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dopaje, doping
6 jun 2012

Dopaje y deporte. Una larga historia

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Desde los inicios de la humanidad, la rivalidad ha hecho que en cualquier competición deportiva se utilicen todos los medios posibles (lícitos y no lícitos) para obtener una ventaja y así…

Autor(es): Cristina Menescardi Royuela y Mauro Alberola Albors
Entidades(es): Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir
Congreso: VII Congreso Nacional de Ciencias del deporte y educación Física
Pontevedra – 5, 6 y 7 de Mayo de 2011
ISBN: 978-84-614-9945-8
Palabras claves: Dopaje, deportistas, rendimiento, historia

Dopaje y deporte. Una larga historia

Resumen

Desde los inicios de la humanidad, la rivalidad ha hecho que en cualquier competición deportiva se utilicen todos los medios posibles (lícitos y no lícitos) para obtener una ventaja y así, conseguir el status o dinero asociados a la victoria, recurriendo en muchos casos al dopaje; donde médicos, entrenadores y farmacólogos han trabajado de manera antiética para incrementar el rendimiento de los deportistas (Baron, Martin, & Abol, 2007).
Algunas de las sustancias que se continúan utilizando para mejorar el rendimiento son la cafeína, las anfetaminas, la hormona del crecimiento (GH), la eritropoyetina (EPO) o los esteroides anabolizantes, entre otros (Barbany, 2002), aunque todavía no estamos exentos de nuevos descubrimientos en lo que a la materia se refiere.
El presente artículo es una revisión bibliográfica acerca del origen y evolución del dopaje en el deporte a lo largo de la historia y el debate del tema en el momento actual.

INTRODUCCIÓN

La palabra “doping” proviene del dialecto kaffir hablado en África del Sur, donde “dop” o “dope” era conocida por ser una sustancia alcohólica (licor) que se utilizaba como estimulante en danzas ceremoniales primitivas (Barbany, 2002; Higgins, 2006; Mataix, Sánchez & González, 2006; Mazanov & McDermott, 2009; Rodríguez, 2008b; Selinger, 1999).
Actualmente el término “doping” se utiliza en el ámbito deportivo actual y se refiere al uso de sustancias prohibidas (o la presencia de marcadores de dichas sustancias en el cuerpo del atleta) o métodos que pueden mejorar artificialmente la condición física o mental de un deportista, y con ella, el rendimiento en la práctica deportiva, según el Comité Olímpico Internacional (I.O.C., 2004).
En 1933, el término dopaje apareció por primera vez en el diccionario Inglés. Aunque ya se era mencionada en la jerga americana, con el significado de “mezcla de opio y narcóticos que se administraba a los caballos” (Mataix et al., 2006: 379); por lo que en este sentido deriva del término holandés “doop”, que utilizaban los “jockeys” para aumentar el rendimiento de sus caballos (Barbany, 2002; Higgins, 2006; López, 2010; Mataix et al., 2006; Ramos, 1999; Rodríguez, 2008b; Selinger, 1999).
Para algunos autores, también parece evidente la relación existente entre este término con la palabra “dopa” referente a la dopamina (López, 2010; Mataix et al., 2006).
“Existen numerosos antecedentes históricos de la utilización de las sustancias en la práctica deportiva, que se remontan a las civilizaciones china, griega y precolombina” (Barbany, 2002:182) como por ejemplo, el uso de derivados anfetamínicos, alucinógenos, hojas de coca masticadas, etc. (Barbany, 2002: Baron et al., 2007; Laudo, Puigdeval, del Río & Velasco, 2006; Ramos, 1999).
La utilización de alcohol, alucinógenos, cafeína, y extractos de plantas y hongos también fue una práctica extendida durante la Edad Media y Moderna. Sin embargo, los primeros casos conocidos de dopaje en actividades deportivas se remontan al siglo XIX; aunque la primera muerte de la que se tiene constancia, atribuible a la ingestión de sustancias dopantes, data de finales de este mismo siglo (Barbany, 2002; Rodríguez, 2008a; Selinger, 1999).
Hoy en día el dopaje está a la orden del día, y algunos de los casos más sonados a nivel nacional e internacional han sido el caso Contador y el caso “Galgo” donde los implicados son deportistas españoles.

