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19 jun 2012

Función social del deporte I: Marco teórico

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El propósito de este trabajo ha sido el de concretar un marco conceptual sobre el deporte que permitiese abordar un análisis empírico y sistemático de su dimensión social.

Autor(es): Luis Javier Ruiz Cazorla, José Luis Chinchilla Minguet
Entidades(es): Universidad de Málaga
Congreso: II Congreso Internacional de Ciencias del Deporte
Pontevedra 2008
ISBN:9788461235186
Palabras claves: Deporte, Función social, Psicología Social, acción social, institución

RESUMEN COMUNICACIÓN/PÓSTER

El propósito de este trabajo ha sido el de concretar un marco conceptual sobre el deporte que permitiese abordar un análisis empírico y sistemático de su dimensión social. Comenzamos con un repaso de la evolución conceptual del deporte y de las teorías sobre el origen del mismo planteadas desde la historiografía deportiva, para concluir con una propuesta de definición del deporte que en nuestra opinión permite abordar su estudio e interpretación desde la perspectiva actual de las ciencias sociales. Partimos de la premisa de que cualquier estudio sobre el deporte y las funciones que desempeña en la sociedad, ya sean políticas, económicas, culturales o de cualquier otro tipo, requiere una definición adecuada del deporte que, a modo de hipótesis o afirmación teórica y apoyándose en las ciencias sociales, sus teorías y pautas metodológicas, permita abordar dicho análisis de un modo empírico.

INTRODUCCIÓN

En el siguiente trabajo hemos tratado de articular desde la óptica de las Ciencias del Deporte un enfoque teórico y metodológico que nos permita afrontar los diferentes niveles de análisis, individuales y estructurales, microsociales y macrosociales, necesarios para comprender e interpretar la función social del deporte. Hablar de función social del deporte es interpretar su participación en los procesos de influencia social, un concepto que ha sido objeto de estudio tradicional por parte de la Psicología Social. Esta ciencia, que no ha sido suficientemente considerada en la investigación social del deporte, surgió como un espacio de intersección entre la Psicología y la Sociología que buscaba aportar una perspectiva integradora para abordar la realidad social, conjugando niveles de explicación tanto psicológicos como sociológicos. Nos ha parecido la mejor perspectiva teórica y metodológica para abordar el estudio social del deporte, pues partimos del supuesto de que los procesos psicológicos que determinan el comportamiento, desde los motivacionales, pasando por los de carácter cognitivo o emocional, y llegando hasta los de naturaleza simbólica, son esencialmente sociales. El deporte cumple una serie de funciones que no podrían ser analizadas de forma adecuada si partimos de una definición estrictamente social que no considere los procesos cognitivos implicados, y viceversa, los comportamientos que se dan en el marco de la acción deportiva no pueden entenderse sin la referencia al contexto histórico de la estructura social.

Como afirman Garrido y Álvaro1, individuo y sociedad no pueden ser entendidos como categorías contrapuestas ni analizados por separado, la imagen del individuo sin referencia a la sociedad o de ésta sin referencia a los individuos que la componen carece simplemente de sentido. Desde esta perspectiva no podemos contemplar el deporte al margen de la estructura social, en una especie de asepsia social o política del deporte ni reducir la relación política-deporte a un mero análisis de la forma en que el deporte se articula con el poder, como se ha hecho tradicionalmente al centrar algunos estudios del deporte en el ‘pan y circo’. Se debe entender la política en un sentido amplio, siguiendo su significado etimológico como un proceso interactivo de influencias en el que se encuentran implicados todos los individuos, grupos sociales e instituciones que conforman la sociedad. Es a través de la influencia social como se cumple la máxima aristotélica del ‘???? ?????????’ por la que el ser humano adquiere las características definitorias de su sociedad. En definitiva la influencia social es la base del proceso de socialización, mediante el cual los individuos llegan a ser miembros de la sociedad a la que pertenecen, dotados de las actitudes y conductas sociales propias de la sociedad particular. Así por ejemplo, la instrumentalización que el poder hace del deporte es sólo una de las dimensiones o facetas de su función política, la que alude al control social por parte de la autoridad. Las relaciones de influencia política-deporte que sugieren las interacciones sociales producidas en el contexto deportivo es bidireccional. Las personas o grupos que monopolizan el poder lo utilizan como medio de control social pero al mismo tiempo reciben la influencia de los grupos minoritarios, dándose un abanico de influencias que se mueve entre la conformidad y la desviación, entre el mantenimiento y el cambio social.

