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4 jun 2012

Cuidados psicológicos del joven deportista.

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El deporte es un hecho social. A esto hay que añadir la cultura del deporte, y más aún la cultura de la actividad física. Sí, el deporte profesional llena los grandes espacios de ocio y tiempo libre, ocupa un lugar destacado en el mundo de las empresas, es un referente para la conversación ordinaria, mueve masas, etc.

Autor(es):Antonio D Maceira Gago
Entidades(es):Universidade de Vigo
Congreso: I Congreso Internacional de las Ciencias del Deporte
Pontevedra 2006
ISBN:9788461105526
Palabras claves: joven deportista, psicología,

Cuidados psicológicos del joven deportista.

INTRODUCCIÓN

El deporte es un hecho social. A esto hay que añadir la cultura del deporte, y más aún la cultura de la actividad física. Sí, el deporte profesional llena los grandes espacios de ocio y tiempo libre, ocupa un lugar destacado en el mundo de las empresas, es un referente para la conversación ordinaria, mueve masas, etc. También es evidente su incidencia en el proceso educativo, en el proceso de socialización de los individuos; es uno de los agentes educativos no formales de mayor repercusión: crea modelos sociales, forma expectativas personales, genera estilos de vida, etc.  La práctica del deporte en sus diversas fases desde la iniciación a la profesional, no supone de por sí un beneficio automático para los niños y adolescentes (Martens, 1978). El proceso de socialización que ha de seguir en su desarrollo el joven deportista, al igual que todos los demás de su edad, no se da de forma automática con la sola participación en deportes donde haya que cumplir reglas, responder con disciplina o formar un carácter competitivo y de logro.  Esto depende de un proceso de aprendizaje llevado a cabo conforme a su edad, capacidad, nivel de desarrollo, ritmo de crecimiento y adecuada presentación de tareas.  Así como se ha de procurar una actividad física y un deporte que promueva la salud individual y colectiva (Bouchard, 1990) también se ha de facilitar el desarrollo integral del sujeto, evitando el sedentarismo y aislacionismo como enfermedades modernas de los jóvenes ( Fenten, 1998). Si a esto añadimos que  la actividad deportiva es una de las predominantes en los niños y niñas que se extiende más allá de la adolescencia (Vila, 1997; Aguinaga y Comas, 1998) presenta el interés por comprender las razones de esta actividad, su repercusión, cuidados y uso de la misma con un sentido educativo integral dentro del contexto personal del sujeto. Un  54% del tiempo de niños y un 36% del de niñas es dedicado al deporte o a la actividad física, mientras  que sólo un 16% y un 26% en actividades académicas en niños y niñas respectivamente. Aquí se percibe una diferencia de género. Algo semejante ocurrirá con el abandono de la práctica deportiva ya en la adolescencia (Vila, 2001; Castillo, 2002).  Ciertamente en este artículo no podemos recoger todas las necesidades psicológicas básicas que tienen los jóvenes deportistas.  Pero sí vamos a prestar una atención especial a tres aspectos que por su generalidad y aplicación son indispensables. Por un lado, lo que se refiere al deporte y al proceso de crecimiento, específicamente en la adolescencia; el denominado pensamiento formal como base para la solución de problemas y el aprendizaje de la táctica. En segundo lugar, a los aspectos emocionales y al aprendizaje de su control, como algo imprescindible para la competición y el rendimiento. Finalmente, atenderemos a otro de los aspectos fundamentales como es el riesgo de lesión y su prevención, en relación con los procesos de crecimiento físico.    

1.- La táctica: un aprendizaje de solución de problemas.

Hay múltiples formas de definir y por lo mismo de conceptuar la táctica. Ocurre como con tantos otros conceptos que cada sujeto presenta una definición, caso del aprendizaje. Pero es común afirmar que la táctica supone un proceso de decisión, ya bien a nivel individual ya de forma colectiva (como orientación previa de decisiones, la estrategia). El comportamiento táctico supone una elección dentro del contexto de la técnica más adecuada para conseguir el mejor rendimiento o el resultado buscado (Buceta, 1998; Viadé, 2003). Ello implica un gran número de decisiones y diversidad de tareas, un gran número de alternativas en cada decisión, un tiempo muy reducido para la misma (Ruíz y Sánchez, 1997). En definitiva, el comportamiento táctico supone un importante desarrollo de solución de problemas. Esto quiere decir, que se puede aprender, se puede entrenar, pero supone una capacidad previa: el desarrollo cognitivo.
Es conocida la aportación que realizó la teoría piagetiana al conocimiento de los  procesos de pensamiento además de su teoría cognitiva. El pensamiento formal denominado así por 1. Piaget (1955), o más modernamente como pensamiento científico, es propio del momento evolutivo de la adolescencia. Las estructuras del pensamiento formal se establecerían según esta teoría desde los 11 a los 15 años. Las operaciones formales tienen dos tipos de características que se van desarrollando de forma progresiva.

