800 007 970 (Gratuito para españa)
658 598 996
·WhatsApp·

14 may 2012

Adaptación española de la batería de evaluación del movimiento para niños-2 (mabc-2; henderson, sugden y barnett, 2012): una herramienta científica para los profesionales de la educaciòn fisica.

/
Enviado por
/
Comentarios0
/
Etiquetas, ,

Completa la información

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº21.

¡Consíguelo aquí!

Una de las constataciones que los profesores de Educación Física tienen en su labor educativa cotidiana es que existen escolares con dificultades para coordinar las habilidades de las clases de educación física o de aprendizaje deportivo (Gómez, 2004; Ruiz, 2005).
Autor(es): Luis Miguel Ruiz Pérez; José Luis Graupera Sanz
Entidades(es): Universidad de Castilla la Mancha ;Universidad de Alcalá
Congreso: IVCongreso Internacional de Ciencias del Deporte y la Educación Física. (VIII Seminario Nacional de Nutrición, Medicina y Rendimiento Deportivo)
Pontevedra, España, 10-12 Mayo 2012
ISBN: 978-84-939424-2-7
Palabras Clave:

Adaptación española de la batería de evaluación del movimiento para niños-2 (mabc-2; henderson, sugden y barnett, 2012): una herramienta científica para los profesionales de la educaciòn fisica.

Una de las constataciones que los profesores de Educación Física tienen en su labor educativa cotidiana es que existen escolares con dificultades para coordinar las habilidades de las clases de educación física o de aprendizaje deportivo (Gómez, 2004; Ruiz, 2005). Son escolares que presentan diferencias en comparación con sus compañeros en la evolución de su desarrollo motor (Hulme, Smart, Moran, y McKinlay, 1984), ya que manifiestan dificultades para moverse con competencia aunque no presentan un diagnóstico médico definido. Son niños que tienen dificultades de aprendizaje motor y muestran un comportamiento ineficiente cuando llevan a cabo las tareas motrices que se esperaría que cumpliesen bajo circunstancias normales conforme a su edad (Arheim y Sinclair, 1976).
Desde los años 1970, ha ido creciendo el interés por conocer más a fondo las razones por las cuales los niños que no poseen ningún daño neurológico conocido o detectado, que no poseen ninguna alteración morfológica o funcional y que poseen un cociente intelectual promedio e incluso alto, manifiestan dificultades para aprender y llevar a cabo tareas como las deportivas que requieren coordinación y fluidez motriz. Tal vez sea Gubbay (1974) uno de los estudiosos que de forma más intensa destacó la existencia de esta condición y la necesidad de su estudio, dándole una entidad propia frente a otro tipo de dificultades. Los términos empleados por diversos investigadores, pedagogos y clínicos para denominar a esta dificultad han sido numerosos, tales como: Dispraxia evolutiva, dificultades perceptivo-motrices, problemas de coordinación motriz, disfunción cerebral mínima, parálisis cerebral mínima, problemas de movimiento, infantilismo motor, torpeza congénita, retraso motor o torpeza motriz (Sudgen y Keogh, 1990; Arnheim y Sinclair, 1976; Henderson, 1993).


En la actualidad, es común que esta condición sea denominada: Trastorno del desarrollo de la coordinación (TDC/DCD) (APA, 1994) Trastorno específico del desarrollo de la función motriz (TEDFM) (WHO, 1992), siendo numerosos los estudios que se han llevado a cabo para establecer una cierta caracterización de estos escolares (Henderson, Knight, Losse y Jogmans, 1991; Sudgen y Wright, 1998; Parker y Larkin, 2003), a pesar de su heterogeneidad y de la existencia de subgrupos (Lyytinen y Ahonen, 1988; Miyahara et al., 1996), en los que se expresan diferentes dificultades en diferentes ámbitos de su competencia motriz.
Sea como fuere, es habitual que estos escolares manifiesten un cierto retraso en el desarrollo de su competencia motriz con respecto a los compañeros y compañeras de su edad. Este retraso se ha podido manifestar de forma temprana en el manejo y empleo de objetos y utensilios, al vestirse, limpiarse los dientes o atarse los cordones de las zapatillas -tareas que eran realizadas con excesiva lentitud-. Los profesores de educación física suelen destacar en ellos sus problemas con las actividades equilibratorias, lanzamientos y atrapes, golpeos con instrumentos como las raquetas, o conducciones de la pelota con el pie para posteriormente golpearla a portería. Llama la atención la inconsistencia de sus actuaciones, observándose una extremada variabilidad en las mismas, así como la presencia de movimientos extraños que poco ayudan a su eficacia. Tareas como seguir el ritmo de las palmas, de un pandero o de la música para moverse a su son, son casi imposibles. Por no hablar de las dificultades al controlar la fuerza en tareas de balón por lo que sus compañeros evitan su presencia para no ser dañados por un balonazo descontrolado.
Son diferentes los estudios que se han realizado para establecer cuál es la presencia real de esta problemática en la escuela, y en la actualidad la estimación más aceptada es aquélla que oscila entre el 6% y el 22% de los escolares (Henderson, Knight, Losse y Jognmans, 1991; Geuze y Börger, 1993; Gómez, 2004). En definitiva, los profesores son conscientes de su presencia, pero desconocen de qué manera constatar más fehacientemente, y poder con ello aconsejar o proponer un plan de acción y llevarlo a cabo. De ahí la necesidad de instrumentos válidos y fiables que puedan ayudar en esta tarea.

