800 007 970 (Gratuito para españa)
658 598 996
·WhatsApp·

24 abr 2008

La densidad mineral ósea modificada por la práctica de determinados tipos de actividad física. Revisión.

/
Enviado por
/
Comentarios0
/
Etiquetas,

La práctica física moderada produce en el organismo beneficios tanto estructurales como funcionales, mejorando la calidad de vida de las personas. La literatura indica beneficios específicos según el tipo de actividad…

 
Autor(es): Isaac Estevan Torres¹ *, Coral Falcó Pérez¹, Javier Zahonero Miralles¹ y Javier Molina-García¹
Entidades(es): ¹ Departamento de Ciencias de la Educación y el Deporte. Universidad Católica de Valencia, San Vicente Mártir. Valencia. España.
Congreso: III Simposio Internacional de la CC de la Actividad Física y el Deporte
Pontevedra: 24-26 de Abril de 2008
ISBN: 978-84-612-3517-9
Palabras claves: Densidad mineral ósea, actividad física, carga externa, carga interna

RESUMEN

La práctica física moderada produce en el organismo beneficios tanto estructurales como funcionales, mejorando la calidad de vida de las personas. La literatura indica beneficios específicos según el tipo de actividad física que se realice. En función de la revisión bibliográfica realizada en este trabajo, las actividades físicas que potencian la formación mineral ósea se pueden clasificar en actividades de carga interna (deportes tales como natación y ciclismo) y de carga externa o de impacto (carrera continua, fútbol, balonmano, gimnasias, deportes de lucha con golpeo…). Pese a que son numerosos los estudios que muestran que determinadas actividades físicas potencian la formación mineral ósea, la presente revisión ha hallado controversias entre las conclusiones obtenidas en estas investigaciones. El objetivo de este trabajo es señalar aquellas actividades físicas en las que existe un claro consenso científico sobre su efecto positivo en la formación mineral ósea, frente a aquellas que no crean un estímulo significativo para paliar posibles perjuicios en la misma. Como conclusión es destacable la incidencia osteogénica que conllevan las actividades de carga externa o impacto, complementando dicha formación mineral ósea con el trabajo de fuerza muscular. Sin embargo, en función del momento en el cual se encuentre una persona a lo largo de su ciclo vital y del posible nivel patológico existente, se deben destacar como aconsejables unas actividades u otras.

ABSTRACT

Moderate physical activity produces clinically-proven health benefits, improving people’s life’s quality. Thescientific literature shows specific benefits about the physical activity that people do. The bibliography about bone mineral density and sport says that some physical activities improving the BMD, can be classified into activity of internal loading (sports like swimming and cycling) and activities of external loading or impact activities (sports like running, football, handball, gymnastics, taekwondo…). There are a lot of studies that show that physical activities improve BMD, the present review has not found a clear conclusion about this topic. The aim of this study is pointing up those physical activities that do not have a real scientific consensus about their effects on BMD, and it points up those physical activities what has not meaningful stimulus to improves BMD. In conclusion, it was pointed up that activities of external loading or impact activities have osteogenic properties, therefore it has better results in the BMD complementing it with a work of muscular power. However, depending on the stage in the life some physical activities are better than others.

Key words: Bone mineral density, physical activity, impact activities and loading activities

