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30 may 2011

Fútbol y el medio tiempo: ¿Entrada en calor o entrada en frío para el descanso?

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Nació en Australia. Matt Lancarster se trasladó al Reino Unido en el año 2000 y trabaja en estos momentos en el Instituto Inglés del Deporte como jefe de fisioterapeutas para la región de Londres.


Autor: Matt Lancaster

Nació en Australia. Matt Lancarster se trasladó al Reino Unido en el año 2000 y trabaja en estos momentos en el Instituto Inglés del Deporte como jefe de fisioterapeutas para la región de Londres.

Mantener una temperatura corporal óptima es vital para maximizar el rendimiento deportivo. Pero, ¿cuáles son las estrategias más efectivas para el descanso cuando aumenta el mercurio y cómo podemos combatir la fatiga del segundo tiempo mientras prevenimos las lesiones?

Matt Lancaster investiga:

Habiendo crecido jugando al fútbol australiano y en un continente cálido como Australia, la memoria recoge recuerdos de una estrategia para el descanso: las naranjas. Cada semana los defensas o los atacantes nos alternábamos para traer naranjas cuarteadas que nos esperaban en el vestuario para el tiempo de descanso.

  • Promover el rendimiento durante la segunda mitad del encuentro.
  • Gestionar eficazmente la incidencia y el impacto de lesión.

Por supuesto, la ciencia moderna dicta que la pequeña cantidad de antioxidantes, fructosa e hidratos de carbono almacenada en el pedazo de naranja no podría de forma significativa mejorar nuestro rendimiento durante el segundo periodo. Aun así, con lo refrescante que resultaban las naranjas, nos sentíamos como si pudiésemos volar. Las cosas han cambiado desde entonces.

Aunque absorber una naranja producía en su día la estrategia de recuperación suficiente, el éxito en los deportes de equipo requiere mucha más atención al detalle. Cualquier estrategia para el descanso debería incidir sobre dos objetivos clave:
Revisar la ciencia disponible puede ayudar a divisar las estrategias para el medio tiempo. Sin embargo, los aspectos prácticos y específicos del deporte tienen que ser detenidamente considerados.

¿Cuánto dura el descanso en el medio tiempo? ¿Existe una regla de substitución de jugadores cerrada o pueden entrar y salir a jugar cuando el entrenador lo desee?
¿Cuál es el porcentaje de lesión de mi deporte? ¿Puede una estrategia en el medio tiempo tener algún efecto en el grado de lesiones de la segunda parte?
¿Qué piensa el entrenador en todo esto?

Es probable que se hayan ganado más partidos haciendo un cambio táctico en el descanso o un momento de inspiración por el entrenador que habiendo enfriado un cubo a 8 grados centígrados ¿o deberían ser 11? Finalmente, el intervalo del descanso provee un reto paradójico: recuperarse de la primera mitad mientras al mismo tiempo se prepara la segunda. ¿Deberíamos promover una recuperación que reduzca la temperatura o mantener el calor?

Reducción de temperatura

Existe una clara tendencia entre los deportistas, particularmente entre los deportistas de élite, de utilizar estrategias de enfriamiento. Varios métodos de enfriamiento, tales como inmersión en baños de hielo, y terapia de cambio de agua, forman el pilar de los principales métodos empleados. Durante algún tiempo, el pre-enfriamiento también se ha empleado especialmente por deportistas de fondo, y millones de espectadores hemos podido observar en televisión a Paula Radcliffe con un chaleco refrescante justo antes de empezar la maratón de Atenas.

levantamiento de manquerna

¿Pero que hay sobre las estrategia a emplear durante la tregua? Las temperaturas casi inusuales que se presentaron en el último mundial de fútbol de Alemania demostraron la dificultad para mantener el nivel de rendimiento durante partidos en un ambiente de temperaturas elevadas.