1. Marco Teórico para la investigación social del Deporte

El análisis de los diferentes conceptos e interpretaciones sobre el origen y las funciones sociales que se han realizado sobre el deporte en la historiografía sugieren la necesidad de un marco teórico y conceptual acorde con las ciencias sociales que permita abordar de una manera empírica y sistemática la investigación social del deporte.2 En nuestro caso defendemos la hipótesis de que cualquier estudio empírico sobre el deporte y las funciones que éste desempeña en la sociedad, ya sean políticas, económicas, culturales o de cualquier otro tipo, debe apoyarse en dos pilares teóricos fundamentales construidos a partir de la aportación de las ciencias sociales. Uno debe ser de naturaleza conceptual estableciendo una definición lo más objetiva posible de los dos principales conceptos implicados en la investigación, el de deporte y el de función social. El otro es de carácter metodológico y hace referencia a las diferentes teorías y perspectivas desde las que se pueden abordar los diferentes aspectos implicados en la acción deportiva como objeto de estudio.

Sin este marco teórico se corre el riesgo de naufragar en valoraciones subjetivas y poco rigurosas de las que tanto han abundado y siguen abundando en la historiografía del deporte, los medios de comunicación y la opinión pública en general. El concepto de deporte y las teorías sobre su origen son aspectos estrechamente interrelacionados ya que la idea de deporte que cada autor ha asumido le ha marcado las pautas para enfocar su estudio en una determinada dirección, ubicando su origen en un momento histórico concreto y explicando las funciones que éste desempeña en la sociedad. Cualquier investigación sobre la realidad social exige, desde nuestro punto de vista, definir el marco científico que se ocupa de este tipo de fenómenos, las ciencias que los estudian y las teorías más importantes desarrolladas hasta el momento. Desde esta perspectiva, el modelo teórico3 señala dónde hay que buscar y qué ha de buscarse, ordena y selecciona datos, muestra analogías y destaca diferencias. En el ámbito de la Sociología del Deporte, García Ferrando (1990) ha planteado la necesidad de considerar el pluralismo del pensamiento sociológico y el deporte a la hora de determinar el modelo teórico para este tipo de investigaciones4. La misma complejidad de la realidad social impide que un único modelo teórico pueda dar respuesta a las necesidades que su estudio implica. Ningún modelo teórico puede aspirar a conocer toda la realidad social, a ser completamente objetivo y omnicomprensivo, por ello se postula la adopción de un pluralismo cognitivo para los fenómenos sociológicos. Hacen falta diversidad de modelos teóricos y de perspectivas metodológicas para tratar de describir y explicar una realidad social que es multidimensional, contradictoria y ambigua.

1.1 Perspectiva psicosocial del fenómeno deportivo

De acuerdo con la idea de supeditar la elección de los métodos y técnicas de investigación a la naturaleza del objeto de estudio y de la perspectiva de análisis con que lo abordemos en cada momento, hemos tratado de conciliar aportaciones teóricas y metodológicas de diferentes corrientes de la Psicología Social y la Sociología. La acción social está condicionada por la estructura social, pero también por los procesos cognitivos que intervienen en el comportamiento de las personas. Por ello, cualquier estudio que trate de explicar la función social del deporte deberá tener en cuenta tanto las teorías que tratan de explicar dicha acción desde una perspectiva macro como microsocial, desde una perspectiva sociológica como psicológica.5 Estas teorías cumplen igualmente la importante función de ofrecer al investigador los instrumentos conceptuales necesarios para abordar el estudio sistemático y científico de la dimensión social del deporte. Sin una idea clara del papel de conceptos tales como acción e interacción social, control e innovación, función y disfunción, categorización y estereotipo social, etc., resulta difícilmente abordable el análisis empírico de la realidad social en su doble dimensión individual y social.

En cualquier investigación sobre la realidad social es esencial la descripción del contexto histórico en el que se desarrolla la acción social investigada. Coincidimos plenamente con la opinión del psicólogo social Martín Baró (1983), según el cual la misma referencia a la estructura social exige necesariamente referirse a las condiciones socio-históricas que dan lugar a dicha estructura.6 Igualmente la acción social, en nuestro caso la carácter deportivo, no se da en un vacío histórico; por estos motivos, ni la estructura ni la (inter)acción social son conceptos inteligibles más que en un contexto histórico, lo que hace que nuestro conocimiento de la realidad no pueda ser ni universal ni atemporal, sino situado en unas condiciones históricas concretas. Así pues, defendemos la idea de que cualquier análisis social del deporte debe partir de una concepción general del deporte (también el del tiempo presente) como una acción e interacción social históricamente ubicada. 1.2 Aproximación conceptual al Deporte En la actualidad el deporte constituye un fenómeno diverso y complejo casi imposible de delimitar. Como sentenció José María Cagigal (1981), cada día que pase resultará más difícil la definición del deporte, pues aparte de encontrarse en un cambio constante, ha ampliado y sigue ampliando su significado, y todo al ritmo que marca la propia evolución social y cultural7. En esta idea coincide también García Ferrando (1990), para quien el deporte, detrás de su aparente simplicidad esconde una enorme complejidad social y cultural.8. Por ello este autor afirma que una definición del ‘deporte’ debe ser amplia y flexible, de forma que destaque sus elementos esenciales y sea inclusiva en lugar de exclusiva.

