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29 mar 2007

La actividad física en adolescentes de bachiller de la comunidad valenciana: niveles globales y factores sociodemográficos

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El presente estudio se llevó a cabo con una muestra de adolescentes de bachiller de la Comunidad Valenciana (192 chicos y 203 chicas). Mediante un cuestionarioentrevista de autoinforme se calculó el tiempo de participación en distintas actividades físicas según intensidad y el gasto…

Autor(es): Vicente Javier Beltrán-Carrillo1,3, José Devís-Devís1, Carmen Peiró-Velert2 y Javier Valenciano-Valcárcel1.
Entidades(es): 1 Departament d’Educació Física i Esportiva, Universitat de València. España. 2 Departament de Didàctica de l’Expresió Musical, Plàstica i Corporal, Universitat de València. España. 3 Personal Investigador en Formación (FPI, Generalitat Valenciana).
Congreso: III Congreso Nacional Ciencias del Deporte
Pontevedra- 29-31 de Marzo de 2007
ISBN: 84-978-84-611-6031-0
Palabras claves: Actividad física, Gasto energético, Adolescentes.

Resumen

El presente estudio se llevó a cabo con una muestra de adolescentes de bachiller de la Comunidad Valenciana (192 chicos y 203 chicas). Mediante un cuestionarioentrevista de autoinforme se calculó el tiempo de participación en distintas actividades físicas según intensidad y el gasto energético derivado de las mismas. Entre los resultados, destaca el poco tiempo dedicado a las actividades físicas ‘moderadas’, ‘fuertes’ y ‘muy fuertes’ y que gran parte de los adolescentes no participa en este tipo de actividades. Pese a que el gasto energético medio de la muestra (38,64 METs) correspondería a la categoría ‘moderadamente activo’ de participación en actividad física, el 47,8 % de los adolescentes presenta niveles insuficientes de gasto energético, situándose en los grupos ‘inactivo’ y ‘muy inactivo’. Según el ANOVA realizado, sólo se encontraron diferencias en gasto energético en función del género (chicos 40,02 METs y chicas, 37,34 METs), no existiendo diferencias significativas según edad y tipo de centro.

1. INTRODUCCIÓN

La inactividad física de la población actual constituye un factor de riesgo de enfermedades que generan grandes preocupaciones en los países desarrollados (enfermedades cardiovasculares, algunos tipos de cáncer, obesidad, diabetes tipo II, osteoporosis, etc.) y está ocasionando severas repercusiones sobre el bienestar y la salud pública (Sallis y Owen, 1999; Varo et al., 2003). Si el problema del sedentarismo afecta al total de la población, existe una preocupación especial por los niños y adolescentes. Este grupo poblacional se encuentra en un estadio vital clave para la consolidación de hábitos de vida saludables y puede verse enormemente afectado, tanto a corto como a largo plazo, por las consecuencias de sus hábitos de vida. Por esta razón, responsables y expertos de distintos países en materia de salud consideran como objetivo prioritario de salud pública la promoción de la actividad física (AF) en los jóvenes (Welk et al., 2006). En este sentido, los estudios encargados de describir los niveles de AF de niños y adolescentes y de identificar los factores relacionados con diferentes niveles de práctica, representan un paso fundamental para la promoción de la AF relacionada con la salud en este sector de población (Sallis y Owen, 1999). Este tipo de investigaciones informan de en qué medida existe o no un problema epidemiológico por motivo de la inactividad física y ofrecen una información útil para detectar perfiles poblacionales de riesgo y diseñar estrategias de promoción de esta conducta saludable. Los resultados de este tipo de estudios, tanto españoles como de otros países, no son alentadores e indican que gran parte de los niños y adolescentes no realizan suficiente AF para su salud, que la AF tiende a disminuir con la edad y que el nivel de participación de las chicas suele ser menor (Hernández et al., 2006; Jago et al., 2005; Montil et al., 2005; Palou et al., 2005; Pieron et al., 1999; Zaragoza et al., 2006). A partir de esta información, nuestro estudio se plantea como objetivo conocer el gasto energético y los niveles de AF de una muestra de adolescentes de bachiller de la Comunidad Valenciana, etapa crítica para la práctica física, así como las diferencias existentes en función de las variables sociodemográficas elegidas en el estudio (género, edad y tipo de centro).