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a. Lo real es una parte de todo lo posible Quiere decir, que el sujeto deja de centrarse en lo concreto del problema para ver diversas alternativas al mismo. Es decir, lo ejecutado forma parte de todo un mundo de posibilidades entre las cuales hay que elegir. Esto hace posible que el adolescente perciba que pueda haber diversas técnicas, y que en un momento determinado hay que elegir una de ellas. Ese proceso supone el saber por qué una y no otra de las posibles. Esta situación con frecuencia es un verdadero problema no sólo cognitivo si no incluso emocional y que puede llevar a afectar a la propia autoestima.

b. Razonamiento cientí ico El razonamiento científico se caracteriza por su proceso hipotético-deductivo. Este tipo de razonamiento contempla la capacidad de elaborar más de una hipótesis explicativa y la capacidad de comprobar cuál de ellas es la correcta. Piaget indica que el manejo de las hipótesis en los adolescentes sigue tres fases: 1. Eliminación: las hipótesis más simples se eliminan de forma real o mental directamente, las otras se verifican; 2. Se construyen nuevas hipótesis sobre la base de nociones implicadas. 3. Se verifica la nueva hipótesis mediante el análisis sistemático de las combinaciones posibles. Esto posibilita el entrenamiento del comportamiento táctico en su doble función: como tarea que provoca el desarrollo cognitivo y también como aprendizaje.

c. El razonamiento proposicional  Además del proceso de afirmaciones de hipótesis, el adolescente es capaz de analizar los resultados, convirtiéndolos en proposiciones. Es decir, el sujeto es capaz de retroalimentar el sistema. A nivel de la táctica quiere decir, que el sujeto puede dar razones de las decisiones.

B) A nivel estructural:

a. Operaciones binarias La combinatoria. Es el instrumento lógico que usa para la elaboración de hipótesis. Las relaciones que se establecen entre los diversos elementos de los problemas, permiten establecer de forma binaria las interferencias que hay y, por lo mismo, el grado de implicación para la toma de decisión. Ello da un carácter sistemático al proceso de solución de problemas. Este tipo de procedimiento es el que subyace en la construcción del mundo posible y permite acercarse al mundo real. A nivel del aprendizaje táctico posibilita la comprensión de todos los elementos que componen un comportamiento y el conocimiento de las relaciones que se establecen entre ellos.

b. Grupo Klein: INRC El adolescente puede además realizar cuatro tipos de operaciones que son las que recoge el grupo Klein: identidad, negación, reciprocidad y correlación. El uso de estas operaciones le permite al sujeto llevar a cabo dos reversibilidades, por negación y por reciprocidad. Ello permite que el sujeto puede comprobar con exactitud la hipótesis correcta, es decir, tomar la decisión más acertada en la elección de la técnica adecuada en el momento oportuno, en el menor tiempo posible y en el contexto concreto.

Con este tipo de pensamiento científico, se considera que el sujeto alcanzó el pensamiento adulto. A esto hay que añadir la importancia que tienen los conocimientos previos, los propios contenidos y ejecuciones, la familiaridad, etc. Así el entrenamiento en solución de problemas, está facilitando el desarrollo cognitivo de los sujetos, y al mismo tiempo está facilitando una capacidad básica para el aprendizaje del comportamiento táctico.
Aquí podemos situar los diversos modelos educativos en el aprendizaje deportivo. Frente a los denominados modelos tradicionales centrados en la técnica, progresiones de ejercicios y asimilación, se sitúan otros modelos centrados en la táctica como modelo alternativo. Este modelo centrado en la táctica va unido a modelos educativos como el aprendizaje por descubrimiento, aprendizaje significativo o el constructivismo; todos ellos en fuerte dependencia del denominado pensamiento científico que llevamos visto (Blázquez, 1995). Recordemos la importancia que tuvo el cognitivismo en el aprendizaje motor al establecer la relación básica entre conocimiento y acción (Bunker y Thorpe, 1983), o para el desarrollo de la conciencia táctica como forma de toma de decisiones (Rink, 1993).