La principal dificultad que se encuentra a la hora de conceptuar el deporte es la diversidad de definiciones existentes acerca del mismo, diversidad que nace sobre todo de las diferentes perspectivas de análisis de las que parte cada autor. Hasta el momento ningún autor ha podido definir en qué consiste el deporte de una manera completa, concluyente y que sea generalmente aceptada. Ya sea desde una perspectiva social, cultural o exclusivamente motriz, todas las definiciones dejan de lado algún rasgo o elemento imprescindible a ojos de otros analistas. La diversidad de significados del deporte unida a su internacionalización son los más claros indicadores de su compleja inserción en la sociedad global actual, pero también de su propia evolución histórica. En general, el repaso histórico de la delimitación conceptual del deporte evidencia su carácter polisémico, como ha puesto de manifiesto Hernández Mendo (1999) al analizar las aportaciones de los principales autores que han trabajado en éste ámbito. 9 La falta de una definición de deporte acorde con los planteamientos de las ciencias sociales ha dado lugar a divergencias en cuanto a las circunstancias concretas que propiciaron la aparición del deporte, el peso que hay que conceder a las mismas o la función social y política que atribuyen al deporte en el mundo moderno. En las teorías explicativas tanto del origen como de las funciones del deporte en la sociedad han destacado, como veremos, dos grandes tendencias, por un lado las teorías que parten de una concepción idealista del deporte, y por otro las derivadas del funcionalismo estructural y del materialismo histórico.

Para Pierre de Coubertain, padre del olimpismo moderno, el deporte aparecía como la ejecución de ejercicio muscular, habitual y voluntario con el deseo de progresar, asumiendo cierta dosis de riesgo, sin llegar a considerar el factor de las reglas.10 Este autor insistía en el carácter desinteresado como rasgo definitorio del deporte, y contribuyó decisivamente a promover el controvertido amateurismo que condicionó el olimpismo moderno durante mucho tiempo. También destacaba el valor de los deportes y el ejercicio físico para la formación del carácter dentro de una educación selectiva que permitiría formar los líderes que la sociedad necesitaba. En la misma línea se sitúa otro autor francés de la época, Georges Demeny (1914) quien afirmaba que el deportista tiene “espíritu de sacrificio, sigue un camino recto y no cometerá nunca un acto de bajeza que tenga que reprocharse; es el gentilhombre realizado, una especie de caballero moderno que contribuye en gran medida a la prosperidad y grandeza de su país”.11 Carl Diem (1966) por su parte, defendía también desde posiciones idealistas, que el deporte, siendo como es juego, posee su esencia de deporte en cuanto se practica por sí mismo, sin perseguir objetivo político ni económico alguno.12 Entiende el origen del deporte en relación con un impulso vital del ser humano que le hace luchar por un rendimiento, por conservarse como especie y como individuo. Explica el deporte por un impulso generalmente biológico de rendir, especialmente en la edad juvenil, pero que al salirse de la obligación impuesta por la necesidad de supervivencia, al escapar de la mera utilidad, le pone en comunicación con su mundo espiritual y con los poderes superiores. También fuera del culto, el deporte responde según Diem a exigencias espirituales, mediante juicios de valor y reflejando el sistema de relaciones de convivencia humana, lo que convierte al deporte en un medio de educación para las comunidades.