Medición y evaluación de la competencia motriz
Evitar este deterioro motriz pasa por una correcta evaluación de la competencia motriz de nuestros alumnos, que cobra especial trascendencia en las edades tempranas ya que como indica Ruiz (2005): “Medimos lo que hacen nuestros escolares porque deseamos conocer si su competencia motriz se desarrolla dentro de los márgenes de normalidad que aceptamos a partir de lo que conocemos del desarrollo motor, además buscamos saber si tiene algún aspecto especial que reclame una atención más individualizada.[...}”.

Figura 1. Adaptación española de la batería de evaluación del movimiento para niños-2 (mabc-2; henderson, sugden y barnett, 2012): una herramienta científica para los profesionales de la educaciòn fisica.

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 21

 

Burton y Miller (1998) destacaron la existencia de seis periodos diferentes en el desarrollo de instrumentos de medición de la competencia motriz, que irían desde 1850 hasta la actualidad. Tal vez sea el periodo de 1920 a 1940 el que es reconocido como aquel en el que más instrumentos se desarrollaron y pusieron a disposición de los profesionales de la medicina, psicología y educación. Fue la época en la que el investigador ruso Oseretsky de la Clínica de Psiconeurología Infantil de Moscú desarrolló el instrumento que ha sido el germen de la actual forma de evaluar la competencia motriz por los profesionales y que fue denominado “Escala métrica para el estudio de la capacidad motriz de los niños”, instrumento que pasó a denominarse el Test de eficiencia motriz de Oseretsky. Lo diseñó para medir el nivel de torpeza de los escolares, y se convirtió en el eje central del desarrollo de numerosos instrumentos de las mismas características hasta llegar a la Batería Movement ABCde Henderson y Sugden (1992) (Figura 1).
Este desarrollo tan abundante de instrumentos surge por la necesidad de conocer como se comportan los niños, y poder establecer referencias de normalidad que ayuden en la tarea pedagógica, médica o psicológica. En el ámbito educativo, parece lógico poder medir la competencia motriz de los escolares para conocer si su competencia motriz se desarrolla dentro de los márgenes de normalidad que aceptamos a partir de lo que conocemos del desarrollo motor, además buscamos saber si tiene algún aspecto especial que reclame una atención más individualizada.
Como indica Ruiz (2005) este conocimiento puede facilitar:

  • Conocer la situación actual del escolar y su evolución a lo largo del tiempo.
  • Conocer los procesos que actúan en los escolares y que determinan sus res­puestas para poder obrar sobre esas situaciones.
  •  Determinar qué hacer y recibir una retroalimentación informativa del efecto de la actuación pedagógica sobre los escolares en cuestión.