LOS INICIOS DEL DOPAJE

Algunos autores argumentan que la primera instancia de dopaje ocurrido fue en el Jardín del Edén, cuando Adán y Eva comieron la manzana del árbol prohibido para obtener poderes divinos (Bahrke y Yesalis, 2002; Rodríguez, 2008a).
Ya en la mitología nórdica, los guerreros “bersekers” consumían setas como la “Amanita Muscaria”, que contiene un alcaloide denominado muscarina, el cual tiene un efecto estimulante y alucinógeno. Además utilizaban grandes cantidades de alcohol para estimularse. Los samoyedos también utilizaban la “Amanita Muscaria” para inducir un estado de combatividad (Bahrke  & Yesalis, 2002; López, 2010; Mataix et al., 2006; Ramos, 1999; Rodríguez, 2008a).
Los antiguos africanos usaban hojas de mandrágora por sus efectos narcóticos y afrodisíacos, así como diferentes tipos de Cola (Cola Accumanita y Cola Nitida) utilizadas en carreras debido a sus efectos estimulantes (López, 2010; Rodríguez, 2008a).
Durante siglos, los indígenas del Perú han masticado hojas de coca Peyote (que contiene los efectos de la estricnina) o el mate de coca borracho para aumentar la resistencia y protegerse del mal de la montaña; testimonio del empleo de esta sustancia por los nativos son las estatuillas que presenta la cultura Nariño-Cancho donde aparecen bolsas para guardar las hojas de coca. Aunque en sus principios, el consumo de esta sustancia tenía fines religiosos, después lo utilizaban en las carreras que formaban parte de los rituales de fertilidad, entre las que se cuenta el recorrido de 1750 km en cinco días desde la capital del imperio hasta Quito. (López, 2010; Ramos, 1999; Rodríguez, 2008a). Esta sustancia fue tan utilizada que llegó a establecerse una distancia, “la cocada”, que era el recorrido que podía hacerse bajo los efectos de una dosis normal de hoja de coca (López, 2010; Rodríguez, 2008a). El consumo del mate se remonta a los aborígenes de la América actual, quienes la utilizaban para preparar infusiones debido a su efecto estimulante a consecuencia de la cafeína que contiene. Por su parte, los guaranís de Uruguay cultivaban la guaraná buscando los mismos efectos (Rodríguez, 2008a).
Los aborígenes austriacos comían la planta “Pituri” por su efecto narcótico. En China, los comandantes utilizaban “Ma Huang” (Ephedra) como estímulo, además de otras plantas (p.e. opio, ginseng) las cuales tienen el efecto de estimular y fortalecer el rendimiento físico e intelectual. Un cuadro chino del S.III muestra a un emperador masticando una rama de “Ephedra Sínica”, planta que contiene efedrina, alcaloide con efectos estimulantes adrenérgicos, que en la actualidad es una sustancia dopante (Bahrke & Yesalis, 2002; López, 2010; Mataix et al., 2006; Rodríguez, 2008a).

