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26 Sep 2011

Analisis de la frecuencia y niveles de intensidad en la actividad física realizada por adolescentes mediante acelerometría

El siguiente estudio pretende presentar los resultados obtenidos de la aplicación de la acelerometría como una de las técnicas más fiables de las existentes para registrar y almacenar la cantidad y los niveles de actividad física realizada por los adolescentes.

Autor(es): Roberto Ojeda García, C. Miriam Navarro Hernández
ISBN: 978-84-614-9945-8
Congreso: VII Congreso Nacional De Ciencias Del Deporte y la Educación Física
Pontevedra: 5 – 7 de Mayo del 2011

 

RESUMEN COMUNICACIÓN/PÓSTER

El siguiente estudio pretende presentar los resultados obtenidos de la aplicación de la acelerometría como una de las técnicas más fiables de las existentes para registrar y almacenar la cantidad y los niveles de actividad física realizada por los adolescentes.

Hicimos un seguimiento a 88 adolescentes de la isla de Gran Canaria con edades comprendidas entre 12 y 14 años que cursaban estudios de 1º y 2º de la E.S.O. 24 de estos alumnos asistieron dos horas a la semana a un programa extracurricular de actividad física. A los sujetos se les colocó el acelerómetro durante una semana completa (7 días), en tres diferentes momentos entre los meses de Noviembre y Mayo del curso escolar 2008-2009. Gracias a este estudio, hemos podido constatar que en los adolescentes canarios, aún reconociendo que hacen Actividad Física (51%), la intensidad de las actividades físicas que practican es muy baja a lo largo de la semana según recomendaciones. Además, hemos comprobado que el alumnado que realiza actividad física fuera del horario escolar aumenta significativamente el nivel de actividad moderada desarrollada, además de presentar un consumo calórico mayor.

 Al término de este estudio pudimos ratificar el acelerómetro como un instrumento útil  y eficaz en el registro de la cantidad de Actividad física realizada y principalmente en  los niveles de intensidad empleados en la misma.

Palabras clave: Actividad Física,  Acelerómetro, Adolescentes.

ESTUDIO DE LOS NIVELES DE ACTIVIDAD FÍSICA EN ADOLESCENTES A TRAVÉS DE LA ACELEROMETRÍA

INTRODUCCIÓN

La inactividad, el sedentarismo, y los malos hábitos alimenticios derivan en diferentes problemas y enfermedades como obesidad, diabetes o problemas cardiovasculares. Estos efectos adversos están reconocidos y relacionados en que la inactividad física durante los primeros años de vida, actúa como un importante factor determinante en el incremento de los niveles de obesidad y de otros trastornos médicos graves que se observan en niños, niñas y adolescentes.

Si analizamos la cantidad de actividad física (AF en adelante) que realizan nuestros jóvenes, se traduce en preocupante el nivel de sedentarismo que se observa actualmente en la adolescencia y su progresivo incremento entre los 12 y los 16 años, con un efecto especialmente acentuado en la población femenina. En el estudio de la conducta sobre salud de los niños y niñas en edad escolar 2001/2002 (Health Behaviour in School-Aged Children) realizada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), se observó que el porcentaje de los españoles que cumplía las recomendaciones (los niños, niñas y adolescentes deben realizar al menos 60 minutos de AF de intensidad moderada a vigorosa todos o la mayoría de los días de la semana, y al menos dos días a la semana), teniendo que incluir esa dinámica, ejercicios para mejorar la salud ósea, la fuerza muscular y la flexibilidad (Cavill, Biddle, Sallis, 2001), se limitaba a un 40,5% (chicos) y del 27,0% (chicas) de 11 años; del 39,7% (chicos) y del 28,6% (chicas) de 13 años, y del 38,2% (chicos) y del 22,7% (chicas) de 15 años. Dichos resultados confirman la baja participación y las marcadas diferencias de género en materia de actividad física con carácter global y extrapolables a nuestro país.

La naturaleza de las actividades de ocupación del tiempo de ocio de niños y niñas ha cambiado drásticamente en los últimos años. En la sociedad actual, donde los avances en medios de transporte (transporte público, escaleras mecánicas) y los cambios en las formas de relacionarse y ocupar el tiempo libre (internet, videojuegos, etc.), han sustituido anteriores prácticas que conllevaban actividad física (jugar en la calle, desplazarse caminando, etc.), resultando inevitable que el sedentarismo sea un rasgo social característico y predominante en nuestra sociedad.

