionarnos la herramienta necesaria, tanto para conseguir un mayor conocimiento del patrón de actividad de estas disciplinas intermitentes de alta intensidad, como para la cuantificación de los entrenamientos. Por consiguiente, el empleo de esta tecnología para el análisis del fútbol infantil podría arrojar algo de luz a la escasez de información relacionada con esta categoría y, en consecuencia, ayudar a optimizar el entrenamiento físico específico de los jugadores más jóvenes. Por todo ello, el objetivo del presente estudio fue cuantificar de los desplazamientos en jugadores de fútbol de categoría infantil, mediante la aplicación de dispositivos basados en tecnología GPS, con objeto de comprobar si es posible el empleo de estos sistemas de análisis para la valoración de un deporte de equipo como el fútbol (comparar los datos obtenidos con los aportados en la literatura mediante otros sistemas), y obtener información que nos ayude a determinar el patrón de actividad durante el juego en estas edades, posibilitando una optimización de los programas de entrenamiento.

MÉTODO

Catorce jugadores infantiles de fútbol (12.2 ± 0.6 años; 156 ± 0.8 cm y 51 ± 5.2 Kg) pertenecientes a la selección autonómica de Melilla tomaron parte en esta investigación. Los participantes en el estudio tenían una experiencia previa de entre 2 y 4 años, entrenaban 2 veces por semana y jugaban un partido de competición una vez a la semana. Fueron analizados tres partidos de entrenamiento de 40 minutos de duración que se realizaron durante la fase de preparación para el campeonato de España. Cinco jugadores fueron analizados en cada partido, siendo siete de los participantes evaluados en dos partidos. Para la valoración del patrón de actividad hemos determinado una serie de categorías de desplazamiento basadas en las propuestas por Castagna et al. (2003) para jugadores de estas edades: 0-0.4 km/h (parado), 0.5-3 (andar), 3.1-8 km/H (carrera baja intensidad o trote), 8.1-13 km/h (carrera intensidad media), 13.1-18 km/h (carrera intensidad alta), >18.1 km/h (carrera intensidad máxima o sprint). Para cada jugador se calculó la distancia total, la velocidad media, el tiempo y la distancia para cada categoría y el número, distancia y duración de los sprints.

Material. Un receptor GPS debe recibir la señal de al menos 3 satélites (de los 27 que emiten de manera continua señales codificadas) para localizar la posición. Utilizando esta información una unidad es capaz de calcular y registrar información referente a la posición, tiempo y velocidad (Larsson, 2003). El SPI 10 (GPSports Systems, Pty. Ltd., 2003, Australia) es un indicador del rendimiento deportivo (SPI) con un peso aproximado de 110 gramos. Este dispositivo permite registrar a 1 Hz (un registro por segundo) datos del tiempo, posición, velocidad, distancia, altitud, dirección y frecuencia cardíaca (requiere tener colocada una banda torácica). La información puede ser descargada en un PC y mediante el software AMS System los datos pueden manipularse según los intereses del investigador, permitiendo un análisis pormenorizado y personalizado de la actividad física realizada. Asimismo, estos datos pueden ser exportados a Excel para realizar el tratamiento estadístico necesario.

Figura 1. SPI 10 Indicador del rendimiento deportivo (GPSports Systems, Pty. Ltd., 2005, Australia).

Figura 1. SPI 10 Indicador del rendimiento deportivo




Procedimiento. Previo al comienzo de cada encuentro y durante la fase de calentamiento (aproximadamente 15 minutos), los jugadores iban pasando por la zona donde se encontraban los investigadores para que se les colocara en la espalda, justo debajo del cuello, una pequeña mochila almohadillada, en la que se alojaba una unidad de GPS SPI 10. Esta mochila era ajustada de manera que no se moviera y no provocara ningún malestar durante el desarrollo del partido en la actuación del jugador. Al finalizar cada partido, los datos se descargaban en un ordenador portátil para realizar el tratamiento de las variables objeto de estudio.

Análisis estadístico. Los datos son presentados como media, desviación estándar de la media y rangos. Los valores medios para las categorías de desplazamiento entre partidos fueron comparados utilizando análisis de varianza (ANOVA), tomando como valores de significación p<.05. Post hoc análisis se realizó empleando Tukey’s test.