GRECIA

Desde el siglo VII a. C. hasta alrededor del 400 a.C., el deporte alcanzó un importante estatus en la vida social griega, sobre todo gracias al inicio de los Juegos Atléticos Antiguos en el 776 a.C. en Olimpia (López, 2010; Rodríguez, 2000).
Los espectadores estaban a la orden del día en lo referente al deporte y los ganadores no sólo conseguían premios, sino que también gozaban de reconocimiento social especial, alimentación, vivienda, incluso exenciones de impuestos y servicios armados, en algunos casos eran considerados casi semidioses; por eso, los atletas estaban dispuestos a probar cualquier sustancia o método con tal de mejorar su rendimiento (Selinger, 1999). Por otra parte, todas las ciudades que participaban en los Juegos Olímpicos se jugaban su prestigio en ellos, por lo que aparte de facilitar el entrenamiento de sus representantes para que practicasen y mejoraran su disciplina, estaban dispuestos a intentar cualquier cosa que pudiera mejorar su actuación deportiva, estudiaron las técnicas de su deporte y experimentaron con su dieta. Entre otras, tenían dietas especiales basadas en gran variedad de hongos, incluidos los alucinógenos, semillas de plantas, higos secos, vino, queso húmedo o carne para mejorar el rendimiento (Bahrke & Yesalis, 2002; Barbany, 2002; Baron, Martin, & Abol, 2007; Higgins, 2006). Por ejemplo, Charmis, el ganador espartano de la carrera del “stade”, que consistía en una vuelta al estadio (aproximadamente 200 yardas, 183 m.) en los JJ.OO. del 668 a.C., usó una dieta especial de higos secos (Bahrke & Yesalis, 2002).
Por otra parte, Milón de Crotona (s. VI a.C.) contaba que los deportistas tomaban cantidades de carne en función de la especialidad que competían y sus características. Un siglo después, en tiempos de Hipócrates, los deportistas que tenían que realizar pruebas de resistencia aeróbica ingerían plantas para evitar la congestión del bazo; tal como reflejan Filóstrato y Galo en el S. III a.C. y Plinio el Joven en el siglo I d.C., quienes aseguraban que un bazo en malas condiciones era un obstáculo para la velocidad en la carrera (López, 2010; Rodríguez, 2008a).
Curiosamente, mientras la violación de las reglas olímpicas fue tratado con dureza en los Juegos Olímpicos antiguos, ya que los atletas eran descalificados por tomar analgésicos o narcóticos; sin embargo, no parece que ninguna otra cultura en la antigüedad haya hecho  ningún esfuerzo para desalentar el uso de sustancias ergogénicas, como veremos más adelante.

ROMA

El estado de los deportes y la posición elevada de los atletas continuaron en la época del Imperio Romano. El crecimiento del deporte como entretenimiento público se vio favorecido con la lucha de gladiadores y carreras de carros (Selinger, 1999). Para complacer a las multitudes romanas, Vespasiano mandó construir el Coliseo, en el siglo I d.C., donde aproximadamente 60.000 espectadores podían ver los eventos deportivos y concursos (Bahrke & Yesalis, 2002).
Durante este período, los atletas romanos no sólo intentaban mejorar gracias al uso de las termas o la gimnasia, sino que el consumo de drogas estuvo presente tanto en los atletas que mezclaban los estimulantes con alcohol para superar la fatiga y el cansancio, y así parecer más violentos y sanguinarios; como en las carreras de cuadrigas donde se detectó que algunos caballos habían sido alimentados con sospechosas sustancias compuesta fundamentalmente de hidromiel con tal de que corriesen más rápido (Baron et al., 2007; Higgins, 2006; Houlihan, 2002; López, 2010; Ramos, 1999; Rodriguez, 2008a; Selinger, 1999). Esto era lo que el espectador quería ver y por lo que pagaba. Semejanzas de esto, se encuentran hoy en día con los combates de lucha libre anunciados por televisión en todo el mundo, que tienen millones de seguidores (Selinger, 1999).

EDAD MEDIA

Al igual que las sociedades anteriores, los caballeros medievales también utilizaban estimulantes para mejorar su resistencia en la batalla, como la utilización de alcohol, cafeína, alucinógenos de distintos tipos y extractos de plantas y hongos, la cual fue una práctica extendida durante la Edad Media y en posteriores etapas (Barbany, 2002; Mataix et al., 2006; Selinger, 1999). Aunque también se suministraba anís, miel y arsénico a los caballos con el fin de excitarlos para ganar las carreras (Higgins, 2006), práctica que se mantuvo durante varios siglos.
La era cristiana marcó el declive de los antiguos juegos romanos, en el siglo IV con la abolición de los JJ.OO. por parte del emperador Teodosio I. (Rodríguez, 2000), lo que también llevó a la prohibición de todas las formas de deporte (Rodríguez, 2008a).