La actividad Física. Conceptualización

Si pretendemos realizar un análisis correcto del objeto de estudio, conviene delimitar qué entendemos por actividad física. Existen diferentes términos para expresar que somos físicamente activos. Caspersen, Powell y Christensen (1985) diferencian entre actividad física (AF) y ejercicio físico. Según estos autores la primera está basada en cualquier movimiento corporal producido por los músculos esqueléticos y que produce un gasto de energía superior al metabolismo basal. Otros autores como Newell (1990) añaden a esta definición el concepto de intencionalidad, excluyendo de la misma aquellos movimientos no intencionados como por ejemplo, los movimientos reflejos. Devís (2000) por su parte nos amplia la definición de AF a través de una concepción tridimensional, además de la dimensión biológica (movimiento corporal intencionado realizado por los músculos esqueléticos y que provoca un gasto de energía), incorpora una dimensión personal y sociocultural.

Por otro lado, tenemos el término ejercicio físico, que en los últimos años ha sido considerado como una subcategoría de la actividad física y se define como una actividad física planeada, estructurada y repetitiva, cuyo objetivo es mejorar o mantener la forma física (Caspersen et al., 1985).

El último término que destacaremos es el de deporte, que García-Ferrando (1990) define como toda actividad física gobernada por reglas institucionalizadas, estructurada y de naturaleza competitiva. Tomando como punto de partida, éstas y otras definiciones previas, Hernández Moreno (1994) resaltó las características esenciales del deporte, a partir de las cuales lo definió como “es una situación motriz de competición reglada e institucionalizada”.

En definitiva, el concepto de actividad física engloba en determinadas acepciones,  tanto al ejercicio físico como al deporte para estos autores. Coloquialmente, estos tres conceptos se usan de manera indiferente cuando se está hablando de AF en términos generales, sin embargo, cuando se tiene por objetivo analizar específicamente los efectos de cada uno de estos tipos de actividad física entonces se recurre al término específico (Balaguer y Castillo, 2002). En los últimos años, cuando se estudia la AF se tienen en cuenta sus dimensiones básicas, que atienden al acrónimo inglés “FITT” (Sallis y Owen, 1999): frecuencia (“frequency”), intensidad (“intensity”), duración (“time”) y tipo (“type”). La frecuencia se entiende como el número de veces a la semana que una persona realiza AF, la intensidad es el esfuerzo, la duración consiste en el tiempo de cada sesión y el tipo de actividad se refiere a las diferentes clases de actividades físicas existentes. Estas dimensiones que caracterizan la actividad física son las principales variables de la actividad física utilizadas en las investigaciones actuales (American College of Sports Medicine, 1991; Balaguer y Castillo, 2002). Las recomendaciones sobre actividad física suelen ser emitidas teniendo en cuenta estas dimensiones, debido a que cada una puede producir diferentes consecuencias en la salud.

A la hora de referirnos a los niveles de intensidad, también debemos realizar cierta conceptualización, ya que a lo largo de este estudio utilizaremos los conceptos de intensidad leve (light), moderada (moderate),  dura o vigorosa (hard o vigorous) y muy dura o muy vigorosa (very hard o very vigorous). Estos conceptos podemos definirlos como:

  • Actividad Leve: caminar, levantarnos de la silla… Movimientos naturales, sencillos, que no requieren mucho esfuerzo.
  • Actividad Moderada: carrera normal, ejercicios de fuerza moderada (transporte de compañeros…)…
  • Actividad Dura o muy dura, o vigorosa o muy vigorosa: desplazamientos cortos pero intensos (huída del captor en el juego motor de la cogida), ejercicios de gran fuerza muscular (tener que intentar desplazar a un compañero que se opone a tu movimiento), tareas con esfuerzos cardíacos prolongados (jugar un partido de fútbol, baloncesto…, interviniendo activamente).

En la siguiente tabla, podemos observar un ejemplo de cómo esta terminología es usada para clasificar las actividades físicas realizadas en función de la intensidad.