Las interpretaciones idealistas han dado lugar una visión estereotipada de la Historia del deporte, al que atribuyen una supuesta continuidad, desde la antigüedad hasta la nuestros días, que puede llevarnos a engaño. “Presentan el deporte de una manera ahistórica, como una entidad trascendente que sobrevuela las distintas épocas y los diferentes modos de producción”13. Es lo que Pierre Parlebás ha denominado ‘una permanencia ilusoria’, ya que el deporte no posee en absoluto la permanencia universal, desde la antigüedad a nuestros días, que se le atribuye14. Las sempiternas referencias a Olimpia, por ejemplo, suponen un señuelo ideológico. Reflejan la pretensión de que el deporte traduzca a su manera rasgos permanentes de la naturaleza humana, olvidando que el componente social y cultural del deporte lo convierte en una acción social diferenciada en cada momento histórico, completamente dependiente de un contexto cultural preciso, tanto como el arte, el comercio, la alimentación o la artesanía. Conforme nos acercamos a la actualidad se encuentra una mayor objetividad en las definiciones aunque por otro lado se constata la dificultad de encasillar el deporte en una definición concreta. En José María Cagigal por ejemplo, se aprecia una evolución o maduración de sus consideraciones. Inicialmente (1957) mantiene una posición más idealista en la que partiendo de las limitaciones impuestas por las reglas hace hincapié en el aspecto lúdico, espontáneo y desinteresado del deporte. Sin embargo, en su último trabajo (1981) destaca la indefinición del mismo, afirmando que nadie ha podido definir el deporte en su realidad antropocultural ni en su realidad social, básicamente porque está en constante cambio y porque además engloba un fenómeno muy complejo: “Es un término que, aparte de cambiar, ha ampliado y sigue ampliando su significado, tanto al referirse a actitud y actividad humana como, sobre todo, al englobar una realidad social, o conjunto de realidades o instituciones sociales”.15 El diccionario de la RAE destaca dos acepciones del término,16 una más técnica que reúne los rasgos de actividad física, de carácter lúdico o competitivo, exigencia de entrenamiento y existencia de reglas; y otra más abierta e informal que apunta a su dimensión recreativa o de mero ejercicio físico.

Una aportación decisiva en la conceptualización del deporte fue la aportada por Pierre Parlebás (1986): “El deporte es el conjunto finito y enumerable de las situaciones motrices, codificadas bajo la forma de competición e institucionalizadas.” 17 Desde una perspectiva social, tanto el criterio de codificación como el de institucionalización, explicados en el marco de la relación entre la lógica interna y externa del deporte, suponen un avance significativo en su definición, ya que por un lado abre una línea de investigación sistemática de las estructuras del deporte y por otro establece un vínculo entre el deporte y el contexto socio-cultural. En un intento de síntesis Ángel Acuña (1994), después de haber revisado las acepciones defendidas por algunos de los autores que han tratado de definir el deporte, ha seleccionado los siguientes rasgos esenciales18: Actividad motriz, con un componente tanto físico como intelectual; Reglamentación, el deporte está regido por un sistema de reglas organizado, que impone un marco formal a la prueba considerada; Carácter competitivo, la competición motriz implica una situación objetiva de enfrentamiento motor, sometida imperativamente a las reglas de juego; Institucionalización, rasgo que diferencia al deporte de otros los juegos motrices y viene dado por el aparato que proporciona carácter oficial al deporte.

2. Propuesta para una definición integral del Deporte

En todas las definiciones revisadas hemos echado en falta la inclusión de un concepto que consideramos clave para poder plantearse un estudio social del deporte, el de acción social. Los rasgos de codificación e institucionalización apuntan en este sentido al establecer puntos de relación del deporte con el medio social. La codificación se relaciona con el sistema de normas y valores de cada sociedad, mientras que el rasgo institucional permite insertar al deporte en el marco de la estructura social. Sin embargo, dichos rasgos no han sido desarrollados en relación con los individuos o protagonistas del acto social, desde una perspectiva que permita abordar los procesos cognitivos y sociales implícitos en el deporte espectáculo. Por ello, y teniendo en cuenta la reflexión anterior, consideramos oportuna la definición integral de Deporte que propone Ruiz Cazorla (2008), ya que además de incluir los rasgos esenciales del deporte a los que hemos hecho referencia, incorpora los referidos a su dimensión psicosocial:19 El Deporte constituye una acción social desarrollada en un marco institucional, con o sin presencia de público, en la que uno o varios actores interaccionan mediante situaciones motrices codificadas de forma competitiva, generando consecuencias tanto en los individuos como en la estructura social.

En esta definición podemos destacar tres rasgos clave que según el autor conforman el deporte como una parcela de la realidad social permitiendo abordar su análisis empírico: Acción social: la acción se puede definir como un proceso en el que las personas persiguen la consecución de metas que les son gratificantes.20 Interpretar el deporte como una acción social no implica entenderlo como una mera propiedad individual o reducida a sus protagonistas más directos, los deportistas. Su análisis supone establecer un vínculo de unión entre la cultura, el sistema social y la personalidad, que afecta a todas las personas implicadas en el mismo, deportistas, entrenadores, jueces, organizadores y público. Marco institucional: aplicado al estudio del deporte este concepto sitúa los deportes en el contexto de las subestructuras que componen la estructura social. El deporte como institución, es una estructura social visible, con una organización jurídica y material, y un conjunto de conductas que se han de seguir apoyadas por normas y sanciones. Existe una dependencia e interacción entre las diferentes instituciones de una sociedad, pues éstas juntamente con los modelos de conducta que prescriben, están configuradas por los valores y normas de la sociedad global.

