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6 Feb 2026

¿La motivación para hacer ejercicio es genética?

Cuando Atlas Sports Genetics, con sede en Colorado, empezó a ofrecer su prueba “SportsGene” en 2008, padres entusiastas se apresuraron a descubrir el destino atlético de sus hijos. “Los resultados nos han ayudado enormemente”, escribió una madre de Texas en un testimonio. “Hemos cambiado sus actividades extraescolares para que estén más en consonancia con los resultados del test”. Atlas ofrece una prueba de 169 $ del gen ACTN3, que, según un estudio australiano de 2003, puede indicar si eres más adecuado para los deportes de resistencia, los de velocidad y potencia, o una mezcla de ambos.

Independientemente de que la prueba proporcione o no información útil -cosa que aún está muy por debatir-, probablemente no deberías elegir cómo pasa tiempo de juego tu hijo de dos años basándote en sueños de futura gloria atlética. Pero es imposible negar que tus genes desempeñan un papel en tu destino atlético.

Según un estudio de 2006 sobre más de 85.000 gemelos de siete países, alrededor del 62% de la variación en la participación en el ejercicio parece ser hereditaria.

Esto podría deberse a rasgos de personalidad hereditarios -las personas autodisciplinadas tienden a hacer más ejercicio, mientras que las ansiosas o depresivas lo hacen menos- o a diferencias fisiológicas, como la producción de dopamina que produce bienestar tras el ejercicio vigoroso. La tendencia genética a perder peso o a ganar músculo también podría hacer que algunas personas fueran más propensas a hacer ejercicio que otras.

Todo esto sugiere una cierta inevitabilidad: o has nacido para hacer ejercicio o no. Pero en los años transcurridos desde aquel estudio, ha ocurrido algo interesante: la búsqueda del “gen del ejercicio” ha encallado. Varios estudios han analizado el ADN de miles de personas, buscando las secuencias que predicen la conducta de ejercicio, y no han encontrado una, sino muchas. Un estudio de 2009 sobre 2.600 adultos holandeses y estadounidenses halló 37 regiones de ADN diferentes vinculadas al ejercicio, y estas regiones eran totalmente distintas de las docenas de regiones identificadas en estudios anteriores. En otras palabras, no existe un gen del ejercicio: hay cientos de genes diferentes que se combinan para influir en todos los aspectos de nuestro comportamiento. Nadie tiene todos los genes “buenos”, pero tampoco todos los “malos”. Así pues, aunque tengas dificultades, por ejemplo, para perder peso, es probable que seas idóneo para algunos de los demás beneficios mentales y físicos del ejercicio.

La idea de que el destino de tu ejercicio está predeterminado recibió otro golpe de un estudio de 2009 que examinó los vínculos entre la forma física y la inteligencia en 1,2 millones de hombres suecos que se alistaron para el servicio militar entre 1950 y 1976. Entre estos hombres había 6.294 gemelos, lo que permitió a los investigadores separar los efectos de la naturaleza de los de la crianza. Descubrieron que los que aumentaron su forma física cardiovascular entre los 15 y los 18 años, una época en la que el cerebro se desarrolla rápidamente, obtuvieron mejores resultados en las pruebas cognitivas y alcanzaron mayores logros educativos en etapas posteriores de su vida. Y lo que es más importante, más del 80% de las diferencias entre los sujetos se explicaban por factores ambientales, mientras que menos del 15% podían atribuirse a factores genéticos, lo que ilustra claramente que, aunque los genes pueden afectar a la respuesta de nuestro cuerpo al ejercicio, la decisión de hacer o no ejercicio sigue estando en manos de cada uno de nosotros. Así que si has estado culpando a tu ADN cuando aflojas con tu rutina de ejercicio, ¡tendrás que encontrar una nueva excusa!

Maria Åberg et al., “Cardiovascular fitness is associated with cognition in young adulthood,” PNAS, 2009, 106(49), 20906–20911.

Marleen de Moor et al., “Genome-wide association study of exercise behavior in Dutch and American adults,” Medicine & Science in Sports & Exercise, 2009, published online ahead of print.

J. H. Stubbe et al., “Genetic influences on exercise participation: A Comparative study in adult twin samples from seven countries,” PLoS One, 2006, 1(1).