Hoy podemos afirmar que la enseñanza deportiva hace necesarios diferentes estilos. Ello ha de seguirse en función de la edad, la experiencia, la capacidad física, la motivación, etc. (Siedenop, 1998).
Así uno de los aspectos que hay que tener muy en cuenta en los jóvenes deportistas son sus características evolutivas. Pero el tenerlas en cuenta supone el conocerlas, y un conocimiento científico, no una mera presunción a partir de la propia experiencia. Aquí hemos recogido lo importante que es para el aprendizaje táctico conocer el funcionamiento del razonamiento adolescente para que las tareas de aprendizaje se ajusten a su capacidad. Y esto mismo tiene su interés en las demás variables psicológicas.

2.- Proceso de socialización: emoción y motivación.

Como indicábamos en la introducción, además de la educación física que se realiza en los colegios, una parte importante del tiempo de ocio de los niños y niñas con continuidad en la adolescencia lo lleva la práctica deportiva. Uno de los problemas que se viene agudizando es el sedentarismo de los jóvenes. Así un 22.9 % de niños y niñas de 11-15 años en 1986 realizaban actividad deportiva todos los días; en 1990 lo era sólo el 14,8% (Mendoza, 1994). Esto se agrava por la tendencia de los jóvenes a ser menos activos que los niños, es decir, se da una disminución con el transcurso de la edad en la práctica deportiva (Cervelló, 1996). Y si es diferente en función del género, esto se acentúa en el caso de las chicas. Es conocido que el proceso de socialización interviene de forma decisiva en la práctica del deporte. Esto supone una interacción entre personas y el medio, respetando unas normas.
Los diversos estudios realizados sobre los factores predictivos de la actividad física en adolescentes, distinguen tres esenciales: los personales, los sociales y los ambientales. Los factores personales más influyentes son la autopercepción de la competencia física o deportiva (Moreno, 1997), la salud percibida como importante y la propia forma física; y también el permanecer en activo más tiempo en el futuro.

Por lo que respecta a los factores sociales está la incidencia que tiene la misma práctica por parte de padres y hermanos. Pero, sobre todo, figura como importante la posibilidad de hacer amigos y relacionarse (World, 1994). Algo semejante ocurre con los factores ambientales. El acceso a instalaciones, la pertenencia a clubes deportivos, la integración en grupos, etc., son predictores relacionados con la práctica de la actividad física.
Ciertamente que en la base de este interés por la práctica deportiva están los estados emocionales relacionados con el nivel de satisfacción o logro, y los niveles de motivación. Se han realizado diversos estudios a este respecto. Promover situaciones gratificantes como los estados emocionales de satisfacción en el grupo, de superación concreta, de nivel de aspiración de lo posible a lo real, hace que el adolescente aumente su adherencia a la práctica deportiva.

Además la facilitación de modelos incrementa su nivel de motivación, sabiendo que este procedimiento tiene su aspecto negativo, como es el ver inalcanzable al modelo y por consiguiente la inactividad. El modelo es importante para atraer la atención, pero la realización de las tareas de aprendizaje han de suponer objetivos inmediatos y concretos, que el deportista joven los perciba como realizables y asimismo con sentido para la práctica deportiva.
También la facilitación de gratificaciones incrementa el nivel de motivación. La gratificación ha de ser administrada como un tipo de información verbal de reconocimiento. Asimismo ha de consistir en facilitar un ambiente agradable, evitando expresiones y circunstancias de tipo aversivo. Proponer tareas atractivas que impliquen un mayor dominio pero sin excesivo esfuerzo para conseguirlo. Presentar retos alcanzables en no largo tiempo, objetivos a corto plazo. No perder nunca el aspecto lúdico, aprender jugando es un buen lema. Asimismo es importante que el deportista joven identifique sensaciones internas de placidez y satisfacción personal, que se sienta apoyado por los demás sobre todo por su entorno emotivo (padres, amigos, hermanos.). En conclusión, que el deportista sea capaz de reconocer sus avances y evaluarse positivamente. En definitiva, que el sujeto deportista se vea reforzado siempre y evite su autocastigo (1. Cruz ( 1997).

