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5 abr 2012

Bienestar psicológico, dolor y práctica deportiva en universitarios

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Introducción. El ejercicio físico es considerado un factor protector de la salud (Morrison y Bennett, 2008) y potenciador del bienestar psicológico (Jürgens, 2006). Así, Netz et al. (2005), concluyen que la actividad física incide en el bienestar psicológico de adultos mayores sin trastornos clínicos. El objetivo de este trabajo se centra en conocer si la práctica deportiva favorece el bienestar físico y psicológico en universitarios.
Autor(es):Souto, Antonio; Fariña, Francisca; García, Pablo
Entidades(es):Departamento de Fisioterapia. Universidad de A Coruña; Departamento Análisis e Intervención Psicosocioeducativa. Universidade de Vigo
Congreso: congreso de la asociación internacional de escuelas superiores de educación física (AIESEP)
Úbeda A Coruña, 26-29 de Octubre de 2010
ISBN: 9788461499465
Palabras claves:ejercicio, bienestar psicológico, universitarios

Bienestar psicológico, dolor y práctica deportiva en universitarios

RESUMEN

Introducción. El ejercicio físico es considerado un factor protector de la salud (Morrison y Bennett, 2008) y potenciador del bienestar psicológico (Jürgens, 2006). Así, Netz et al. (2005), concluyen que la actividad física incide en el bienestar psicológico de adultos mayores sin trastornos clínicos. El objetivo de este trabajo se centra en conocer si la práctica deportiva favorece el bienestar físico y psicológico en universitarios.

Método. Participaron voluntariamente 164 estudiantes universitarios (101 que practican deporte y 63 que no). Cumplimentaron un cuestionario ad hoc, en el que se preguntaban acerca de la actividad deportiva que realizaban, así como la adaptación de Sánchez-Cánovas (1998) de la Escala de Bienestar Psicológico (EBP). Se preguntó sobre el dolor durante las actividades de la vida diaria mediante la Escala visual analógica (EVA). Resultados. Contrariamente a lo establecido por la literatura, únicamente se ha encontrado diferencias significativas en la variable bienestar psicológico material.

Discusión. Dado que la muestra está conformada por estudiantes universitarios, no se puede generalizar a otras poblaciones que la práctica deportiva no conlleve a un mayor bienestar psicológico. Así, en otras poblaciones y con otras operativizaciones de la práctica deportiva (p.e., duración de las sesiones, periodicidad) los resultados podrían ser otros (Jiménez et al. 2008).

INTRODUCCIÓN

En el año 1946 la Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud de una forma integral, como un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades. El ejercicio físico es considerado un factor protector de la salud, que minimiza el riesgo de las personas a desarrollar problemas y enfermedades (Morrison y Bennett, 2008). Diferentes estudios epidemiológicos han demostrado que las personas con problemas de salud física, presentan una mayor probabilidad de experimentar problemas psicológicos en relación a sujetos sanos (Weyerer y Kupfer, 1994). No en vano, la práctica del deporte se considera un factor potenciador de la salud física y del bienestar psicológico (v.gr., Dishman, 1986; Jürgens, 2006; López-Cózar y Rebollo, 2002; Martínez Vizcaíno y Lozano, 1998; Pak-Kwong, 1995; Plante y Rodin, 1990).

Recientemente, la OMS (2010), ha publicado las Global Recommendations on Physical Activity for Health, en donde insta a que todas las personas entre 18 y 64 años deberían de realizar, como mínimo, 150 minutos semanales de actividad física aeróbica de intensidad moderada, o bien 75 minutos de actividad física aeróbica vigorosa cada semana, o bien una combinación equivalente de ambas. En los últimos años, la atención de los investigadores ha comenzado a centrarse en facetas de la actividad física, como sus efectos sobre el bienestar percibido, la percepción subjetiva de salud o la salud mental (v.gr., Diener y Larsen, 1993; Dishman, 1994; Myer y Diener, 1995; Souto y Fariña, 2009, 2010). No obstante, resulta necesario señalar que los beneficios de la práctica de actividad física sobre el bienestar psicológico se encuentran mucho menos contrastados que sus efectos sobre la salud física (de Gracia y Marcó, 2000; Jiménez, Martínez, Miró y Sánchez, 2008).