Recomendaciones sobre actividad física en los Jóvenes.

Afirmamos con los resultados de estudios de referencia argumentados anteriormente, la ingente necesidad de aumentar los tiempos de práctica de actividad física de nuestros jóvenes, pero ¿cuánta AF necesitan nuestros jóvenes realizar a diario?, ¿a qué intensidad?. Estas son las preguntas de referencia que muchos estudios se han propuesto contestar por muchos grupos de investigación.

Un estudio sistemático sobre literatura de la AF analizó de 850 artículos (Janssen & LeBlanc, 2010). En la mayoría de los estudios de intervención, se utilizaron programas supervisados de AF moderada a vigorosa de 30 a 45 minutos de duración con una frecuencia de entre 3 y 5 días a la semana. Una de las principales conclusiones fue que sería necesaria una gran cantidad de AF para conseguir efectos similares en la salud y cambios en la conducta en circunstancias diarias con carácter regular. De esta manera  concluyeron que incrementar el nivel habitual de AF moderada a vigorosa en nuestros jóvenes, es una estrategia de promoción de la salud y prevención de enfermedades. Los jóvenes sedentarios deberían progresar gradualmente con el fin de alcanzar estas recomendaciones de AF.

El American College of Sports Medicine Position Stand (1998), propone recomendaciones específicas para Entrenamiento cardiorespiratorio y de composición corporal por un lado, y por otro el entrenamiento de Fuerza  Resistencia y muscular, Composición corporal y flexibilidad. De esta manera, propone:

  • Entrenamiento cardiorespiratorio y composición corporal
  • Frecuencia:: 3–5 días a la semana.
  • Intensidad: 55/65%–90% de la frecuencia cardiaca máxima (FCmax)
  • Duración: 20–60 min de actividad aeróbica continua o intermitente (un mínimo de 10-minutos acumulados a lo largo del día). La duración depende de la intensidad de la actividad; De modo que una actividad de intensidad más baja deberá mantenerse durante un periodo de tiempo (30 minutos o más), y a la inversa,  los sujetos que realicen actividad a intensidades más altas, deberán practicar al menos 20 minutos.
  • Tipo: Cualquier actividad que uso grandes grupos musculares y que se pueda realizar de manera continua, y que sea de naturaleza rítmica y aeróbica, como por ejemplo, caminar, carrera continua, ciclismo, esquí de fondo, aerobic, etc.
  • Entrenamiento de Fuerza, Resistencia y muscular. Composición corporal y flexibilidad.
  • Entrenamiento de Resistencia: El Entrenamiento de Resistencia debe formar parte de los programas de Entrenamiento para adultos con la suficiente intensidad para ganar fuerza muscular y fuerza resistencia. De manera general, se deberán realizar de 8 a 12 repeticiones de cada ejercicio, si bien para personas mayores de 50 años, es más apropiado un rango de repeticiones de entre 10 y 15.
  • Entrenamiento  de Flexibilidad: Los ejercicios de flexibilidad (utilizando tanto técnicas estáticas como dinámicas) es deben incorporarse  a los programas de entrenamiento globales para mantener el rango de movimiento. Estos ejercicios deben estirar los mayores grupos musculares y al menos 2 o 3 veces a la semana.

Por otro lado, la Guía canadiense de Actividad Física para niños y jóvenes (Canada’s physical activity guidelines for children and youth, 2002), realiza las siguientes recomendaciones clave para niños y jóvenes de 6 a 14 años:

  • Incrementar el tiempo dedicado a la práctica de actividad física a 30 minutos diarios, e ir aumentándolo durante los siguientes 5 meses 90 minutos más por día.
  • La actividad física puede acumularse a lo largo del día en períodos de, al menos de 5 a 10 minutos.
  • El aumento de 90 minutos progresivamente, debe incluir 60 minutos de actividad moderada (por ejemplo: montar en bici, montar monopatín, patinaje) y 30 minutos de actividad vigorosa (por ejemplo: correr, baloncesto, fútbol, etc.).
  • Participar en diferentes tipos de actividad física (Resistencia, flexibilidad y fuerza) para alcanzar los mejores resultados posibles para la salud.
  • Reducir el tiempo de inactividad dedicado a ver la televisión, jugar a videojuegos, navegar y jugar por internet. Empezar con una reducción de 30 minutos diarios del tiempo dedicado a  la práctica de estas actividades e ir aumentándola durante los siguientes 5 meses al menos hasta 90 minutos.