RESULTADOS

Distancia y velocidad Los resultados obtenidos certifican que el fútbol infantil es una especialidad deportiva intermitente en la que se intercalan actividades de alta intensidad con situaciones del juego que permiten que el jugador recupere estando parado, andando o con una velocidad de carrera muy baja. En la Figura 2 se expone un ejemplo de gráfica de la velocidad de un jugador durante un partido.

Figura 2. Ejemplo de la evolución de la velocidad (km/h) y frecuencia cardíaca de un jugador durante el primer partido.

Figura 2. Ejemplo de la evolución de la velocidad (kmh) y frecuencia cardíaca de un jugador




En la Figura 3 se exponen los datos referentes a la distancia total recorrida y la velocidad media en los 3 partidos estudiados.

Figura 3. Distancia total recorrida y velocidad media en los 3 partidos analizados.

Figura 3. Distancia total recorrida y velocidad media en los 3 partidos analizados.




La distancia media recorrida durante los 3 partidos de 40 minutos fue de 3986.6 ± 170.5 m (3385–4482.8 m), lo que equivale a una velocidad media de 6 ± 0.3 Km/h (5.1–6.7 Km/h), es decir, el jugador recorre 99.7 ± 4.3 m (84.6-112.2 m) por cada minuto de partido. No se produjeron diferencias entre los 3 partidos analizados, siendo la variabilidad del 4.3%. En la figura siguiente (Figura 4), se expone un ejemplo de la distancia media recorrida y la distancia acumulada por minuto de juego, durante el primer partido analizado.

Figura 4. Ejemplo de la distancia media recorrida y la distancia media acumulada en el primer partido analizado.

Figura 4. Ejemplo de la distancia media recorrida y




Patrón de actividad. El patrón de actividad basado en los tiempos de permanencia para cada una de las categorías establecidas aparece reflejado en el siguiente gráfico (Figura 5). Los jugadores infantiles de fútbol permanecen parados o andando el 24% del tiempo que juegan (4.5±1.9% parado y 19.5±3.6% andando). El 6.1% del tiempo de juego realizan actividades de alta intensidad, bien carrera a intensidad alta (4.8±1.6%), bien a intensidad máxima (1.3±0.7%).

Figura 5. Porcentaje de tiempo a diferentes intensidades durante el juego.

Figura 5. Porcentaje de tiempo a diferentes intensidades durante el juego




Estos resultados indican que la tasa de trabajo o relación trabajo/descanso (work-rest ratio) con respecto al tiempo es de 1:9. En la Figura 6 se muestra la media de la distancia recorrida y el porcentaje con respecto al total para las categorías contempladas en el estudio, durante los 40 minutos de tiempo jugado. Se observa que el jugador realiza un mayor número de metros trotando 1914.8±215.8m (1521.8-2306.9m), equivalente al 48.3±5.4% (40.2-59%) de la distancia total. La distancia recorrida a alta intensidad fue 651.7 m, el 16.3% del total, de los cuales el 11.8±3.8% (3.8-19.5) fueron a velocidad alta, que suponen 471.4±163.2m (148.6-809.6m) y sprintando el 4.5±2.5% (0-8%), equivalentes a 195.4±96.5m (40.4-329m).



Figura 6. Distancia media recorrida y porcentaje medio con respecto a la distancia total recorrida, para las categorías contempladas en el estudio.

Figura 6. Distancia media recorrida y porcentaje medio con respecto a la distancia total




En relación, al perfil de esfuerzos de máxima intensidad en el fútbol infantil, hemos apreciado que los jugadores realizaron un total de 17.1±6.4 sprints (5-27), lo cual indica que se efectúa un esfuerzo de máxima intensidad cada 141±35 segundos (74-192 s). La duración media de un sprint es de 2.4±1.3 s y la distancia recorrida promedio de 13.4±8.3 m. Existe una relación inversa entre el número de sprints realizados y la duración del mismo, es decir, cuanto menor es la duración, mayor es la cantidad de sprints que se efectúan, como se observa en la siguiente figura (Figura 7).