De acuerdo con estos autores, existe evidencia suficiente de que el ejercicio físico regular influye positivamente sobre la salud subjetiva, el estado de ánimo y la emotividad (Biddle, Fox y Boutcher, 2000; Weinberg y Gould, 1996). De la misma forma, la actividad física incrementa los niveles de autoconcepto físico y autoestima global (Huertas, López, Pablos, Colado, Abella y Campos, 2003; Marsh y Sonstroem, 1995; McAuley, Mihalko y Bane, 1997; Tucker, 1984); reduce la depresión (Lawlor y Hopker, 2001; McDonald y Hodgdon, 1991); disminuye la reactividad al estrés y mejora el afrontamiento del mismo (Crews y Landers, 1987; Holmes, 1993), rebajando los niveles de ansiedad (Akandere y Tekin, 2005; Berger y Owen, 1983; Garnier y Waysfeld., 1995; Petruzzello, Landers, Hatifield, Kubitz y Salazar, 1991).

No obstante, habría que precisar que la mayoría de los trabajos que siguen esta línea de investigación utilizan como población de estudio a personas mayores. En este sentido, Netz Wu, Beckery Tenenbaum (2005), tras efectuar un metanálisis y analizar 36 investigaciones concluyen que la actividad física incide en el bienestar psicológico de adultos mayores sin trastornos clínicos. Previamente, Arent, Landers y Etnier (2000) habían encontrado resultados similares. Así, Souto y Fariña (2009) encontraron que actividad física controlada propiciaba mejor salud física, psicológica y cognitiva.

Por otro lado, tomando como base la concepción biopsicosocial de salud propuesto por la O.M.S., el dolor se presenta como un fenómeno complejo y ampliamente relacionado tanto con la salud física como con la psicológica. Varios estudios muestran en este sentido como influyen diferentes rasgos y estados psicológicos sobre la percepción de dolor (Camacho y Anarte, 2003; Ramírez, Esteve y López, 2001). Existe evidencia de que las personas que no practican deporte presentan menor tolerancia al dolor que los deportistas (Scott y Gijsbers, 1981; Tajet-Foxell y Rose, 1995). A pesar de que la práctica de ejercicio físico modula la percepción de dolor debido a la modificación de los diferentes neurotransmisores implicados en la generación, transmisión e interpretación de la señal dolorosa, los trabajos que tratan de establecer esta relación en estudiantes universitarios arrojan resultados inconsistentes. Así, mientras Camargo, Orozco, Hernández y Niño (2009) encuentran que los estudiantes que practican menos actividad física padecen más dolor; Mitchell, O’Sullivan, Smith, Burnett, Straker, Thornton (2009) obtienen lo contrario.

El presente trabajo se plantea tres objetivos. El primero de ellos evaluar si la práctica de actividad física y deportiva de los universitarios se adecua o no a las recomendaciones mínimas en términos de salud, y si ésta se distribuye homogéneamente en función de la variable género. El segundo objetivo se centra en conocer si la práctica deportiva, considerada como la mínima recomendada por la OMS, favorece el bienestar psicológico de jóvenes universitarios. Por último, examinar si la práctica deportiva mínima considerada como saludable, media en la percepción de dolor durante la realización de las actividades de la vida diaria de los estudiantes universitarios.

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Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº16.

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METODOLOGÍA

Participantes

En el estudio han participado 164 personas matriculadas en las universidades gallegas en las siguientes titulaciones: magisterio, psicología y fisioterapia (101 que practican deporte y 63 no realizan ningún tipo de deporte; el 32,3% varones, de los cuales el 88,7% practica deporte, y el 67,7% mujeres de las que el 48,6% practica deporte).

Instrumentos

Los participantes cumplimentaron de forma voluntaria, un cuestionario ad hoc, en el que se preguntaba, además de datos de identificación, cuestiones relacionadas sobre la actividad deportiva que realizaban, entre ellas el tiempo que dedicaban semanalmente a la práctica de actividad física y deportiva. Para la medición del bienestar psicológico se recurrió a la adaptación de Sánchez-Cánovas (1998) de la Escala de Bienestar Psicológico (EBP). La percepción de dolor se ha evaluado solicitando que indicasen el nivel de dolor que experimentaban durante la realización de sus actividades de la vida diaria, a través de la Escala Visual Analógica (EVA) de 0 a 10 puntos (0 no dolor – 10 dolor insoportable).

