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15 feb 2012

El papel de los entrenadores en la prevención de la violencia, las drogodependencias y otras conductas de riesgo.

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a falta de deportividad en el deporte en edad escolar es un factor limitante de las consecuencias positivas en la formación y desarrollo de los jóvenes, así como en el conjunto de personas vinculadas al fenómeno deportivo (padres, entrenadores, árbitros, responsables deportivos,…).
Autor(es): Gimeno, F
Entidades(es): Departamento de Psicología y Sociología, Facultad de Ciencias de la Salud y del Deporte, Universidad de Zaragoza
Congreso: II Congreso del Deporte en Edad Escolar
Valencia 26 - 28 de Octubre de 2011
ISBN: 978-84-939424-0-3

El papel de los entrenadores en la prevención de la violencia, las drogodependencias y otras conductas de riesgo.

Artículo

La falta de deportividad en el deporte en edad escolar es un factor limitante de las consecuencias positivas en la formación y desarrollo de los jóvenes, así como en el conjunto de personas vinculadas al fenómeno deportivo (padres, entrenadores, árbitros, responsables deportivos,…). La falta de deportividad puede conceptualizarse a través de los comportamientos agresivos y violentos del conjunto de personas implicadas en un evento deportivo.  El contrapunto positivo es la deportividad, no sólo porque conlleva la ausencia de agresividad y violencia, sino por la presencia de conductas de respeto, de cordialidad y de apoyo con el resto de participantes en la competición. 

Los términos agresividad y violencia han sido utilizados en ocasiones como sinónimos y, en otras, han sido conceptualizados con definiciones no coincidentes.  En este documento, al hablar de conductas violentas se hará referencia a aquellas que son equivalentes a los actos ilegales, hostiles y agresivos infringidos físicamente, haciendo referencia específicamente al componente físico de la agresión.  Por conductas agresivas se hará referencia a aquellas que incluyen el resto de actos ilegales, hostiles y agresivos no infringidos físicamente (e.j. agresiones verbales y no-verbales) (Husman y Silva, 1984; Tenenbaum, Stewart, Singer y Duda, 1997).

La deportividad, la agresividad y la violencia en el contexto del deporte escolar están vinculados a una variedad de: personas (deportistas, espectadores, entrenadores,…); situaciones antecedentes (el contexto de un partido, de un entrenamiento, del marcador parcial durante el partido,…) y diferentes marcos o modelos explicativos.  Por ello, se concluye que la deportividad, la agresividad y la violencia tienen una naturaleza multicausal o multivariante.  Considerando este argumento, las actuaciones dirigidas a influir sobre estos tres fenómenos psicosociales deberían tener un diseño en el que: (1) o bien se utilicen una variedad de estrategias que converjan de manera apropiada fomentando la deportividad y/o reduciendo la agresividad y la violencia, así en este caso hablamos de programas “multicomponentes”; o (2) utilizando una estrategia concreta (e.j. actividad formativa, actuación divulgativa, …) esté contemplado en su diseño todas aquellas variables que puedan orientar sobre el verdadero efecto de la misma.

Un ejemplo de programa multicomponente lo constituye el programa “Juguemos Limpio… en el Deporte Base” (Gimeno, et al, 2011).  Éste programa “se ha ido haciendo” desde el año 2000 diseñando e implementando programas “moleculares” (“componentes”)  que abordaban la prevención de los comportamientos agresivos y violentos, por un lado, y el fomento de los comportamientos deportivos, por otro, desde diferentes modalidades de actuación (acciones formativas, de divulgación, de resolución de conflictos, …) y de prevención (primaria, secundaria y terciaria).  En todos ellos, el papel del entrenador ha sido fundamental para su desarrollo y clave de la eficacia de cada uno de ellos.  Aunque en el documento de Gimeno et al (2011) puede encontrarse una detallada descripción de los componentes y del conjunto de este programa, presentamos a continuación una breve descripción de los dos programas “moleculares” más relevantes: “Entrenando a Padres y Madres” (Gimeno, 2003-a y b), y “Programa de Prevención de la Violencia en el Fútbol Base (Gimeno,  Sáenz, Ariño y Aznar, 2007).

