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16may2012

Necesidades formativas del profesional de la educacion fisica en el desarrollo de programas de actividad fisica orientados a la salud y a la creacion y fomento de estilos de vida activos: analisis desde una perspectiva sanitaria

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Conceptos de actividad física, ejercicio y condición física

Entendemos por actividad física “cualquier movimiento corporal intencionado realizado mediante los músculos esqueléticos, que resulta en un gasto de energía y en una experiencia personal, y nos permite interactuar con los seres y el ambiente que nos rodea” (Devis, 2000).Esta definición pretende recoger las dimensiones biológica, personal y sociocultural del concepto

Así pues, dentro del concepto de actividad física caben innumerables manifestaciones del movimiento humano, con mayor o menor grado de espontaneidad, de organización o de motivación. Incluye toda aquella actividad realizada en el ámbito laboral, en el doméstico, durante el tiempo libre y durante los desplazamientos.

Ahora bien, cuando esta actividad se estructura y planifica, se hace repetitiva y persigue una finalidad concreta, podemos hablar ya de ejercicio. (Carspersen, 1985; Bouchard y cols, 1990)

La actividad física está muy ligada con la condición física relacionada con la salud  y sería el “estado dinámico de energía que permite a las personas llevar a cabo las tareas diarias habituales, disfrutar del tiempo de ocio activo y afrontar las emergencias imprevistas sin una fatiga excesiva, a la vez que ayuda a evitar las enfermedades hipocinéticas, a desarrollar el máximo de la capacidad intelectual y a experimentar plenamente la alegría de vivir “(ACSM, Pate, 1988; Bouchard y cols., 1994)

Relaciones entre actividad física, condición física y salud

Tradicionalmente, se consideraba que la relación entre la actividad física y la salud se debía a la mejora en la condición física que se producía con la práctica de ejercicio. Al practicar ejercicio se mejoraba la condición física y esto tenía dos efectos: incrementaba la salud y permitía una práctica mayor de actividad.

Sin embargo, ese modelo fue superado por el paradigma o modelo de Toronto (Bouchard y cols, 1994)
De él podemos extraer ciertas conclusiones. La condición física no sólo depende de la salud, también influyen en ella cuestiones como la genética y cuestiones de tipo ambiental. Por ej,, la condición genética hará que la respuesta ante el ejercicio sea distinta según la persona; unas conseguirán mejorar rápidamente su condición física y a otras les costará más. Como ejemplo del segundo factor, podemos tener la alimentación, el descanso… que influirán determinantemente en la variación de la condición física. Así vemos que la actividad física:

  • guarda una relación directa e inmediata con la salud;
  • guarda una relación indirecta o mediata con la salud, a través de la condición física.

De la relación entre la AF, CF y salud sabemos que:

  • La actividad física puede tener efectos positivos sobre la salud, sin producir mejora alguna en la condición física.
  • Cuando la actividad física alcanza cierta cantidad y calidad, ya puede tener efectos sobre la condición física y, de este modo, influirá sobre la salud por una doble vía: directa e indirecta (mejorando la condición física).
  • Pero  al mismo tiempo que la actividad física es beneficiosa, puede suponer riesgos. Riesgos que dependen de diferentes factores: cantidad, modalidad, forma de implicarse, estado de salud previo, etc.

Con todos estos antecedentes, tenemos claro que la estrategia, cuando se promueva o se prescriba actividad o ejercicio, será intentar conseguir los máximos beneficios con los mínimos riegos.

El mismo paradigma de Toronto, que nos permite explicar las relaciones positivas entre actividad física, condición física y salud, nos podría servir para entender los efectos perniciosos de la inactividad sobre el estado de salud y cómo la pérdida de ésta genera un círculo vicioso que perpetúa y acrecienta el problema.

