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Tipo de cliente
19 oct 2016

Principales tipos de clientes con los que solemos trabajar los entrenadores personales

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Por Juan Fco. Marco Satorre, profesor de Alto Rendimiento S.E.F.D

Un entrenador personal es un profesional formado, capacitado y cualificado, para ponerse al servicio del desarrollo y de la mejora de la condición y del aspecto físico, del rendimiento deportivo, de la salud y, en resumidas cuentas, de la calidad de vida de cualquier tipo de persona que requiera de sus servicios.

Por tanto, cualquier persona, ya sea hombre o mujer, joven, adulto o anciano, con un biotipo delgado, obeso o atlético, sano o con unas patologías determinadas, deportista ocasional o de alta competición, etc., puede ser un cliente potencial para un entrenador personal.

Una de las innumerables ventajas que tiene ser entrenador personal es la diversidad de clientes con la que podemos trabajar. Todos ellos, en mayor o en menor cantidad, siempre nos aportan experiencias, ya no en lo referente al mero aspecto social, sino en el más estricto sentido profesional. Cada uno posee unas características individuales que lo hacen diferente al resto de clientes y tiene unas necesidades concretas, por lo que requerirá de unas actuaciones específicas por nuestra parte. Si todos fueran iguales, nuestra profesión, posiblemente, no existiría.

Aquel entrenador personal que afirme que nunca ha tenido ninguna duda a la hora de planificar un programa de entrenamiento a alguno de sus clientes, posiblemente esté muy limitado, como profesional, a muchos niveles (conocimientos, habilidades, competencias…) y lo más probable es que se dedique a “calcar” sesiones.

Nuestra función, además de entrenar a nuestros clientes, consiste en diseñarles y adaptarles el programa de ejercicio físico a sus características y a sus necesidades reales, aconsejarles sobre aspectos que les ayuden a mejorar sus hábitos de vida (alimentación, descanso, terapias…), escucharles y apoyarles en momentos difíciles, etc. Previamente, habremos hecho todo lo que esté al alcance de nuestra mano para conocerlos lo mejor posible, tras haberles realizado una entrevista inicial y una evaluación física y de composición corporal. Seremos, además de su entrenador personal, su psicólogo, su nutricionista, su confidente… Por supuesto, sin traspasar la línea que establece el techo de la propia ética profesional.

En más de 20 años que llevo dedicado al mundo del ejercicio físico, el deporte y la salud, han pasado, por mis manos, cientos de deportistas de ambos sexos, de todos los niveles, edades, condiciones socio-económicas, etc. En este artículo voy a hablaros de algunos de los tipos más habituales que, como entrenadores personales, os vais a encontrar; seguro que más de uno os suena.

El cliente “bonachón”

Éste suele ser hombre, mayor de 40 años y tener sobrepeso. Los problemas de salud le han obligado a dar el paso. Padece de dolores articulares y musculares, especialmente a nivel lumbar y cervical, su musculatura está atrofiada y, en general, tiene poco tono. Sus niveles de colesterol, triglicéridos, azúcar en sangre, etc., suele tenerlos por encima de lo normal. Incluso, puede ser hipertenso. En fin, una serie de patologías a nivel mecánico y fisiológico, que pueden desembocar en problemas de salud más graves.

Bonachon

 

Suele ser una persona muy afable, simpática y divertida, amante del buen comer y del buen beber. Eso sí, hará todo lo posible por ganar tiempo durante la sesión, para descansar más y para trabajar menos… Es el rey de las excusas y, normalmente, se apoya en sus dolores, para dejar de hacer un ejercicio.

Aquí, la psicología, juega un papel muy importante. Su actitud, en ocasiones, pueril, nos obligará a mantener un equilibrio constante entre refuerzos positivos y negativos, intentando no disgustarlo y manteniéndolo alegre y motivado durante toda la sesión.

Las sesiones deben ser full body (cuerpo completo), dinámicas (circuitos e interválicos de baja intensidad, principalmente) y que no duren más de 50 minutos (no está preparado ni física, ni psíquica, ni emocionalmente, para más). Deben incluir ejercicios que no le compliquen, especialmente, la vida. Si el abecedario fuera nuestro arsenal de recursos para trabajar con él, apenas pasaríamos de las 5 primeras letras en los primeros meses.