EDAD MODERNA

A partir del siglo XVI comienza a utilizarse el consumo de drogas con fines militares, por ejemplo, en 1718 en la guerra entre Noruega y Suecia se utilizó la “Amanita Muscaria” como estimulo. En diversas guerras se usaron sustancias como la cocaína, la morfina, la heroína o la anfetamina como estímulo, ejemplo de ello son la Guerra Civil de EE.UU. de 1863, la guerra de Alemania de 1883 y la II Guerra Mundial (1939-1945) entre Gran Bretaña y EE.UU.; influyendo en su consumo la ideología dominante, como fue el caso de Alemania (Bahrke & Yesalis, 2002; Mataix et al., 2006; Rodríguez, 2008a).

En la II G.M., también se usaron sustancias como la efedrina y la testosterona. Con los pilotos, al trabajar en altitud, se utilizó la transfusión de sangre, así como el consumo de anfetaminas en vuelos nocturnos buscando mayor agresividad, estimulación y eficiencia. (Bahrke & Yesalis, 2002; López, 2010; Ramos, 1999; Rodríguez, 2008a).
El efecto estimulante de la cafeína hoy en día es muy reconocido; por aquel entonces, los soldados tomaban café mientras servían debido a los efectos estimulantes del mismo; ya que éste es el fármaco más elegido por quienes necesitan un buen funcionamiento de su cerebro en determinados períodos de trabajo. Debido a la eficacia del uso de estas sustancias con fines militares, los deportistas comenzaron a utilizarlas entre ellos: nadadores, corredores, ciclistas, etc. (Bahrke & Yesalis, 2002).
La Revolución Industrial trajo muchas contribuciones a la sociedad, como las nuevas instituciones políticas a nivel social, la tecnología de la  comunicación y los transportes a nivel industrial y, en el ámbito deportivo, se formaron clubes de atletismo (1968), rugby (1843), fútbol (1857), etc. y competiciones; lo que irremediablemente llevó a la creación de normas sobre la competición, (Rodríguez, 2000), p.e. el primer reglamento de fútbol data de 1963 y en el caso del rugby el primer reglamento se aprobó en 1871. La introducción de la normativa dentro de la competición es el primer paso para la posterior reglamentación y control del dopaje.

SIGLO XIX

A mediados del siglo XIX, se dan los inicios de la ciencia moderna y con ella, sus avances, que traen como consecuencia un aumento del consumo de drogas y otras sustancias para aumentar el rendimiento de forma fraudulenta, principalmente a través de los estimulantes como ayuda ergogénica.  En este período nace la experimentación científica de los efectos de los anabolizantes (Laudo et al., 2006; López, 2010; Selinger, 1999).
En 1879, se realizaron las primeras carreras ciclistas de varios días de duración, en las cuales los entrenadores de aquella época disponían de pequeños remedios con el fin de soportar mejor la prueba por parte de los corredores, como la ingesta de cafeína, trozos de azúcar mezclados con éter o simplemente alcohol. De ésta época data la primera muerte por dopaje del ciclista Arthur Linton a causa del consumo excesivo de estupefacientes, durante las famosas carreras de los Seis Días (Bahrke & Yesalis, 2002; Barbany, 2002; López, 2010; Mataix et al., 2006; Ramos, 1999; Rodríguez, 2008a).
A partir de este período, es cuando se observa el cambio en la utilización de las sustancias, se ha pasado de las pócimas mágicas a los fármacos con tal de mejorar el rendimiento de los deportistas (Ramos, 1999; Rodríguez, 2008a). Durante este siglo continúa la administración de narcóticos a los caballos de carreras para ganar las apuestas, práctica que se remonta a la Edad Media y que no se regulará hasta 1912 cuando se realicen controles de saliva a los caballos (Higgins, 2006; Mazanov & McDermott, 2009).
El deporte en esta época vuelve a resurgir en la sociedad, ocupando el lugar y prestigio que tenía en la cultura clásica, se puede observar como las multitudes presentes en los grandes acontecimientos crecieron de unos pocos miles a centenares de miles de personas; se construyeron instalaciones deportivas y los eventos deportivos recibieron mayor cobertura en los medios de comunicación existentes. El deportista de élite regresó a la estima de la sociedad y los deportes ya no son una actividad a desempeñar exclusivamente durante el tiempo libre (Selinger, 1999).