Al menos 60 minutos de actividad física de intensidad moderada a vigorosa todos o la mayoría de los días de la semana, incluyendo al menos dos días a la semana, ejercicios para mejorar la salud ósea, la fuerza muscular y la flexibilidad.

Estas recomendaciones están de acuerdo con evidencias científicas y en general acuerdo con las recomendaciones promovidas por agencias gubernamentales (Cavill, Biddle y Sallis, 2001) y organizaciones profesionales (Williams, Hayman & Pangrazi, 2004), de ahí que la Organización mundial de la salud las haya aceptado y promovido.

En nuestro país,  los Ministerio de Sanidad y Consumo y de Educación y Ciencia en su informe del 2006 sobre salud pública (Actividad física y salud en la infancia y la adolescencia: Guía para todas las personas que participan en su educación, páginas 37-38), las presentan como las ideales para asegurar la salud de nuestros jóvenes. Dichos argumentos han sido aceptados y adoptados por estas recomendaciones sobre actividad física son los niveles mínimos recomendados para que niños, niñas y adolescentes obtengan beneficios para su salud.  Los niños y niñas pueden desarrollar el objetivo de los 60 minutos de actividad física mediante la acumulación de sesiones de actividad de duración variable a lo largo del día. Esto puede incluir sesiones cortas e intermitentes de AF, así como actividades más largas, como la participación en deportes. Este hecho refleja los modelos naturales de actividad de los niños y niñas, que incluyen los juegos espontáneos durante los recreos escolares o en las cercanías del hogar, así como desplazarse andando hasta y desde el centro escolar, las actividades programadas como la educación física y los deportes, la natación o los juegos.

La valoración de la actividad física.

La valoración precisa y fiable de la actividad física es necesaria en cualquier investigación donde este parámetro sea la intervención experimental o un indicador básico de medida de los resultados. Los avances tecnológicos en los últimos años han provocado un incremento en la utilización de métodos objetivos para valorar la actividad física habitual en el ser humano.

Existen numerosos métodos para medir la AF. De forma general las diferentes técnicas pueden agruparse en las siguientes categorías: (Sirard & Pate, 2001):

  • Técnicas patrón: son las más válidas, confiables y objetivas, pero también las menos factibles. En general estas técnicas se utilizan a pequeña escala y sirven como punto de comparación para validar técnicas más prácticas y menos precisas. Dentro de este grupo encontramos las técnicas de agua doblemente marcada, calorimetría directa e indirecta y a la observación directa.
  • Técnicas objetivas: los datos se obtienen sin necesidad de procesos cognitivos o perceptivos del sujeto. Se miden propiedades asociadas al gasto energético asociado a la actividad física o a los movimientos corporales (cantidad de pasos, frecuencia cardíaca, cambios de posición geográfica). Tienen alto grado de practicidad aunque no tanto como las técnicas subjetivas. Su principal ventaja es que no presentan problemas de traducción a otros idiomas desde el original, además evitan problemas de interpretación y de deseabilidad social (Janz, 2006). Estamos hablando de los sensores de movimientos (podómetros y acelerómetros), monitores de ritmo cardíaco y equipos de sistema de posicionamiento global.
  • Técnicas subjetivas: requieren algún nivel de procesamiento cognitivo o perceptivo del sujeto para construir el dato. Son los de menor grado de validez, pero suponen un costo bajo y poseen alta practicidad, por lo que actualmente son las técnicas más utilizadas en estudios epidemiológicos (Valanou, Bamia & Trichopoulou, 2006). Ejemplo de estas técnicas son cuestionario y el diario.

En este caso, al ser nuestro propósito la obtención de resultados lo más reales posibles y sin problemas de interpretación,  nos hemos centrado en una de las técnicas objetivas que utiliza un sensor de movimiento, la acelerometría. Para poder justificar la elección de este instrumento en la investigación realizada, haremos una breve aproximación a las principales medidas e instrumentos de cuantificación de la actividad física.