            Aunque el ámbito de la Educación Física española se ha caracterizado por el empleo de instrumentos de dudosa validez y fiabilidad, el estudio del desarrollo motor ha favorecido la aparición de una variedad de escalas, test o baterías que persiguen constatar el cambio evolutivo, aunque con presupuestos distintos y protocolos diferentes.
En la actualidad nos encontramos con diferentes instrumentos de evaluación disponibles para los profesores de educación física. Por un lado, están los test o baterías desarrolladas para comparar los rendimientos de los escolares con respecto a normas previamente establecidas en un conjunto de competencias y aptitudes motrices y perceptivo-motrices. Por otro lado, existe otro conjunto de test o baterías establecidas a partir de la existencia de una serie de criterios de actuación basados en la investigación y en la opinión de los expertos, que establecen cuáles son las características morfológicas más relevantes en las tareas evaluadas en cada edad o tramo de edad. En este caso no existen normas de edad sino niveles de actuación y una morfología concreta de la acción motriz evaluada para cada edad, según una serie de criterios.
Una de las primeras responsabilidades es la selección del instrumento para lo cual, es adecuado plantearse cuál es el objetivo que se busca con su empleo. Como en otros ámbitos de intervención, los profesores tienen la posibilidad de seleccionar un instrumento que les ofrezca las cualidades adecuadas de todo instrumento para ser aplicado, o por el contrario actuar según criterios poco fundamentados o porque siempre se ha hecho así. La necesidad de conocer más y mejor a estos colectivos, y poder ofrecer a los padres o tutores la información más adecuada sobre los problemas que presentan sus hijos (Ruiz, 2005).
Por término general, cualquier útil evaluativo debe cumplir condiciones comunes que son necesarias tener en cuenta tales como ser válido, fiable, objetivo, sensible a los cambios, poseer normas de referencia y poder integrar la información que ofrece con otro tipo de informaciones necesarias para conocer mejor al escolar evaluado.
Hasta la fecha en España la existencia de instrumentos validados y tipificados en población española es escasa, de ahí que en muchos casos se esté actuando con baterías y test ad hoc. Esta circunstancia se agrava ya que son muy escasos los estudios que en nuestro país se han preocupado de los problemas de coordinación en las edades escolares, y hayan empleado instrumentos que ofreciesen ciertas garantías tales como la batería Movement ABC, el test KKTK, el test de aptitud motriz básica o el test Stay in Step (Gómez, 2004; Graupera, Ruiz, Gutiérrez y Mayoral, 1997; Ruiz, Graupera, Gutiérrez y Miyahara, 2003).

La Batería de Evaluación del Movimiento para Niños (MABC) de Henderson y Sugden (1992)

La Batería MABC fue publicada en 1992 por Henderson y Sugden y tiene sus raíces en el test TOMI (Test of Motor Impairment). Es en 1992 cuando Henderson y Sudgen revisaron de nuevo el test TOMI y desarrollan la Batería MABC (Movement Assessment Battery for Children)  que difiere de la versión revisada del TOMI en la forma de puntuarse, en que las tareas son diferentes y en la descripción de las mismas en el manual. Esta batería se compone de 4 tramos de edad con 8 tareas diferentes en cada tramo, sumando un total de 32 tareas. Las edades a las que va dirigida esta batería es de los 4 a los 12 años, y los tramos quedaron establecidos como sigue: Tramo 1º de 4-6 años, Tramo 2º de  7 a 8 años, Tramo 3º de 9 a 10 años y el tramo 4º para los niños y niñas de 11 a 12 años.
La configuración de cada tramo de edad era idéntica, estando constituido por 8 tareas que varían según el tramo de edad concreto. De estas ocho tareas, tres implican el empleo de las manos de forma competente, dos tareas reclaman a los niños atrapar o lanzar una bolsa de semillas o una pequeña pelota, y las tres tareas restantes miden el equilibrio estático y dinámico. De manera general este instrumento fue diseñado con las siguientes características:

  • Identificar a los escolares con problemas de coordinación motriz.
  • Normas para edades comprendidas entre los 4 y 12 años a partir de una muestra representativa de 1.200 escolares.
  • El tiempo de aplicación es de 20 a 40 minutos.

En diferentes estudios realizados por Graupera, Ruiz, Gutiérrez y Mayoral (1997) y Ruiz, Graupera y Sánchez (2001) se aplicó esta batería a escolares españoles entre 4 y 12 años. Posteriormente realizaron un estudio transcultural en el que compararon los resultados obtenidos con muestras de Estados Unidos y Japón (Ruiz, Graupera, Gutiérrez y Miyahara, 2003) encontrando que existían diferencias en los resultados achacables a las diferencias culturales. No obstante no se llegó a efectuar una validación y tipificación de la Batería en población española.

