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El judo como herramienta social con Francisco Olivenza

10 feb 2015

El judo como herramienta social con Francisco Olivenza

Es monitor de judo por la Real Federación Española, director del proyecto solidario en el Instituto Judo para Todos y también es instructor de Judo For Peace en la Federación Internacional de Judo.

Alto Rendimiento: - Para empezar coméntanos por qué el judo es un deporte apto para el trabajo social.

Francisco Olivenza: -Bueno, el judo es un deporte que tiene muchos valores y muchos de estos valores hacen que el respeto, la disciplina y que han ayudado a muchos niños y jóvenes a conseguir una integración social, que sin este deporte no hubiera sido posible. Tú no sé si habrás hecho judo, ¿has hecho judo alguna vez?

Alto Rendimiento: -Lo he practicado un año en la Universidad, sí.

Francisco Olivenza: -Entonces es un deporte que tiene muchos valores, te enseña respeto, te enseña disciplina, el autocontrol, el sentido de grupo. Entonces es muy recomendable para proyectos con chavales, niños y jóvenes, que tengan problemas sociales. Porque, como comprenderás, ni el respeto ni la disciplina ni el autocontrol es una cosa que tengan estos chavales. Entonces en todo el mundo ha habido proyectos auspiciando el judo, en primer lugar como complementándolo, complementando proyectos con psicólogos, con educadores, el trabajo de estos educadores con el judo. Porque hace que los chavales tengan más respeto por sí mismos, por los profesores y por sus compañeros.

Alto Rendimiento: -Coméntanos entonces qué es esto que denominas el judo social.

Francisco Olivenza: -Vale, pero vamos, no es una cosa mía, el judo social se lleva haciendo hace ya muchos años en España y en el resto del mundo. Como te comento nuevamente, son proyectos hechos por ONG, por organismos internacionales o estatales que trabajan con chavales, con niños que tienen problemas sociales. Y en este caso en vez de utilizar otra herramienta, utilizan el judo. Entonces tenemos, por ejemplo, Flavio Costa en Brasil, Giovanni Mataloni -no sé si te sonará- en Nápoles, Nuno Delgado en Portugal. Y aparte también están los proyectos de la Comisión de Judo por la Paz, Judo for Peace, de la Federación Internacional, que trabajan en zonas en conflicto social, que hay conflicto, hay ambientes hostiles que han terminado en guerras, que hay conflicto entre etnias diferentes entonces utilizan el judo como integrador social, como unificador social. Aquí en España, por ejemplo, tenemos a Vicente Rochela en Valencia, no sé si lo conocerás. También tenemos a Samarillo en Burgos, que por desgracia pues ahora tiene problemas económicos para poder seguir su proyecto con chavales con síndrome de Down. Y hay varios judokas en el resto del mundo que están haciendo una gran labor integradora, haciendo una labor de que los jóvenes y los niños participen en la sociedad donde viven y no solamente que estén en ellas, sino que intenten todo lo posible para poder mejorarla.

Alto Rendimiento: -¿Qué puede aportar el judo a la integración social y sobre todo, cómo? ¿Cómo puede realizar esta acción?

Francisco Olivenza: -El judo tiene muchos valores. Hay muchos proyectos en el mundo que han conseguido que los niños y jóvenes indisciplinados, que están fuera de la ley, es decir, delincuentes, drogadictos, con disgregación familiar, es decir, con los padres separados, etcétera, que le den un sentido a su vida y se den cuenta de que son importantes para la sociedad donde viven y que puedan aportar para mejorarla. El judo para mí es una escuela de vida, como decía Jigoro Kano. Por eso en eso he basado los proyectos que tengo yo. Yo he oído que de mis compañeros, para el judo está… No solo acaba en el tatami, sino que es después de él. Un judoka todos los valores que tiene en el tatami tiene que demostrarlos en su vida normal. En estos proyectos se intenta dar a estos niños una experiencia positiva dentro de un ambiente hostil, en la que puedan concentrarse y utilizar su energía y su cuerpo, ayudándoles mediante el aprendizaje a adquirir un progreso personal. El judo permite una atención diferenciada a las capacidades físicas y psicológicas y deviene una actividad que permite la canalización de la energía de los adolescentes más activos, canalizar su energía, y potencia la participación de aquellos más introvertidos o pasivos físicamente. Al ser un deporte de contacto, su aprendizaje ayuda a controlar la agresividad y la violencia, supeditándolas a las normas del judo, al marco normativo que tiene el judo y de respeto por el compañero. También desarrolla habilidades sociales: la capacidad para poder dialogar con el compañero, para poder respetarle, para poder trabajar juntos. Ya sabes que el judo, aunque es un deporte de combate, uno tiene que ganar y el otro tiene que perder, pero para poder desarrollarte tú en el judo tienes que ir con tu compañero. Haciendo muchos que son repeticiones, si tú no le dejas practicar o hacer las repeticiones bien a tu compañero, tú no puedes resolver ya tu judo. Y al revés. El judo también es un espacio de encuentro y de relación, que facilita la obtención de grupos de iguales. También ayuda en estos proyectos que el judo es uno de los pocos deportes en los que pueden participar niños y niñas. Me refiero a que en las época esta de judo infantil no hay clases para niños y clases para niñas. Y entonces pueden participar todos en una igualdad de sexo.

Alto Rendimiento: -Y se convierte entonces el judo en una actividad inclusiva.