Y, por supuesto, evitaremos caer en el error de atiborrarlo a trabajo cardiovascular o correremos el riesgo de perderlo como cliente. Leed este artículo, donde expliqué, en su momento, esto que os acabo de comentar: ¿Justificas lo que cobras por sesión?

Debemos ser especialmente empáticos con este tipo de cliente. Procuremos entenderle y ponernos en su piel. Un entrenamiento que, para nosotros, puede ser muy flojo, a este cliente le puede resultar durísimo.

El tema de su alimentación será una lucha constante y, en general, las recomendaciones y los consejos que podamos darle al respecto, caerán en saco roto. Es consciente de que llevar una alimentación sana y equilibrada puede ayudarle a mejorar su salud y, además, mejorar su aspecto físico, pero carece de la fuerza de voluntad para ponerse a hacer cambios en su dieta diaria…

El cliente “padrino”

Estamos ante un cliente, normalmente varón, de casi 60 años de edad o que, incluso, los supera. Simpático, ingenioso y, en ocasiones, buen vividor; podemos aprender mucho de él. Nos dice, constantemente, cosas como “tú podrías ser hijo mío; hazme caso, que tengo mucho vivido”.

Padrino

 

Suele ser activo y gozar de buena salud (quizá tenga un leve sobrepeso), pero quiere mejorar su calidad de vida sometiéndose a programas de entrenamiento diferentes que le hagan sentir (y parecer) más joven.

Se esfuerza bastante y las mejorías son notables, por lo que podremos avanzar mucho más rápido con él y disfrutaremos, tanto él, como nosotros, de sistemas de entrenamiento más avanzados y de ejercicios más complicados. Lógicamente, por la edad, tiene sus limitaciones, pero intentará obviarlas y procurará hacer hasta lo más difícil que se le pueda plantear.

También son recomendables las sesiones full body (cuerpo completo), dinámicas (circuitos e interválicos de intensidad media) y en las que nos podremos alargar hasta los 60 minutos, sin problema.

Si ve que algo no puede hacerlo o que le resulta muy complicado, lo hará, pero intentará negociar con nosotros el número de series y de repeticiones, la carga que le pongamos o el material que vaya a utilizar. La veteranía es un grado…

Le encanta presumir, en sus círculos sociales, de lo bien que se encuentra y de lo fuerte que está. Que no os extrañe si os lo encontráis, alguna vez, en un restaurante haciendo fondos en el suelo… Eso es positivo para nosotros, pues nos vende muy bien y, gracias a él, podemos ampliar nuestra cartera de clientes.

Se deja aconsejar bastante en temas relacionados con la alimentación o con la suplementación natural y eso le ayuda a mejorar tanto su salud, como su apariencia física. Eso sí, sus buenas comidas y/o cenas, cuando sale, que no se las toquen.

Realmente, mejora, prácticamente, con cada sesión y ve que hace cosas que ni siquiera podía imaginar que haría. Es por eso por lo que, en general, está muy motivado e ilusionado. Además, le encanta que le digamos lo bien que está para la edad que tiene y si no se lo decimos, no nos preocupemos, que él nos lo recordará con frases como “para 60 años que tengo, estoy muy bien, ¿verdad?”.

El cliente “súper-exigente”

Aquí me he encontrado con clientes de ambos sexos y de edades comprendidas entre los 30 y los 50 años.

Es muy activo, tiene una salud de hierro y, normalmente, busca mejorar su rendimiento físico para destacar en los deportes que practique, ya sea a nivel amateur o de élite.

exigente

 

Se nota que lleva tiempo entrenando y practicando uno o varios deportes, pues suele tener un buen cuerpo, musculado y con poca grasa. Su condición física, en general, es muy buena.

Busca entrenamientos diferentes que complementen el trabajo de su disciplina deportiva en cuestión y que le haga mejorar su condición física general o, algunas veces, específica (solo fuerza, solo resistencia, solo velocidad…).

No se conforma con poco; quiere entrenar fuerte y quiere hacerlo con un entrenador personal serio, que sepa lo que hace y que le ofrezca alternativas diferentes y eficientes a lo que está acostumbrado.

