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19 Oct 2011

Percepciones de salud, condición física, competencia y apariencia en adultos en sobrepeso y obesos

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La recogida de los datos se efectuó con el cuestionario “Hábitos físico deportivos y estilos de vida en jóvenes”, dónde se recogen datos de talla y peso que, sin ser extremadamente precisos, permiten determinar el IMC, basadonos en los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Autor(es): Piéron, Maurice y Ruiz-Juan, Francisco
Entidades(es): Université de Liège, Universidad de Murcia
Congreso: VII CONGRESO DE LA ASOCIACIÓN INTERNACIONAL DE ESCUELAS SUPERIORES DE EDUCACIÓN FÍSICA (AIESEP)
A Coruña, 26-29 de Octubre de 2010
ISBN: 978-84-614-9946-5
Palabras claves: percepciones, obesidad, adultos.

Percepciones de salud, condición física, competencia y apariencia en adultos en sobrepeso y obesos

RESUMEN

La recogida de los datos se efectuó con el cuestionario “Hábitos físico deportivos y estilos de vida en jóvenes”, dónde se recogen datos de talla y peso que, sin ser extremadamente precisos, permiten determinar el IMC, basadonos en los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se han seleccionado dos categorías de alumnado en relación al IMC: (1) sobrepeso y (2) obesos. Los sujetos son alumnos de ESO, de 12 a 16/17 años, de 3 provincias del sur de España. La muestra de 1701 varones y de 1548 mujeres es representativa (error ± 3%, IC=95,5%), empleándose un muestreo polietápico estratificado por afijación proporcional y por conglomerados. Los índices de probabilidad ponen de relieve claramente relaciones muy fuertes entre las percepciones desfavorables en los obesos. Conviene observar las diferencias según el género. Los chicos parecen más sensibles a la condición física y la competencia en las actividades físicas y deportivas mientras que, en las chicas, es la apariencia la que constituye la preocupación predominante. En las tentativas de modificar comportamientos, en particular, en los adolescentes obesos, estas percepciones deberían tenerse en cuenta.

INTRODUCCIÓN

El análisis de la literatura y la determinación de los objetivos del estudio se organizan sobre una secuencia que considera sucesivamente el carácter epidémico de la obesidad, la necesidad generalizada de su prevención y su tratamiento. La inactividad física y la obesidad están a menudo vinculadas. Varios de sus correlatos presentan características cercanas, en particular, en el ámbito psicológico, cuando se trata de aumentar el nivel de actividad física diaria y el control del peso.

La obesidad es una enfermedad crónica, epidémica, prevenible y de alto costo, caracterizada por una acumulación anormal o excesiva de la grasa corporal. Está enfermedad es considerada por la OMS como la segunda causa de muerte prevenible, después del consumo de tabaco. La obesidad constituye un factor importante que contribuye a la enfermedad. Actualmente, se admite que la obesidad constituye una patología multifactorial y que los determinantes de la obesidad son numerosos. Aunque los factores genéticos determinan la susceptibilidad al aumento del peso, no se admite este factor como rotundo determinante para el aumento de la obesidad en las poblaciones.

La actividad física regular desempeña un papel interesante en relación con la salud. Pero sus efectos son muy limitados para la pérdida de peso (Mulvihill & Quigley, 2003). Su eficacia aumenta cuando se asocia a una acción de control de la alimentación (Kahn, 2002; King, 1997). En general, más actividades físicas aumentarían la probabilidad de un éxito del mantenimiento del peso (Haskell et al., 2007). Por otro lado, sus efectos favorables están bien establecidos en el ámbito de la salud, particularmente, sobre la longevidad, la mortalidad precoz y las comorbosidades de la obesidad. Varios autores calcularon su incidencia sobre la duración de vida (Baik et al., 2000; Fontaine et al., 2003). Muchos estudios que examinan los efectos de la obesidad sobre la mortalidad prematura tienen en cuenta simplemente la adiposidad. No hacen referencia a los riesgos relativos a otros factores.

Habitualmente, el índice de obesidad está acompañado por una serie de otras variables incluidas en el análisis. Lo mismo sucede para el examen del efecto de la actividad física sobre la mortalidad después de haber controlado la obesidad.

Los correlatos de la actividad física orientan provechosamente la acción con el fin de aumentar la actividad física regular. Entre los correlatos, los más relevantes y a menudo significativos, se encuentran aspectos psicológicos vinculados a las percepciones, en particular, la competencia, la auto-percepción y la auto-imagen (Hardeman, Griffin, Johnston, Kinmonth, Wareham, 2000).

OBJETIVOS DE ESTUDIO

Analizar los índices de probabilidad de percepción de salud, condición física, competencia y apariencia.
Comparar estos índices según el genero y el nivel del IMC (sobrepeso y obeso).