Frecuencia Cardiaca.

La frecuencia cardíaca no es una medida directa de la AF,  pero permite el registro de los valores a través del tiempo, lo que facilita la valoración visual del patrón de intensidad de la actividad.

El registro de la frecuencia cardíaca es posible con el desarrollo de aparatos que, mediante telemetría, permiten medir el ritmo cardíaco. Tienen un coste relativamente accesible y un uso sencillo, permitiendo total libertad de movimientos, y no requieren un protocolo de uso tan complejo como las técnicas de laboratorio. Estos aparatos, conocidos en lenguaje coloquial como “pulsómetros”, funcionan mediante telemetría y constan de un transmisor, que normalmente se fija mediante una banda elástica al tórax, y un receptor fijado en la muñeca, con forma de reloj de pulsera, aunque existen variantes en las que el receptor se controla a mayor distancia y no es necesario que el sujeto evaluado porte el receptor. La utilización para monitorear la actividad física tiene limitaciones (Rowlands et al., 1997),  ya que la actividad física no es el único factor que provoca cambios en la frecuencia cardíaca. La FC puede ser influenciada por parámetros como el estrés emocional, la ansiedad, el nivel de aptitud física, el tipo de contracción muscular, el grupo muscular activo, o la hidratación y los factores ambientales (Rowlands et al., 1997).

El VO2 max.

La capacidad del organismo para mantener determinada intensidad de ejercicio durante un tiempo específico está directamente relacionado con la capacidad funcional respiratoria. La mejor vía para medir la capacidad cardio-respiratoria es el consumo máximo de oxígeno (VO2max); es decir, la capacidad máxima del organismo de captar, transportar y utilizar oxígeno durante el ejercicio físico.

El VO2max lo medimos en litros/minutos (proporción denominada capacidad aeróbica, es decir, capacidad total del sistema cardiopulmonar),  desde los 2 hasta 7,5 l/min, siendo la cantidad más habitual la de que se encuentra en el rango de 3-4 litros por minuto (l/min).

 

El consumo máximo de oxígeno puede ser medido de forma bastante exacta en un laboratorio de fisiología del ejercicio (imágen 1) mediante el análisis de la composición del aire que la persona inspira y espira (análisis de intercambio gaseoso), este procedimiento de medida es caro, lleva mucho tiempo y no está disponible para la mayoría de las personas. Si se dispone de analizadores de gases portátiles pueden ser diseñados para ejecutarlos en el terreno deportivo.

Podometría.

El podómetro es un sensor mecánico del movimiento que registra las aceleraciones y desaceleraciones en una sola dirección de movimiento y que  provee una medida de la actividad física total o de los movimientos (mediante un cálculo indirecto, pues el mecanismo detecta un movimiento y mediante un algoritmo matemático se traduce ese movimiento a un número) , en un período de tiempo determinado. Son aparatos muy asequibles, con una buena relación entre la calidad de dato obtenido / coste del instrumental, que permiten realizar una valoración de la actividad física de una persona, de manera aproximada, pero objetiva. Están muy indicados en estudios con muestras grandes, pero presentan desventaja de su incapacidad para medir la intensidad de la actividad física realizada y perder algunos movimientos que pueden suponer un gasto energético considerable, como en el caso de montar en bicicleta, manipular cargas pesadas (Rowlands et al., 1997), además la interpretación de los resultados obtenidos a través del uso de podómetros debe hacerse con cautela, y no es posible realizar recomendaciones exactas de práctica de actividad física habitual en los niños a partir de estudios que han utilizado este instrumento de medida (Cardon, 2004).

Acelerometría.

Al igual que la podometría, la acelerometría es una medida objetiva y mide el movimiento en forma directa, lo cual es un factor importante cuando se valora la relación entre frecuencia, AF y los efectos positivos que esta posee en la salud.

Los acelerómetros son mecanismos que utilizan transductores piezoeléctricos y microprocesadores que miden la aceleración del cuerpo y lo convierten en una señal digital cuantificable (cuentas/min). Estas permiten medir la intensidad, la duración y la frecuencia del movimiento registrado. Cuando un individuo se mueve, su cuerpo se acelera en proporción a la fuerza muscular aplicada en dicha aceleración. La acelerometría fundamenta sus resultados en la existencia de una relación lineal entre la integral de la aceleración corporal y el consumo de oxígeno, hecho que permite el cálculo del gasto energético asociado al movimiento.