2. MÉTODO

2.1. Muestra La muestra de este estudio se compuso por 395 escolares (192 chicos y 203 chicas) de 1º y 2º de bachillerato, procedentes de centros públicos y privados de la Comunidad Valenciana. 2.2. Instrumento y procedimientos La recopilación de los datos se efectuó durante el curso 2004-2005. El instrumento de medida utilizado fue la versión española del cuestionario inglés Four by one-day physical activity questionnaire (Cantera y Devís, 2000), diseñado en un principio por Cale (Cale 1993, 1994) y cuya fiabilidad y validez ha sido demostrada en muestras británicas y españolas (Cale, 1993; Soler, 2004). Este cuestionario de recuerdo se utilizó para medir el gasto energético de los adolescentes. Con el fin de recoger la posible variabilidad a lo largo del tiempo del gasto energético, el instrumento se administró en cuatro momentos temporales durante el periodo escolar: en otoño y en invierno, con medidas entre semana y fin de semana en cada estación. El instrumento se administró entrevistando a los adolescentes en grupos de 3, tras obtener el consentimiento de los directores de cada centro escolar. Se informó a todos los sujetos de que la participación en el estudio era voluntaria y anónima. Se pidió a los adolescentes que indicaran las distintas actividades físicas en las que se habían implicado en el día anterior y que especificaran cuanto tiempo habían empleado en las mismas. Para facilitar el recuerdo, las preguntas del cuestionario estaban estructuradas en diversos momentos del día (mañana, tarde, noche) y los entrevistadores orientaron y marcaron el ritmo de las respuestas en cada una de las partes. El procedimiento también incluyó la selección y entrenamiento de los entrevistadores y un protocolo con información e instrucciones sobre el uso del cuestionario. Cinco sesiones previas se emplearon en el análisis del protocolo, resolviendo dudas y problemas. 2.3. Análisis de los datos. Codificación y agrupación de datos Todas las actividades físicas reflejadas fueron codificadas y clasificadas según su categoría de intensidad, ya fuese la estipulada según el protocolo y listado de actividades que incluye el cuestionario (Cantera y Devís, 2000) o la resultante de una reconsideración del entrevistador cuando administraba el cuestionario-entrevista. Para obtener el gasto energético, el tiempo en horas de cada actividad se multiplicó por los METs (unidad metabólica representativa del metabolismo basal, equivalente a 1Kcal/kg/día) correspondientes a cada categoría de intensidad (ver tabla 1).

Tabla 1. METs y ejemplos de actividades para cada categoría de intensidad.

Tabla 1. METs y ejemplos de actividades para cada categoría de intensidad




A partir del gasto energético medio, los sujetos fueron clasificados en distintos niveles de AF, siguiendo la clasificación establecida por la literatura relacionada con el estilo de vida activo (Sallis, 1993; Blair y Meredith, 1994): a) Activo: 40 o más METs. b) Moderadamente activo: Entre 37 y 39,99 METs. c) Inactivo: Entre 33 y 36,99 METs. d) Muy inactivo: Menos de 33 METs. Análisis estadísticos Tras la codificación y agrupación de datos se realizaron los siguientes análisis estadísticos: a) Análisis descriptivo: Para las variables cuantitativas (tiempo dedicado a las distintas actividades y gasto energético) se calculó la media y la desviación típica. Para las variables cualitativas, relativas a los niveles de AF se calcularon las frecuencias absolutas y los porcentajes que describen la distribución de los casos en cada nivel. b) Análisis de varianza: Para comparar las medias relativas al gasto energético según las variables sociodemográficas consideradas en el estudio y conocer si existen diferencias significativas entre dichas medias se realizó un ANOVA 2x2x2 (género, edad y tipo de centro). El análisis de los datos se llevó a cabo con el software SPSS 14.0.