Codificación competitiva: la reglamentación del deporte en forma de competición es un rasgo esencialmente cultural ya que está directamente conectado con el sistema de normas y valores de la sociedad. En el deporte las reglas cumplen la función que en la sociedad desempeña la norma social, un orden de valores orientativos que sirve para regular y definir el desarrollo de comportamientos comunes, a los que otorga cierto grado de legitimidad y consentimiento. La aplicabilidad de la norma está asegurada por las expectativas de sanciones positivas, así como por el miedo o la prevención a las negativas, lo que es consecuencia del grado de predominio de las costumbres de cada época y del nivel de interiorización de reglas o pautas a lo largo del proceso de socialización. Por otro lado, la presencia de público puede constituirse en un rasgo determinante, ya que es el que marca la frontera entre deporte praxis y deporte espectáculo. Éste último introduce variables políticas, sociales y económicas que generan consecuencias y modifican sustancialmente las actitudes y comportamientos de los agentes implicados en la acción deportiva, condicionando por tanto las funciones que el deporte desempeña en la sociedad.

3. Funciones del deporte en la Sociedad y la Cultura

El estudio empírico de la función social de las actividades físicas y deportivas es una condición que consideramos imprescindible para poder comprender el papel del deporte en la sociedad actual. Dicha investigación genera reflexiones e interrogantes cuyas respuestas deberían ser tenidas en cuenta por todos los que de una forma u otra están relacionados con el deporte, políticos, periodistas, educadores, y muy especialmente los dirigentes de las instituciones deportivas, si realmente pretenden hacer del mismo un hecho social y cultural que responda a las necesidades y valores del mundo actual.

Este tema nos remite a una de las corrientes que más ha influido en la Sociología y en la Psicología Social, el funcionalismo estructural. La función es el concepto clave de esta teoría que explica los fenómenos sociales en términos de las funciones que éstos cumplen para el mantenimiento del orden social. Para el funcionalismo la sociedad sería un todo funcional que tiende al equilibrio, en el que el deporte, como parte de la misma, contribuiría a reforzar o sostener otras dimensiones del sistema, tales como las leyes, la política o la religión.21 El sociólogo estadounidense Talcott Parsons definió las funciones como “modos sistemáticamente ordenados de ajuste o adaptación del sistema social”, que provocan cambios en las estructuras sociales. Según Parsons, hay que distinguir cuatro funciones en el seno de un sistema social: estabilidad normativa, que implica un cierto orden en el cambio; integración, que asegura la coordinación entre las partes del sistema para su funcionamiento; prosecución de objetivos de las diferentes partes del sistema o de éste en su totalidad, y adaptación del conjunto de los medios para alcanzar esos objetivos. Uno de los aspectos más criticados del funcionalismo ha sido el estrecho margen que deja al estudio del cambio social. Pone el énfasis en los procesos normativos, de institucionalización del sistema de valores y del control social, más que en los procesos de cambio social, la subjetividad y la interpretación. Aunque esto no significa que del funcionalismo no se puedan derivar principios de carácter psicosociológico de gran valor teórico y heurístico.22 En este sentido, una aportación importante fue la realizada por Merton (1949) desde el ámbito del funcionalismo estructural. Este autor realizó una revisión del funcionalismo estructural que trataba de corregir algunas de las deficiencias que se le achacaban, estableciendo una distinción entre las funciones manifiestas de un sistema o institución social y sus funciones latentes.

Las funciones manifiestas serían las que resultan intencionales y conocidas para las personas que participan en dicha institución. Serían las prácticas que los actores conocen y persiguen de forma consciente. Las funciones latentes serían las consecuencias no intencionales o no reconocidas que se derivan del hecho de formar parte de una determinada institución social. Partiendo de esta distinción Merton defendía como uno de los principales objetivos del sociólogo el de descubrir las funciones latentes de las instituciones sociales. Además contemplaba la posibilidad de disfunciones, consecuencias observadas que perjudican la adaptación o ajuste del sistema y el de consecuencias no funcionales o irrelevantes para el sistema considerado. Desde el punto de vista epistemológico y metodológico los conceptos de disfunción y función latente abren un camino para la consideración de la dinámica y el cambio en el análisis de la acción social. Las funciones sociales del deporte han ido cambiando y ampliándose de acuerdo con la evolución del contexto histórico en el que éste se ha desenvuelto. Un aspecto clave de esta evolución ha sido de acuerdo con P. Bordieu (1975)23 el tránsito desde el deporte ideado en el siglo XIX en el seno de las Publics Schools inglesas hasta el deporte profesional, las asociaciones deportivas de masas y el deporte espectáculo de la actualidad. Dicho tránsito trajo consigo un cambio en las funciones y significados que los organizadores y los propios deportistas asignaban a la propia práctica deportiva, así como una transformación en la lógica de dicha práctica, en coherencia con la transformación de las expectativas y demandas del público y de los practicantes.

