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3 nov 2009

Revalencia de la vigorexia en poblaciones de riesgo y predicción de sustancias dopantes

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En el siglo en el que nos encontramos podemos decir que nuestra sociedad se rige por la moda imperante, la que los medios de comunicación nos ofrecen con sus correspondientes cánones de belleza. A lo largo de la historia se ha podido comprobar como se han ido modificando estos cánones de belleza.

 
Autor(es):Onofre Ricardo Contreras Jordán, Irene González Martí
Entidades(es): Universidad de Castilla-La Mancha
Congreso:VII Congreso Internacional Sobre la Enseñanza de la Educación Física y el Deporte Escolar
Ceuta- 3-6 de Noviembre de 2009
ISBN: 978-84-613-3640-1
Palabras claves: VIGOREXIA EN POBLACIONES, RIESGO Y PREDICCIÓN, SUSTANCIAS DOPANTES

Resumen

En el siglo en el que nos encontramos podemos decir que nuestra sociedad se rige por la moda imperante, la que los medios de comunicación nos ofrecen con sus correspondientes cánones de belleza. A lo largo de la historia se ha podido comprobar como se han ido modificando estos cánones de belleza. Tras una rápida revisión de cómo han evolucionado dichos cánones, se puede observar que para el cuerpo femenino ha pasado de un cuerpo con “curvas y celulitis” donde la grasa corporal en un cuerpo denotaba triunfo social asociado a un alto nivel de vida (como ocurría en la Edad Media) a cuerpos esqueléticos como canon de belleza femenino. En cambio en el género masculino ésta evolución ha sido más discreta pero latente, en cuanto a cuerpos atléticos como medio de supervivencia en la prehistoria y cuerpos musculosos como canon de belleza masculino actual (Arbinaga y Caracuel, 2003; Pope et al. 2005; Leone, Sedoryt y Gray, 2005).

1. APROXIMACIÓN HISTÓRICA Y CONCEPTUAL

En el siglo en el que nos encontramos podemos decir que nuestra sociedad se rige por la moda imperante, la que los medios de comunicación nos ofrecen con sus correspondientes cánones de belleza. A lo largo de la historia se ha podido comprobar como se han ido modificando estos cánones de belleza. Tras una rápida revisión de cómo han evolucionado dichos cánones, se puede observar que para el cuerpo femenino ha pasado de un cuerpo con “curvas y celulitis” donde la grasa corporal en un cuerpo denotaba triunfo social asociado a un alto nivel de vida (como ocurría en la Edad Media) a cuerpos esqueléticos como canon de belleza femenino. En cambio en el género masculino ésta evolución ha sido más discreta pero latente, en cuanto a cuerpos atléticos como medio de supervivencia en la prehistoria y cuerpos musculosos como canon de belleza masculino actual (Arbinaga y Caracuel, 2003; Pope et al. 2005; Leone, Sedoryt y Gray, 2005). En los medios de comunicación los patrones icónicos tanto para chicas como para chicos tienen algo en común el “estar de moda”, los mass-media son los encargados de difundir este tipo de cánones. Los adolescentes, que son principalmente el mercado al que va dirigido este tipo de publicidad de culto al cuerpo, se empapan de imágenes que no se corresponden con la realidad. Simplemente por salir en un medio de comunicación es una referencia a seguir, es el estilo de vida imperante, es sin darse cuenta el camino hacia su infelicidad (Pope, Olivardia et al., 1998; Pope, Phillips y Olivardia, 2000b; Chung, 2001; Olivardia, 2001; Greenhill y Duke, 2003). Infelicidad por querer tener lo que no tenemos, e infelicidad de estar dispuesto a sacrificar todo para estar “de moda”. Sacrificios que comienzan por restricciones alimenticias, disminución de la vida social, automarginación, etc… y todo lo que se oponga en el camino para considerarse “ir a la moda”.

La influencia del “culto al cuerpo” en hombres y jóvenes adolescentes es un problema cada vez más frecuente. El principal temor para ocultar preocupaciones en cuanto a la apariencia física en el género masculino es que en la sociedad actual está considerado como un problema acusado a mujeres. Los hombres ocultan sus preocupaciones y viven con ellas en silencio, creando sin darse cuenta un tema “prohibido” fomentado por la sociedad (Pope et al., 2000b; Castillo, 2004; Hernández, Guillem y Hernández, 2005).

Los Trastornos de la Conducta Alimenticia (TCA) como la Anorexia Nerviosa y la Bulimia Nerviosa (APA, 2002), han sido más prevalentes en el sexo femenino, pero no es de extrañar que en los últimos años los hombres también se vean afectados (Pope et al. 1998; Schnirring, 2000; Cohane y Pope, 2001; Leit, Pope y Gray, 2001; Raudenbush y Meyer, 2003). Existe un aumento considerable de la preocupación por la imagen corporal, dentro de la población masculina de los países occidentales. En los países orientales tales como Japón o Taiwán, esta preocupación o insatisfacción por la imagen corporal dentro del género masculino apenas es apreciable (Yang, Gray y Pope, 2005).

