LAS CABALLERIZAS REALES DE CÓRDOBA
ISBN: 978-84-932538-8-2
Editorial: JUAN CARLOS ALTAMIRANO MACARRÓ
Sinopsis: El descubrimiento de América en 1492, que coincidió con la expulsión de los musulmanes del territorio español con la toma de Granada, posibilitó que la corona española formara uno de los mayores imperios de la historia. Con los Reyes Católicos se unificó el territorio nacional tras siglos de guerras y se construyeron los cimientos de un naciente Imperio. Su nieto, el emperador Carlos V, consiguió estructurarlo durante la primera mitad del siglo XVI favoreciendo que el potencial económico, que representó la anexión de los territorios de ultramar, ayudaran a la corona española a asentar su poderío en el mundo en los siglos venideros.
La paz que reinó en España durante este siglo junto a la riqueza procedente de América permitió que años más tarde, su hijo Felipe II pudiera dar rienda suelta a la que, posiblemente, era su mayor afición: los caballos, creando para sí y para el mundo el pura raza español. Es por tanto este un caballo nacido por deseo real, como consecuencia de los cruces de caballos y yeguas realizados en la ciudad de Córdoba con tal fin, a partir del año 1567.
Aunque durante siglos se ha venido defendiendo que era un producto de la evolución natural de la especie equina adaptada al medio geográfico andaluz, es en realidad la culminación de un macroproyecto genético, económico, social y sobre todo cultural, con el que se obtuvo el animal noble y bello que conocemos. Es por tanto una raza de caballos prefabricada y conseguida en la segunda mitad del siglo XVI, por lo que su creación dependió de factores de carácter social y en su modelación y conservación han intervenido decisivamente los de carácter cultural. El pueblo andaluz ha ido construyendo a lo largo del tiempo unas señas de identidad que han conformado el documento tangible de su historia. Su peculiar forma de ser y de sentir la vida hizo posible que se trasladara a este caballo andaluz parte de su idiosincrasia haciéndose merecedor de formar parte del patrimonio cultural español.
El cambio sufrido por la nobleza medieval -guerrera- a la renacentista -palaciega-, en este periodo histórico, caracterizó a esta última como una sociedad ociosa dada a fiestas y espectáculos. Sin embargo, las recomendaciones médicas para hacer ejercicios como medio de mantener la salud terminarían con el letargo de la nobleza. Los médicos aconsejaron la realización de las actividades que, durante el período medieval, habían sido las habituales de los nobles en la guerra. Se consideraba que dichas actividades, al haber entrado a forma parte de la naturaleza de este grupo, no podrían dejar de realizarse pues, su ausencia provocaría la aparición de enfermedades. Estos ejercicios incidieron directamente en la creación de numerosos juegos ecuestres, torneos y favoreció el perfeccionamiento de la equitación; estas distracciones conseguían que los nobles no sólo se mantuvieran diestros en el arte de la guerra sino que preservaban su salud. Por ello el rey las promovió creando picaderos donde la corona y los nobles pudieron realizar ejercicios de equitación de la recién creada Alta Escuela.
Para llevar a cabo los ejercicios de este nuevo sistema de doma iniciado en Nápoles por Federico Grisón, Felipe II decidió crear un caballo que fuera capaz de realizar estos aires con la belleza y la perfección requerida. El caballo existente en ese momento no reunía tales características al ser pesado y carente de las cualidades necesarias, por haber sido seleccionado sin fines estéticos y con el único objetivo de conseguir un medio de locomoción.
Lo que un principio fue un simple deseo real, de carácter social y médico, terminó siendo, tras crear en la ciudad de Córdoba al caballo español, uno de los más grandes y queridos proyectos de Felipe II. El pura raza español se convirtió en el símbolo del Imperio donde nunca se ponía el sol”. Resulta llamativo que el proyecto menos conocido durante siglos de este rey, el caballo español, sea hoy su obra más difundida internacionalmente.
Este libro consta de 160 páginas de 24,5 x 30 cm. Papel estucado brillo de 150 gr. con 80 fotografías, 8 reproducciones de los cuadros de caballos más importantes del mundo y los dos documentos más importantes del caballo español. Cubierta de curpiel grabada en oro y sobrecubierta con fotografía en color plastificada con título estampado en oro. ”