Desde la perspectiva institucional de los actuales estados liberales y democráticos se han atribuido múltiples funciones-beneficios al deporte con el fin de justificar su actuación en materia deportiva. Dicha intervención ha sido criticada por algunos autores como sospechosa de responder meramente a intereses políticos y económicos. Un ejemplo de estas críticas es la valoración hecha por el escritor Rafael Sánchez Ferlosio (1997) en un artículo de prensa titulado “El deporte y el Estado” publicado en el diario ‘El País’, donde manifestaba lo siguiente: “…no deja de ser cierto que el liberalismo puede encarecer los altísimos valores del deporte agónico para las sociedades de mercado libre, ilustrándolos con toda su consabida retahíla de virtudes: la voluntad de autoafirmación y autorrealización, el afán de superación, la aspiración a la excelencia, el ardor competitivo, el amor por el trabajo, el espíritu de sacrificio, la impavidez y resistencia ante el esfuerzo y el dolor… todas ellas, en fin, puras y simples perversiones funcionales comunes a las culturas helénica y cristiana o tomadas de la una o de la otra.”24 Las primeras teorizaciones sobre la función social del deporte, se produjeron en los años 70 del siglo XX por parte de algunos autores del ámbito sociológico entre los que podríamos destacar a J.M. Brohm25, P. Bordieu26 o P. Laguillaumie27. Surgieron en parte como reacción al idealismo que impregnaba la teorización sobre el deporte en aquel tiempo. Partiendo de influencias neomarxistas y próximas a un funcionalismo reduccionista28, estos autores defendían la teoría del deporte como producto, a la vez que instrumento de determinados grupos sociales. Lo insertaban en el nivel tecnoeconómico de la sociedad y le atribuían funciones concretas al servicio de las clases sociales dominantes. Se criticaba la concepción idealista del deporte por ignorar o no reconocer el papel de los condicionantes externos del fenómeno deportivo.

Brohn (1972) por ejemplo, parte de la teoría de que la forma mercantil es la forma dominante de los intercambios orgánicos en una sociedad, que ejerce una influencia decisiva sobre todas las manifestaciones de la vida, imprimiendo su estructura a toda la conciencia del hombre.29 Para él, existe una profunda analogía estructural entre la organización y funcionamiento de un tipo de sociedad dada y una actividad socializada que desde el principio se impregna de este funcionamiento: el rendimiento, como consecuencia de la persecución de la ganancia. Este condicionamiento viene dado por una serie de rasgos que posee el deporte, especialmente por la competición, que para Brohm es la esencia misma del deporte. Un aspecto clave para entender la función social que desempeña el deporte, también desarrollado en sus orígenes por los teóricos neomarxistas, es su dimensión ideológica. Para ellos, las ideologías son sistemas teóricos erróneos formados por conceptos políticos, sociales y morales, desarrollados y protegidos por las clases dirigentes con la finalidad de perpetuar su poder y sus privilegios. Así por ejemplo, para Bordieu (1975), el protagonismo asumido por las Public Schools inglesas en los orígenes del deporte moderno se comprende en la medida que éste cumple la función de responder a las necesidades educativas de las clases sociales dominantes.30 El planteamiento del deporte que se realizó en estas escuelas masculinas, propias de la aristocracia y de la alta burguesía, incorporaba aspectos propios de estas instituciones educativas así como de los valores y modos sociales de la aristocracia que eran transmitidos a sus hijos para su formación. A nivel cultural dicho planteamiento se distanciaba notablemente de las actividades físicas y de los pasatiempos de las clases populares de la sociedad inglesa, más vinculadas a las fiestas de los ciclos agrarios o a los juegos rituales. En la construcción ideológica que se hizo en aquel momento del deporte se le asignaban funciones como aumentar el coraje, desarrollar el carácter o inculcar la voluntad de ganar, siempre dentro del mayor respeto a las reglas, como disposición aristocrática opuesta a la búsqueda plebeya de la obtención de la victoria a toda costa.

Como agente de categorización social el deporte consagra el valor de la jerarquía por medio de la competición. Representaría una importante base ideológica desde la que se trata de justificar la situación de estatus y privilegios de las clases altas. El más fuerte es quien gana. Y hay que tener en cuenta que la jerarquía es el principio sobre el que descansa todo el cuerpo social, es decir, el escalonamiento de los individuos y de los grupos dentro de la pirámide social en función de su posición de clase31. El deporte, en cuanto competencia, clasificación y selección, contribuye a perpetuar la jerarquía que garantiza la estabilidad social, basada precisamente en la selección y la clasificación de los individuos en clases sociales. La sociedad es vertical, y, aparentemente, la jerarquización se realiza en función del mérito. Cada uno asciende en función de su trabajo y su ganancia, y así trata de parecerlo en el deporte, donde la competición garantiza el triunfo del mejor. Sin embargo este principio de jerarquía oculta para los marxistas su contenido profundo: la desigualdad real de los individuos. El deporte contribuye por tanto a la estabilidad aportando una esperanza ilusoria de escalar la pirámide social basada en el éxito, puesto que la proporción estadística de movilidad social que genera el deporte es a fin de cuentas irrelevante.