Un estudio norteamericano utilizó una probeta insertada en una píldora para comparar las respuestas térmicas del entrenamiento entre jugadores de fútbol americano y corredores de campo a través a temperaturas ambiente entre 28 y 34 grados centígrados. (1). Los futbolistas del estudio vestían el equipamiento completo lo que dificulto una comparación objetiva entre los dos grupos. Aun así, ambos grupos mostraron, como era de esperar, una temperatura central más elevada tras el entrenamiento. Aunque antes del entrenamiento eran los futbolistas los que tenían una mayor temperatura central, tras el entrenamiento este valor fue superado por los corredores. Los corredores de campo a través aumentaron la temperatura de forma continua durante el entrenamiento, mientras que en los jugadores de fútbol se incrementó o disminuyó fluctuadamente dependiendo de la intensidad del ejercicio.
Lo curioso, es que a pesar de la elevada temperatura corporal de los corredores tras el entrenamiento, exhibieron mejores niveles de hidratación que los futbolistas. El tipo de ejercicio, la intensidad, la proporción metabólica puede ser un factor más determinante de la temperatura corporal que el estado de hidratación por sí solo, añadiendo que se debe considerar la posición en la que juega cada jugador a la hora de escoger una estrategia de enfriamiento adecuada. Los modelos y el efecto en el cambio de temperatura y su regulación pueden ser muy diferentes entre los delanteros o los porteros, especialmente en deportes en los que se lleva ropa de protección (por eje. guantes, protección de espuma, etc).

Un estudio similar comparó las temperaturas corporales de jugadores de fútbol universitarios con jugadores profesionales de la Premier League inglesa (2). Sendos partidos se disputaron en condiciones ambientales más confortables con temperaturas que rondaban entre los 16 y los 19 grados. La temperatura corporal de los jugadores se midió justo antes de comenzar el encuentro, al finalizar el medio tiempo y al final del mismo. Para los jugadores amateurs se comprobó que existía un incremento considerable de la temperatura corporal tanto al final de la primera como de la segunda parte, observando que su temperatura regreso a valores de reposo durante el descanso. Por lo contrario, se observó que en los profesionales también se presentó un aumento significante al final del primer periodo, y su temperatura corporal se asentó durante la segunda mitad sin aumentar considerablemente hasta el final del partido. Exponiéndolo de forma simple, los jugadores profesionales estaban probablemente climatizados para compensar las demandas del juego demostrando una mayor capacidad para autorregular su temperatura a través de un proceso de sudor más intenso.

En términos generales, el patrón de cambio de temperatura y su regulación durante la segunda parte del partido, queda parcialmente determinado por una compleja interacción en la que interviene el nivel de climatización a las demandas del encuentro y cualquier situación de climática extrema que se pueda presentar. Obviamente, nada es tan sencillo como parece, y en lugar de que el jugador se ralentice directamente por un aumento de temperatura, el cerebro parece regular el grado al que aumenta la temperatura corporal, limitando el reclutamiento muscular y consecuentemente limitando la intensidad con la que se puede mantener el esfuerzo (3). El ritmo que el jugador adopta al comenzar el encuentro puede ser ajustado muy pronto (comenzado el encuentro) basándose en una respuesta anticipatoria que proteja al jugador de alcanzar una temperatura demasiado elevada más tarde. Por supuesto, en la mayoría de deportes de equipo, el patrón intermitente en una actividad intensa hace que la regulación térmica sea un proceso constantemente cambiante y dinámico.
El cerebro regula el ejercicio para protegerlo contra temperaturas excesivas. La efectividad con la que el cuerpo del jugador se aclimatice para atajar el calor, particularmente en condiciones extremas, determinará de forma importante la forma física y mental del jugador en la segunda parte.
Si el jugador o el preparador escogen utilizar una estrategia de enfriamiento en el descanso, particularmente en días en que el partido es más caluroso, desearemos retrasar cualquier aumento de temperatura en el segundo tiempo y estimular el cerebro para que nos permita competir a mayor intensidad durante más tiempo. El ritmo y la intensidad de trabajo son finalmente gestionados por el cerebro y no podemos esperar que ninguna estrategia de enfriamiento se superponga completamente al nivel de climatización del deportista. Puede que el mayor beneficio del enfriamiento para el medio tiempo es el de ayudar a tener una sensación de mayor comodidad que permita centrarnos en el rendimiento de la segunda parte del encuentro, particularmente en días muy calurosos para los que no estemos aclimatados.
Consideraciones Prácticas
Cualquier método de pre-enfriamiento con la intención de reducir la temperatura corporal no se puede realizar de forma rápida o fácilmente. La buena noticia es que enfriar la superficie cutánea, sin tener que reducir la temperatura central, puede ayudar el rendimiento en un evento en el que tengamos que controlar nuestro propio ritmo de ejercicio. Un estudio realizado por la Chrales Sturt University en Australia, mostró que el enfriamiento de la piel ayudó a los sujetos a cubrir 1 Km. más durante una prueba de laboratorio de 30 minutos (4).
La mala noticia, como ocurre en la mayoría de estudios centrados en el pre-enfriamiento, es que la prueba era continua y no intermitente. El pre-enfriamiento se realizó al comienzo del test y no durante los intervalos de esfuerzo de la prueba. Además, como método de enfriamiento, se utilizó la inmersión en agua a 8-11 grados durante 60 minutos, lo que supone un tiempo demasiado elevado si se desea buscar alguna relación comparable con el medio tiempo de un partido. Otro estudio más reciente, utilizó 12 minutos de inmersión entre esfuerzos de ejercicio continuo (5). Este estudio encontró mejoras a la hora de auto-regular el ritmo de competición, pero aun así, su aplicación resulta poco real pues es prácticamente imposible disponer de 12 minutos de enfriamiento durante un partido en cualquier deporte de equipo.
Si vas a decidir utilizar una estrategia de enfriamiento en el tiempo de descanso, se recomienda utilizar métodos más sencillos y aplicables como pueden ser las bolsas de hielo, o toallas con hielo alrededor de los hombros. Otra opción es la de despojarse de la indumentaria en el caso de que se utilicen muchas protecciones, y sumergir las manos o pies en agua fría. Para los equipos profesionales, el cambio de equipamiento o ducha pude resultar beneficioso.

