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3 nov 2009

Estilo de vida y actividad física organizada

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Existe en la sociedad una preocupación debida a la influencia que las sociedades desarrolladas tienen en ella, como resultado de una forma de vida que impone cambios en la alimentación, en el trabajo, en los ritmos vitales (Nuviala, Munguía, Fernández, García y Ruiz, 2009; Palomo, Márquez-Calderón, Ortún y Benavides, 2006).

 
Autor(es): Alberto Nuviala Nuviala *, Antonia Jaume Pons **, Oscar Alda Schönemann **, Juan Antonio Burges Abad **
Entidades(es): * Universidad Pablo de Olavide. ** Consejería de Educación Gobierno de Aragón
Congreso:VII Congreso Internacional Sobre la Enseñanza de la Educación Física y el Deporte Escolar
Ceuta- 3-6 de Noviembre de 2009
ISBN: 978-84-613-3640-1
Palabras claves: Estilo de vida, actividad física, salud
 

Resumen

Existe en la sociedad una preocupación debida a la influencia que las sociedades desarrolladas tienen en ella, como resultado de una forma de vida que impone cambios en la alimentación, en el trabajo, en los ritmos vitales (Nuviala, Munguía, Fernández, García y Ruiz, 2009; Palomo, Márquez-Calderón, Ortún y Benavides, 2006). El desarrollo socioeconómico ha aportado enormes mejoras en la salud, pero también aporta nuevos riesgos sanitarios relacionados con el medio ambiente, con las conductas y los estilos de vida. El estilo de vida poco saludable y sedentario, resultado de ese conjunto de factores aludidos anteriormente y de otros más, es considerado, por sus repercusiones sobre la salud, la epidemia del siglo XXI, siendo actualmente centro de atención internacional de las políticas sanitarias y educativas (Hernández, Velázquez, Martínez, Garoz, López y López, 2008). Esa preocupación se extiende hasta los más jóvenes, ya que los hábitos adoptados durante los últimos años y el estilo de vida han provocado una evolución negativa de los mismos (Moreno, Muñoz-Tinoco, Pérez y Sánchez-Queija, 2004), materializándose en un incremento importante del sedentarismo en la población (Levin, Ainsworth, Kwok, Addy, y Popkin,1999; Kann, Kinchen,  Williams, Ross, Lowry, Grunbaum, y Kolbe, 2000; Trost, Pate, Sallis, Freedson, Taylor, Dowda y Sirard, 2002). Las consecuencias de este estilo de vida van más allá del propio sedentarismo. Así, Pastor, Balaguer y García-Merita (2006), en un estudio realizado con adolescentes de entre 15 y 18 años, concluyeron que la realización de actividad físico-deportiva ejerce una influencia indirecta sobre las conductas de salud. La inactividad física se asocia con hábitos de consumo de sustancias perjudiciales para la salud como son el tabaco (Carrasco, 2004; McGinnis y Foege, 1993; Moreno y cols., 2004) y el alcohol, problema muy preocupante en la juventud española (Espada, Pereira y García-Fernández, 2008). Son las niñas las que consumen en mayor medida este tipo de sustancias (Espada, Pereira y García-Fernández, 2008; Moreno y cols., 2004; Rodrigo, Márquez, Batista-Foguet, García, Rodríguez, Martín y Martínez, 2006), y conforme se hacen mayores, su uso se incrementa (Batista-Foguet, Mendoza, Pérez-Perdigón y Rius, 2000).