Las aportaciones de las teorías funcionalistas y neomarxistas han sido y siguen siendo fundamentales para el análisis social del deporte, aunque han sido objeto de importantes críticas. Por un lado la de que parten de un concepto bastante peyorativo y mecanicista de la ideología, ya superado por las ciencias sociales. También se les reprocha el excesivo condicionamiento económico y político al que someten al deporte, que entienden como un instrumento al servicio de la estructura. Sus teorías han dado lugar por ejemplo a uno de los estereotipos más difundidos y recurrentes sobre la función social del deporte, el del “panis et circenses”. En definitiva defienden un determinismo del fenómeno deportivo que ignora aspectos claves de la acción social como la libertad del individuo y el papel de los procesos psicológicos en la interaccion, o los procesos de influencia social que dan lugar al cambio cultural. A pesar de todo, dichas teorías y su análisis de las construcciones ideológicas en torno al deporte han contribuido a un conocimiento más profundo y crítico de las funciones sociales y políticas desempeñadas por el deporte. Sus aportaciones han sido por ejemplo decisivas para desbancar otros tópicos ideológicos sobre el deporte como el del amateurismo difundido internacionalmente por Pierre de Coubertin en los orígenes del Olimpismo moderno, o para desenmascarar la doctrina ‘oficial’ del deporte, evidenciando, por ejemplo, la no coincidencia entre las funciones que le son asignadas por los gobiernos e instituciones y las funciones que éste cumple realmente en la sociedad. La aportación de algunos autores, como Blanchard y Cheska (1986), han sido claves para la evolución de estas interpretaciones ya que aunque han reconocido la contribución del deporte al mantenimiento de la estructura social, lo han hecho matizando que dicha contribución no se hace en aras de una estabilidad inamovible, sino de un equilibrio dinámico en el que pugnan por un lado las necesidades de continuidad de la estructura social y por otro las necesidades de los individuos. 32

4. El deporte y los procesos de influencia social

El estudio de los procesos de influencia social ha constituido uno de los centros de interés sobre los que se desarrolló la Psicología Social entre finales del siglo XIX y principios del XX.33 Algunos de los temas que marcaron los inicios de este campo de investigación social fueron la reproducción de las normas sociales a través de la imitación, la construcción social de la persona a través de la sugestión, que posibilita la imposición no consciente de los mecanismos y contenidos impuestos por las instituciones sociales así como la conducta colectiva que produce una transformación en el comportamiento individual en base a la influencia que ejercen las masas sobre el individuo.

En sus inicios como objeto de investigación de la Psicología Social, la influencia social no se concibió como un proceso interactivo, sino más bien como un efecto de la presión ejercida por la fuente de influencia sobre el blanco de influencia. Por dicha razón, los procesos de influencia de obediencia y conformidad fueron concebidos como formas de modificar el comportamiento sin que ello supusiera necesariamente un cambio real de actitud y de opinión. Esto provocó que la concepción predominante en el campo de la influencia social fuese estática, asimétrica y nada interactiva, en la que los agentes de influencia eran siempre aquellos que poseían alguna cota de poder.34 Este enfoque epistemológico ha tenido su paralelismo en una de las interpretaciones más extendidas de la función social del deporte, la que resume el tópico del “panem et circenses”. Sin despreciar la perspectiva concreta de la relación entre política y deporte que el famoso tópico de Juvenal sugiere35, sin duda la más destacada en cuanto a las funciones políticas de los antiguos ludi romani, es preciso advertir que su utilización recurrente por parte de los historiadores ha dificultado un acercamiento objetivo y libre de prejuicios al problema, impidiendo a su vez profundizar en otras dimensiones de la relación entre el deporte y la política.