Se ha de facilitar el incremento de la autoestima y el autoconcepto. Para ello se han de entrenar en evaluar correctamente sus aprendizajes, saberse competentes en la tarea, seguros de lo aprendido, estables emocionalmente. El entrenador ha de facilitar las adquisiciones básicas para que el deportista joven sepa competir. El fracaso, el error, los fallos, forman parte de la misma tarea. Es necesario que el deportista sepa enfrentarse a situaciones competitivas donde el nivel de activación es muy alto. Que sepa enfrentarse a situaciones de riesgo emocional.
En este sentido hay aspectos básicos que los niños y adolescentes deportistas han de ir adquiriendo junto con las habilidades técnicas, tácticas y estratégicas propias de la actividad concreta. Así el deportista joven debe ir entrenándose también en:

1.- Programas de competitividad ajustada a su nivel. La competitividad genera estrés. Por ello es necesario que el deportista joven se entrene en control de estrés, en técnicas de afrontamiento del estrés.

2.- Programas de entrenamiento en control emocional. El joven deportista ha de ir adquiriendo técnicas y habilidades psicológicas que le permitan el control emocional, de los estados emocionales, para saber enfrentarse a situaciones de fracaso, de ausencia de éxito, de percepción de incompetencia, de ajuste personal.

3.- Uno de los entrenamientos psicológicos importantes serán las técnicas de relajación, técnicas de atención y concentración, habilidad psicológica de imaginación y visualización. Ello le permitirá enfrentarse a los aprendizajes con mayor éxito y por lo mismo mayor rendimiento, con el consiguiente aporte de satisfacción personal y, por tanto, de motivación y adherencia.

4.- Entrenar en habilidades sociales. La asertividad, la competencia relacional, la capacidad para integrarse en un grupo, la facilidad de comunicación, etc., son instrumentos imprescindibles para un deporte, pues de una manera u otra siempre significa la interacción de personas.

5.- Programas dirigidos a padres y entorno emocional de los jóvenes deportistas.

3.- Prevención de lesiones.

Este aspecto parece más bien de otras ciencias del deporte. Y es cierto que la Medicina deportiva, por ejemplo, ha dedicado largos apartados y decisivos estudios al tema de las lesiones deportivas y su prevención además de la rehabilitación y cura. Pero si observamos simples datos estadísticos, observamos que la incidencia de las lesiones tiene una particular importancia en la infancia y adolescencia. Si además observamos las principales causas de las lesiones veremos que la mayor parte tienen que ver con variables de tipo psicológico. Aproximadamente un 40% de practicantes deportivos sufren cada temporada algún tipo de lesión más o menos grave (Palmi, 2001). Así también se comprobó la importante relación que hay entre el afrontamiento del estrés, los acontecimientos de cambio vital y las lesiones (Kelly, 1990).

Refiriéndonos al caso particular de los deportistas jóvenes, se puede confirmar que según se aumenta el nivel competitivo aumenta el riesgo de lesiones. Esto puede ser debido a que con el aumento del nivel competitivo también lleva consigo el aumento del tiempo de práctica deportiva, tanto en entrenamiento como en competición; se interioriza más el sentido de competitividad, y por ello de activación; también intervienen variables como las particulares del entrenador.
Otras variables como las que derivan de los cambios vitales que ocurren (Thomson, 1994), y la ausencia de técnicas de afrontamiento incrementan el riesgo de lesiones en situaciones de riesgo emocional grave. También se incrementa la vulnerabilidad de lesiones por incidencia de factores psicosociales.   Del mismo modo parece que se puede afirmar que determinadas variables de personalidad, como la autoestima, nuevas sensaciones, riesgos, etc., inciden en el incremento de lesiones adolescentes (Smith, 1990; Yperen, 1995).

Por ello, otro de los campos importantes de atención prioritaria es la prevención de lesiones. Y dentro de la prevención de lesiones, la exigencia que surge de factores de tipo psicológico que incrementan su frecuencia. Por lo mismo, uno de los cuidados específicos a nivel psicológico será en los adolescentes detectar la incidencia de la ansiedad competitiva, los entornos psicosociales, los rasgos de personalidad especialmente relacionados con las conductas de logro, los niveles de atención y de ansiedad en fases competitivas. Estos y otros son factores que incrementan riesgos de lesiones y que el entrenador ha de intervenir para su prevención con programas adecuados.

 

Bibliografia

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