La Batería de Evaluación del Movimiento para Niños-2 (MABC-2) de Henderson, Sugden y Barnett (2007)

En el año 2007 los autores de la batería junto con Anne Barnett presentaron una nueva versión de la MABC, denominada MABC-2, manteniendo la misma estructura de un Test  y una Lista de Observación Conductual.
El test sigue constando de ocho pruebas que evalúan tres dimensiones del movimiento en la infancia y adolescencia: Destreza manual, Puntería y atrape, y Equilibrio. Además permite obtener una puntuación Total. Esta estructura de ocho pruebas y tres dimensiones se mantiene durante todo el rango de edad de aplicación del test, 4 a 16 años, lo que permite abordar un tramo de edad más avanzado que en la versión inicial que solo llegaba hasta los 12 años. En esta nueva versión las pruebas cambian ligeramente para adaptarse al mayor nivel de competencia motriz conforme avanza la edad. Por ello el test dispone de conjuntos de pruebas específicas para tres rangos de edad: 4 a 6 años, 7 a 10 años y 11 a 16 años.
El test se puede aplicar con facilidad tanto en entornos educativos como clínicos y resulta cómodo, agradable y divertido para los niños examinados; y su principal objetivo, sigue siendo la detección de los escolares con Trastorno del desarrollo de la coordinación o riesgo de padecerlo. De hecho, el test dispone de un sencillo sistema ‘semáforo’ para distinguir a los niños que presentan problemas (zona roja), los que están en riesgo (zona ámbar) y los que no presentan problemas de coordinación (zona verde). De este modo, los profesores de educación física en colaboración con los padres y madres, y equipos psicopedagógicos, pueden establecerse el tipo de programa de intervención más adecuado para cada escolar (Ruiz y Graupera, 2012).
El test se complementa con una Lista de Observación Conductual que permite obtener información relacionada con las actividades motoras de la vida cotidiana en los niños de 5 a 12 años.  Esta Lista se cumplimenta por los profesores, padres y madres o profesionales que conozcan bien a los chicos y chicas examinados. Permite obtener una puntuación Motriz Total y distinguir la competencia en entornos estáticos y predecibles con actividades más sencillas, y la competencia en entornos dinámicos o impredecibles, con actividades más complejas y de mayor dificultad. La Batería MABC-2 se acompaña además de un Manual de intervención ecológica (Sugden y Henderson, 2012) de gran interés para dar soporte teórico y práctico a los programas de intervención con los escolares que muestren dificultades motoras o se encuentren en la zona de riesgo.

La Adaptación Española de la MABC-2

Los adaptadores de esta segunda versión de la batería formamos parte del grupo de colaboradores internacionales que han contribuido a su desarrollo debido a que en su momento realizamos un trabajo de investigación sobre la versión original  de la Batería MABC (Graupera et al., 1997; Ruiz et al., 2000). Posteriormente, como profesionales relacionados con el desarrollo de la coordinación motora y sus trastornos, hemos experimentado la batería desde el punto de vista de la evaluación, el diagnóstico y la investigación transcultural (Ruiz et al., 2003; Ruiz y Graupera, 2005). Gracias a esa experiencia, al iniciar esta nueva tarea disponíamos de un profundo conocimiento de las características básicas de la batería y de las específicas de cada prueba. Puede decirse que aquel trabajo nos ha servido como un macro estudio piloto para esta adaptación.
La tipificación de la Batería MABC-2 estuvo formada por las pruebas e ítems originales junto con las instrucciones traducidas y adaptadas para la población infantil y adolescente española. En consecuencia, los profesionales de habla española pueden tener la seguridad de que están empleando la versión original de la batería, pero en el idioma materno de sus examinandos. Hemos realizado la tipificación del Test desde los 4 a los 16 años. En cuanto al rango de edad de la Lista de Observación Conductual se ha mantenido el mismo de la norma británica: de 5 a 12 años.
La adaptación de la MABC-2 se realizó con la colaboración del servicio I&D de Pearson Clinical and Talent Assessment. Se contó con un panel de 21 expertos especialistas en Desarrollo Motor con una sólida preparación científica y práctica en la evaluación de la coordinación motriz en la infancia y adolescencia. Estuvo coordinado por los adaptadores y constituido mayoritariamente por doctores en Psicología y Ciencias de la Actividad Física y el Deporte. Los expertos se distribuyeron en las cuatro grandes zonas geográficas en las que se distribuyó la muestra y, junto con los adaptadores, se hicieron cargo de la recogida de datos de áreas regionales específicas dentro de cada zona (Figura 2). Los examinadores fueron seleccionados por los miembros del panel de expertos, bajo la supervisión de los adaptadores, entre personas que contaran con formación universitaria en Psicología y Ciencias de la Actividad Física y el Deporte y experiencia en la evaluación motora de la infancia y adolescencia. Todos ellos recibieron formación específica sobre la aplicación de la MABC-2 y el proceso de tipificación.