En abril de 2000 tuvo lugar la presentación institucional del programa “Entrenando a Padres y Madres”, promovido por la Dirección General del Deporte del Gobierno de Aragón y diseñado con la colaboración de AFPGRUPO-Consultores del Deporte.  Este programa, de carácter eminentemente formativo y divulgativo, tiene como objetivos: 

  • Concienciar a padres y madres, por un lado, y a entrenadores, por otro, que forman parte de “un mismo equipo” y, en consecuencia, la idoneidad de adoptar pautas de colaboración de trabajo en equipo entre ambas partes.
  • Informar y sensibilizar a padres y madres de la influencia y efectos negativos de determinadas actitudes y conductas que manifiestan con sus hijos en los escenarios de la práctica deportiva y en su convivencia familiar, por un lado; y de los positivos efectos e influencia de otras actitudes y conductas relacionadas con su implicación en la práctica deportiva de sus hijos que pueden favorecer la formación y desarrollo de estos.
  • Mostrar a padres y madres habilidades específicas para el manejo de situaciones complejas con sus hijos y con sus entrenadores.
  • Aportar a los entrenadores de jóvenes deportistas formación de carácter teórico y práctico en habilidades sociales y de solución de problemas para favorecer la adecuada implicación de los padres en la práctica deportiva de sus hijos.

De forma independiente pero también complementaria con el anterior, el “Programa de Prevención de la Violencia en el Fútbol Base” tiene como objetivo principal: reducir la frecuencia e intensidad de incidentes violentos en partidos de fútbol base (implementado mayoritariamente en categoría cadete).  Con carácter más específico se pretende:  

  • Reducir los incidentes violentos en los partidos de fútbol celebrados en la 2ª vuelta de la liga, que presentaron este tipo de incidentes en los partidos celebrados en la 1ª vuelta.
  • Implementar un proceso de evaluación continua de los partidos de fútbol con la implicación del conjunto de entrenadores y árbitros de una misma categoría del fútbol base, que favorezca la sensibilización continua de la importancia del “juego limpio”, así como la identificación de los técnicos y equipos cuya contribución a la prevención de la violencia y el juego deportivo haya sido más relevante.

Objetivos de carácter estratégico que se pretenden con este programa son los siguientes: 

  • Realizar un trabajo formativo con entrenadores de fútbol que les capacite para llevar a cabo un entrenamiento en habilidades conductuales con sus jugadores, dirigido a incrementar las habilidades de autocontrol en situaciones que potencialmente puedan desembocar en incidentes violentos fuera y/o dentro del terreno de juego.
  • Realizar un trabajo formativo con entrenadores de fútbol que les capacite para llevar a cabo un entrenamiento en habilidades conductuales con los padres o tutores de sus jugadores, dirigido a incrementar las habilidades de autocontrol en situaciones que potencialmente puedan desembocar en incidentes violentos fuera y/o dentro del terreno de juego.
  • Implicar en un acuerdo de colaboración a los entrenadores, delegados de campo y responsables de las entidades deportivas de los equipos de fútbol que habiendo tenido lugar incidentes violentos en el partido de la primera vuelta, se comprometan en un conjunto de actuaciones dirigidas a la prevención de este tipo de incidentes en el partido de la segunda vuelta.
  • Implicar en el mencionado acuerdo de colaboración a los responsables del Comité Técnico de Árbitros de Fútbol.
  • Continuar un esquema de trabajo preventivo a medio plazo con entrenadores, jugadores, padres, responsables deportivos y miembros del Comité Técnico de Árbitros, una vez finalizadas y analizadas las actuaciones llevadas a cabo en los mencionados partidos de la segunda vuelta, con el objetivo de potenciar la calidad de la práctica deportiva del fútbol base.

Programas como los anteriormente descritos, que están diseñados pretendiendo una coherencia intrínseca para ser implementados de forma independiente, incrementan su eficacia cuando son implementados de manera conjunta, en un mismo contexto deportivo (ej. en un mismo deporte y categoría del deporte en edad escolar).  Sin embargo, la experiencia de trabajo con este tipo de programas nos sigue mostrando situaciones y circunstancias en las que es complejo disponer de soluciones técnicas eficaces.  La actividad extradeportiva, y en particular de tiempo libre, del joven deportista presenta una interacción, y en ocasiones interdependencia, con su actividad y su comportamiento en la práctica deportiva.  Es por ello, que recientemente se haya empezado a trabajar con programas integrados que persiguen un efecto combinado tanto en comportamientos en el contexto deportivo como extradeportivo.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) (2002), el comportamiento agresivo y violento, en sus diferentes manifestaciones, es considerado uno de los problemas sociales y de salud pública más preocupantes en la actualidad.  Las principales razones que argumentan esta gravedad son: (1) las consecuencias en forma de daños, lesiones y sufrimiento que ocasiona en las víctimas; y (2) el hecho de que la agresión aparece asociada a graves disfunciones de adaptación social como la delincuencia, el abuso de drogas, la violencia familiar o el absentismo escolar.  Pero también es cierto que, no todos las personas caracterizadas como agresivas o violentas tienen problemas significativos, además de su carácter agresivo o violento, ni todas las personas con problemas son necesariamente agresivas o violentas.