METODOLOGÍA

La recogida de los datos se efectuó por medio de un cuestionario denominado “Hábitos físico-deportivos y de salud. Estilos de vida”. En este cuestionario se recogen datos de talla y peso que, sin ser extremadamente precisos, permiten, sin embargo, la determinación del IMC. El «índice de masa corporal» es una indicación simple de la relación entre el peso y la talla que se utiliza, frecuentemente, para identificar el sobrepeso y la obesidad en los adultos. La forma de calcularlo no varía en función del sexo ni de la edad, en la población adulta. No obstante, debe considerarse como una guía aproximativa. Para determinar la clasificación de los diferentes grupos de población, en base a los valores del IMC, nos hemos basado en los datos de la OMS para cada grupo de edad y sexo. Se han seleccionado dos categorías de personas en relación al IMC: (1)sobrepeso y (2)obesos.

Los sujetos son adultos, de 15 a más de 60 años, de 3 provincias del sur de España. La muestra de 1685 varones y de 1688 mujeres es representativa (error ± 3%, IC=95,5%), empleándose un muestreo polietápico estratificado por afijación proporcional y por conglomerados.

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

Tanto en hombres como en mujeres, los índices de probabilidad de las percepciones aumentan regularmente según la depreciación de las percepciones, pasando de muy buenas hasta muy malas.

Todas las variaciones, a excepción de la percepción de competencia en las mujeres, son significativas, generalmente p=0.001. Los índices relativos a las percepciones de los obesos son siempre superiores en las comparaciones con los sujetos en simple exceso de peso. Los índices alcanzan valores muy altos, especialmente para las percepciones de salud y condición física.
Los índices de probabilidad que reflejan la depreciación de la percepción de salud y condición física aumentan muy regularmente y de manera estadísticamente significativa, tanto en las mujeres como en los hombres.

El valor del índice que corresponde a una percepción muy mala aparece especialmente elevado en las mujeres. Esto es muy preocupante.

El valor del índice pasa de 1 a 91 con relación al valor de referencia en la percepción de salud (tabla), mientras que en la percepción de condición física pasa de 1 a 50 (tabla 1).

Tabla 1. Percepciones de salud, condición física, competencia y apariencia en adultos en sobrepeso y obesos

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 16

    

La percepción indica que la escasa condición percibida podría constituir un obstáculo serio a todo compromiso en actividades físicas habituales.

Con la edad, los adultos se convierten cada vez más sensibles al concepto de salud y, en menor medida, a la condición física.
En ellos, las dificultades de salud se concretan en una menor tolerancia al esfuerzo, problemas de movilidad y equilibrio. Estos dos tipos de percepciones participan en gran parte en el sentimiento de malestar de adultos que envejecen. La debilidad de sus percepciones constituye frecuentemente obstáculos a la actividad física, sobre todo cuando es claramente insuficiente.

Estas percepciones participan en el círculo vicioso de la obesidad y la inactividad (Piéron & Vrijens, 1991).

La progresión de los índices de probabilidad aparece de manera muy regular cualquiera que sea el género. Tengamos en cuenta que, en las mujeres, se produce una ruptura muy claramente marcada entre las percepciones calificadas de buenas y las que se dan por malas o muy malas (tabla 1). La progresión de los índices de probabilidad aparece de manera muy regular cualquiera que sea el género. Tengamos en cuenta que, en las mujeres, se produce una ruptura muy claramente marcada entre las percepciones calificadas de buenas y las que se dan por malas o muy malas. Sin embargo, parece que estas percepciones de competencia no desempeñan el mismo papel que en los jóvenes.

En estos últimos, la percepción de competencia constituye un correlato positivo y frecuentemente significativo con la actividad física regular (Lorentzen, Ommundsen & Holme, 2007). Sin embargo, parece que estas percepciones de competencia no desempeñan el mismo papel que en los jóvenes. En estos últimos, la percepción de competencia constituye un correlato positivo y frecuentemente significativo con la actividad física regular (Van der Horst, Paw, Twisk & Van Mechelen, 2007).

Cualquiera que sea el género, la percepción de apariencia alcanza variaciones de nivel significación muy alto entre las distintas percepciones. Se puede tener en cuenta que, en todos los sujetos, la probabilidad de una percepción muy mala representan 8 veces (tabla 1, hombres) y 18 veces (tabla 1, mujeres) con relación a la percepción de referencia, cualificada de muy buena. La comparación de las percepciones entre personas en excesos de peso y obesos evidencia diferencias de índices dobles cuando se pasa de la percepción mala a la muy mala. Este deterioro debe tenerse muy seriamente en cuenta en los ensayos de intervención cuando se propone limitar o reducir el grado de obesidad y de aumentar, incluso ligeramente, la cantidad de actividades físicas practicadas de manera regular en el tiempo libre.

A partir de los datos obtenidos en nuestra investigación, se aprecian unas muy fuertes probabilidades de malas y muy malas autopercepciones, tanto en los obesos como en las mujeres. Se puede pensar que es necesario explorar más profundamente cómo las atribuciones y percepciones pueden afectar al bienestar psicológico de los sujetos con sobrepeso y, sobre todo, de las mujeres obesas.