3. RESULTADOS

3.1. Tiempo dedicado a las distintas actividades y gasto energético medio En la tabla 2, se indica el número de individuos que participaron en cada tipo de actividad según categoría de intensidad. También se indica tiempo medio empleado por el total de la muestra en las distintas actividades, así como el gasto energético derivado de las mismas. Como se observa en esta misma tabla, el gasto energético medio de los adolescentes es de 38,64 Kcal/Kg/día o METs (dt=5,19).

Tabla 2. Estimación del Gasto Energético Medio.

Tabla 2. Estimación del Gasto Energético Medio




3.2. Niveles de actividad física globales En lo referente a la distribución de los individuos de la muestra en los diferentes niveles de AF, la figura 1 muestra las frecuencias absolutas y los porcentajes. Así, se observa cómo el 52,2 % de los adolescentes se sitúa en los grupos ‘activo’ y ‘moderadamente activo’, mientras que el 47,8 % se sitúa en los grupos ‘inactivo’ y ‘muy inactivo’.

Figura 1. Niveles de actividad física globales.

Figura 1. Niveles de actividad física globales




3.3. Gasto energético y niveles de actividad física según variables sociodemográficas Con el fin de conocer si existen diferencias significativas en el gasto energético de los y las adolescentes de 17 y 18 años de los centros públicos y privados se realizó un ANOVA 2x2x2 (género, edad y tipo de centro). Los resultados reflejan diferencias significativas únicamente en función del género (F(1,387)= 22,86; p<0,05), con un tamaño del efecto que puede considerarse importante (?2=0,056) porque explica , un 5,6% de la varianza. Los chicos muestran mayor gasto energético (M=40,02 METs; dt=6,02) que las chicas (M=37,34 METs; dt=3,84) (ver figura 2), no existiendo diferencias significativas por edad, tipo de centro e interacciones entre las tres variables.

Figura 2. Comparación de los valores medios del gasto energético según género.

figura2




La distribución de los adolescentes entre los niveles de AF en función del género puede observarse en la figura 3. En ella se indica que hay más chicos ‘activos’ (18,98 %) que chicas (8,86 %) y más chicas ‘inactivas’ (27,34 %) que chicos (15,94 %). El porcentaje de chicas ‘moderadamente activas’ es ligeramente superior al de chicos (chicas, 13,16 % y chicos 11,39 %), mientras que los porcentajes de ‘muy inactivos’ según género son muy similares (chicos 2,27 % y chicas 2,02 %).

Figura 3. Niveles de actividad física según género.

