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4 may 2006

Las ciencias de la actividad física y del deporte desde el paradigma de la complejidad. Un entramado de conexiones

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La evolución es incesante y el conocimiento cada día mayor. Este conocimiento debe ser estructurado y organizar su transmisión a las generaciones venideras para consolidar una sociedad en progreso con retos cada día mayores y una continua incertidumbre.

Autor(es): Jorge González Ledo
Entidades(es): Licenciado en Educación Física. Suficiencia investigadora. Doctorando. Estudiante de la Universidad de Vigo.
Congreso: I Congreso Internacional de las Ciencias Deportivas
Pontevedra: 4-6 de Mayo de 2006
ISBN: 84-611-0552-4
Palabras claves: Evolución, conocimiento, interconexión, cuerpo y cerebro

Resumen

La evolución es incesante y el conocimiento cada día mayor. Este conocimiento debe ser estructurado y organizar su transmisión a las generaciones venideras para consolidar una sociedad en progreso con retos cada día mayores y una continua incertidumbre. La responsabilidad es enorme y nosotros participamos de ella desde un ámbito complejo y altamente dinámico. Educación Física, Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, Praxiología o Motricidad, son alguna de las denominaciones que manejamos, que reflejan reflexión y también cierta controversia. Esto no es exclusivo de nuestro campo y por ello es necesario tener una perspectiva global y configurar las líneas de futuro basadas en la fundamentación filosófica y el conocimiento científico. El conocimiento de la historia unido a los avances de la ciencia actual nos debe permitir entender que la Actividad Física y el Deporte no son elementos a tratar como independientes y que las posibilidades de formación son infinitas, siempre y cuando entendamos la fabulosa interconexión entre las diferentes partes del cuerpo y la inexistente desintegración entre mente y cuerpo.

INTRODUCCIÓN

Ámbitos como la biología, la psicología, la química, la física, la pedagogía o la sociología, ramas como la neurología, la fisiología o la biomecánica, estudiaron conceptos como la mente, el cerebro o la motricidad y sus manifestaciones. Las distintas concepciones paradigmáticas conviven con las consideraciones culturales y de ello se derivan las aplicaciones prácticas y la profesión de miles de licenciados que trabajan cada día con personas en distintos ámbitos y rangos de edad.

Los científicos necesitan de la filosofía para comprender hasta que punto las presuposiciones filosóficas ocultas influyen en sus teorías. Los filósofos, por su parte, no pueden proponer teorías serias sobre la naturaleza del lenguaje, de la mente y de la conciencia, a menos que tengan en cuenta los notables avances recientes en la comprensión de la cognición humana (Capra, 2002).

