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31 may 2011

El ejercicio en la adolescencia ofrece una mayor protección ósea a largo plazo

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¿Reciben los huesos la importancia que requieren? ¿Cómo puede afectar al deportista la falta de densidad ósea? ¿Qué consideraciones debemos tener con respecto a los jóvenes deportistas? ¿Con qué asiduidad perdemos la densidad ósea?


Autor: Ricardo Segura Falcó(Director de Alto Rendimiento)

La fuerte relación entre el ejercicio físico y la osteoporosis (conocida como el desgaste de la masa ósea que lleva a la pérdida de la altura y las fracturas principalmente a partir de la edad adulta) es compleja. Somos conocedores de que demasiada inactividad nos predispone a experimentar la osteoporosis, mientras que el ejercicio moderado nos protege de la misma. Sin embargo, demasiado ejercicio puede tener un efecto opuesto, particularmente si se combina con la amenorrea. La aparición conjunta de la osteoporosis, el desequilibrio alimenticio (bulimia, anorexia, etc) y la amenorrea se está difundiendo últimamente entre mujeres deportistas jóvenes de tal forma que incluso ha adquirido su propio nombre: “El triad femenino”. Las señales de alarma han sido recientemente disparadas por la doctora Moira O’Brien en el seminario “Samuel Haughton” para el “Royal Academy of Medicine” celebrado en Irlanda.

La doctora apunta que la osteoporosis en mujeres deportistas jóvenes es específica al deporte o modalidad que se practica, con una incidencia mucho mayor en aquellos deportes donde la apariencia física tiene un papel importante (gimnasia, natación sincronizada, patinaje artístico, salto de trampolín, ballet, etc) y también en deportes de larga distancia y maratón. También se encuentran en riesgo de osteoporosis aquellos participantes de deportes categorizados por peso, como halterofilia, lucha libre, artes marciales e incluso el remo.

La mejor forma para prevenir la osteoporosis es maximizando la densidad de la masa ósea (DMO) durante las tres primeras décadas de nuestra vida, donde los huesos se forman a una proporción mayor que se degeneran; el ejercicio físico juega un papel esencial en este proceso. Aun así, la doctora O’Brien explica que para reducir el potencial a la hora de padecer osteoporosis, diferentes tipos de ejercicio proporcionarán distintos resultados. Los ejercicios que aportan una carga gravitatoria sobre el cuerpo, como correr, saltar o la gimnasia, promueven en mayor grado la densidad ósea si se compara con aquellos ejercicios que carecen de gravedad o intervienen en menor porcentaje, como por ejemplo la natación.
Por otra parte, la respuesta esquelética al ejercicio también es específica a la zona corporal, siendo mayor en los puntos donde hay más estrés. Por ejemplo, los tenistas tienen una DMO de hasta un 30% mayor en el brazo dominante, los corredores en el cuello femoral, mientras que los halterófilos o culturistas tienen entre un 19 y un 35 % más en la zona lumbar de la columna vertebral.

El principio de la adolescencia es el periodo que coincide con el mayor crecimiento óseo y es un factor clave en términos preventivos. Asombrosamente, hasta un 60% del crecimiento óseo tiene lugar durante la adolescencia. Parte de este periodo coincide precisamente con parones en la actividad deportiva entre muchos jóvenes, quienes dejan el colegio para incorporarse al instituto o al mundo laboral.

osteoporosis

O’Brien insiste en que el período de crecimiento durante pubertad coincide con el mayor efecto osteotrófico de la actividad física. Los investigadores han comparado respecto al calcio aquellas actividades realizadas durante la adolescencia y que integran el soporte del propio peso corporal, obteniendo como conclusión que son mejores para prevenir futuros problemas de masa ósea, posiblemente porque el hueso en crecimiento tiene mayor capacidad para la formación de nuevo tejido óseo que un sistema óseo maduro.

Un dato curioso respecto a este tema, es que las jugadoras de tenis cuyas carreras empezaron antes de la llegada de la menstruación mostraron una densidad mineral ósea en el húmero (brazo) de 2 a 4 veces mayor que aquellas tenistas que empezaron años más tarde.

La doctora concluye que dependiendo de la edad a la que empieza la actividad física así afecta a la densidad de la masa ósea (DMO) por lo que la participación atlética durante la educación secundaria y universitaria es esencial para prevenir problemas de la DMO en zonas típicas como el cuello femoral y muy posiblemente la columna vertebral.

Ir. J. Med. Sci. 2001 Jan 170(1), pp 58-62

grafico perdida masa ósea

La gráfica muestra la cantidad de masa ósea total en hombres y mujeres. Al contrario que las mujeres, los hombres desarrollan un esqueleto de mayor envergadura durante los años de crecimiento y por lo tanto una cantidad mayor de masa ósea. Al mismo tiempo se puede apreciar en la gráfica como la perdida de masa ósea es mas accelerada en mujeres que en hombres durante la menopausia.

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