Esta posible asociación entre comportamiento agresivo y violento, por una parte, y disfunciones físicas y conductuales, por otra, ha originado que el comportamiento agresivo y violento sea abordado desde el prisma de la salud pública (Koop y Lundberg, 1992).

Aunque hasta la fecha las investigaciones en los campos de la prevención de la violencia y las drogodependencias en jóvenes, y en particular en el contexto del deporte escolar, han seguido caminos separados, investigadores de ambos campos hemos comenzado a reconocer los beneficios que podrían derivarse de una aproximación integrada a la prevención de los denominados comportamientos antideportivos, los cuales incluirían los comportamientos agresivos y violentos de jugadores y entrenadores, y las conductas de consumo de drogodependencias (Weinberg, 2011).

Enlazando de nuevo con el argumento precedente de la OMS, se han esgrimido razones tanto de tipo conceptual como práctico para contemplar este conjunto de problemas como parte de un mismo continuo y para desarrollar intervenciones dirigidas a prevenir de forma integrada este amplio espectro de alteraciones. Una importante razón de tipo conceptual es la co-ocurrencia de estos problemas, es decir, las personas pueden presentar más de uno de estos trastornos o disfunciones simultáneamente y pueden progresar de uno a otro a lo largo del tiempo. Otra razón también de carácter conceptual es la identificación de posibles factores de riesgo comunes para este conjunto de alteraciones,  entre ellos: (1) factores individuales, como baja autoestima e ineficaces habilidades de autocontrol, preocupaciones relacionadas con la propia imagen, indefinición personal, acompañada por el deseo de conquistar el estatus adulto y alejarse de los roles infantiles, curiosidad por experimentar nuevas vivencias, interés por el riesgo y una orientación temporal volcada en el presente  (Luengo Martín et al, 2002); (2) factores familiares y del grupo de pares, tales como patrones agresivos en la resolución de conflictos (Baron y Richardson, 1994), modelado de consumo de diferentes tipos de drogas (Bandura, 1965); (3) factores escolares y comunitarios, tales como actitudes relacionadas con el consumo de drogas y comportamientos antisociales de entrenadores y profesores (Bakker, Whiting, y Van der Brug, 1993); y (4) factores sociales, tales como comportamientos de iguales en entornos lúdicos y mensajes mediáticos relacionados con la consecución de éxito “a toda costa” (Bredemeier, 1985).

Las encuestas de salud recientes, y el particular la Encuesta Estatal Sobre Uso de Drogas en Estudiantes de Enseñanzas Secundarias (ESTUDES), de 2008, señalan los 13 años como la edad de inicio de consumo de tabaco y alcohol (tabla 1), lo que en un contexto deportivo correspondería a la categoría “cadete”.

Tabla 1. Edad de inicio de consumo de tabaco y alcohol en estudiantes de 14-18 años, en España.

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 19

Asimismo, en la ESTUDES de 2008, en la etapa cronológica que se correspondería con la preadolescencia, se observa un altísimo índice de consumo de drogas legales (alcohol y tabaco), como aparece reflejado en las tablas 2, 3, y 4. 

Tabla 2. Prevalencia de consumo de alcohol en estudiantes de 14-15 años, en España.

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 19

Tabla 3. Prevalencia de consumo de tabaco en estudiantes de 14-15 años, en España.

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 19

Tabla 4. Prevalencia de consumo de tabaco en estudiantes de 14-18 años. Diferencias entre Aragón y España.