Como resumen, podríamos afirmar que la grandeza de la actividad física en general y del ejercicio en particular, cuando se utiliza en el ámbito de la salud y de manera adecuada, es que puede desempeñar tres papeles de manera simultánea aunque se utilice primariamente para uno sólo de ellos: rehabilitador (tratamiento), preventivo y como fuente de bienestar. Como ejemplo, serviría pensar en alguien que comienza a hacer ejercicio porque tuvo un esguince de tobillo o incluso una angina de pecho. Al mismo tiempo que el ejercicio sirve para tratar las enfermedades (recuperación de la movilidad articular y la musculatura motriz del tobillo, la propiocepción, etc; mejorar la función miocárdica y vascular), resulta que le ayuda a prevenir otras enfermedades porque colabora en el control de otros factores de riesgo: sedentarismo, hipertensión, dislipemias, reducción del riesgo de caídas,… Por último, con independencia de su éxito en dichos propósitos, también es una fuente de bienestar, ayuda a la persona a sentirse mejor.

Sea como fuere, hay al menos dos condiciones que cumplir para que la actividad física resulte beneficiosa:

  • Ha de seguir algunas pautas, más generales en forma de recomendaciones o más personalizadas porque:
    • Los efectos beneficiosos de la actividad física sólo se presentan cuando está alcanza un nivel determinado, en cantidad y en calidad. Es decir, hay una relación dosis-respuesta, con independencia de que se produzcan o no efectos positivos sobre la condición física, lo que, de ser posible, sería deseable.
    • Nunca es tarde y nunca es pronto para comenzar pero hay que adaptar la actividad a la edad de cada persona.
    • No hay limitación por género, pero de nuevo hay que tener en cuenta las características de género para la prescripción.
    • La enfermedad no tiene por qué ser un impedimento, sino al contrario, una razón para hacerlo, pero hay que adecuar el ejercicio a las condiciones particulares.
    • El ejercicio puede suponer un riesgo y resultar peligroso. Afortunadamente y desde una perspectiva epidemiológica, podemos afirmar que los beneficios superan con creces a los riesgos, lo que no sería igual a nivel personal.
  • Ha de ser regular. Los efectos sólo se mantienen en la medida en que la actividad física se siga realizando de modo regular, por lo tanto, debería convertirse en una conducta más o menos cotidiana, en un hábito, en un estilo de vida.

Para que pueda seguir unas pautas mínimas que garantice su beneficio o al menos la evitación o reducción de los riesgos, las personas han de tener unos conocimientos básicos o acceso a una prescripción adecuada. Para cumplir la segunda condición, la práctica de actividad física debería convertirse en una costumbre, en algo cotidiano, es decir, en un hábito.

La promoción de actividad física y la prescripción de ejercicio.

Llegados hasta aquí podemos concluir que fomentar la actividad física requiere la promoción de un estilo de vida en el que se incorpore la actividad física a las prácticas cotidianas y en la que, de manera particular, quepa la realización de ejercicio físico. Ambas, y especialmente la segunda, requerirán algún tipo de prescripción o consejo.

Desde una perspectiva de salud pública la elección es fácil, siempre interesará más destinar los esfuerzos hacia la promoción de actividad física antes que a la prescripción de ejercicio físico. Es más fácil acceder así a un mayor número de ciudadanos y con menos recursos se influye sobre una población mayor.

El papel del Sistema de Salud en España.

Para analizar el papel se SNS en España vamos a tratar de dar respuesta a dos preguntas:

  • ¿Se hace promoción de actividad física?
  • ¿Se hace prescripción de ejercicio físico?

¿Se hace promoción?

La  PROMOCIÓN de actividad física la entenderemos en el sentido que le dio la Carta de Otawa como “… el proceso que proporciona a las poblaciones los medios necesarios para ejercer un mayor control sobre su propia salud y así poder mejorarla” y cuyas líneas de actuación serán:

    • Desarrollar políticas saludables desde el sector público.
    • Reforzar la acción comunitaria.
    • Desarrollar habilidades personales para comprender, actuar y buscar ayuda para mejorar su salud.
    • Crear entornos que contribuyan a la salud.
    • Reorientar los servicios de salud allende la atención médica.

La Carta de Bangkok brinda una nueva orientación para la promoción de la salud preconizando políticas coherentes, inversiones y alianzas entre los gobiernos, las organizaciones internacionales, la sociedad civil y el sector privado a fin de asumir que la promoción de la salud se incluya en la agenda de desarrollo mundial, que sea una responsabilidad básica de todos los gobiernos, que forme parte de las buenas prácticas institucionales, y que sea un foco de iniciativas de la comunidad y de la sociedad civil.