Figura 2. Adaptación española de la batería de evaluación del movimiento para niños-2 (mabc-2; henderson, sugden y barnett, 2012): una herramienta científica para los profesionales de la educaciòn fisica.

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 21

 

Figura 2. Distribución geográfica de la muestra, así como del panel de expertos y los grupos de examinadores.

Representatividad de la Muestra de Tipificación

La muestra de tipificación española contó con 520 niños y adolescentes con edades comprendidas entre los 4 y los 16 años 11 meses. Se estratificó según las variables demográficas siguientes: edad, sexo, nivel educativo de los padres, y zona geográfica (4 zonas, 20 áreas de aplicación). La afijación por año de edad y sexo fue uniforme y la de nivel educativo y zona geográfica fue proporcional, ajustándose a los datos del Censo de Población de 2001, último publicado por el Instituto Nacional de Estadística (INE, 2004). De este modo se pretendió conseguir una muestra con un alto grado de representatividad de la población española. La Lista de Observación Conductual tiene un ámbito de aplicación menor, que abarca desde los 5 a los 12 años y 11 meses. Por lo tanto la muestra de tipificación de este instrumento fue una parte de la anterior, incluyendo a los 320 sujetos comprendidos en ese rango de edad.
En cuanto a la distribución geográfica (Figura 2), se tuvo especial cuidado en que participaran niños pertenecientes a todas las comunidades autónomas de España. Este objetivo que se consiguió íntegramente; puesto que todas las comunidades peninsulares resultaron representadas en la muestra de tipificación, incluyendo además una de las insulares y las dos ciudades autónomas. En consecuencia, se consiguió una muestra de tipificación notablemente representativa de la población española. Así, los baremos construidos a partir de los datos de la muestra de tipificación aseguran una interpretación precisa y correcta de los resultados que los profesionales obtengan empleando la batería MABC-2.


Calidad Psicométrica de la Adaptación Española de MABC-2

Fiabilidad. En la adaptación española se calculó la fiabilidad del Test, de 8 ítems, mediante el procedimiento de consistencia interna. Los coeficientes ? obtenidos fueron adecuados en la puntuación Total y las tres dimensiones, oscilando entre 0,77 y 0,81. De hecho, los límites inferiores del intervalo de confianza del coeficiente ? fueron siempre superiores a 0,70. En el caso de la Lista de Observación Conductual los coeficientes ? obtenidos fueron elevados en todos los casos, para la sección A de Movimiento en un entorno estático, 15 ítems, se obtuvo ?=0,91; para la sección B de Movimiento en un entorno dinámico, 15 ítems, se obtuvo ?=0,90 y para la Puntuación Motriz Total, 30 ítems, el coeficiente fue ?=0,94.