No debemos caer en el error de entrar en aspectos técnicos de la disciplina que practica, si no estamos formados para ello. Recordad que los entrenadores personales tenemos nuestras competencias y que no debemos pisar el terreno de los técnicos especialistas en cada deporte. Al respecto, podéis leer estos dos artículos que publiqué en su día:

http://altorendimiento.com/tenemos-claro-los-entrenadores-personales-cuales-son-nuestras-competencias/

http://altorendimiento.com/entrenador-personal-complemento-deportista-profesional/

Quizás, a veces, peca de “sabiondo” y nos discute hasta el mínimo detalle, le saca pegas a muchos aspectos del programa de entrenamiento que le hemos diseñado e intenta imponer sus criterios. Cree que, por mucha práctica que lleve encima, sabe más que nosotros. Está claro que vamos a aprender mucho de él a nivel técnico y que la experiencia va a enriquecernos, pero debemos marcarle los límites y no dejar que se nos suba a las barbas. Es posible que por eso cambia tanto de entrenadores…

De Nutrición, Medicina deportiva, terapias alternativas y/o similares, mejor ni le hablemos. Lo ha probado todo y sabe, perfectamente de qué le estamos hablando. Incluso, es posible que ya tenga su nutricionista, su médico deportivo, su osteópata…

En mi experiencia, es el tipo de cliente con el que más he disfrutado a nivel técnico, pues cualquier sistema, cualquier ejercicio, del nivel que sea, es bueno para él y, además, lo hace con un grado de esfuerzo y de atención único. Parece no tener límites y mejora con relativa facilidad. Además, requiere de una mayor exigencia, por nuestra parte, a la hora de diseñarle los planes de entrenamiento, pues debemos investigar más sobre su disciplina deportiva, analizar los movimientos biomecánicos específicos, profundizar más en su psicología, etc.

También he de reconocer que, a nivel social, no suele ser especialmente simpático (hay de todo, lógicamente); va a lo que va y punto.

Es el tipo de cliente que puede poner a prueba los límites de nuestra paciencia y, dependiendo del aguante de cada uno (a medida que cojáis años, os garantizo que aguantaréis menos), nos durará más o menos. Recordad que no somos infalibles y que, ante todo, somos seres humanos.

Lamentablemente, poco me suele durar este tipo de cliente…

La cliente “híper-mega-guay”

Esta mujer, de edad comprendida entre los 30 y los “vaya usted a saber cuántos” (más que nada, porque, a veces, nos miente sobre su edad y nunca sabremos cuál es de verdad), es de un nivel socio-económico alto (es empresaria de éxito, o su marido lo es…) y nos lo suele recordar, constantemente, con comentarios varios (sobre sus viajes, sus coches, su ropa…).

Hiper mega guay

 

Es bien parecida y esbelta, se cuida mucho, especialmente en su alimentación y en lo que al ejercicio físico se refiere. Eso sí, de vez en cuando, suele hacerle alguna visita al cirujano plástico, para pulir imperfecciones…

Lo de tener un entrenador personal es más un imperativo de su clase social que otra cosa.

Le encanta mirarse en el espejo, sobre todo, entre serie y serie, para ver lo bien que está y para comprobar lo bonito que le para el nuevo conjuntito (puede ser un desfile de modelos constante).

Es muy optimista y agradecida; ve resultados donde nadie los ve…

No le gusta esforzarse, así que no nos permite hacer muchas cosas fuera de lo común en su entrenamiento. Una sentadilla con autocarga será muy dura para ella, hoy y dentro de 10 años.

Se queja de estar sometida a un gran estrés en su trabajo o en su vida social, por eso quiere entrenar, pero sin que le exijamos demasiado.

A veces nos indicará qué preferencias tiene respecto al objetivo a entrenar durante los próximos días (tríceps braquial, glúteos, rectos del abdomen…). Todo irá en función del evento social al que vaya a asistir en breve y de qué partes de su cuerpo mostrará, dependiendo del vestido que se ponga. Por esa razón, entre otras, los objetivos que le marquemos podrán variar según las nuevas tendencias en moda…

Eso sí, suele ser muy simpática y picarona (en el buen sentido de la palabra) y pasaremos muy buenos ratos con ella durante la sesión. A veces puede salirle un genio un poco difícil de entender…

Si la cosa marcha bien, tendremos cliente para años.

Imágenes

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http://www.prevention.com/sites/prevention.com/files/styles/article_main_image_2200px/public/seatedrow.jpg?itok=lXb-WeTC

http://1www.ecestaticos.com/image/clipping/992/558/ec143951234d219ab076313ff17ac4d7/fitness-con-cabeza-adelgaza-mas-el-running-o-levantar-peso.jpg

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