 

SIGLO XX

A principios del siglo XX, en el mundo del boxeo los deportistas tomaban estricnina con alcohol y cocaína o estricnina con cafeína.  Se llegó incluso a utilizar el arsénico en forma de arseniato de potasio (licor de Fowler) o arseniato de sodio (licor de Pearson), así como la nitroglicerina, trimetileno o mezclas de ellos (Mataix et al., 2006; Ramos 1999; Rodríguez, 2008a).
Este es el comienzo del “dopaje empírico” basado en la utilización de prescripciones médicas de estricnina, cafeína, ácido crómico y derivados del arsénico; después del cual vendrá el “dopaje sintomatológico”, con el consumo de tónicos cardíacos que ralentizan el corazón, anfetaminas y extractos tiroideos, cuyos efectos interesaban especialmente a los deportistas. Posteriormente, en la década de los 60, aparecerá el “dopaje hormonal” de la mano de los atletas americanos que consumían esteroides anabolizantes con el fin de aumentar su musculatura (Mataix et al., 2006, López, 2010; Ramos 1999; Rodríguez, 2008a).
La actividad deportiva continúa siendo espectáculo pero también se convierte progresivamente en grandes negocios, ya que es una fuente importante de entretenimiento, ingresos y empleo. Los atletas ya no quieren sólo competir, sino que desean ser los mejores y quieren ganar a cualquier precio; por lo que a raíz de los avances tecnológicos, iniciados en el siglo anterior, comienza el consumo de sustancias. La sociedad hizo la vista gorda, puesto  que se tardó varios años en regular y legalizar dicha situación (Selinger, 1999). Esto podría deberse a que el consumo de drogas para aumentar la eficiencia funcional de los atletas, no se concibió como una violación a las normas de la competición o como hacer trampa hasta que en 1933 pasó a formar parte del lenguaje inglés gracias a las aportaciones del Dr. Otto Rieser y colaboradores, quienes discutían sobre la existencia del dopaje en el deporte (Bahrke & Yesalis, 2002).

LUCHA CONTRA EL DOPAJE

El consumo de drogas, ya presente en 1886, cuando murió el ciclista Arthur Linton, se mantuvo durante los Juegos Olímpicos de 1952 y 1956. Algunos ejemplos de dopaje durante este período son: el corredor Tomas Kicks (1904), Dorando Pietri (1908) y el nadador japonés Kusuo Kitamira (1932) entre otros.
Fue en 1964 cuando se realizaron los primeros intentos de regulación  del dopaje.  El C.O.I., en el Congreso de Tokio, decidió que habría que condenar el dopaje de los deportistas, puesto que el uso de sustancias dopantes es contrario a la ética del deporte, afecta a la salud de los deportistas y a los valores implícitos en toda práctica deportiva. Aún así, hasta 1967 no se aprobó la Resolución n º 12/67 sobre la lucha contra el dopaje en el deporte. Sin embargo, el consumo de drogas no desapareció de las competiciones deportivas, como muestra el caso de dopaje de Joseph Rombaux (1968) entre otros (Bahrke & Yesalis, 2002; Baron et al., 2007; Hoberman, 2007; López, 2010; Mataix et al., 2006; Ramos, 1999; Rodríguez, 2008a; Selinger, 1999).
Tras la muerte del ciclista Knud Jensen en 1960,  en los juegos olímpicos de Roma y la del ciclista Tom Simpson, siete años más tarde, se puso de relieve la necesidad de instaurar controles antidopaje. Fue en 1968 cuando el C.O.I. creó una Comisión Médica y publicó su primera lista de sustancias dopantes. Por otra parte, en 1969, gracias a la Real Federación Española de Ciclismo, se comienzan a realizar controles antidopaje en las pruebas organizadas por la propia federación (García, 2009; Houlihan, 2002; López, 2010; Mazanov & McDermott, 2009; Ramos, 1999).
Por fin, en 1984, gracias al Consejo de Europa, se crea la “Carta Europea contra el Dopaje en Deporte”. Aunque cabe destacar que en los Juegos Olímpicos de Seúl, en 1988, la lucha contra el dopaje alcanzó un desarrollo importante debido al resultado positivo del atleta Ben Johnson, quien era considerado el hombre más rápido de la tierra hasta la fecha; este descubrimiento fue de gran trascendencia porque provocó que las autoridades deportivas se tomarán en serio la detección de sustancias dopantes. Ese mismo año, el C.O.U. publicó la “Carta contra el Dopaje en el Deporte Olímpico Internacional”.
En 1990 se añadieron nuevas sustancias a la lista de sustancias dopantes y al año siguiente, se creó la subcomisión de control de antidopaje fuera de la competición que reforzaba la labor existente hasta el momento. Después de ello, se han realizado diversos congresos, publicaciones, conferencias y actos en contra del dopaje (Baron et al., 2007; López, 2010; Mataix et al., 2006; Laudo et al., 2006; Ramos, 1999).
Las actuaciones antiéticas de dopaje de los atletas afectaron de manera decisiva la credibilidad del deporte de élite de cara al público e influyeron en la creación, en 1999, de la Agencia Mundial Antidopaje (A.M.A.) y en la aprobación del Código Mundial Antidopaje (2003).
Actualmente, la A.M.A dirige y coordina la lucha, publicando anualmente la lista de sustancias y prácticas prohibidas dentro y fuera de las competiciones, asegurando así que todos los deportistas estén sometidos a las mismas reglas (García, 2009; Higgins, 2006; Laudo et al., 2006), la gran diferencia se muestra en el aumento del 25% de controles y la obligatoriedad de los análisis de sangre en los juegos de Atenas con respecto a Sydney 2000 (Higgins, 2006).
Se observa por tanto, que el consumo de drogas ha sido una constante a lo largo de la historia, en todas sus civilizaciones y culturas. Pese a todos los esfuerzos, los transgresores, ayudados por los avances científicos, siguen yendo por delante de los métodos de detección y, hoy en día, la gran amenaza es el dopaje genético, del cual todavía no hay casos comprobados de su utilización.