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 19

Considerando los datos precedentes, la atención a esta población para prevenir un consumo de riesgo o intervenir en situaciones en las que el problema ya existe, debe ser una prioridad de salud pública. La prevención de drogodependenciasla entendemos como un “proceso activo de implementación de iniciativas tendentes a modificar y mejorar la formación integral y la calidad de vida de los individuos, fomentando el autocontrol individual y la resistencia colectiva ante la oferta de drogas” (Martín, 1995, p. 55).  El fin de la prevención, tanto el contexto de las drogodependencias como en el de la violencia en el deporte, es evitar que la población se inicie en el consumo las drogas y en el afrontamiento de situaciones deportivas mediante comportamientos violentos, respectivamente  (prevención primaria), pero también que, quien recientemente se ha iniciado, abandone cuanto antes tales comportamientos, disminuyendo en la medida de lo posible las consecuencias negativas de los mismos (prevención secundaria).

De forma complementaria a la anterior tipología de prevención primaria y secundaria, siguiendo a Gordon (1987), podemos diferenciar asimismo tres tipos de prevención:

  • Universal, que es la que se dirige a todo el grupo diana sin distinción.
  • Selectiva, la que se orienta a un subgrupo de la población diana que tiene un riesgo mayor de ser consumidores que el promedio de las personas de su edad. Se dirige por tanto a grupos de riesgo. 
  • Indicada, la que se dirige a un subgrupo de la comunidad que suelen ser consumidores o que tienen problemas de comportamiento. Consecuentemente se dirige a individuos de alto riesgo.

Considerando la anterior conceptualización y tipología de la prevención, en esta ponencia se presentará un programa integrado de prevención de la violencia y las adicciones en el deporte, que incluye una serie de actuaciones centradas en la epidemiología y la etiología del consumo de drogas y de comportamientos deportivos violentos en deportistas jóvenes (prevención selectiva), así como en estrategias de prevención, de carácter primario y secundario, implementadas en relación con el papel del entrenador deportivo.

Los modelos teóricos en los que se apoyan estas actuaciones son los siguientes:

  • El modelo Transteórico del Cambio de Prochaska y Diclemente (1983), que ha mostrado su utilidad en los dos ámbitos de incidencia de este programa de prevención integrado: en la explicación de la reducción y abandono del tabaquismo y en la adherencia a la práctica de actividad física regular.
  • El modelo de Entrevista Motivacional (Miller y Rollnick, 1999), que se centra en el análisis y el abordaje de la motivación hacia el tratamiento, y la reconsideración de la importancia del estilo del terapeuta en el manejo relacional.
  • El Modelo de Prevención de Recaídas (Marlatt y Gordon, 1985), en el que se propone que si la recaída constituye una realidad en el tratamiento de una adicción o trastorno de conducta lo más adecuado es la aceptación de esta realidad y la desensibilización hacia el tema, continuando con un abordaje terapéutico de forma efectiva.
  • La Teoría del Aprendizaje Social, que asume que trastornos y desajustes conductuales como el consumo de drogas y los comportamientos antisociales se originarían en las actitudes y conductas específicas de las personas que sirven como un modelo de rol para el adolescente, de manera especial el entrenador deportivo en el caso de este proyecto de investigación.  Este proceso ocurre a través de las fases de observación e imitación, reforzamiento social y expectativa del adolescente de consecuencias sociales y fisiológicas positivas. Dentro de esta Teoría del Aprendizaje Social se han propuesto varias teorías, entre ellas, la Teoría de Apego Social, que procede de las teorías sociológicas del control, que sostiene que un compromiso fuerte con la sociedad, la familia, la escuela y la religión inhibe la expresión de los impulsos desviados que todos los individuos comparten. El consumo de sustancias y los comportamientos antisociales serían una manifestación de un amplio conjunto de conductas problema o no convencionales que se desarrollan en el contexto de un vínculo convencional débil, que se mantienen a través del aprendizaje social y las contingencias del entorno. Consecuentemente, y de forma contraria, el rechazo y abandono del consumo de drogas, el rechazo a comportamientos antisociales y la adopción de actitudes y conductas prosociales (ej. comportamientos deportivos), estarían vinculados a modelos de referencia para el adolescente que mostraran no sólo este tipo de conductas, sino la actitud y esfuerzo por su adquisición (Hawkins, y Weis, 1985; Elliott, Huizinga y Menard, 1989; Hawkins, Catalano y Miller, 1992).

Bibliografía

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