Cuando se pretende que la población general se vuelva más activa, nunca debemos olvidarnos de que estamos hablando de una cuestión que afecta a las conductas y, de modo más amplio, al estilo de vida de la ciudadanía. De aquí la importancia de formar a los profesionales en el manejo de los cambios de conducta y de adherencia a la actividad física.

Existen diversas perspectivas para la promoción de actividad física relacionada con la salud:

  • Perspectiva mecanicis.
  • Perspectiva orientada al conocimiento.
  • Perspectiva orientada a las actitudes.
  • Perspectiva crítica.
  • Perspectiva ecológica.
  • Perspectiva holística

En España, el Ministerio de Sanidad y Consumo ha seguido las recomendaciones de la OMS  y ha elaborado un plan nacional,  la Estrategia para la Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad (NAOS), que tiene como finalidad mejorar los hábitos alimentarios e impulsar la práctica regular de la actividad física de todos los ciudadanos, poniendo especial atención en la prevención durante la etapa infantil.

Sin embargo, en cuando se hace un análisis profundo de la estrategia, se observa que la mayor parte de los objetivos y acciones se orientan hacia la alimentación, con poca dedicación a la actividad física, que prácticamente queda reducida al ámbito familiar y comunitario. En el ámbito sanitario sólo se indica que los médicos de atención primaria den a los pacientes los consejos básicos sobre el ejercicio físico.

Un año más tarde, y nuevamente desde el Ministerio de Sanidad y Consumo, se presenta la Estrategia en Cardiopatía Isquémica del Sistema Nacional de Salud. En este caso se hace un mayor énfasis en la importancia del ejercicio físico y, además de recomendar la promoción general de actividad física como elemento de prevención primaria, se incluye la recomendación de proporcionar a los pacientes con cardiopatía isquémica un programa de ejercicio como parte de su rehabilitación (prevención secundaria).

La consideración del ejercicio para la prevención y el tratamiento de las enfermedades es ya una constante en muchas patologías y el Ministerio de Sanidad y Consumo lo tiene en cuenta en todas sus estrategias: diabetes, ictus… Y en todas los estudios sobre la salud de los ciudadanos y las recomendaciones y guías que edita para ayudar a promover un hábitos de vida saludables.

Esta preocupación ha llegado también a las Administraciones autonómicas que, en su mayoría, han diseñado planes de intervención desde sus Consejerías de Sanidad destinados a mejorar los hábitos alimentarios y de actividad física.

Durante el año 2009, y probablemente para tratar de subsanar el abandono de la promoción de actividad física orientada a la promoción de la salud, el Consejo Superior de Deportes, dependiente de la Presidencia del Gobierno, publicó el Plan integral para la Actividad física y el Deporte A+D

Recoge varios ejemplos de buenas prácticas (se incluyen algunas experiencias realizadas en diversos establecimientos sanitarios), propone 2 objetivos y 6 medidas (de entre las 100 totales).

Objetivos:

  • Incrementar los niveles de práctica de actividad física y deportiva saludable y sin riesgos para la población española.
  • Conseguir que la prevención primaria y secundaria de las patologías ligadas al sedentarismo sea una práctica habitual de la sanidad pública a través de la prescripción de actividad física a los ciudadanos/as sanos/as y enfermos/as.

Medidas:

  • Creación de la Plataforma sobre actividad física y salud.
  • Programa de prescripción de ejercicio físico para la salud en el ámbito sanitario.
  • Colaboración de empresas privadas en deporte y salud.
  • Creación de una Red Nacional de Investigación en Deporte y Salud.
  • Plan Nacional para el transporte a pie y en bicicleta.
  • Puesta en marcha de proyectos selectivos de unidades de ejercicio en asistencia especializada. Programa UNETE (Unidades de Ejercicio Terapéutico)

La conclusión sobre lo visto es que a nivel nacional tanto el Ministerio de Sanidad y Consumo como el de Educación y Ciencia han elaborado planes, estrategias y documentos para fomentar la actividad física entre la población, pero no parecen haberse implementado medidas sobre el terreno y, cuando se han realizado, han estado muy sesgadas hacia el área de la alimentación.

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