RESULTADOS

En relación al primero de los objetivos de este trabajo, se desprende que la mayoría de jóvenes universitarios de este estudio (62%) realizan una actividad física considerada como saludable. No obstante, resulta necesario señalar que estos valores difieren sustancialmente en función de la variable género. En este sentido, mientras el 89% de los varones si afirman practicar los niveles de actividad física considerados como saludables, únicamente el 49% de las mujeres informa de lo mismo. Estos resultados concuerdan con lo establecido por otros estudios en cuanto a práctica deportiva y estereotipos de género (Chillón, Tercedor, Delgado, González-Gross, 2002: Fariña y Souto, 2009). En este sentido, Zagalaz (2006) refiere que únicamente el 16% de las mujeres europeas declaran practicar algún deporte o ejercicio, frente al 30% de los varones.

En cuanto a la relación entre bienestar psicológico los diferentes niveles de práctica de actividad física saludable, y contrariamente a lo establecido por la literatura, únicamente se han encontrado diferencias significativas en la variable bienestar psicológico material (tabla 1). Los estudiantes que practican deporte obtienen puntuaciones más elevadas en las dimensiones bienestar psicológico subjetivo, material y laboral, siendo estas diferencias únicamente significativas en el apartado de bienestar psicológico material. Por el contrario, y aunque las diferencias no son significativas, los estudiantes que practican deporte de forma saludable informan de un menor bienestar psicológico sexual.

Tabla 1. ANOVAs de percepción del dolor y bienestar psicológico para el factor práctica deportiva

Tabla 1. Bienestar psicológico, dolor y práctica deportiva en universitarios

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 16

 

Figura 1. Comparación medias bienestar psicológico

Figura 1. Bienestar psicológico, dolor y práctica deportiva en universitarios

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 16

 

Por último, en lo referente a la percepción de dolor durante la realización de las actividades de la vida diaria, los universitarios que practican deporte informan de una menor intensidad del mismo. No obstante, la diferencia de medias tampoco se encuentra dentro de la significación estadística (Figura 2).

Figura 2. Comparación medias percepción dolor (EVA)

Figura 2. Bienestar psicológico, dolor y práctica deportiva en universitarios

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 16

 

DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES

Antes de extraer conclusiones de forma categórica, sería necesario señalar las posibles limitaciones que presenta este estudio. En primer lugar, el estudio se ha realizado con un número de participantes limitado. Así mismo, diferentes factores de confusión (e.g., diferencias de género, titulación cursada) pueden estar mediatizando los resultados. Por ello, éstos no pueden ser generalizados a otra población diferente a la de estudiantes universitarios de las titulaciones de las que se han extraído los participantes.

Si bien en este trabajo no se ha encontrado que la práctica deportiva conduzca a un estado de bienestar psicológico ni a una menor percepción del dolor, de ninguna manera podemos asumir que la práctica deportiva no conlleve beneficios a nivel de bienestar en general. De esta forma, nuestros resultados podrían encontrarse afectados por el diseño transversal de la investigación, lo que sumado al tipo de población estudiada, hace pensar que el efecto protector y/o potenciador que se le atribuye a la práctica deportiva todavía no se ha reflejado y, de haberlo hecho, no de manera suficiente para producir resultados estadísticamente significativos.

Diseños de tipo longitudinal podrían llegar a demostrar que la práctica deportiva desde edades tempranas actúa como factor protector y potenciador del bienestar físico y psicológico. Así, en otras poblaciones y con otras operativizaciones más pormenorizadas de la práctica deportiva (e.g., duración de las sesiones, intensidad, periodicidad, etc.) los resultados podrían ser otros (Jiménez, Martínez, Miró y Sánchez, 2008). Por tanto, parece necesario continuar en esta línea de investigación mediante estudios que traten de evidenciar el efecto que la práctica deportiva saludable pueda tener sobre el bienestar físico y psicológico de los jóvenes, así como sus posibles implicaciones a largo plazo.

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