Finalmente, se recomienda tener bolsas de hielo preparadas para empezar a enfriar cualquier sospecha de lesión tan pronto como se llegue al vestuario, especialmente molestias menores como contusiones, golpes o micro-esguinces menores que más adelante podrán ser observados adecuadamente por el médico o el fisioterapeuta. En el caso de que el deportista no disponga de personal especializado, debe responder con honestidad y antes de volver al terreno de juego a estas tres preguntas:

¿Podré continuar con la molestia durante la segunda parte?
¿Podré continuar correctamente sin que afecte al equipo?
¿Habrá consecuencias más adelante si continúo el partido? ¿Cuáles?

Calentamiento

Se escapa de la extensión de este artículo tratar críticamente o con profundidad los componentes de un calentamiento efectivo. Con frecuencia mucha gente intenta marcar una relación entre la incidencia de lesión y un calentamiento apropiado. Si éste fuera el caso, podríamos esperar que la mayoría de lesiones ocurran al principio del partido, ya que los jugadores están más “calientes” conforme progresa el partido y no antes. ¿Puede esto justificar un calentamiento durante el descanso? La ciencia no responde explícitamente a esta pregunta, pero algunas consideraciones al respecto pueden ayudar para divisar estrategias para el medio tiempo.

Empecemos con la epidemiología de las lesiones. La Asociación de Fútbol Inglesa (FA) realizó un extenso estudio que duró dos temporadas completas. 91 de los 92 doctores y fisioterapeutas de las diferentes categorías respondieron al cuestionario, informando acerca de las lesiones de sus jugadores.

Dos de las lesiones más comunes fueron las del femoral (6) y los desgarros de tobillo (7). Los investigadores encontraron que el 50% de las lesiones se producían en los últimos 15 minutos de cada tiempo. En las lesiones del grupo femoral, el comienzo de la segunda parte coincidía con la menor ocurrencia de esta lesión. Aunque el estudio no recogió información sobre la naturaleza del calentamiento realizado antes del partido o durante el descanso, es evidente que la fatiga juega un papel determinante en estas lesiones.

Otro estudio de envergadura (8), esta vez centrado en 12 de los 13 clubes profesionales de la Rugby Union inglesa realizado durante las temporadas 2002/03 y 2003/04, registró las lesiones durante los partidos. De nuevo, la mayoría de las lesiones ocurrieron hacia el final de cada parte, especialmente en la segunda.