DETECCIÓN DE LAS SUSTANCIAS DOPANTES EN LAS ÚLTIMAS DÉCADAS

En 1940 aparecieron por primera vez en el deporte, las anfetaminas. Esta droga, desde mediados de 1950 hasta finales de 1970, se caracterizó por un consumo excesivo entre los ciclistas y jugadores de futbol americano. Actualmente estas sustancias son  poco utilizadas debido a la facilidad de identificación y el gran abanico de alternativas.(Bharke &Yesalis, 2002; Houlihan, 2002, Mazanov & McDermott, 2009).
En 1950 comienza el uso de anabolizantes (esteroides anabólicos y agentes anabólicos). Su uso fue generalizado, desde finales de los 60 hasta final de la década de los 80, en la mayoría de los deportes olímpicos, desplazando a otras sustancias como los estimulantes. Su consumo parecía exclusivo de los levantadores de peso y culturistas, ya que esta sustancia es capaz de aumentar la fuerza, la masa y la potencia muscular, pero progresivamente se ha ido incorporando a otras disciplinas, debido a que incluso puede modificar la actitud ante el entrenamiento, permitiendo entrenar más tiempo, con  mayor intensidad y frecuencia y, a su vez, con menor fatiga (Laudo et al., 2006, Houlihan, 2002). Sin embargo, los esteroides no fueron agregados a la lista de sustancias prohibidas del COI hasta 1973, cuando la tecnología hizo posible su detección entre los atletas (Mazanov & McDermott, 2009).
A finales de 1960 se introduce la cocaína en el fútbol americano, con un consumo moderado hasta el día de hoy.En 1970 aparecen el uso de diuréticos, sobre todo en deportes relacionados con el peso; su uso es reducido debido a la facilidad de identificación.En esta misma década, se comenzó a usar la efedrina y estimulantes relacionados.  La efedrina ha sido utilizada desde entonces hasta la actualidad en la mayoría de deportes olímpicos, como el caso de los JJ.OO. de invierno de 1972 en Sapporo y los de 1976 en Innsbruck donde se encontraron casos de consumo de esta sustancia. Lo mismo ocurre con el consumo de cafeína, que ha aumentado desde la década de los 70 hasta nuestros días, utilizada en combinación con la efedrina o como diurético. (Houlihan, 2002).
A finales de 1970 y principios de 1980, ve la luz el dopaje sanguíneo y la eritropoyetina (EPO), que se utilizó para aumentar la resistencia en deportes de larga distancia, como el ciclismo, y en otros deportes como natación, atletismo y esquí de fondo, ya que incrementa el número de hematíes y la oxigenación muscular. El uso de EPO hace que el cuerpo de los atletas pueda recibir más oxígeno de lo normal, por lo que aumenta el rendimiento mediante la mejora de transporte de oxígeno (Baron et al., 2007; Houlihan, 2002; Laudo et al., 2006; Mazanov & McDermott, 2009).
A mediados de los 80, aparece el uso de la hormona de crecimiento (GH) en los mismos deportes que se utilizan los esteroides anabólicos. Su consumo se ha incrementado en el mundo deportivo, tanto en profesionales como en aficionados. Se consume especialmente desde que se dispone de la hormona de crecimiento sintética. Con su consumo se detecta incremento en la síntesis proteica, reducción en la oxidación de las proteínas durante la realización de actividad física e incremento de la masa corporal (García, 2006;  Houlihan, 2002).