Sólo el trabajo dinámico tiene un componente de aceleración y deceleración. El trabajo estático o la fuerza realizada contra una resistencia no provocan ningún cambio en la aceleración corporal, por tanto, son trabajos que no serán registrados por el acelerómetro.

Los acelerómetros miden la aceleración en uno a tres planos ortogonales (vertical, mediolateral y anteroposterior). Los acelerómetros uniaxiales son utilizados de manera tal que el eje al que son sensibles se oriente en el plano vertical. Los acelerómetros omnidireccionales son más sensibles en el plano vertical, pero también son sensibles al movimiento en otras direcciones, siendo el resultado una composición de señales (Chen and Bassett, 2005). En contraste, los acelerómetros triaxiales consisten de tres acelerómetros ortogonales y proveen resultados para cada plano así como también una medida compuesta.

Los resultados de los acelerómetros son unidades comúnmente denominadas “cuentas del acelerómetro” o en su terminología inglesa “counts”. Estas cuentas son arbitrarias y dependen de las especificaciones de los acelerómetros y por lo tanto no pueden ser comparadas entre los diferentes tipos de acelerómetros (Chen and Bassett, 2005). Para darle un significado biológico a estos resultados, estas cuentas han sido calibradas con el gasto energético. Freedson et al (2005) han realizado una exhaustiva discusión acerca del desarrollo de estos umbrales. El número de umbrales disponibles pone de manifiesto la falta de acuerdo respecto de la interpretación de los resultados de los acelerómetros y destaca un problema actual relativo a la investigación con acelerómetros y la compatibilidad entre los estudios, de esta manera establecen una diferenciación entre actividad física moderada (determinada en unos 3 equivalentes metabólicos o METs) y actividad física vigorosa (establecida en unos 6 equivalentes metabólicos o METs).

Desde el 2001, se ha producido un gran incremento en el número de estudios que utilizan acelerómetros para valorar la actividad física en niños (Rowlands, 2007). Sin embargo; hay una falta de estandarización respecto de cómo se deberían utilizar los acelerómetros, de qué resultados deben utilizarse y como deben interpretarse los mismos; dificultando la comparación entre los distintos estudios.

También es cierto, que pueden inducir a posibles errores al estimar el gasto energético a partir de los Counts, pero poseen una correlación alta con el gasto energético evaluado para un amplio rango de actividades. Además, la precisión es muy buena para la clasificación de la intensidad de una actividad en las categorías de ligera, moderada o vigorosa. Actualmente, la investigación está intentando determinar métodos para analizar los datos de la acelerometría que permitan identificar el modo de AF y clasificar la intensidad, una vez que se conoce el modo de actividad (Crouter et al., 2006). En nuestro país,  se han llevado a cabo investigaciones donde la acelerometría ha supuesto un instrumento principal de la medición de la cantidad de la actividad física realizada, ya sea en adultos (Garatachea et al., 2010) o en adolescentes, como es el caso del estudio Afinos (Martínez-Gómez D et al., 2009).

Como hemos podido comprobar, se trata de un instrumento que nos permite analizar con éxito, ya no sólo la cantidad de AF realizada, sino también los niveles de intensidad con lo que se ha practicado, además de permitir la estimación del gasto calórico invertido. Por otro lado se trata de un aparato poco intrusivo, transportable, ligero, de fácil manejo para el sujeto investigado y para el investigador. Si a todo esto le sumamos su coste moderado y la posibilidad de registrar datos hasta durante 14 días,  lo convierte en un instrumento ideal para el análisis de la AF realizada. Partiendo de este análisis, hemos realizado nuestra propia investigación mediante la cual analizamos la cantidad y los niveles de AF realizada por una muestra de 88 alumnos de la educación secundaria obligatoria de Canarias, concretamente de la isla de Gran Canaria.

MATERIAL Y MÉTODO.

El objetivo que pretendemos abordar con este estudio es el hecho de determinar los diferentes niveles de actividad física de los adolescentes (tanto si practican actividad física fuera del horario escolar, como si no). Es decir, detectar el grado de intensidad con la que los adolescentes realizan dicha actividad u otras análogas.