La aportación de la filosofía a nuestro ámbito.-

Los pueblos primitivos consideraban que los fenómenos naturales (el curso del día y de las estaciones, las tormentas, los terremotos, etc.) eran fruto de la acción de espíritus. Consideraban a todos los fenómenos de la naturaleza como dotados de un alma y, por tanto, con un comportamiento semejante al humano, es decir, dotados de vida, sentimiento y voluntad propias. Las almas actuaban sobre los cuerpos y existían de forma independiente. En Oriente la idea de alma ocupa un lugar central. El hinduismo consideraba el alma individual como el principio que controla todas las actividades y que forma parte de un alma universal a la que aspira volver a integrarse al cabo de un ciclo de reencarnaciones en distintos seres, tratando de alcanzar la purificación y el conocimiento necesarios para ello. Por otro lado el budismo niega la existencia de un alma individual permanente siendo la persona una combinación temporal de cinco realidades distintas que están en cambio permanente: el cuerpo, los sentimientos, las percepciones, la predisposición ante las cosas y la conciencia. En Grecia podemos encontrar en las obras de Homero y Hesíodo las más antiguas creencias de los griegos sobre el alma humana. El alma (psique) aparece como un aliento que mantiene la vida del cuerpo inanimado (soma) y que le abandona cuando el ser humano muere o está moribundo o desmayado. Por su falta de corporeidad el alma no puede actuar sobre el mundo físico. La verdadera vida solo es posible cuando alma y cuerpo están unidos. Los primeros filósofos griegos concebían que todo aquello que estaba dotado de vida estaba regido por un alma en la que residía el principio que las llevaba a nacer, desarrollarse y morir. Este alma se concebía como de naturaleza material, si bien de una materia distinta y más sutil que la que constituye los cuerpos. Estas ideas fueron acogidas por los filósofos pitagóricos, quienes vieron en el alma la causa de la armonía de los constitutivos materiales de las cosas. Los pitagóricos, a su vez, ejercieron una importante influencia sobre la concepción filosófica del alma de Platón, para quien alma y cuerpo son de naturaleza totalmente distinta. De hecho, pertenecen a dos mundos distintos y separados: el cuerpo pertenece al Mundo sensible sujeto a cambio y corrupción, mientras el alma pertenece al Mundo divino de las ideas siempre idéntico a sí mismo. También Platón considera al alma como de naturaleza material, si bien de una materia distinta y más pura que la que constituye los cuerpos del mundo sensible: su materia es la misma que la de las ideas.. A través del cuerpo el ser humano conoce la multiplicidad cambiante de las cosas particulares por lo que el conocimiento sensible es siempre un conocimiento de rango inferior (opinión). El verdadero conocimiento (ciencia) consiste en la contemplación de las ideas Platón distingue tres partes del alma con funciones distintas. Las dos primeras partes están ligadas al cuerpo, rigen sus funciones y perecen con él, siendo la parte inteligible la única separable del cuerpo y la que debe guiar y dominar sobre las otras dos, evitando sus excesos, y la que conduce al hombre a alcanzar la sabiduría, en la que radica la verdadera felicidad. Aristóteles, enmarca el estudio del alma dentro del estudio general de los seres vivos. Por primera vez, la psicología aparece como parte de la fisiología. Todos los seres vivos tienen en sí un principio vital o alma que regula todas sus funciones vitales. Aristóteles elimina el dualismo entre Mundo sensible y Mundo inteligible de Platón, sustituyéndolo por un dualismo entre materia y forma. La materia es pura indeterminación (potencia: puede ser esto o aquello) que necesita ser determinada por una forma (acto: determina a esto como esto). Todo lo que existe esta compuesto necesariamente de una materia que adopta una determinada forma. El alma no es eterna ya que, estando ligada necesariamente al cuerpo, perece con él. En el Medioevo los planteamientos platónicos y aristotélicos se trataron de hacer compatibles con los dogmas de la religión cristiana y, fundamentalmente, con el dogma de la creación. El cristianismo afirma la existencia de un Dios creador de todas las cosas. El alma humana ha sido creada de la nada por Dios y constituye un puente de unión entre lo material y lo divino.. La unión entre el alma y el cuerpo no es así accidental como en Platón sino que adquiere un carácter personal: cada ser humano posee su propia alma que es puramente espiritual, sin nada de materia, y constituye la intimidad misma de la persona. Desde esta perspectiva, el alma humana sigue siendo vida, pero una vida superior a la meramente biológica. En el siglo XVII, la obras de Galileo y Descartes ponen los cimientos de la ciencia y la filosofía modernas. Por un lado, la nueva ciencia de Galileo exigía la utilización de un método de investigación experimental para la explicación de los fenómenos físicos; por otro, la nueva filosofía de Descartes quiere sentar las bases de un pensamiento racional autónomo de las ideas religiosas, capaz por sí solo de descubrir certezas. Se produce a partir de entonces en todas las esferas del conocimiento un cambio radical de