Introducción

Existe en la sociedad una preocupación debida a la influencia que las sociedades desarrolladas tienen en ella, como resultado de una forma de vida que impone cambios en la alimentación, en el trabajo, en los ritmos vitales (Nuviala, Munguía, Fernández, García y Ruiz, 2009; Palomo, Márquez-Calderón, Ortún y Benavides, 2006). El desarrollo socioeconómico ha aportado enormes mejoras en la salud, pero también aporta nuevos riesgos sanitarios relacionados con el medio ambiente, con las conductas y los estilos de vida. El estilo de vida poco saludable y sedentario, resultado de ese conjunto de factores aludidos anteriormente y de otros más, es considerado, por sus repercusiones sobre la salud, la epidemia del siglo XXI, siendo actualmente centro de atención internacional de las políticas sanitarias y educativas (Hernández, Velázquez, Martínez, Garoz, López y López, 2008). Esa preocupación se extiende hasta los más jóvenes, ya que los hábitos adoptados durante los últimos años y el estilo de vida han provocado una evolución negativa de los mismos (Moreno, Muñoz-Tinoco, Pérez y Sánchez-Queija, 2004), materializándose en un incremento importante del sedentarismo en la población (Levin, Ainsworth, Kwok, Addy, y Popkin,1999; Kann, Kinchen,  Williams, Ross, Lowry, Grunbaum, y Kolbe, 2000; Trost, Pate, Sallis, Freedson, Taylor, Dowda y Sirard, 2002). Las consecuencias de este estilo de vida van más allá del propio sedentarismo. Así, Pastor, Balaguer y García-Merita (2006), en un estudio realizado con adolescentes de entre 15 y 18 años, concluyeron que la realización de actividad físico-deportiva ejerce una influencia indirecta sobre las conductas de salud. La inactividad física se asocia con hábitos de consumo de sustancias perjudiciales para la salud como son el tabaco (Carrasco, 2004; McGinnis y Foege, 1993; Moreno y cols., 2004) y el alcohol, problema muy preocupante en la juventud española (Espada, Pereira y García-Fernández, 2008). Son las niñas las que consumen en mayor medida este tipo de sustancias (Espada, Pereira y García-Fernández, 2008; Moreno y cols., 2004; Rodrigo, Márquez, Batista-Foguet, García, Rodríguez, Martín y Martínez, 2006), y conforme se hacen mayores, su uso se incrementa (Batista-Foguet, Mendoza, Pérez-Perdigón y Rius, 2000). La práctica regular de actividad física se ha relacionado con la lucha contra la drogodependencia (Moreno y cols., 2004), por lo que no es de extrañar que el Parlamento Europeo (Schmitt, 2007) haya instado a promocionar este tipo de práctica. Un estilo de vida activo, saludable, contribuye a un funcionamiento más eficiente de diversos sistemas corporales, al mantenimiento de peso, a una reducción de enfermedades degenerativas, a una reducción de la mortalidad y a un incremento en la mejora global de calidad de la vida (Bouchard, Shephard y Stephens, 1994; Sallis y Owen, 1999). Un estilo de vida activo durante la adolescencia, además, tiene beneficios para la salud coetánea y futura (Riddoch, 1998; Sallis, 1994; Sallis y Owen, 1999). A la luz de los datos anteriores, los objetivos de este trabajo, realizado con niños y niñas de Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato son: conocer como ocupan su tiempo libre, determinar si existen diferencias en función del sexo y la edad y comprobar si la participación en actividades físicas organizadas se asocia a un estilo de vida diferente.

Material y métodos

Participantes Los participantes en este estudio han sido 745 alumnos, de los cuales el 55,7% niñas y el 44,3% niños, matriculados en primer ciclo de Educación Secundaria (34,4%), segundo ciclo de Educación Secundaria Obligatoria (40,6%) y Bachillerato (25%). Procedimiento Se pidió a los estudiantes con edades comprendidas entre 12 a 17 años que respondiesen a un cuestionario diseñado con variables y dimensiones incluidas en el trabajo Health Behavior in School Aged Children (HBSC) (Moreno y cols. 2004) y en el cuestionario Self-Administered Physical Activity Checklist (SAPAC) (Sallis, Strikmiller, Harsha, Feldman, Ehlinger,  Stone, Williston y Woods, 1996), adaptado a la población española (Tercedor y Lopez, 1999). Al cuestionario se le añadió la pregunta si participaba en actividades físicas organizadas, pudiendo los alumnos elegir entre las opciones “sí participo en actividades físicas organizadas” y “no participo en la actualidad en actividades físicas organizadas”.

