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5 Abr 2012

Práctica deportiva en universitarios y salud mental

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Introducción. La investigación científica sobre los efectos de la práctica deportiva se ha centrado, principalmente, en las repercusiones fisiológicas (De Gracia y Marcó, 2000). No obstante, actualmente el interés también se ha extendido a la salud mental (Jiménez et al. 2008). Así, Souto y Fariña (2009) encontraron que la actividad física controlada propiciaba mejor salud física, psicológica y cognitiva. Sin embargo, existe poca investigación acerca de los efectos de la práctica deportiva sobre la salud mental de personas jóvenes. En este trabajo se estudia, en una muestra de universitarios, si la práctica deportiva media en la salud mental.

Autor(es):Fariña, Francisca; Souto, Antonio; García, Pablo
Entidades(es):Departamento Análisis e Intervención Psicosocioeducativa. Universidade de Vigo; Departamento de Fisioterapia. Universidad de A Coruña.
Congreso: VII congreso de la asociación internacional de escuelas superiores de educación física (AIESEP)
Úbeda A Coruña, 26-29 de Octubre de 2010
ISBN: 9788461499465
Palabras claves: Deporte, salud mental, universitarios

Práctica deportiva en universitarios y salud mental

Resumen

Introducción. La investigación científica sobre los efectos de la práctica deportiva se ha centrado, principalmente, en las repercusiones fisiológicas (De Gracia y Marcó, 2000). No obstante, actualmente el interés también se ha extendido a la salud mental (Jiménez et al. 2008). Así, Souto y Fariña (2009) encontraron que la actividad física controlada propiciaba mejor salud física, psicológica y cognitiva. Sin embargo, existe poca investigación acerca de los efectos de la práctica deportiva sobre la salud mental de personas jóvenes. En este trabajo se estudia, en una muestra de universitarios, si la práctica deportiva media en la salud mental.

Método. Participaron voluntariamente 164 estudiantes universitarios (101 que practican deporte y 63 que no). Cumplimentaron un cuestionario ad hoc, en el que se preguntaban acerca de la actividad deportiva que realizaban, así como la escala de salud mental SCL-90-R (Derogatis, 2002). Resultados. No existen diferencias significativas entre la salud mental de universitarios que practican deporte y aquellos que no lo practican.

Conclusión. No se puede establecer una relación directa entre la práctica deportiva y la salud mental. Esto es, son factores independientes. Sin embargo, estamos obligados a ser muy cautos con la generalización de esta conclusión, porque variables mediadoras pueden estar amortiguando los efectos.

INTRODUCCIÓN

En las Directrices de actividad física de la Unión Europea (UE), elaboradas por el Grupo de Trabajo “Deporte y Salud”, en su reunión del 25 de septiembre de 2008, y confirmadas por los Ministros de los Estados Miembros de la UE en su reunión de Biarritz de 27-28 de noviembre de 2008, se señala que “hay una fuerte relación mutua entre la actividad física y la salud” (CSD, 2010, p. 21). Del mismo modo, se encuentra bien establecido que la práctica deportiva es un potenciador del bienestar físico y psicológico y en definitiva del estado de salud (p.e., Berger, 1996; Berger y Mcinman, 1993; Jürgens, 2006; López-Cózar y Rebollo, 2002; Martínez-Vizcaíno y Lozano, 1998; Pak-Kwong, 1995). En este sentido, la comunidad científica ha consensuado a su vez la relación entre bienestar y salud.

Para una aproximación, sírvanos la definición que sobre salud se puede apreciar en la Constitución de la Organización Mundial de la Salud (OMS, 1946), como “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. La OMS (2010), ha publicado las Global Recommendations on Physical Activity for Health, en donde insta a que todas las personas entre 18 y 64 años deberían de realizar, como mínimo, 150 minutos semanales de actividad física aeróbica de intensidad moderada, o bien 75 minutos de actividad física aeróbica vigorosa cada semana, o bien una combinación equivalente de ambas.

En un primer momento, la investigación sobre los efectos de la práctica deportiva se focalizó en las consecuencias que esta tenía a nivel fisiológico (Gracía y Marcó, 2000), aunque actualmente el interés también se ha extendido a la salud física y psicológica (Dishman, 1994; Jiménez, Martínez, Miró y Sánchez, 2008). La literatura es profusa en establecer que la actividad física regular y controlada conlleva, independientemente de la edad de las personas, beneficios para la salud física y psicológica (v.gr. Biddle y Mutrie, 2001; Guillen, Castro y Guillen, 1997; Perri y Templer, 1985; Souto y Fariña, 2009, 2010), así como la salud mental (Weyerer y Kufer, 1994).

En cuanto a esto último, podemos concretar que algunos estudios han encontrado que reduce la depresión (Lawlor y Hopker, 2001; McDonald y Hodgdon, 1991); disminuye la reactividad al estrés y mejora el afrontamiento del mismo (Crews y Landers, 1987; Holmes, 1993), rebajando los niveles de ansiedad (Akandere y Tekin, 2005; Berger y Owen, 1983; Garnier y Waysfeld., 1995; Petruzzello, Landers, Hatifield, Kubitz y Salazar, 1991). Si bien, debemos precisar que la mayoría de los trabajos que siguen esta línea de investigación utilizan como población de estudio a personas mayores. Por ello, el presente trabajo se centra en población universitaria con el objetivo de establecer si la práctica de actividad física y deportiva media en su salud mental.