perspectiva respecto a las cuestiones que se habían planteado desde Platón y Aristóteles. Surge un nuevo planteamiento del problema como problema de la relación entre la mente y el cuerpo en un Cosmos mecanicista. La nueva ciencia de Galileo tiene como consecuencia una nueva concepción de la Naturaleza que desplaza la antigua concepción teleológica del Cosmos, sustituyéndola por una concepción mecanicista.. En el marco de esta concepción mecanicista del Cosmos, Descartes elimina la noción clásica del alma como principio de vida y movimiento, estableciendo una distinción radical entre el alma y el cuerpo. El alma es puro pensamiento pero carece de extensión. Los cuerpos son extensos y se rigen por causas puramente mecánicas pero son incapaces por completo de pensar. Alma y cuerpo son dos sustancias de naturaleza totalmente distinta y se encuentran separados. El alma es algo totalmente diverso: una mente pensante que no se rige por leyes mecánicas sino por leyes lógicas que están impresas en la mente en el momento del nacimiento. El problema de las relación entre la mente y el cuerpo que surge del planteamiento cartesiano fue objeto de discusión durante los siglos siguientes. Para resolver este problema, Descartes propuso la existencia de un punto en el cerebro humano (la glándula pineal, que Descartes consideraba erróneamente que sólo se encontraba en los seres humanos) donde se establecería esta comunicación. Los filósofos racionalistas trataron de resolver el problema que presentaba el dualismo mente-cuerpo, manteniendo la noción de sustancia de Descartes: los fenómenos físicos y los fenómenos mentales son totalmente diferentes, pero ni los procesos psíquicos causan los físicos ni viceversa, aunque hay una correspondencia estricta entre unos y otros. Los filósofos empiristas ingleses de los siglos XVII y XVIII rechazaron la afirmación cartesiana de que las leyes lógicas del pensamiento están ya impresas en la mente en el momento del nacimiento, retomando la noción aristotélica de que la mente no tiene ningún contenido en el momento del nacimiento y que todas las ideas, incluso las leyes lógicas del pensar, se adquieren a través de la experiencia. Los empiristas consideran que lo que nos ofrece la experiencia externa son las cualidades de las cosas (olores, colores, sabores, figuras, magnitudes, etc.) pero no de la pretendida sustancia a la que están adheridas tales cualidades. La experiencia interna es tan solo un flujo permanente de estados mentales, pero no es posible percibir ningún yo sustancial. Las ideas simples (un determinado matiz de un color, de un olor, etc.) son combinadas por la mente para formar ideas complejas (las ideas de las cosas) por medio de determinadas leyes de asociación (por semejanza, por contigüidad en el espacio y el tiempo y por relación de causa-efecto ), que pueden descubrirse mediante la observación y la experimentación como las leyes físicas. De este modo, frente a la introspección, proponen el asociacionismo, como método psicológico y abren el camino a una investigación de los fenómenos mentales semejante al estudio científico de los fenómenos físicos. Durante el siglo XIX se produjeron una serie de investigaciones y descubrimientos significativos como son que Franz Joseph Gall relacionó las facultades psíquicas con determinadas zonas del cerebro de modo que la forma y las dimensiones de las distintas zonas implicarían un mayor o menor desarrollo de las funciones psíquicas relacionadas con ellas. Se desarrolló la psicofísica sobre todo en el estudio de la fisiología del sistema nervioso y de la sensación. Charles Bell describió las funciones de los nervios motores y sensitivos y mostró la relación de los mismos con las diferentes partes del cerebro según sus funciones. Pierre Flourens investigó las funciones del cerebelo. Ernst Heinrich Weber estableció su ley de la sensación (o Ley de Weber) en la que formulaba la relación matemática que existía entre la intensidad de un estímulo y la sensación producida por éste. Estos y otros descubrimientos llevaron a la convicción de que era posible explicar mediante principios físico-químicos todos los actos humanos. En el último tercio del siglo XIX, Wilhem Wundt funda la Psicología como ciencia de la mente y sus contenidos, en base a métodos de observación y experimentación. En 1859, Charles Darwin publicó su obra “El origen de las especies por medio de la selección natural” donde explicaba su teoría de que dentro de una misma especie surgen de forma natural variaciones que pueden ser para el individuo que las posee beneficiosas o perjudiciales para la adaptación a su ambiente específico. Cuando una variación da una ventaja adaptativa el individuo mejora sus posibilidades de supervivencia y reproducción, transmitiendo a sus descendientes sus rasgos, incluida la variación. A través de las sucesivas generaciones la variación original se irá haciendo cada vez más adaptativa al medio llegando de este modo a aparecer una especie nueva que se diferencia significativamente de la que le dio origen. Posteriormente, Herbert Spencer fundamentó la psicología en la biología evolucionista afirmando que lo psíquico surge en el curso de la evolución fisiológica del sistema nervioso y el cerebro.