Análisis de datos

Una vez efectuado el trabajo de campo y el procesamiento de los datos, procedimos al análisis de los resultados. La interpretación de los datos la hemos realizado mediante la aplicación de diversas técnicas de análisis cuantitativo precisas para esta investigación mediante el paquete informático SPSS 17.0. Hemos recurrido al análisis de tipo descriptivo en primer lugar y posteriormente hemos continuado con el análisis inferencial que tiene por objeto constatar el grado de asociación/relación entre las diversas variables controladas mediante tablas de contingencia y la prueba de contraste χ2. Con el fin de facilitar la interpretación y presentación de los datos, hemos agrupado las respuestas en tres grupos homogéneos. Así, cuando estudiamos el tiempo dedicado a actividades diarias de tiempo libre las hemos reagrupado en “menos de una hora”, “entre una y dos horas” y “más de dos horas”. Cuando investigamos sobre el consumo de diversas sustancias tenemos tres categorías: “habitualmente”, “esporádicamente” y “nunca”.

Resultados

Comenzaremos analizando el tiempo que los adolescentes dedican a realizar actividades pasivas del tiempo libre. Un 53,4% dedica menos de una hora diaria a jugar o trabajar con el ordenador o videoconsola y solamente un 8,1% destina más de dos horas diarias. Por lo que se refiere al tiempo dedicado a ver televisión, el valor modal es entre una y dos horas, respuesta efectuada por un 51%. Un 21,4% declara ver televisión menos de una hora diaria, y el 27, 7% restante ve televisión más de dos horas diarias. Al tiempo libre inactivo, hay que sumarle el tiempo dedicado a las tareas escolares. La respuesta más frecuente entre los adolescentes es la utilización de una hora a dos horas diarias a las actividades académicas. Casi una cuarta parte ha manifestado dedicar menos de una hora a este tipo de tareas. Solamente el 32% declara haber dedicado menos de una hora a la práctica de actividad física en su tiempo libre. Casi la mitad de los adolescentes objeto del estudio ha manifestado realizar entre una y dos horas de práctica deportiva. Practicantes de actividad física organizada tenemos el 65,3% de los adolescentes. Si analizamos el consumo de alcohol, tabaco y otras drogas observamos que el 71,3% afirma no consumir alcohol y solamente dice hacerlo de forma habitual el 2,5%. No fumadores encontramos un 68,2 % y fumadores habituales son el 21,4%. Finalmente, un 4% de los adolescentes manifiesta consumir algún tipo de droga habitualmente, un 8,5% esporádicamente y el 87,5% restante dice no haberlo hecho nunca. Encontramos diferencias significativas entre sexos en el tiempo dedicado a las tareas escolares, el tiempo dedicado a jugar/trabajar con el ordenador, en el tiempo empleado en la realización de actividad física, la adscripción a actividades organizadas, el consumo de alcohol y de drogas (tabla 1).

Tabla 1. Tabla de contingencia ocupación del tiempo libre, consumo de sustancias en función del sexo y la edad. Porcentaje, prueba de Chi-cuadrado y nivel de significación.

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 1

1.

 

El ciclo educativo también está relacionado con el estilo de vida. Hemos encontrado diferencias significativas en los tiempos dedicados a las tareas escolares, ver televisión, jugar con el ordenador y realización de actividad física. Por lo que se refiere al consumo de sustancias perjudiciales para la salud, solamente existen diferencias en el consumo de tabaco (tabla 1). Finalmente nos gustaría saber si los practicantes de actividad física organizada tienen un estilo de vida diferente y más “saludable” que los no practicantes. Hemos encontrado diferencias significativas entre practicantes y no practicantes en la realización de actividad física diaria y en el consumo de tabaco. El resto de comportamientos no ha presentado diferencias (tabla 2)

Tabla 2. Tabla de contingencia ocupación del tiempo libre, consumo de sustancias en función de la participación o no en actividades físicas organizadas. Porcentaje, prueba de Chi-cuadrado y nivel de significación.