INTRODUCCIÓN

En palabras de Astrand, Rodahl, Dahl y Stromme (2003, p. 213), “el sistema esquelético es el marco de sostén que impide que el cuerpo se colapse en una masa de tejido blando, es la capa protectora o alojamiento de órganos viables vitales como corazón, cerebro… es la gran reserva de calcio y de fósforo del cuerpo, que aumenta y disminuye constantemente. El hueso es un tejido vivo vital, que continuamente sufre cambios de construcción y destrucción”. La densidad mineral ósea se define como cantidad mineral que contiene cierto volumen de hueso, entre los que destaca el Calcio. Ante la disminución en el contenido mineral óseo, Brunet (2005) establece tres grados patológicos en función de la gravedad de los mismos: osteopenia (disminución de la densidad mineral ósea por debajo de los valores normales en una determinada población), osteoporosis (disminución severa con deterioro de la microestructura esquelética y aumento en el riesgo de fractura) y por último, osteoporosis manifiesta (patología severa en la que la existencia de fractura es manifiesta como consecuencia de una elevada pérdida de densidad mineral ósea). En estas tres situaciones el tratamiento es heterogéneo en función del agravio (Nuti et al., 2005). Así pues, centrando el enfoque del presente trabajo en los dos primeros niveles, se establecen como posibles actuaciones varias posibilidades de mejora entre las que se encuentra además del tratamiento hormonal, una modificación de la dieta y la realización de actividad física (Vicente-Rodríguez et al., 2003). Socialmente la relación entre contenido mineral óseo y actividad física tiene gran repercusión, tanto mediática y económica como desde el punto de vista de la salud (Pearsons, 2005). El cronograma evolutivo humano, establece dos fases a lo largo del proceso vital. Una primera que engloba desde los primeros días de la vida hasta una edad alrededor de los 25-30 años, en la que por lo general el aumento de la densidad mineral ósea es paulatino y constante. La segunda fase, contempla el resto del proceso vital, desde los 30 años en adelante, en el que según Astrand et al. (2003) ésta puede ser definida como un proceso de disminución o pérdida en la densidad mineral ósea. Son muchas las investigaciones que destacan los beneficios de ciertas modalidades deportivas con relación a la densidad ósea corporal, no obstante, los datos aportados por cada una de las anteriores, no mantienen un consenso, llegando incluso a contradecirse. Así pues, la intención durante la realización del presente trabajo, es llevar a cabo un análisis retrospectivo de aquellos artículos que abarcan el estudio de la densidad mineral ósea y su relación con el deporte, y posteriormente homogenizar, razonar y extraer conclusiones. Este trabajo centra su atención en la búsqueda de aquellas actividades que realmente sean un estímulo y por tanto favorezcan la formación mineral ósea.

MÉTODO

Se ha llevado a cabo una extensa revisión bibliográfica y a partir de múltiples accesos a la red, se han aceptado aquellos artículos relacionados con la actividad física como método capaz de influir en el desarrollo de la densidad mineral ósea, y gracias a la colaboración de diversas hemerotecas nacionales, se ha podido acceder a un gran número de artículos referentes a la densidad mineral ósea influida por la práctica física, aspectos que modifican los valores en la misma y su relación con la calidad de vida de las personas, etc. Con el propósito de favorecer la comprensión por parte del lector de lo que se expondrá, se ha optado por desglosar en diversas partes el análisis del tema tratado. Por ello, en función de las edades de los sujetos estudiados en cada uno de los artículos obtenidos (del nacimiento a los 25-30 años, y un segundo grupo de los 30 años en adelante) se realiza una diferenciación en el enfoque y planteamiento propuesto para llevar a cabo en un futuro. No es posible adentrarse en el desarrollo del presente texto sin introducir al lector en la hipótesis mantenida durante la realización de este análisis. Dicha hipótesis al igual que muchos de los autores consultados (p. e. Schmidt, 2002; Duncan et al., 2002; Dook, James, Henderson y Price, 1997; Casell, Benedict y Specker, 1996; Grimston, Willows y Hanley, 1993; Orwoll, Ferar, Oviatt, Mcclung, Huntington, 1989; Fehling, Alekel, Clasey, Rector y Stillman, 1995), se centran en una mejora en la densidad mineral ósea por parte de los deportistas de disciplinas que conllevan un elevado nivel de impactos como por ejemplo, pruebas de atletismo de media distancia, gimnasia artística, voleyball, triatlón (gracias a la participación de la disciplina atlética)… frente a otros deportes que aún conllevando unas cargas elevadas de entrenamiento y por lo tanto gran carga muscular como son, natación, ciclismo… están exentos de impactos repetidos en las zonas específicas de entrenamiento. Así pues, el objetivo del presente texto, es destacar qué actividades deportivas generan un estímulo realmente osteogénico sobre la estructura ósea corporal.