La muestra que hemos seleccionado es de 88 niños, repartidos en tres centros de Educación Secundaria de Gran Canaria, con edades comprendidas entre los 11 y los 15 años y que cursen 1º y 2º de la E.S.O. Este alumnado está dividido en 3 grupos:

  • Experimental A – ea – (1 grupo de 28 alumnos): grupo que recibió dos sesiones de actividad física semanal adicional realizadas en su mismo centro de enseñanza en un grupo piloto de alumnos y alumnas de 1º y 2º de la ESO, es decir, con edades comprendidas entre 11 y 15 años. Este grupo nos permitía realizar una comparativa con el resto de alumnado que no practica AF de forma regular fuera del horario escolar.
  • Experimental B – eb – (1 grupo de 30 alumnos): Alumnos pertenecientes al mismo centro y curso que el grupo ea, pero que no asisten a las sesiones adicionales de actividad física.
  • Control – c – (1 grupo de 30 alumnos): Alumnos pertenecientes a 1 centro diferente al que se le aplica el programa de intervención propiamente dicho y que cursan 1º y 2º de la ESO.

Variables a investigar

Durante la puesta en práctica del estudio, investigamos en las siguientes variables:

  • Nivel de actividad física desarrollado por los adolescentes (registro objetivo a través de acelerómetros).
  • Medidas antropométricas: Estas son necesarias para poder calcular el gasto calórico aproximado de cada individuo. Los indicadores asociados a esta variable fueron:
          • Índice de Masa Corporal (talla – peso)
          • Composición corporal (peso graso – peso magro)

Técnicas e instrumentos de recogida de información

Los instrumentos que utilizaremos para la evaluación del proyecto son:

  • Medidas objetivas de Actividad Física:

Para realizar los registros de nivel de actividad se utilizó el Acelerómetro Actigraph GMT1.
Se trata de un instrumento de Plástico duro y resistente y cuyas dimensiones son 3x3x2cm. Además posee una batería de litio de 14 días de duración y un tiempo de carga 3h máximo  (la conexión para su carga, como para descargar los datos se hace vía USB en un ordenador). Su capacidad de memoria es de 170 días.
Estedispositivo electrónico se llevó fijado al cuerpo externamente mediante un cinturón elástico ajustable,  realizando la  medición (registro y almacenamiento de la cantidad y niveles de actividad física realizada) durante siete días consecutivos (excluyendo el descanso nocturno). Para poder medir el gasto energético es necesario llevarlo en la cintura.

 

Para un mejor seguimiento de los alumnos que llevaron puestos los acelerómetros, les proporcionamos un diario que debían rellenar cada día que llevaron colocado el acelerómetro, con el fin de conocer si se habían olvidado de ponérselo, si habían dormido con él, si realizaron durante esa semana clase práctica de educación física y si realizaron algún tipo de actividad física fuera del horario escolar (cuadro 3).

El Análisis de los datos registrados por los acelerómetros se realizó a través de un software específico, que permite sustraer los datos (oscilaciones de movimientos) almacenados en los acelerómetro.

  • Medidas de composición corporal:
  • Índice de Masa Corporal, elaborado a partir de la medición de la talla y el peso corporal.
  • Índice de grasa corporal:
            • Relación de las medidas cintura – cadera.
            • Pinzas lipométricas para la medición de pliegues de panículo adiposo. 

Temporalización

La toma de datos se desarrolló entre los meses de Noviembre y Mayo y se dividió en tres fases: Fase inicial, intermedia y final. En el siguiente cuadro (cuadro 5) podemos observar el detalle de la temporalización que se siguió para el desarrollo de la toma de datos

 

RESULTADOS

Los resultados obtenidos nos ubican en un grado de cumplimiento de las recomendaciones argumentadas en la fundamentación, que nos ubican acerca de la justificación, que los datos registrados nos han mostrado que en el Grupo  control (con toma de datos inicial y final),el alumnado no cumplió la recomendación de 20 minutos diarios de actividad física vigorosa al menos 3 días a la semana. Dicha recomendación  no la cumplen ni un solo día y no se produce evolución alguna. Con respecto a la recomendación de 60 minutos diarios de actividad física moderada al menos 5 días a la semana, tampoco se cumple, la media se acerca a dos días, aunque existe un ligero aumento entre las evaluaciones inicial y final.