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 1

1.

 

Discusión

El estilo y los hábitos de vida, entendidos como aquellas respuestas automáticas a las diversas situaciones se forman a lo largo de la infancia y adolescencia. Ahí radica la importancia por conocerlos en este momento, al tratarse de un periodo en el cual comienzan a consolidarse. Por esta razón el objeto de este trabajo es conocer el estilo de vida de un grupo de adolescentes y determinar si los participantes en actividades físicas organizadas desarrollan un estilo de vida más saludable que los no participantes en estas actividades de tiempo libre. Los adolescentes objeto de nuestro estudio podemos calificarlos de consumidores medio-bajos de televisión, siguiendo las líneas directivas del American Academy of Pediatrics (2001). El tiempo dedicado a esta actividad es inferior que el extraído en el estudio de Moreno y cols. (2004). La dedicación a las tareas escolares es ligeramente inferior que la publicada en el estudio de los autores anteriormente citados y sin embargo el tiempo dedicado al ordenador y/o videoconsola es prácticamente igual que el del mencionado trabajo. Entre los datos más llamativos y positivos a nuestro juicio, está que solamente el 32% declara haber dedicado menos de una hora a la práctica de actividad física en su tiempo libre, resultado mucho más favorable que el aportado por Nuviala, Munguía, Fernández, García y Ruiz (2009). Este resultado puede considerarse como posible si observamos que los tiempos dedicados a otras actividades son medio-bajos. El consumo de sustancias nocivas para la salud presenta resultados muy similares al del resto de los adolescentes españoles (Moreno y cols., 2004), podemos destacar que los adolescentes aragoneses de este estudio afirman ser algo más fumadores y que el consumo de drogas es sensiblemente más alto. Adolescentes aragoneses que declaran no haber tomado nunca drogas tenemos un 87,3% por algo más de un noventa por ciento de adolescentes en el trabajo publicado por el Ministerio de Sanidad y Consumo. Uno de los objetivos de este estudio era asociar la práctica de actividad física organizada con el estilo de vida. Los resultados han puesto de manifiesto que la realización de actividades deportivas organizadas no supone para este grupo de adolescentes, un estímulo para desarrollar un estilo de vida diferente. Solamente hemos encontrado diferencias en dos comportamientos: el consumo de tabaco, recordemos que el p valor es .050, y la cantidad de actividad física diaria realizada, que en el grupo de practicantes organizados es mayor que en el otro grupo. Estos resultados pueden parecer paradójicos, pero sin embargo, ya habían sido apuntados en otros estudios (Bovard, 2008; Nuviala, Munguía, Fernández, García y Ruiz, 2009; y Piko, 2000) según los cuales los adolescentes que se involucran más en el ejercicio o en las actividades potencialmente deportivas peligrosas, son también probablemente más propensos, en otras esferas de su vida, a asumir riesgos como son el consumo de drogas ilícitas o la bebida.

A pesar de ese dato debemos seguir insistiendo en la necesidad promocionar actividades físicas organizadas entre los adolescentes puesto que sí existe relación entre la cantidad de actividad física realizada y la adscripción a actividades físicas organizadas (p=.000), tal y como Aarnio (2003) concluyó, lo que sin duda se convierte en un estilo de vida más activo y saludable, sin olvidar que hay un consenso general en relación a que la actividad física durante niñez es beneficiosa para el desarrollo físico, social, y emocional (Boreham y Riddoch, 2001; Nuviala, Ruiz, y García, 2003). Por todo ello, nosotros al igual que Winters, Petosa y Charlton (2003) vemos la importancia y necesidad de promocionar la actividad física durante la adolescencia.

Bibliografía

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