RESULTADOS

La actividad física como medio de prevención La literatura científica destaca que una vida activa deportivamente hablando favorece y por tanto palia el déficit en la densidad mineral ósea, sin embargo, ahondando en la misma se puede destacar como diversas disciplinas o actividades, con unas características determinadas (sin impactos moderados repetidos, definidas como de carga interna) basan su influencia en la tracción muscular sobre las propias estructuras óseas en las que se insertan. Sin embargo, no sobrepasan el umbral de activación para considerarse actividades realmente estimulantes en la mejora de la densidad mineral ósea, definiendo aquellas que sí lo son, como actividades de impacto o carga externa. (Grimston et al., 1993; Cassell et al., 1996; Dook et al., 1997; Magkos et al., 2007) Los datos obtenidos de cada uno de los artículos de la búsqueda bibliográfica, ofrecen gran cantidad de resultados y conclusiones bajo características diversas como edades, horas y tiempo de entrenamiento, dietas, deportes analizados… que en ninguno de los casos son coincidentes ni reflejan resultados homogéneos con los que llegar a alguna conclusión universal. Son muchos los artículos (Duncan et al., 2002; Dook et al., 1997; Casell et al., 1996; Grimston et al., 1993; Fehling et al., 1995; Taafee y Marcus, 1999; Vicente- Rodríguez et al., 2006a; Kwon et al., 2007) que coinciden en sus conclusiones, al destacar una mejora osteogénica en aquellas personas que practican los denominados deportes de impacto frente a aquellas relacionadas con deportes de carga y sobre todo frente a personas sedentarias utilizadas para tal caso como grupos control. Sin embargo, y desde el ámbito de estudio de la actividad física y la salud, es necesaria la prevención y asesoramiento en la práctica de determinadas actividades cuya influencia supondría un elevado nivel de estrés óseo, y consecuente como resultado se podría encontrar la fractura (situaciones tales como la osteoporosis manifiesta). Algunos autores además destacan otros condicionantes en los problemas óseos a tener en cuenta, dejando a un lado el deporte que se practica, como el déficit alimenticio y la disminución en el contenido hormonal (el hipoestrogenismo)… (Nuti et al., 2005; Liu y Lebrun, 2006; Goodman y Warrin, 2005) A continuación se señalan aquellas prácticas más beneficiosas y procedimientos adecuados en la relación actividad física y densidad mineral ósea. La gran mayoría de estudios consultados se declinan hacia actividades con impacto para la mejora de la densidad mineral ósea (p.e. Kwon et al., 2007; Maimoun et al., 2004; Falk, Bronshtein, Zigel, Constantini y Eliakim, 2003; Duncan et al., 2002; Tafee, Suominen, Ollikainen y Cheng, 2001; Morel, Combe, Francisco y Bernard, 2001; Courteix et al., 1998; Dook et al., 1997; Cassell et al., 1996; Felhing et al., 1995; Grimston et al., 1993). Se debe destacar que los deportes de carga interna representan una atractiva alternativa, frente a los deportes de impacto, en la prevención de la pérdida de densidad ósea en edades adultas y vejez, donde el riesgo de fractura es mayor (Vicente-Rodríguez, et al., 2004a; Vicente-Rodríguez, Ara, Pérez-Gómez, Dorado y Calbet, 2005; Vicente-Rodríguez et al., 2006a) En la revisión realizada, frente a los deportes de carga interna, los de carga externa conllevan una mejora en la masa mineral ósea. (Maimoun et al., 2004; Falk et al., 2003; Duncan et al., 2002; Tafee et al., 2001; Morel et al., 2001; Courteix et al., 1998; Dook et al., 1997; Grimston et al., 1993) En la mayoría de artículos revisados que hacen referencia a los deportes de impacto se afirma que la población implicada en la práctica de actividades que conllevan altas magnitudes de trabajo repetitivo en la primera fase del proceso vital humano (de 0 a 25-30 años), con una corta duración en cada repetición pero siendo éstas de gran frecuencia y cantidad, tendrán mayor densidad ósea en la segunda fase establecida (a partir de los 30 años en adelante) que quienes participen en deportes con sobrecarga muscular solamente y sin impactos. (Vicente-Rodríguez et al., 2003, Vicente-Rodríguez et al., 2004a; Vicente-Rodríguez et al., 2005; Vicente-Rodríguez et al., 2006a; Cassell et al., 1996) Cabe señalar que el estrés producido por la actividad física con impacto influye sobre aquellas zonas específicas o segmentos implicados en la propia actividad. Será en estos segmentos corporales en relación con otras partes del cuerpo donde habrá más evidencias del aumento de la densidad ósea, es decir, en las zonas específicas o más implicadas para el deporte practicado en cuestión. (Vicente- Rodríguez et al., 2004b; Morel et al., 2001; Courteix et al., 1998) Es necesario por tanto prevenir futuros problemas óseos mediante la practica de deportes con impacto, sin embargo, si esto no es posible se debe detectar de forma temprana la debilidad ósea, ya que en la prevención de posibles patologías óseas, se ha de destacar que la potenciación de la formación ósea en etapas de crecimiento fomenta una pérdida ósea menor en épocas posteriores de la vida (Vicente-Rodríguez et al, 2003, Vicente-Rodríguez et al., 2004a; Vicente-Rodríguez et al., 2005; Vicente-Rodríguez et al., 2006a; Cassell et al., 1996). Son dos las posibilidades en cuanto a los efectos que se puedan ejercer sobre la densidad ósea con un plan de actividad física estructurado. En primer lugar, que la mejora en este caso resulte del estrés producido por los músculos en cada una de las tracciones realizadas sobre los huesos como consecuencia, por ejemplo, de la aplicación de un programa de fuerza. Y por otra parte, que dicha mejora se produzca como consecuencia de fuerzas externas estimuladas por el impacto sufrido en el cuerpo (Kwon et al., 2007; Vicente-Rodríguez, 2006b)