La sensibilización creciente que la población tiene de la obesidad como problema de salud pública podría implicar consecuencias saludables, pero también nocivas sobre la gestión de los problemas de la obesidad. Las personas de los países industrializados viven en un medio ambiente caracterizado por la continua exposición a altos niveles publicitarios de comidas malsanas que, además, son de un acceso muy fácil, teniendo una grave consecuencia sobre la susceptibilidad de las personas a la obesidad.

La problemática de la obesidad en el debate público puede también tener unos efectos potencialmente nocivos para el tratamiento de la obesidad. Es posible que los sujetos obesos adquieran una imagen de culpabilidad y una preocupación sobre su cuerpo desde una perspectiva de salud. En efecto, hay investigaciones que van a indicar que las personas con sobrepeso y obesos se dan cuenta de los riesgos de salud que esto origina.

La simple información sobre los aspectos negativos de la obesidad pueden no bastar a la hora de abordar el problema de la obesidad, es decir, las compañas basadas en que la obesidad puede generar la muerte de los sujetos no es suficiente. Sería necesario profundizar en los aspectos asociados a la misma como son: la falta de ejercicio físico, la hipertensión, el consumo de comidas y sustancias malsanas, etc.

Es preferible centrarse en comportamientos que son modificables en la persona y que podrían modificar el bienestar psicológico del individuo. Diferentes estudios han concluido que existe una relación directa que asocia a un elevado IMC un bienestar psicológico de baja calidad (Friedman, Reichmann, Costanzo, Zelli, Ashmore & Musante (2005).

Estudios recientes han constatado que existe una relación negativa entre un IMC elevado y la salud psicológica. (Carr & Friedman, 2005) encontraron una autoestima más baja y un afecto negativo más alto (Carr, Friedman & Jaffe, 2007) en los adultos muy obesos (IMC > 35). Del mismo modo, en un estudio epidemiológico con más de 9000 sujetos en los EEUU, Simon, Von Korff, Saunders, Miglioretti, Crane, Van Belle et al. (2006). hallaron que los individuos obesos presentan mayor riesgo de padecer desórdenes de humor y intranquilidad que aquellos que tienen un IMC inferior a 30. Igualmente, Heo, Pietrobelli, Fontaine, Sirey & Faith (2006) verificaron que jóvenes con sobrepeso y obesos, tanto hombre como mujeres, habían experimentado más estados depresivos que aquellos que tienen un peso normal.

De la evidencia teórica y empírica, en el ámbito de la investigación sobre la estigmatización, se constató que los individuos con sobrepeso y obesos manifestaban un bienestar psicológico más pobre que sus iguales con peso normal. La sociedad marca, generalmente, a las personas que presentan exceso de peso (Friedman et al., 2005). Varios estudios indican que los sujetos obesos perciben, a menudo, una decadencia de su estatus social y experimentan perjuicio y discriminación (Carr & Friedman, 2005)

En comparación con las personas de peso normal, los obesos desarrollan percepciones de ser físicamente poco atractivos (Puhl & Brownell, 2006), al mismo tiempo que atributos negativos como pereza, falta de autodisciplina, autoindulgencia y también la falta de placer. A diferencia de otros grupos estigmatizados socialmente (por ejemplo minusválidos), las personas con exceso de peso tienen a ser consideradas como responsables de su estado y aspecto. En efecto, los obsesos sufren a menudo de perjuicios. Croker, Cornwell y Major (1993) dan un ejemplo de esto cuando constataron que las mujeres con exceso de peso se sienten discriminadas por los hombres y ellas tendían a considerar la actitud de ellos como justa, echándose ellas la culpa en lugar de al verdadero responsable, el hombre.

CONCLUSIONES

Las comparaciones de los índices de probabilidad según el género y el nivel de IMC evidencian diferencias muy importantes entre hombres y mujeres, especialmente en las percepciones de salud, claramente más malas en las mujeres.
Los índices que indican malas o muy malas percepciones son muy claramente superiores en los adultos obesos.

Estas comprobaciones corresponden a una auto-imagen muy desfavorables, señal muy probable de un malestar en estos adultos.

Una consecuencia evidente: la necesidad de intentar mejorar esta auto-imagen en toda intervención destinada a aumentar el nivel de actividad física o combinar este objetivo a una dieta más conveniente.

AGRADECIMIENTOS

El contenido de este artículo es el resultado del subproyecto “Factores determinantes para la práctica físico-deportiva y asociaciones probabilísticas entre variables físico-deportivas y de salud. Tipologías de estilos de vida de la población adulta y detección de poblaciones con riesgo para la salud” (DEP2005-00231-C03-02/ACTI).

Forma parte del proyecto coordinado “Hábitos físico-deportivos y de salud. Estilos de vida en jóvenes y adultos”, subvencionado por el Ministerio de Educación y Ciencia dentro del Plan Nacional de I+D+I (2004-2007) Acción Estratégica: “Deporte y Actividad Física” Práctica de la Actividad Física y el Deporte.

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