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METODOLOGÍA

Participantes

En el estudio han participado 164 personas matriculadas en las universidades gallegas en las siguientes titulaciones: magisterio, psicología y fisioterapia (101 que practican deporte y 63 no realizan ningún tipo de deporte; el 32,3% varones, de los cuales el 88,7% practica deporte, y el 67,7% mujeres de las que el 48,6% practica deporte).

Instrumentos

Los participantes cumplimentaron de forma voluntaria, un cuestionario ad hoc, en el que se preguntaba, además de datos de identificación, cuestiones relacionadas sobre la actividad deportiva que realizaban, entre ellas el tiempo que dedicaban semanalmente a la práctica de actividad física y deportiva. Para la medida de la psicopatología recurrimos a la Lista de Comprobación de Síntomas 90-R/Symptom Check List 90-R (SCL-90-R) de Derogatis (1977, 2002). El SCL-90-R fue desarrollado para evaluar patrones de síntomas presentes en el individuo, y consta de 90 ítems en los que el sujeto informa de sus síntomas psicológicos, psiquiátricos y somáticos. La escala de respuestas es de cinco puntos: “nada” (0), “un poco” (1), “moderadamente” (2), “bastante” (3) y “muchísimo” (4). Este instrumento evalúa 9 dimensiones primarias:

• Somatización. Evalúa la presencia de malestar que la persona percibe relacionado con diferentes disfunciones corporales

• Obsesivo-compulsivo. Se focaliza en pensamientos, impulsos y acciones que son experimentados como imposibles de evitar o no deseados.

• Sensibilidad interpersonal. Detecta la presencia de sentimientos de inferioridad e inadecuación sobre todo cuando la persona se compara con los otros, hipersensibilidad a las opiniones y actitudes ajenas y, en general, incomodidad e inhibición en las relaciones interpersonales.

• Depresión. Se centra en la presencia de signos y síntomas clínicos propios de los trastornos depresivos

• Ansiedad. Evalúa las manifestaciones clínicas de la ansiedad, tanto en la generalizada como aguda así como signos generales de tensión emocional y sus manifestaciones psicosomáticas.

• Hostilidad. Aluden a pensamientos, sentimientos y conductas propios de estados de agresividad, ira, irritabilidad, rabia y resentimiento.

• Ansiedad fóbica. Mide respuestas persistentes de miedo irracional y desproporcionado en cuanto al estímulo que lo provoca.

• Ideación paranoide. Evalúa comportamientos paranoides.

• Psicoticismo. Mide estados de soledad, estilo de vida esquizoide, alucinaciones y control de pensamiento.

RESULTADOS

En relación al primero de los objetivos de este trabajo, se desprende que la mayoría de jóvenes universitarios de este estudio (62%) realizan una actividad física considerada como saludable. No obstante, resulta necesario señalar que estos valores difieren sustancialmente en función de la variable género. En este sentido, mientras el 89% de los varones si afirman practicar los niveles de actividad física considerados como saludables, únicamente el 49% de las mujeres informa de lo mismo. Estos resultados concuerdan con lo establecido por otros estudios en cuanto a práctica deportiva y estereotipos de género (Chillón, Tercedor, Delgado, González-Gross, 2002: Fariña y Souto, 2009a). En este sentido, Zagalaz (2006) refiere que únicamente el 16% de las mujeres europeas declaran practicar algún deporte o ejercicio, frente al 30% de los varones.

En cuanto a la relación entre salud mental en función de la práctica o no de actividad física saludable, y contrariamente a lo establecido por la literatura, no se han encontrado diferencias significativas en ninguna de las dimensiones de salud mental que mide el Check List SCL-90-R (tabla y figura 1). Tabla 1. ANOVAs de percepción del dolor y bienestar psicológico para el factor práctica deportiva.

Tabla 1. Práctica deportiva en universitarios y salud mental

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 16

 

Figura 1. Comparación medias salud mental

Figura 1. Práctica deportiva en universitarios y salud mental

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 16

 

DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES

Antes de extraer conclusiones de forma categórica, sería necesario detenerse a analizar las limitaciones del presente estudio y que, al menos parcialmente, no han permitido obtener los resultados obtenidos por otros autores Weyerer y Kufer, 1994 (Lawlor y Hopker, 2001; McDonald y Hodgdon, 1991); Crews y Landers, 1987; Holmes, 1993), (Akandere y Tekin, 2005; Berger y Owen, 1983; Garnier y Waysfeld., 1995; Petruzzello, Landers, Hatifield, Kubitz y Salazar, 1991).

Aunque en este estudio no se ha hallado que la práctica de actividad física y deportiva conduzca a mayor salubridad mental, debemos considerar que estos resultados, tal y como señalamos en un estudio con los mismos participantes (Souto, Fariña y García, 2010), podrían encontrarse afectados por el diseño transversal de la investigación, lo que sumado al tipo de población estudiada, puede conllevar a que el efecto protector y/o potenciador que se le atribuye a la práctica deportiva todavía no se haya manifestado y, de haberlo hecho, no de manera suficiente para obtener resultados estadísticamente significativos.

De esta manera, coincidimos con Mutrie y Faulkner, (2004) y Jiménez et al., (2008) en que la actividad física no sólo proporciona beneficios a nivel individual, sino que también lo hace a nivel social, asumiendo que una comunidad es más sana si internaliza como norma social la actividad física, lo que le permite contar con mayor capital humano. Igualmente, podemos motivar, dentro del beneficio social, el ahorro que supone en gasto sanitario y social, puesto que incrementa la salud y el bienestar de la población (Souto y Fariña, 2009).

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