Francisco Olivenza: -Claro, por ejemplo, yo cuando estuve en Mauritania en Marabú, ya sabes que este país es islamista, es árabe. Y entonces una de las cosas que me encontré allí es que estaban muy diferenciados los deportes para niñas y deportes para niñas. Y que los niños socialmente no se mezclaban con las niñas, ni para jugar ni para nada. Fue uno de los problemas que dije: “Pues a lo mejor voy a tener problemas si quiero empezar con una actividad como el judo”. Entonces yo en ningún momento dije que no se podían apuntar las niñas y los niños. En las primeras clases me acuerdo todavía que se me dividía, las dos niñas que vinieron al principio se ponían en un sitio y los 12 niños se ponían en otro. Yo dejé que el judo hiciese su trabajo porque sabía perfectamente que los hombres eran más fuertes físicamente, pero que la mujer por cuestión de retentiva, intelectual y eso, cogía antes las llaves, cómo se hacían las técnicas de suelo, las técnicas de pié. Y muchas veces yo estaba explicando y las chavalas me ayudaban a mí. Entonces los chavales se daban cuenta y decían: “Pues es verdad, pues las chavalas lo han cogido antes”. Entonces ya a la tercera, cuarta clase ya los chavales buscaban a las chavalas para que les enseñasen. Estaban con ellos y al final, que acabamos con 40 entre niños y niñas, ya eran como una clase normal de las que pueden ser aquí en España. Todos juntos, todos participando, todos riendo. El problema era que nuestro mundo era el tatami. En un mes solo eran los tatamis, conseguí eso, en un mes el tatami en el sitio donde hacemos judo pero luego cuando salía a la calle, la realidad era otra. Entonces tenían que vivir con esa realidad.

Alto Rendimiento: -Entonces imagino que no lograsteis transferir la realidad que ocurría en el tatami a la realidad exterior.

Francisco Olivenza: -En un mes es muy difícil. Ya sabes que el judo es un entrenamiento continuo, ¿me entiendes? Entonces estos tipos de proyectos lo que necesitan es una continuidad. No puede ser que tú vayas un mes, al año siguiente vayas otro mes, al año siguiente vayas otro mes. Entonces eso no tienes… De todas maneras yo tengo varias anécdotas que me pasaron, por ejemplo, con los chavales. Yo iba andando por la ciudad de Nuadibú un día normal, con unos compañeros y de frente de la misma acera…

Alto Rendimiento: -¿Dónde está esta ciudad?

Francisco Olivenza: -Nuadibú es el norte de Mauritania, al sur del Sahara. Y entonces yo iba andando con mis compañeros y los niños, unos niños del grupo que tenía haciendo judo, pues se iban a acostar conmigo. Yo les iba a saludar, normalmente iba a saludar, las clases las daban en francés e iba a saludar, iba a decir: “Bonjour”. Y de repente ellos se quedaron quietos hasta que yo pudiera hacer nada y me hicieron el saludo japonés de judo. Y yo se los devolví y mis compañeros se reían y dicen: “Joder, qué bien, cómo los tienes enseñados que tienen que saludar”. Y yo nunca les había dicho. Por supuesto que cuando me vieran por fuera… Pero ya ellos habían asimilado que yo era su maestro, que yo les daba judo y que cuando me vieran por la calle me tenían que saludar así. Y como era una cosa que había salido de ellos, pues lo respeté. Por eso te digo, ¿qué hubiera pasado si me hubiera quedado más meses? Pues no lo sé. Hombre, la realidad del país no la voy a cambiar, pero su realidad seguramente se hubiera maquillado un poco.

Alto Rendimiento: -¿Francisco recibís algún tipo de ayuda para la puesta en marcha de estos proyectos sociales, a nivel tanto nacional como mundial?

Francisco Olivenza: -En el proyecto de aquí en España, el que tengo aquí en La Rioja con una ONG que se llama APIR Asociación Provincias Riojanas, pues tengo el apoyo del gimnasio Pedro Fernández que mediante su presidente, Pedro Mario Fernández, me ha cedido un tatami puzle para poder hacer actividades desde hace tres años. Y la ONG APIR me da las instalaciones para que yo pueda hacer esta actividad. Por lo demás, en cuanto al proyecto de Judo por la Paz, tengo mandado un proyecto de Judo por la Paz para la zona de Nuadibú, de Mauritania, y tiene el apoyo institucional desde el año pasado de la Federación Española. Lo que pasa es que ahora tal y como está la situación de la crisis y lo lenta que es la burocracia en Mauritania, porque es muy lenta, pues está un poco parado. Y pues a mí lo que me gustaría pues eso, que hubiera más ayuda para este tipo de proyectos a nivel estatal, a nivel regional y a nivel de los ayuntamientos. Y también que hubieran patrocinadores, que hay subvenciones de fundaciones, de empresas que te ayudan también, hay algunos proyectos que ayudan. Yo he hecho a varias fundaciones y todavía no he tenido la gran suerte de que ninguna me apoye. Pero bueno, yo creo que alguna vez me ayudarán. Y que alguna vez, por ejemplo, el proyecto de Judo por la Paz en Mauritania se hará. Y por ahora pues eso, estoy colaborando con, como tú has dicho, el director del judo, apoyando desde aquí, desde España varios proyectos que hay. Uno en Uruguay, el otro en Rosario, en Argentina, otro en Senegal. Y les apoyo dando, mandándoles judoguis usados que me mandan profesores de judo de aquí, de España, que saben que yo les mando a estos proyectos. Entonces ellos recopilan judoguis, me los mandan a mí y yo me pongo en contacto con estos proyectos y les mando estos judoguis. Tengo muchos sueños, pero realidades tengo las que tengo aquí ahora, realmente, aquí en Logroño. E intento ayudar en lo que puedo, hasta donde llego, claro.

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