Elementos revolucionarios aportados por la ciencia actual.-

“Yo ya no puedo hacer una distinción tajante entre cerebro y cuerpo.” Pert, C (1985)

A mediados de los ochenta la neurocientífica Candace Pert y sus colegas en el Instituto Nacional de Salud Mental de Maryland, en los EEUU descubrieron que un grupo de moléculas, llamadas péptidos, son los mensajeros moleculares que facilitan la comunicación entre los sistemas nervioso, inmunológico y endocrino, formando una sola red. Tradicionalmente estos tres sistemas están separados y tienen funciones diferentes. El sistema nervioso, constituido por el cerebro y una red de células nerviosas que abarca todo el cuerpo, es la sede de la memoria, el pensamiento y la emoción. El sistema endocrino, constituido por las glándulas y las hormonas, es el sistema regulador principal del cuerpo, el cual controla e integra varias funciones corporales. El sistema inmunológico, constituido por el bazo, la médula ósea, los nodos linfáticos y las células inmunológicas que circulan a través del cuerpo, es el sistema de defensa del cuerpo, responsable de la integridad de los tejidos y de controlar los mecanismos de curación de heridas y reparación de tejidos. De acuerdo con esta separación, los tres sistemas son estudiados por tres disciplinas diferentes: la neurología, la endocrinología y la inmunología. Sin embargo, las investigaciones recientes sobre péptidos mostraron que estas separaciones conceptuales son meras creaciones históricas que ya no pueden mantenerse. Según Pert, los tres sistemas deben verse como una única red sicosomática. La propia Pert nos señala que los péptidos son una familia de sesenta a setenta macromoléculas, estudiados originalmente en otros contextos y recibieron nombres diferentes: hormonas, neurotransmisores, endorfinas, factores de crecimiento, etc. Se producen de forma natural en el cuerpo pero también pueden ser diseñados y sintetizados. Recientemente se ha descubierto que en realidad forman una sola familia de mensajeros moleculares. Estos mensajeros son cadenas cortas de aminoácidos que se fijan a receptores específicos que existen en abundancia en las superficies de todas las células del cuerpo. Al ligar a las células inmunológicas, las glándulas y las células del cerebro, los péptidos forman una red sicosomática que se extiende por todo el organismo. Los péptidos son la manifestación bioquímica de las emociones; juegan un papel crucial en las actividades coordinadoras del sistema inmunológico; ligan e integran las actividades mentales, emocionales y biológicas. Los péptidos del sistema nervioso son producidos en las neuronas y viajan a lo largo de los axones para ser guardados en pequeñas bolsas en la punta, donde esperan a las señales adecuadas para ser liberados. Estos péptidos juegan un papel fundamental en las comunicaciones en todo el sistema nervioso. La mayoría, si no todos, alteran la conducta y los estados de ánimo, y los científicos suponen que cada péptido pueden evocar un “tono” emocional único. El grupo entero de sesenta a setenta péptidos puede constituir un lenguaje bioquímico universal de las emociones. Tradicionalmente los neurocientíficos asociaron las emociones con áreas específicas del cerebro, principalmente con el sistema límbico, el cual está muy enriquecido con péptidos. Sin embargo, no es la única parte del cuerpo donde se concentran los receptores de péptidos. Por ejemplo, todo el intestino está cubierto con receptores de péptidos. Es por eso que “sentimos en las tripas”. Literalmente sentimos nuestras emociones en el intestino. Los científicos han observado que los puntos nodales del sistema nervioso central, que conectan a los órganos sensitivos con el cerebro, están enriquecidos de receptores de péptidos, los cuales filtran y priorizan las percepciones sensoriales. En otras palabras, todas nuestras percepciones y pensamientos están coloreados por emociones. Pert afirma que “los glóbulos blancos de la sangre son pedazos del cerebro que flotan a lo largo del cuerpo.” Esto implicaría que la cognición es un fenómeno que se extiende a lo largo de todo el organismo, operando a través de una intrincada red química de péptidos, que integra nuestras actividades mentales, emocionales y biológicas.