En Queensland (Australia), se registraron las lesiones durante un torneo amateur de rugby 7 (9). Los jugadores disputaron tres o cuatro partidos en un día y, aunque la hora en la que se produjeron las lesiones no se registró, sí que se observó una línea ascendente de lesiones desde el primer partido al último. Es difícil no llegar a la conclusión de que la fatiga presenta un mayor riesgo del que pueda ofrecer la falta o ausencia del calentamiento a base de ejercicios antes de comenzar la segunda parte.

Desafortunadamente, esto nos deja con la impresión de que estamos construidos como un coche: quema todas las reservas energéticas en tus músculos y no podrás acelerar más. Como podrás adivinar, la fatiga, al igual que la regulación termostática, influencia más de lo que parece. Generalmente la fatiga queda enmarcada como la incapacidad de poder generar esfuerzos en el músculo o grupos de músculos. La distancia cubierta y la cantidad de esfuerzos a alta intensidad de un partido profesional son menores al principio de cada parte que al final de las mismas (10). También pueden ocurrir otros cambios, tales como las modificaciones en la forma de reclutar (activar) los músculos o la capacidad de mantener el equilibrio en ciertos movimientos. Como hemos visto en las prórrogas de muchas finales, es improbable que te encuentres tan rápido y ágil al final del partido en comparación con las primeras partes. Pero ¿cuál es el mecanismo que lleva esta reducción del rendimiento? ¿Puede el entendimiento de este proceso ayudar a determinar la estrategia a seguir en el descanso?

La fatiga periférica es el término que se le da a los cambios que ocurren dentro de los músculos con el paso del tiempo, comprometiendo el rendimiento final. Los fisiólogos y nutricionistas han observado detenidamente la reducción del almacén energético en los músculos durante el transcurso del partido, viendo que la reducción de los niveles de glucógeno limita la capacidad de sprintar al final del encuentro. Ha quedado generalmente aceptado que la fatiga también tiene un dispositivo central de control. Esta hace

referencia a la reducción de la capacidad del cerebro y el sistema nervioso para gobernar los músculos para conseguir un trabajo de máximo rendimiento. Queda ampliamente aceptado que este complejo enramado de conexiones cerebrales, unidos a la motivación, el estado de ánimo y la excitación/expectación, también impactan sobre la fatiga central. Esto podría explicar porque los jugadores experimentan fatiga durante ciertos periodos del partido (11).

El interesante punto de vista de un grupo de científicos sudafricanos es que “en lugar de que ocurra entre los músculos” sugieren que “la fatiga es una sensación de retroalimentación que llega al cerebro”, como la velocidad a la que se consume la reserva energética. Así como los cambios en la temperatura central sirven de estímulo para que el cerebro regule la actividad muscular, la sensación de fatiga puede también formar parte de un sistema regulatorio que se ajusta constantemente y determina a qué intensidad puedes continuar durante la segunda parte del partido.

Tras periodos de reposo o de menor intensidad en el juego y aunque no hayas reabastecido todas las reservas de glucógeno utilizadas, la velocidad en la que se agotan las reservas disminuye permitiéndote aumentar el nivel de esfuerzo durante otro corto periodo de tiempo. La mejor forma de acomodar la fatiga durante el descanso, puede recaer en mantenerse motivado y recuperar el nivel de excitación /emoción a un nivel apropiado para reprender el segundo tiempo (aquí los entrenadores, compañeros, aficionados, etc. tienen un papel importante).En ocasiones, lo necesario puede que sea calmarse -si existe un nivel de excitación o nerviosismo elevado-. Independientemente de lo bien entrenado que esté un jugador, no parece ser una coincidencia que el equipo vencedor siempre parezca más fresco al final del partido. Dar al sistema central un aviso final “para que despierte” puede valer la pena, quizá con unas series muy cortas de sprints conforme se vuelve al terreno de juego.

Sumario

Finalmente, parece que el medio tiempo depende del rendimiento. Si vas a utilizar alguna estrategia, asegúrate de que está planeado, estructurado, y es lo suficientemente eficaz para dejar al entrenador el tiempo suficiente para centrarse en las tácticas y asuntos del equipo, que en realidad es lo que hará la diferencia.

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