Validez estructural y carencia de sesgo. Un aspecto interesante para conocer mejor la validez de un test consiste en analizar si la estructura que surge de sus medidas en una muestra representativa de su ámbito de aplicación, resulta equivalente a la estructura supuesta en su modelo teórico. En el caso del Test MABC-2 se supone que sus ocho pruebas se organizan en una estructura de tres dimensiones: Destreza manual, Puntería y atrape, y Equilibrio. A la primera dimensión corresponderían tres pruebas manipulativas, a la segunda dos pruebas y a la tercera las tres pruebas restantes. Basándose en esta estructura teórica se calculan las puntuaciones correspondientes a cada dimensión.
Mediante Análisis Factorial Confirmatorio se ha puesto a prueba este modelo tridimensional obteniendo como resultado un ajuste general que puede considerarse excelente según los criterios habituales (CFI=0,98; RMSEA=0,025 [IC 90%: 0,000-0,050]). Las correlaciones entre las tres dimensiones fueron moderadamente altas, oscilando entre 0,43 y 0,58. Puede decirse que la medida del Test MABC-2 se ajusta muy razonablemente a su constructo o modelo estructural teórico.
El Análisis Factorial Confirmatorio permite también comprobar la invarianza entre distintos grupos de interés. Esto quiere decir que se puede comprobar si el ajuste con el modelo teórico se produce por igual en grupos tales como los dos géneros, chicos y chicas, o los tres rangos de edad establecidos en el Test. Empleando nuevamente la muestra de tipificación española se comprobó que, tanto en el grupo muestral de chicos como en el de chicas, el ajuste era bueno y muy similar en los dos géneros. Por ejemplo, cuando se compararon las correlaciones de cada ítem con su dimensión en los modelos de los dos géneros, los índices de ajuste se mantuvieron aproximadamente iguales al modelo general (??2(4)=6,74; p=0,150). También cuando se compararon las covarianzas entre los factores, la estructura permaneció invariante (??2(6)=7,19; p=0,304).b. Esta invarianza -o carencia de sesgo-, entre los grupos de chicos y chicas es particularmente importante dado que los baremos de tipificación del Test MABC-2 son unisex. Se comprobó, mediante el mismo procedimiento, la invarianza entre los grupos definidos por los tres Rangos de Edad del Test. También en este caso, el ajuste fue bueno y aproximadamente equivalente en los tres rangos de edad.
Complementariamente se estimó la invarianza entre las zonas geográficas de la distribución de la muestra: norte-este y centro-sur. El análisis de la carencia de sesgo entre las zonas de aplicación no tiene una importancia teórica sustancial, pero es muy interesante desde el punto de vista de la calidad de la tipificación española. Téngase en cuenta que se contó con distintos examinadores en cada zona, por lo que cabía la posibilidad de que hubiera algún sesgo de aplicación. El Análisis Factorial Confirmatorio multigrupo aplicado mostró una muy notable consistencia entre las distintas zonas de aplicación, no encontrándose diferencias significativas ni en la estructura general, ni en las covarianzas entre las dimensiones (en ambos casos: ??2(1)=0,03; p=0,862). Ni siquiera se encontraron diferencias de medias entre las 4 zonas (p=0,476).

Validez referida a un criterio. Se tomó como criterio de evaluación de la coordinación motriz la Lista de Observación Conductual y se relacionó con la puntuación Total del Test MABC-2. Se tomó el rango de edad de 7 a 11 años, ambos inclusive, para evitar los efectos de no normalidad y heterogeneidad de varianzas más acusados en las medidas de la Lista. Dentro de este rango de edad los coeficientes de correlación entre la puntuación Total del Test y las medidas de la Lista fueron: para la sección A se obtuvo r=-0,31; para la sección B el coeficiente fue r=-0,30; y para la Puntuación Motriz Total r=-0,32. Los coeficientes fueron significativos en todos los casos (p<0,001). Además, para la Lista de Observación Conductual se estudió la validez desde el punto de vista de su capacidad para discriminar la mejora de la competencia motriz según avanza la edad. Se obtuvo una relación consistente (muy similar en las tres medidas de la lista), significativa y bastante elevada con coeficientes rho entre 0,48 y 0,51.

Resumen y Conclusiones

La muestra de tipificación para la adaptación española de la Batería MABC-2 ha resultado representativa de la población de niños de 4 a 16 años de edad. Se ajustó a las características del censo de población tanto en lo que se refiere al nivel educativo de los padres, como a la distribución por zonas geográficas. La carencia de sesgo por zona geográfica garantiza que la medición se realizó con un procedimiento homogéneo en todas las comunidades y ciudades autónomas.
La fiabilidad de las medidas, tanto en el Test como en la Lista de Observación Conductual, han resultado ser satisfactorias y semejantes a las obtenidas en otros países (Henderson, Sugden y Barnett, 2007).
La adaptación española del Test ha mostrado ajustarse muy satisfactoriamente al modelo teórico tridimensional: Destreza manual, Puntería y atrape, y Equilibrio. Además, el ajuste a esta estructura ha resultado invariable para los grupos de sexo y rango de edad. Esto es particularmente satisfactorio en el caso del sexo puesto que da soporte teórico y estadístico a los baremos sin diferenciación de sexo.
Si consideramos los datos anteriores en conjunto, podemos concluir que los baremos obtenidos a partir de la muestra de tipificación española de la Batería MABC-2 son consistentes y útiles para los profesionales de la educación física. En consecuencia, a partir de ahora podemos contar con un instrumento de calidad contrastada para evaluar los problemas del desarrollo de la coordinación motriz en los escolares españoles. Además los baremos ofrecen un criterio diagnóstico (semáforo) muy sencillo y fácil de aplicar.
La MABC-2, Batería de Evaluación del Movimiento para niños – 2 adaptada a la población española ha contado con el impulso y la colaboración de Pearson Clinical & Talent Assessment. Estará disponible en el mes de abril de 2012.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

American Psychiatric Association (1994). Diagnostic and Statistical manual of mental disorders (4th edition). Washington DC.