En algunas ocasiones la tradición historiográfica moderna se ha quedado exclusivamente en esta función de control social del deporte, especialmente cuando se refería al deporte espectáculo, sin ir más allá en la explicación social y cultural de la práctica deportiva. Era como si con esta ingeniosa sentencia todo estuviese dicho sobre una realidad ciertamente compleja y contradictoria, siendo innecesario investigar o profundizar en el asunto e ignorando de esta manera otras realidades en la función política del deporte. En la actualidad esta concepción de la influencia social ha quedado superada. Según Pérez y Mugny (1988) los fenómenos de influencia social se pueden definir como “los procesos a través de los cuales durante las interacciones sociales directas o simbólicas, los individuos y los grupos forman, difunden y modifican sus modos de pensamiento y de acción”.36 En los dos extremos de los procesos que definen la influencia social se encuentran los fenómenos de obediencia y de innovación. Entre ambas modalidades de influencia, se sitúa la influencia producida por las mayorías y la producida por las minorías. En cualquier situación en que se desarrolle la evolución de una innovación se deben distinguir, según Mugny (1981)37 como mínimo tres tipos de agentes sociales:

a) el poder, entendido en su más amplio sentido, como cualquier entidad que dispone de recursos de dominación (a menudo institucionalizados); se puede incluir aquí cualquier tipo de norma dominante;

b) la población… que la consideramos el blanco por excelencia de los intentos de influencia;

c) y, por último, la minoría… que cuestiona el orden establecido por el poder y pretende producir las innovaciones y cambios sociales. A su vez, entre estos agentes sociales se establecen relaciones de diverso y distinto orden:

a) entre el poder y la población se establece una relación de dominio, imponiendo el poder las normas que han de ser seguidas por la población, ya que ésta está sometida al poder, esencialmente a través de los diversos mecanismos de la ideología dominante.

b) entre el poder y la minoría se establece una relación de antagonismo. Las minorías pretenden cuestionar la validez del poder, intentando crear un conflicto social por su oposición activa a las normas dominantes.

c) por último, entre la minoría y la población se establece una relación de influencia propiamente dicha. El estilo de comportamiento le permite a la minoría ofrecer una alternativa social, opuesta a la defendida por los representantes del poder. El conflicto que la minoría establece con el poder también lo es generado, en cierta manera con la población, en la medida en que ésta depende de la ideología dominante.

Conclusiones

Los prejuicios ideológicos han restado en muchos casos rigor a los análisis que se han hecho del deporte moderno pues se ha partido de presupuestos no avalados por la investigación histórica o por las ciencias sociales. Un ejemplo de ello lo vemos en la asunción por parte de la mayor parte de las teorías sobre el origen del deporte moderno, sin ningún atisbo de crítica, de algunos estereotipos ligados al Olimpismo. El idealismo38 ha marcado la evolución del deporte y la sigue condicionando en la actualidad, aspecto que se deja sentir de un modo claro en el Olimpismo39. La corriente idealista convierte al deporte en una abstracción al margen del contexto social y cultural que aleja por ejemplo la posibilidad de que el deporte se vea inmerso en procesos de influencia como el control social llevado a cabo por el poder o la innovación promovida por las minorías que conduce al cambio social. El ideario olímpico apadrinado por Pierre de Coubertin se empeñó en definir el deporte como un ideal ético, impregnado de una moral bien pensante y de valores universales.

Las continuas alusiones a Olimpia y la reiterada utilización de un deporte griego idealizado como canon de referencia al analizar cualquier práctica deportiva de cualquier momento histórico han dado lugar a la formulación de teorías bastante simplistas en torno al deporte y su evolución.40 En el polo contrario se encuentran las interpretaciones del deporte que, como las derivadas del funcionalismo o del marxismo, condicionan el deporte a las estructuras o a los intereses de las clases dominantes. Al funcionalismo se le ha criticado por poner el énfasis en los procesos normativos, de institucionalización del sistema de valores y del control social, más que en los procesos de cambio social, la subjetividad y la interpretación.41 Respecto a los teóricos neomarxistas se les reprocha su concepto peyorativo y mecanicista de ideología, ya superado por las ciencias sociales. También se les critica el excesivo condicionamiento económico y político al que someten al deporte, que entienden como un instrumento al servicio de las clases dominantes. Aunque ambas corrientes han evolucionado en sus presupuestos teóricos, sus teorías han defendido un determinismo del fenómeno deportivo que ignoraba aspectos claves de la acción social como el margen de libertad de los individuos y el papel de los procesos psicológicos en la interacción, o los procesos de influencia social que dan lugar al cambio cultural. Por ello, y considerando la naturaleza del objeto de estudio ante el que nos encontramos, el deporte en su doble dimensión, como institución y como acción social, defendemos el pluralismo teórico y metodológico, basado en las ciencias sociales, como la mejor estrategia para la investigación social del deporte. Uno de los objetivos más interesantes que puede presentar la investigación social del deporte es precisamente el de contribuir al conocimiento de las funciones reales que éste cumple en la sociedad y la cultura, a menudo no manifiestas y no coincidentes con las que le son atribuidas por las instituciones políticas y deportivas o por la población en general.

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