En el Grupo experimental “ea” (con toma de datos inicial, intermedia y final),la recomendación de los 20 minutos no fue cumplida por los sujetos (sólo un porcentaje del 2% alcanzó esta recomendación, pero sólo 2 veces a la semana). En relación a la recomendación de los 60 minutos diarios de actividad física moderada, en la comparativa por fases los resultados fueron idénticos. Ningún alumno cumplió ni un solo día la recomendación.

El Grupo experimental “eb” (con toma de datos inicial, intermedia y final),tampoco cumplió la recomendación de los 20 minutos. Con respecto a los 60 minutos diarios de actividad física moderada recomendada, y en la comparativa por fases, en la Intermedia aumentó un poco la frecuencia, en la inicial y final los resultados fueron exactos no cumpliéndose la recomendación y la media de días que cumplieron la recomendación apenas alcanzó dos jornadas. En la fase Final, ningún alumno cumplió la recomendación ni un solo día.

En el siguiente cuadro (cuadro 6), podemos observar los datos registrados como media en las descarga de los acelerómetros durante la fase inicial y la final de los grupos control y experimental “a”:

       
Como podemos observar, durante la fase inicial, en la media de Counts totales diarios y de actividad moderada media practicada, el grupo experimental realiza un poco más de actividad que el grupo control. En actividad de intensidad ligera, el grupo control realiza (casi 100 counts más) que el experimental con carácter diario. En cuanto a las Calorías medias diarias consumidas, los datos obtenidos en ambos casos son parecidos, aunque es el grupo experimental el que logra una mayor media.

Durante la fase finalen la media de Counts totales diarios y de actividad media practicada el grupo experimental realiza un poco más de actividad que el control, situación que también ocurre con las calorías consumidas medias diariamente. Pero es  en la media de Counts diarios realizados a intensidad moderada donde se presenta la mayor diferencia entre ambos grupos, a favor del experimental.

DISCUSIÓN YCONCLUSIONES

De los datos obtenidos del análisis de los registros de la acelerometría, hemos observado que:

  • Se registra menos actividad realizada en la fase final que en la inicial, de modo que se constata que disminuye la cantidad de actividad física realizada por los sujetos.
  • El grupo experimental muestra un aumento significativo en la actividad física moderada con respecto al grupo control en ambas fases, lo que demuestra que la práctica de AF fuera del horario escolar, aunque no aumente la cantidad media total de AF realizada, sí que incrementa el nivel de intensidad empleado.
  • El grupo experimental consume ligeramente un mayor índice de calorías medias diarias con respecto al grupo control en ambas fases, lo que respalda la concepción de que la práctica de AF contribuye a regular la ingesta calórica, pero es necesario también modificar los hábitos alimenticios si pretendemos reducir el peso de nuestro alumnado (factor de vital importancia ante la presente y alarmante epidemia que es la obesidad infantil en la sociedad occidental)

Por lo tanto, fundamentándonos en los datos obtenidos en la Comunidad Autónoma de Canarias durante el curso 2008/2009, podemos concluir que si bien los alumnos pertenecientes al grupo experimental disminuyeron durante el desarrollo del proyecto de intervención la cantidad de actividad física que realizan, aumentaron significativamente el nivel de actividad moderada realizada, además de presentar un consumo calórico ligeramente mayor con respecto al grupo control en ambas fases. De esta manera, hemos constatado que en los adolescentes canarios, aún reconociendo que hacen Actividad Física (51%), el nivel de intensidad de las actividades físicas que practican es muy baja a lo largo de la semana.

     De la útil y reveladora información obtenida a través del análisis de los registros realizados por los acelerómetros, podemos ratificar a la Acelerometría como un buen instrumento para la medición de los niveles de actividad física (Ligera, Moderada, dura o intensa y muy dura). Gracias a su fácil y poco intrusiva implementación, podrían ser un gran instrumento para determinar las cargas de trabajo realizadas tanto en las clases de educación física, como en los entrenamientos deportivos.

BIBLIOGRAFÍA

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