La relación cognición y cuerpo.-

Recientemente se descubrió por parte de investigadores de la cognición que el pensamiento conceptual, en su totalidad, está encarnado físicamente en el cuerpo y el cerebro. Otros estudios en el campo de la lingüística cognitiva indican que la razón humana no transciende el cuerpo, como era sostenido por la filosofía occidental, sino que está conformada por nuestra naturaleza física y nuestra experiencia corporal. La estructura intrínseca de la razón surge de nuestro cuerpo. Lakoff y Jhonson (1999) señalan que “los mismos mecanismos neurales y cognitivos que nos permiten percibir y desenvolvernos, crean nuestras estructuras conceptuales y nuestras modalidades de razonamiento”. Capra (2002) continuando este argumento refiere que “los seres humanos no solo clasificamos las variedades de nuestra experiencia, sino que utilizamos también conceptos abstractos para caracterizar nuestras experiencias y razonar sobre ellas. Las categorías son siempre conceptuales, inseparables de sus correspondientes conceptos abstractos, y puesto que nuestras categorías surgen de nuestras estructuras neurales y de nuestra experiencia corporal, de ellas surgen también nuestros conceptos abstractos”. Lakoff y Jhonson (1999) descubrieron que la mayor parte de nuestro pensamiento es inconsciente y opera a un nivel inaccesible a la percepción consciente ordinaria. Por ello sin que nos demos cuenta, el inconsciente cognitivo moldea y estructura nuestro pensamiento consciente. Capra (2002) afirma que al desarrollarse la capacidad para controlar movimientos precisos de las manos y de la lengua pudieron evolucionar en los primeros humanos el lenguaje, la conciencia reflexiva y el pensamiento conceptual como parte de procesos de comunicación cada vez más complejos. Esto corresponde al proceso de cognición y en cada nuevo nivel implican a sus correspondientes estructuras corporales y neurales. Capra (2002) continúa afirmando que las mas recientes investigaciones en lingüística de la cognición demuestran que la mente, incluso en sus manifestaciones más abstractas, no está separada del cuerpo, sino que surge de él y está conformada por él. El cerebro humano como compleja matriz de sistemas superpuestos y entretejidos que se corresponden a diferentes estadios de la evolución, y el ego que surge de ellos es algo así como una ciudad que se ha ido construyendo y evolucionando a lo largo de las diferentes etapas de la historia. Cada uno de nosotros acarrea dentro de su propio sistema nervioso la historia completa de la vida biológica del planeta, al menos aquella que le corresponde al reino animal. A pesar de la reciente centralización y complejidad alcanzada por el sistema nervioso, aún permanece en funcionamiento la red nerviosa más primitiva, tanto en el interior del cerebro en expansión como por todo el cuerpo. Las fases más recientes de nuestra evolución se han superpuesto a las anteriores suplantándolas, pero no las han sustituido por completo. “La mente humana es consciente de su herencia corporal” (Whitehead, 1979) citado por Zohar (1990). “Hoy en día hay evidencias de que el rango de información que alcanza el cerebro y la conciencia transciende el rango que se puede percibir por los ojos o los oídos” (Laszlo, 2004). “La meditación, la oración intensa, el ayuno, los movimientos rítmicos y la respiración controlada producen estados alterados y todo estos estados llevan a la recepción de información no sensorial” “Cuando la conciencia está en un estado alterado, el cerebro parece funcionar en un modo en que la información que no se adapta a la concepción del mundo de sentido común no es reprimida”. “La mayor parte de la gente filtra todas las experiencias que no están corroboradas por la vista o el oído. Los padres dicen a sus hijos que no se imaginen cosas, los profesores insisten en que dejen de sonar y sena sensatos y solemos reírnos de los que siguen siendo como niños. Como resultado, los jóvenes modernos crecen como personas llenas de sentido común, para las que las cosas del mundo que no estén de acuerdo con las ideas materialistas dominantes, son negadas y reprimidas”. (Laszlo, 2004). Griffith (1996) subraya que “los dilemas no decibles de los problemas mente cuerpo son situaciones de doble vínculo en las que el paciente intenta resolver la situación silenciando su expresión corporal de zozobra. Si bien el mecanismo final sigue siendo un misterio, luego se manifiesta aparentemente, un síntoma somático cuando el cuerpo se zafa de los esfuerzos por reprimir su expresión”.

El papel que juega la educación.-

La Educación es fundamental y por ello rematamos con el siguiente texto: “Cuando miramos hacia el futuro, vemos numerosas incertidumbres sobre lo que será el mundo de nuestros hijos, de nuestros nietos y de los hijos de nuestros nietos. Pero al menos, de algo podemos estar seguros: si queremos que la Tierra pueda satisfacer las necesidades de los seres humanos que la habitan, entonces la sociedad humana deberá transformarse. Así, el mundo de mañana deberá ser fundamentalmente diferente del que conocemos hoy, en el crepúsculo del siglo XX y del milenio. En esta evolución hacia los cambios fundamentales de nuestros estilos de vida y nuestros comportamientos, la educación -en su sentido más amplio- juega un papel preponderante. La educación es “la fuerza del futuro”, porque ella constituye uno de los instrumentos más poderosos para realizar el cambio. Uno de los desafíos más difíciles será el de modificar nuestro pensamiento de manera que enfrente la complejidad creciente, la rapidez de los cambios y lo imprevisible que caracteriza nuestro mundo. Debemos reconsiderar la organización del conocimiento. Para ello debemos derribar las barreras tradicionales entre las disciplinas y concebir la manera de volver a unir lo que hasta ahora ha estado separado. Debemos reformular nuestras políticas y programas educativos. Al realizar estas reformas es necesario mantener la mirada fija hacia el largo plazo, hacia el mundo de las generaciones futuras frente a las cuales tenemos una enorme responsabilidad” (Prefacio del Director General de la UNESCO, Federico Mayor Zaragoza a la obra de Edgar Morin Los siete saberes necesarios para la educación del futuro, publicada en octubre de 1999 dentro del Proyecto interdisciplinario “Educación para un futuro sostenible”, dirigido por Gustavo López Ospina,)

BIBLIOGRAFÍA

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