Figura 7. Frecuencia y porcentaje de los sprints con respecto la duración (izquierda). Distancia media y máxima recorrida en los sprints según duración (derecha).

Figura 7. Frecuencia y porcentaje de los sprints con respecto la duración (izquierda)




El 71.6% de los sprints tienen una duración entre 1 y 3 segundos. De estos, el 27.1% es de un segundo (4.6±3.2 veces), con una distancia media de 4.9±0.34 m y 5.5 m de máxima. Asimismo, se efectúan 4.4±2.5 sprints de 2 segundos (25.9%) y 3.2±2 sprints de 3 segundos (18.6%), con una distancia media de 10.6±0.65 m y 11.5 m de distancia máxima para los de 2 segundos y 17.1±1.32 m de media y 18.5 m de máxima. Si comparamos los resultados obtenidos entre los tres partidos analizados se aprecia un menor tiempo a altas intensidades (> 13 km/h) en el partido 3 con respecto al primer y segundo encuentro (p<.01) tanto para el porcentaje de tiempo, como para el porcentaje de la distancia recorrida.

Figura 9. A. Porcentaje de tiempo a diferentes intensidades. B. Porcentaje de la distancia total recorrida a diferentes intensidades.

Figura 9. A. Porcentaje de tiempo a diferentes intensidades



DISCUSIÓN

Los resultados del presente estudio muestran que la distancia media recorrida para 40 minutos de partido fue de 3986.6 ± 170.5 m (3385–4482.8 m). Si consideramos que en estas categorías un partido esta compuesto por dos tiempos de 30 minutos, debemos señalar que la distancia recorrida en los primeros 30 minutos de juego fue de 3012 ! 259 m (2622-3503 m), resultado muy similar a los 3155 ± 191m (2910-3366 m) propuestos por Castagna et al. (2003), a pesar de la diferente metodología empleada. Nuestros resultados indican que la velocidad media durante el juego es de 6 ± 0.3 Km/h (5.1– 6.7 Km/h), valores consistentes con los obtenidos por Castagna et al. (2003), con 5.9 km/h. A la luz de estos resultados, podemos subrayar que el futbolista infantil recorre aproximadamente 100 m por cada minuto de juego, con un rango que oscila entre 85-112 m. Estudios en jugadores adultos comparando las distancias recorridas y las tasas de esfuerzo entre el primer y el segundo tiempo evidenciaron la aparición de fatiga. Castagna et al. (2003), apreciaron un descenso del 5.53% en la distancia recorrida durante el segundo periodo. En esta investigación, a pesar de no haberse jugado un encuentro completo de dos periodos de 30 min, hemos apreciado una disminución significativa de la velocidad a medida que avanzaba el partido. Esta disminución lineal del rendimiento, llegó a alcanzar el 33.2% al comparar los 5 minutos iniciales con los 5 minutos finales partido. El análisis más profundo de esta información podría proporcionar datos para que permitieran justificar en estas edades, el empleo de campos con una dimensión más reducida, la modificación de las reglas permitiendo cambios ilimitados o la práctica de fútbol 7, que quizás serían más adecuados a las características somáticas de estos deportistas. La tasa media de esfuerzo/descanso (work-rest ratio) fue de 1:9, mientras que la relación entre ejercicio de alta y baja intensidad basado en el tiempo es de 1:7 en adultos ((Rienzi, Drust et al. 2000), 1998). Esto tiene implicaciones prácticas de gran importancia para el entrenamiento en estas edades, ya que nos indica cuál sería el patrón que deberían cumplir las actividades que planteemos en nuestros entrenamientos. Capranica et al. (2001) realizaron una clasificación más genérica y en su estudio determinaron que el 38% del tiempo el jugador estaba andando y el 55% corriendo, datos que difieren bastante con respecto a los hallados en este estudio. En nuestro caso, si podemos comparar los resultados obtenidos con los de Castagna et al. (2003), puesto que en ambas investigaciones se utilizó la misma categorización. En este sentido, observamos un mayor porcentaje de la distancia recorrida a altas intensidades (>13 km/h) y menor porcentaje a intensidades bajas (<8 km/h), en relación al estudio de Castagna et al., lo que parece indicar una mayor intensidad en el juego, a pesar de que la velocidad media en ambos estudios fue análoga 