Tabla 1.

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 15

CASOS PUNTUALES DE DOPAJE EN LA ACTUALIDAD DEL DEPORTE ESPAÑOL

No  hace mucho tiempo, hace escasamente medio año, la Federación Internacional de Ciclismo anunció un importante caso de dopaje, sobre un famoso y conocido ciclista a nivel mundial, llamado Alberto Contador. Esta noticia puso en vilo a toda la comunidad deportiva española y mundial.
Un 21 de Julio de 2010, justo en uno de los días de descanso después de haber finalizado el Tour, en uno de los controles realizados sobre los deportistas, Alberto Contador dio positivo.  Si Contador era acusado de dopaje, podría convertirse en el segundo ciclista en ser despojado de su título del Tour, dado que en el otoño de 2006 en  Estados Unidos, un ciclista llamado Floyd Landis le ocurría esta misma desgracia.
Se trataba del hallazgo de una sustancia prohibida, denominada “clembuterol”. El “clembuterol” es una sustancia que se utiliza para engordar animales y que se podría utilizar en las personas, para aumentar su grasa corporal. Los expertos dicen que es poco viable, incluso cuando se ingiere en grandes cantidades.
Posteriormente, el 28 de Enero de 2011, Alberto Contador defiende de una manera contundente su inocencia ante la propuesta de suspensión de un año por supuesto dopaje a cargo de la Federación Internacional de Ciclismo (UCI) en una emotiva conferencia de prensa. Defiende que la sustancia en la que dio positivo, viene derivada de la ingesta de un trozo de carne proporcionado por un amigo, que se encontraba en mal estado o contaminada.
La Federación Ciclista Internacional y la Organización Mundial de la Lucha contra el Dopaje (WADA) al parecer presionaron a la Federación Española de Ciclismo (RFEC) para actuar con contundencia, exigiendo la suspensión de dos años, especialmente a raíz los numerosos casos de dopaje de atletas españoles, entre ellos ciclistas importantes.
Finalmente, el 15 de Febrero de 2011, Alberto Contador fue liberado de las acusaciones de dopaje contra él y recuperó su licencia para competir. La Federación Española de ciclismo propuso la suspensión de un año del señor Contador, lo que le habría despojado de su título del Tour 2010, pero en un mes ha rectificado, absolviéndole. La decisión de la federación española de ciclismo se produjo “casualmente” después de que el presidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, en “Twitter” publicara la siguiente frase: “no hay razón legal para justificar la suspensión a Contador”. Esta frase fue criticada por muchos como una presión indebida sobre funcionarios de la federación.
A partir de esta acción emprendida por la Federación Española de Ciclismo, Alberto Contador está compitiendo a nivel oficial como un ciclista más, a expensas de lo que decida la Federación Internacional de Ciclismo, que todavía no se ha posicionado a favor o en contra del corredor.
Otro de los casos relacionados con el dopaje y a nivel nacional, es la “Operación Galgo”, aunque difiere del caso anterior. Este asunto trata sobre el contrabando de productos o sustancias dopantes, que son ilegales, y que engloban a una serie de personas relacionadas con el mundo del alto rendimiento, desde entrenadores y médicos hasta los propios deportistas.
Marta Domínguez, campeona del mundo en los 3.000 metros obstáculos, icono nacional,  atleta del Año en el Europeo de 2009, fue arrestada por su papel en una red de dopaje. Es una de las 14 personas detenidas como parte de la “Operación Galgo”, después de que la policía encontrara grandes cantidades de sustancias prohibidas en su casa. La policía argumentó la sospecha de la distribución de drogas a otros atletas. Marta fue puesta en libertad posteriormente tras ser interrogada.
La “Operación Galgo” se produce tan sólo meses después de que el tres veces ganador del Tour de Francia, Alberto Contador, fuera objeto de  sospecha de dopaje por su último título conseguido el año 2010.
El problema del dopaje, aparte de las repercusiones reglamentarias, como las sanciones de inactividad, son los daños que éste provoca en el organismo que varían desde palpitaciones, vómitos o dolor de estómago hasta la muerte (como es el caso del ya comentado Tom Simpson durante el Tour de Francia de 1.967), pasando por cáncer de hígado y de próstata, infartos al corazón e innumerables enfermedades cardiovasculares. Esto se debe a que estas drogas eliminan la sensación de cansancio, por lo que en lugar de bajar el ritmo del ejercicio se mantiene debido a que no se acusa cansancio pero, en realidad, el organismo está haciendo un gran esfuerzo que, en algunos casos, puede provocar un colapso y la muerte.El problema se agudiza, afectando gravemente a la salud de los deportistas porque el consumo de estas sustancias hormonales rara vez tiene lugar de forma aislada; generalmente recurren a la ingesta de varios fármacos diferentes pero asociados,  buscando aumentar su efecto o enmascarar las sustancias, con lo que las consecuencias en su salud también se multiplican(Houlihan, 2002).
Pero más allá de la competición y las sustancias dopantes, cada vez más se va extendiendo más el uso de estas sustancias fuera del deporte profesional ya que son más accesibles que nunca, gracias a internet y al suministro ilegal en gimnasios u otros centros deportivos, y no hay temor a ser descubiertos debido a la escasez de controles a nivel recreativo o semiprofesional, realizándose en la mayoría de los casos sin supervisión médica(Houlihan, 2002; Mazanov & McDermott, 2009; Posiadala, et al., 2010).

