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11 Feb 2026

¿Correr descalzo me ayudará a evitar lesiones?

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Hemos nacido para correr descalzos. Ese es el rumor de estos días, estimulado en parte por el bestseller de 2009 de Christopher McDougall, Nacidos para correr, y por el argumento del antropólogo de Harvard Daniel Lieberman de que las carreras de distancia moldearon la evolución del cuerpo humano. Ahora empiezan a surgir estudios biomecánicos que -según algunos- ofrecen por fin pruebas científicas de que sería mejor que te deshicieras de tu calzado o corrieras con zapatillas “minimalistas” que hacen poco más que proteger tus suelas. Pero estos estudios deben interpretarse con precaución.

La cuestión de si las zapatillas de correr modernas aumentan o disminuyen las lesiones sigue rodeada de incertidumbre. En un artículo publicado en 2009 en el British Journal of Sports Medicine, el investigador australiano sobre calzado Craig Richards afirmaba que ningún estudio ha conseguido demostrar que las zapatillas de correr modernas reduzcan las lesiones. “Los investigadores y fabricantes de zapatillas intentarán embaucarte con los resultados de cientos de estudios biomecánicos”, afirma. Pero estos estudios simplemente demuestran que las zapatillas modifican las fuerzas que actúan sobre tus pies, y nadie sabe con certeza cómo se relacionan esas fuerzas con las tasas de lesiones.

En 2010, Lieberman publicó en la revista Nature los resultados de un estudio sobre corredores estadounidenses y keniatas. Sus dos conclusiones principales fueron, en primer lugar, que los corredores descalzos tienen más probabilidades de aterrizar sobre la parte media o delantera del pie, mientras que los corredores calzados aterrizan generalmente sobre el talón; en segundo lugar, que el pico de fuerza vertical en el impacto es tres veces mayor con calzado que descalzo.

Los periodistas lo tomaron como una prueba de que correr descalzo es “mejor”, pero en realidad se trata precisamente del tipo de estudio biomecánico que Richards había tachado de inútil, porque no dice nada sobre las tasas de lesiones.

Otro estudio, éste de Casey Kerrigan y sus colegas de la Universidad de Virginia, saltó aún más a los titulares a principios de 2010 con la afirmación de que las zapatillas de correr son peores para los pies que los tacones altos. Lo que este estudio descubrió en realidad fue que las zapatillas de correr crean una mayor torsión en las articulaciones de la cadera y la rodilla que correr descalzo. A continuación, compararon estos resultados con un estudio anterior sobre la marcha con zapatos de tacón alto e hicieron una comparación muy dudosa entre ambos.

No hay duda de que la forma de pensar sobre el calzado ha evolucionado en la última década. Por ejemplo, la amortiguación de felpa ya no se considera la defensa definitiva contra las lesiones. “Me gustaría que las empresas de running dejaran de parlotear sobre el ‘gel’ y el ‘aire’, etc.”, dice Simon Bartold, un investigador australiano de calzado que asesora a Asics, fabricante de calzado deportivo. Las nuevas zapatillas reflejan este pensamiento, afirma: Nike ha introducido la Free, por ejemplo, y Asics ha abandonado discretamente el concepto de “control del movimiento”. Pero no hay pruebas de que los corredores de todas las formas y tallas se beneficien simplemente de renunciar a las zapatillas. Por supuesto, Bartold trabaja para Asics, así que no podemos fiarnos de él, ¿verdad? Bueno, el estudio de Lieberman fue financiado por Vibram, que fabrica las FiveFinger que simulan el andar descalzo. Y Kerrigan y Richards han fundado sus propias empresas de calzado minimalista.

No se trata de que los nuevos estudios sobre correr descalzo sean malos. Al contrario, ofrecen información valiosa sobre cómo corremos, y de hecho sugieren que los corredores propensos a las lesiones podrían beneficiarse de una experimentación prudente con el correr descalzo (o casi descalzo). Eso podría implicar trotar descalzo sobre hierba durante cinco minutos, un par de veces a la semana, e ir aumentando a partir de ahí. Pero si exigimos a los defensores del correr descalzo el mismo nivel de “pruebas” que exigimos a las empresas de calzado, seamos claros: por ahora no se ha demostrado ninguna relación entre el correr descalzo y la reducción de las lesiones al correr. (En cambio, los efectos negativos de pisar algo afilado están muy bien demostrados).

D. C. Kerrigan et al.,

“The effect of running shoes on lower extremity joint torques,” PM&R, 2009, 1(12), 1058–1063.

Daniel Lieberman et al., “Foot strike patterns and collision forces in habitually barefoot versus shod runners,” Nature, 2010, 463, 531–535. Craig Richards et al., “Is your prescription of distance running shoes evidence-based?” British Journal of Sports Medicine, 2009, 43(3), 159– 162