5.9 km/h vs 6 km/h. En el fútbol adulto, Reilly y Thomas (1976) informaron que la distancia total recorrida varía entre 8 y 11km, siendo el 25% de la distancia recorrido andando, el 37% trotando, el 20% a una intensidad alta de carrera y el 11% sprintando, mientras que el 7% de la distancia se recorría de espaldas. Ohashi et al. (1988), confirmaron estos resultados indicando que el 70% de la distancia total de recorre a velocidades inferiores a 4 m/s o 14.4 km/h y que el 30% restante se recorría a alta intensidad o sprintando. Estos valores en ningún caso pueden ser comparados con los resultados de nuestro estudio, ya que se trata de metodologías y categorías de desplazamiento distintas, pero si pueden ser una referencia para comprender de qué manera se modifica el patrón de movimientos a medida que el jugador madura y cambia de categoría. Por ello, estudios sobre el análisis del tiempo y los desplazamientos (time-motion analysis) en las diferentes categorías (alevines, benjamines, infantiles, cadetes, juveniles y seniors) serían necesarios para comprender este deporte desde otra dimensión. Seguramente los resultados apoyarían la idea de que el jugador de las categorías inferiores no puede ser considerado como un adulto en pequeño, sino que requiere la aplicación de cargas de entrenamiento específicas y adaptadas a la realidad de su competición. Con respecto al perfil de actividad, hemos valorado que la duración media para los sprints (2.4±1.3 s) es similar a la reportada para jugadores jóvenes y adultos (Castagna et al., 2003; Bansgo et al., 1991; Reilly, 1996), si bien el tiempo medio entre sprints es algo mayor al obtenido en estos trabajos 141±35 segundos vs 118.5 s ±20.5 (Castagna et al., 2003). Para Whiters et al. (1982) los futbolistas adultos realizan una media de 96 sprints con un rango para la distancia que abarca desde 1.5 a 105 m, mientras que Reilly y Thomas (1976) sugieren que el jugador realiza un sprint de aproximadamente 15 m cada 90 segundos. A pesar de que a penas hubo diferencias en los resultados de los tres partidos analizados (CV=5.4%), debemos destacar que cuando el partido fue contra un equipo de más edad y hubo una derrota acentuada, los jugadores recorrieron una distancia menor a alta intensidad (p<.01). En cambio, en el partido en el que hubo más rivalidad y el resultado fue más ajustado (segundo encuentro) los futbolistas recorrieron un mayor número de metros (7.6% y 6.3%), aunque las diferencias no fueron significativas. Por último, y en relación al empleo de los GPS, debemos destacar que los datos obtenidos mediante esta tecnología parecen ser coherentes con los publicados en la literatura (Castagna et al., 2003), y aunque es necesaria una validación sistemática de este sistema de medición, parece ser una metodología bastante efectiva para la cuantificación del rendimiento en un deporte de equipo como el fútbol. En este sentido, nuestra conclusión coincide con lo expuesto recientemente en el estudio de Edgecomb y Norton (2006), quienes afirman que este sistema puede ser utilizado con seguridad para monitorizar la distancia recorrida por los jugadores de la AFL (Liga australiana de Fútbol). En su trabajo, informaron que el error del SPI10 fue del 4.8%, algo menor que el que se apreció con el sistema de seguimiento por ordenador Track Performance (SportsTec, Pty. Ltd., 2004), cuyo porcentaje de error fue del 5.8%.

CONCLUSIONES.

A la luz de los resultados logrados en el presente estudio podemos determinar que el patrón de actividad en el fútbol infantil es de naturaleza intermitente, con una tasa trabajo-descanso de 1:9 y en el que la distancia media recorrida por minuto de juego es aproximadamente de 100 m. No obstante, esta distancia parece variar disminuyendo de forma lineal conforme transcurre el partido, pudiendo ser consecuencia de la fatiga. Los esfuerzos de alta intensidad que se realizan implican el 6.1% del tiempo de juego y el 16.3% de la distancia recorrida, efectuando un sprint máximo de entre 10 y 15 m de media cada 141 segundos.

REFERENCIAS.

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