DISCUSIÓN

Como edad idónea para comenzar un plan continuado de ejercicio, orientado a la mejora de la calidad de vida y consecuentemente la existencia de una tendencia hacia una futura prevención en cuanto al tema estudiado, se establece como etapa más beneficiosa edades previas a la pubertad o premenárquicas (Vicente- Rodríguez, 2006b), y su continuación a lo largo de la vida, de ahí la importancia en el mantenimiento de una vida activa desde el punto de vista físico-deportivo. Es importante, analizar con cautela las posibilidades motrices de las personas, y sus características fisiológicas, pues un plan de trabajo demasiado elevado, puede conllevar resultados perjudiciales. Así, actividades como carreras de larga distancia y su entrenamiento, pueden desencadenar diversos problemas como fracturas por estrés ocasionando situaciones no deseadas. (Schimdt, 2002) Un grupo social catalogado como de mayor riesgo a padecer osteoporosis, por diversas características, es el que engloba el conjunto de mujeres postmenopáusicas. Existen diversos métodos para el tratamiento de dicha patología, como por ejemplo el tratamiento hormonal con estrógenos (Astrand et al., 2003), sin embargo son conocidas las mejoras que conlleva la práctica moderada de actividad física por parte de personas adultas, tanto a nivel fisiológico como motriz. Es por ello por lo que se quiere destacar la importancia que según Dook et al. (1997) y otros autores, tiene el mantener una vida activa físicamente hablando, pues se tenderá entre otros muchos beneficios a mejorar la densidad ósea corporal. Si el plan de trabajo propuesto, se lleva a cabo previo a la menopausia, los deportes catalogados como de impacto fomentan una disminución del proceso de pérdida óseo como consecuencia de la vejez, con lo que se podría prevenir cantidad de lesiones y/o posteriores patologías sufridas como es la osteoporosis. Sin embargo, no es posible destacar por encima del resto una determinada disciplina deportiva como aquella cuyo potencial osteogénico sea mayor, pues hasta el momento hay una gran diversidad de hipótesis, cada una de las cuales se apoya en datos empíricos significativos. Por lo tanto, y basado en la bibliografía consultada hasta el momento, no existe un plan de trabajo universal cuyo fin sea la mejora de la densidad ósea, es el profesional relacionado con la salud, el que debe buscar una tendencia de trabajo físico enfocado hacia la mejora de la densidad mineral ósea, conociendo previamente las características del individuo.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Astrand P., Rodahl K., Dahl H., Stromme S. (2003) Textbook of Work Physiology. Physiological bases of Exercise. 4ª ed. Ed. Human Kinetics
  • Brunet, M. (2005) Female athlete triad. Clinics in sports medicine. 24 (3), 623-36.
  • Cassell C., Benedict M., Specker B. (1996) Bone mineral density in elite 7- to 9-yr-old female gymnasts and swimmers. Medicine and science in sports and exercise.. 28 (10), 1243-6.
  • Courteix D., Lespessailles E., Peres S.L., Obert P., Germain P., Benhamou C.L.. (1998) Effect of physical training on bone mineral density in prepubertal girls: a comparative study between impact-loading and non-impact-loading sports. Osteoporosis International. 8 (2), 152-8.
  • Dook J.E., James C., Henderson N.K., Price R.I. (1997) Exercise and bone mineral density in mature female athletes. Medicine and science in sports and exercise. 29 (3), 291-6.
  • Duncan C.S., Blimkie C.J., Kemp A., Higgs W., Cowell C.T., Woodhead H., Briody J.N., Howman-Giles R. (2002) Mid-femur geometry and biomechanical properties in 15- to 18-yr-old female athletes. Medicine and science in sports and exercise. 34 (4), 673-81.
  • Falk B., Bronshtein Z., Zigel L., Constantini N.W., Eliakim A. (2003) Quantitative ultrasound of the tibia and radius in prepubertal and earlypubertal female athletes. Archives of pediatrics & adolescent medicine. 157 (2), 139-43.