DISCUSIÓN

Todo lo expuesto en la presente revisión nos lleva a pensar que en el mundo deportivo de hoy en día, el uso y las pruebas de sustancias prohibidas son temas principales de preocupación. El problema no está sólo en los resultados positivos obtenidos, sino en que tanto atletas como entrenadores y todo el equipo deportivo están constantemente buscando cómo infringir las reglas y evitar ser descubiertos. La ciencia y la tecnología permiten a los infractores ir por delante de los medios de detección. Muestra de ello es que con el tiempo se han incluido muestras de orina aparte de las analíticas de sangre para que el menor rastro de droga sea detectado, y con el tiempo estos métodos serán más rigurosos y exhaustivos.
Respecto a lo comentado anteriormente, existe un problema ético detrás de todo consumo de sustancias dopantes ya que deja de haber igualdad en la competición y los resultados pasan a ser injustos. Todo ello sin tener en cuenta los problemas de salud que a largo plazo repercutirán sobre los deportistas, quienes pretenden ganar a cualquier precio o ¿es que los atletas no son conscientes del precio que podrían llegar a pagar?
Para finalizar, queremos reivindicar la promoción de una práctica sana y responsable del deporte, sin necesidad de llegar al uso de sustancias prohibidas, para conseguir superarse a uno mismo y alcanzar la victoria.

 

Bibliografía

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AGRADECIMIENTOS

Quisiéramos agradecer a Anabel Bastida y a Concepción Ros su dedicación a la revisión.

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