Figura 3. Niveles de actividad física según género



4. DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES

El gasto energético medio de los adolescentes de bachiller de la Comunidad Valenciana es de 38,64 METs. Al comparar este resultado con los de otros estudios realizados con adolescentes en los que se utilizó el mismo instrumento de medida, se observa que los individuos de nuestra muestra presentan un gasto energético superior al encontrado por Ceballos et al. (2005) en la ciudad de Monterrey (37,52 METs) y por Zaragoza et al. (2006) en la ciudad de Zaragoza (37,66 METs). Sin embargo, el gasto energético medio de nuestro estudio es inferior al obtenido por Cantera y Devís (2000) en la provincia de Teruel (38,7 METs), Zaragoza et al. (2006) en Sabiñánigo (39,17 METs) y Miquel y Devís (2004) con adolescentes de secundaria de la Comunidad Valenciana (41,46 METs). Según la clasificación establecida por la literatura relacionada con el estilo de vida activo (Sallis, 1993; Blair & Meredith, 1994), podemos considerar que el gasto energético medio de nuestros adolescentes corresponde a la categoría de ‘moderadamente activo’, lo que supone un dato positivo. No obstante, debemos tener en cuenta que se trata de un valor medio, por lo que resulta de interés considerar la distribución de todos los individuos de la muestra en los distintos niveles de AF. De este modo, se observa que el 47,8 % de los estudiantes de bachiller se encuentran en las categorías de ‘inactivo’ y ‘muy inactivo’. Este porcentaje es superior a los encontrados en los estudios citados anteriormente que ofrecen este dato. Cantera y Devís (2000) hablan de un 42,8 % de ‘inactivos’ y ‘muy inactivos’; Zaragoza et al. (2006), de un 47,2 % (Zaragoza) y un 39 % (Sabiñánigo), mientras que el porcentaje en el estudio de Miquel y Devís (2004) es de un 32 %. Sin duda, la información que nos ofrece esta comparación, junto al hecho de que casi la mitad de los adolescentes de nuestra muestra no realice suficiente AF, representa un dato preocupante desde el punto de vista epidemiológico. En lo concerniente al nivel de participación en las distintas actividades físicas, destaca que conforme aumenta la intensidad de las actividades, disminuye tanto el tiempo dedicado a las mismas como el número de individuos que las realizan. Llama la atención el poco tiempo dedicado a las actividades ‘moderadas’, ‘fuertes’ y ‘muy fuertes’ y que gran parte de la muestra no participa en este tipo de actividades. Desde el punto de vista de salud pública, debe ser de atención preferente para este grupo de población la promoción de actividades físicas ‘moderadas’ (ir en bici, subir/bajar escaleras, bailar, excursiones por la montaña, etc.) y de actividades físico-deportivas de intensidad ‘fuerte’ y ‘muy fuerte’ (salir a correr, aeróbic, deportes colectivos, step, etc.). Por otra parte, cabe destacar que el tiempo dedicado a las actividades físicas ‘ligeras’, así como el gasto energético derivado de las mismas, es claramente superior al de las actividades de mayor intensidad. Estos resultados apoyan otros estudios que enfatizan la crucial contribución de actividades como caminar o las tareas del hogar para el mantenimiento de un estilo de vida activo y la obtención de los niveles de AF requeridos desde una perspectiva de salud (Eyler et al., 2003; Phongsavan et al., 2004). En nuestro estudio no existen diferencias en gasto energético en función del tipo de centro. Probablemente no existían grandes diferencias socioeconómicas entre los alumnos de centros públicos y privados que pudieran implicar distintos estilos de vida y diferencias en consumo energético. Tampoco se encuentran diferencias significativas en función de la edad (17-18 años), lo que parece compresible por el escaso rango de esta variable. Pese a ello, si comparamos los datos con el estudio de Miquel y Devís (2004), realizado en la misma comunidad autónoma con adolescentes de secundaria, se observa que los de bachiller presentan índices claramente más elevados de sedentarismo, lo que estarían en consonancia con otros estudios que señalan que la AF en niños y adolescentes tiende a disminuir con la edad (Pieron et al., 1999; Van Mechelen et al., 2000, Hernández Álvarez et al., 2006). Esto podría estar relacionado, entre otras cuestiones, con una mayor presencia de ciertos tipos de ocio sedentario en los alumnos de bachiller, ya que durante la infancia y la adolescencia tiende a aumentar con la edad el tiempo dedicado a la televisión, el ordenador, Internet o los teléfonos móviles (Chia et al., 2002; Gil et al., 2003; González et al., 1995; Hancox et al., 2004; Lorente et al., 2004). También podría deberse al aumento de las obligaciones relacionadas con los estudios que supone el paso de secundaria a bachiller. Los resultados obtenidos en función del género indican que los chicos presentan mayor participación en AF que las chicas, lo que coincide con otros estudios españoles recientes (Hernández Álvarez et al., 2006; Montil Jiménez et al., 2005; Palou et al., 2005; Zaragoza et al., 2006) y con la literatura internacional (Welk et al., 2006). Sin embargo, pese a que en nuestra muestra existen más chicos activos que chicas y más chicas inactivas que chicos, el porcentaje de adolescentes moderadamente activos es ligeramente superior entre las chicas. Estos resultados nos deben hacer reflexionar. Por un lado, no cabe duda de que las chicas deben ser un objetivo prioritario de los programas de AF relacionada con la salud. Por otro lado, debemos considerar que chicos y chicas presentan distintos perfiles de participación y distintos modos de ser activos o inactivos, por lo que tal vez necesiten ser atendidos desde diferentes estrategias de promoción de la AF.

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