  • Fehling P.C., Alekel L., Clasey J., Rector A., Stillman R.J. (1995) Comparison of bone mineral densities among female athletes in impact loading and active loading sports. Bone. 17 (3), 205-10
  • Goodman L.R. & Warrin M.P. (2005) The female athlete and menstrual function. Current opinion in obstetrics & gynecology. 17 (5), 466-70
  • Grimston S.K., Willows N.D., Hanley D.A. (1993) Mechanical loading regime and its relationship to bone mineral density in children. Medicine and science in sports and exercise. 25 (11), 1203-10.
  • Kwon J., Suzuki T., Yoshida H., Kim H., Yoshida Y., Iwasa H., Sigiura M., Furuna T. (2007) Association between change in bone mineral density and decline in usual walking speed in elderly community-dwelling Japanese women during 2 years of follow-up. Journal of American Geriats Society. 55 (2), 240-4.
  • Liu S.L., Lebrun C.M. (2006) Effects of oral contraceptives and hormone replacement therapy on bone mineral density in premenopausal and perimenopausal women: a systematic review. British journal of sports medicine. 40 (1), 11-24.
  • Magkos F., Kayouras S.A., Yannakoulia M., Karipidou M., SIdossi S., Sidossis L.S. (2007) The bone response to non-weight-bearing exercise is sport-, site-, and sex-specific. Clinical journal of sport medicine. 17 (2), 123-8.
  • Maimoun L., Mariano-Goulart D., Couret I., Manetta J., Peruchon E., Micallef J.P., Verdier R., Rossi M., Leroux J.L. (2004) Effects of physical activities that induce moderate external loading on bone metabolism in male athletes. Journal of Sports Science. 22 (9), 875-83.
  • Morel J., Combe B., Francisco J., Bernard J.. (2001) Bone mineral density of 704 amateur sportsmen involved in different physical activities. Osteoporosis International.12 (2), 152-7.
  • Nuti R., Martini G., Merlotti D., Valleggi F., De Paola V., Gennari, L. (2005) Professional sport activity and micronutrients; effects on bone mass. Journal of Endocrinological Investigation. 28 (10), 52-60
  • Orwoll E.S., Ferar J., Oviatt S.K., Mcclung M.R., Huntington K. (1989) The relationship of swimming exercise to bone mass in men and women. Archives of Internal Medicine. 149 (10), 2197-200
  • Pearsons L.C. (2005) Osteoporosis: incidence, prevention, and treatment of the silent killer. The Nursing Clinics North America. 40 (1), 119-33
  • Schmidt H. (2002) Gimnasia para la osteoporosis. 2ª Edición. Ed. Paidotribo. Barcelona.
  • Taaffe D.R., Marcus R. (1999) Regional and total body bone mineral density in elite collegiate male swimmers. The Journal of sports medicine and physical fitness. 39 (2), 154-9
  • Taaffe D.R., Suominen H., Ollikainen S., Cheng S. (2001) Calcaneal bone mineral and ultrasound attenuation in male athletes exposed to weight-bearing and nonweight-bearing activity. A cross-sectional report. J Sports Med Phys Fitness. 41 (2), 243-9
  • Vicente-Rodriguez G. (2006b) How does exercise affect bone development during growth?. Sports Medicine, 36 (7), 561-9.
  • Vicente-Rodríguez G., Ara I., Pérez-Gómez J., Dorado C., Calbet J.A. (2005) Muscular development and physical activityu as major determinants of femoral bone mass acquisition during growth. British journal of sports medicine. 39, 611-616
  • Vicente-Rodríguez G., Dorado C., Ara I., Pérez-Gómez J., Olmedillas H., Delgado-Guerra S., Calbet J.A. (2006a) Astistic Versus Rhytmic Gymnastics: Effects on Bone and Muscle Mass in Young Girls. International journal of sports medicine. 27, 1-8
  • Vicente-Rodríguez G., Jiménez-Ramírez J., Ara I., Serrano-Sánchez JA., Dorado C., Calbet J.A. (2003) Enhanced bone mass and physical fitness in prepubercent footballers. Bone 33, 853-859
  • Vicente-Rodríguez G., Jiménez-Ramírez J., Ara I., Serrano-Sánchez J.A., Dorado C., Calbet J.A. (2004a) Enhanced bone mass and physical fitness in young female handball players. Bone 35, 1208-1215
  • Vicente-Rodríguez G., Jiménez-Ramírez J., Ara I., Serrano-Sánchez J.A., Dorado C., Calbet J.A. (2004b) High Femoral Bone Mineral Density Accretion in Prepubertal Soccer Players. Medicine and science in sports and exercise. 36 (10), 1789-1795

Responder

Otras colaboraciones