Arheim, D. y Sinclair, W. (1976). El niño torpe. Un programa de terapia motriz. Buenos Aires: Ed. Panamericana

Burton, W. A. y Miller, E. D. (1998). Movement skill assessment. Cahmpaign: Human Kinetics.

Geuze, R. y Börger, H. (1993). Children who are clumsy: Five years later. Adapted Physical Activity Quarterly, 10, 10-21.

Gómez, M. (2004). Problemas evolutivos de coordinación motriz y percepción de competencia en alumnos y alumnas de primer curso de educación secundaria obligatoria en la clase de Educación Física. Tesis Doctoral inédita. Universidad Complutense de Madrid.

Graupera, J. L., Ruiz, L. M., Gutiérrez, M. y Mayoral, A. (1997). Problemas de coordinación y resignación aprendida en Educación Física escolar. Madrid: CIDE Ministerio de Educación

Gubbay, S. S. (1975). The clumsy child. Philadelphia: Saunders.

Henderson, S. E. y Sugden, D. (1992). Movement Assessment Battery for Children. Londres: Psychological Corporation

Henderson, S. E., Sugden, D. y Barnett, L. (2007). Movement Assessment Battery for Children-second edition. Londres: Pearson Assessment

Henderson, S., Knight, E., Losse, A. y Jongmans, M. (1991). The clumsy child in the school-Awe doing enough?. British Journal of Physical Education, 9, 2-9.

Henderson, S. E., Sugden, D. y Barnett, L. (2012).Batería de evaluación del movimiento para niños-2 (MABC-2). Madrid, Pearson Educación.

Hulme, C., Smart, A., Moran, G., y McKinlay, I. (1984). Visual, kinaesthetic and cross-modal judgements of length by clumsy children: a comparison with young normal children. Child Care Health Development, 10, 117-125.

INE (2004). Censos de población y viviendas 2001. Recuperado de http://www.ine.es/censo_accesible/es/inicio.jsp

Lyytinen, H. y Ahonen, T.(1988). Developmental motor problems in children: A 6 year longitudinal study. Journal of Clinical and Experimental Neurophysiology, 10, 57.

Miyahara, M., TsujiI, M., Hanai, T., Jongmans, M., Barnett, A., Henderson, S., Hori, M., Nakanishi, K., y Kageyama, H. (1996). Sex differences in motor coordination among primary school children in Japan and U.S.A. Paper presented at the 10th International Conference of the ISCPES: Cultural Diversity and Congruence in Physical

Education and Sport (pp. 181-184). Japan,

Ruiz, L.M. (2005). Moverse con dificultad en la escuela. Introducción a los problemas evolutivos de coordinación motriz. Sevilla: Wanceullen

Ruiz, L.M., Graupera, J.L., Gutiérrez, M., y Miyahara, M. (2003). The assessment of motor coordination in children with the Movement ABC test: A comparative study among Japan, USA and Spain. International Journal of Applied Sport Sciences, 15, 1, 22-35

Ruiz, L.M. y Graupera, J.L. (2012). La Batería MABC-2 y la evaluación del Trastorno del Desarrollo de la Coordinación en niños y adolescentes. Escuela, Mayo-Junio, 20-21.

Sudgen, D. y Keogh, J. (1990). Problems in movement skill development. Columbia:University of South California Press

Sudgen, D. y Wright, H.(1995). Developmental coordination disorder (DCD): Identification, prevalence and nature. Proceedings of the 10th International Symposium on Adapted Physical Activities (p. 123) Oslo.

Sugden, D. y Henderson (2012). Manual de intervención ecológica. Pearson Inc.

WHO (1992). Classification of mental and behavioural disorders: Clinical descriptions and diagnostic guidelines. Ginebra: World Health Organization.

Responder

Otras colaboraciones