El “estar de moda” se transforma dentro de la población masculina hoy en día, en una palabra que define con exactitud este incremento llamativo: “metrosexualidad”. En los últimos veinte años ha proliferado el mercado orientado a los hombres, como por ejemplo, productos cosméticos exclusivos para hombres, revistas de fitness, de musculación, depilación láser, cirugías estéticas, etc…, lo que ha hecho que el hombre quiera o desee “cuidarse más” (Pope et al., 2000b; Navarra, 2003). La definición de hombre “metrosexual” abarca todo tipo de cuidados hacia la propia persona, empezando por la preocupación de la apariencia física (uso de cosméticos, depilación, peluquerías, etc…) así como al ajuste al canon de belleza masculino imperante en el momento y que se resume a hombres cuyos cuerpos están definidos por músculos.

Esta obsesión de culto al cuerpo para alcanzar dicho canon crea una serie de hábitos y conductas que pueden llegar a ser perjudiciales para la salud, como por ejemplo la excesiva dedicación realizando ejercicios de fuerza, en concreto, levantamiento de pesas para conseguir el cuerpo musculoso que los medios de comunicación nos “impone” (Manilla, 2004). Las dietas restrictivas cómplices del culto al cuerpo y que en adolescentes son totalmente nocivas, debido a que se encuentran en pleno crecimiento y necesitan dietas equilibradas (Cohane et al., 2001), podría ser otro claro ejemplo de perjuicio para la salud.

En la pubertad los jóvenes viven preocupados por su autopercepción y por su masculinidad, algunos padecen depresión y autoestima baja. La repercusión mediática de los mass-media de nuestra sociedad propone estereotipos de “superhombres” ya desde la infancia, con la creación de muñecos totalmente estereotipados y que nada tienen que ver con la realidad (Martínez, 2001). Si extrapoláramos las medidas de los músculos que tienen esos muñecos sería inalcanzable para la población normal e incluso para el fisicoculturista más musculoso (Pope, Olivardia, Gruber y Borowiecki, 1998). La influencia del lenguaje subliminal en los muñecos y la publicidad repercuten en aquellos adolescentes insatisfechos consigo mismos. El problema radica en la siguiente cuestión ¿qué pasa cuando la imagen corporal real no se ajusta a la imagen corporal ideal ?. Entre la amplia gama de discrepancia que una persona puede tener con respecto a su imagen corporal la musculatura podría ser una de ellas. En los últimos años ha aparecido un nuevo trastorno que difiere entre musculatura real e ideal de la persona que lo padece. Este trastorno deriva de la insatisfacción con la imagen corporal del individuo relacionado con la musculatura y se denomina Dismorfia Muscular (Pope, Katz y Hudson, 1993).

En los últimos años en la población masculina la forma más frecuente de padecer una distorsión corporal se relaciona con la musculatura. La relación entre insatisfacción corporal y realización excesiva de práctica deportiva, principalmente de ejercicios de fuerza, se denomina Dismorfia Muscular (vigorexia). Las personas que lo padecen suelen tener preocupaciones obsesivas con respecto al desarrollo y aumento del tamaño de sus músculos. A finales del S. XX, este trastorno se relaciona a conductas alimenticias restrictivas y a determinadas actividades físicas así como la forma de practicarlas (Muñoz, 1998). La Dismorfia Muscular fue estudiada por primera vez en Boston cuando Pope y colaboradores (1993), realizaron una investigación sobre el uso de esteroides anabolizantes a un grupo de fisicoculturistas de diversos gimnasios. En esta investigación observaron que gran parte de la muestra de estudio padecía un trastorno dismórfico muscular, debido a que se veían pequeños y débiles, cuando en realidad eran grandes y fuertes. El objetivo principal del estudio no se relacionó en principio con la Dismorfia Muscular, sino que fue un hallazgo colateral del estudio del uso de esteroides anabolizantes en fisicoculturistas (Pope et al., 1993).

La Dismorfia Muscular ha sido denominada de muchas formas en función de los autores que se refieren a ella, como por ejemplo anorexia nerviosa reversa por sus similitudes y diferencias con la anorexia nerviosa (Pope, Katz y Hudson, 1993), Dismorfia Muscular (Phillips, O´Sullivan y Pope, 1997), Megorexia Nerviosa (Kessler, 1998), Machismo Nervioso (Connan citado por Pope et al., 1998), Complejo de Adonis (Pope et al., 2000b) y Vigorexia palabra más comúnmente conocida en el mundo del fisicoculturismo y con la que denominamos este trastorno actualmente (Quinion, 2005 citado por Pope, Pope, Menard et al., 2005). El Complejo de Adonis no es ningún término médico y no describe ningún problema con la imagen corporal del hombre. El término Adonis proviene del personaje de la mitología griega, considerado como el hombre perfecto con un físico espectacular. Los retratos del renacimiento reflejan la “perfección” de este personaje marcada por músculos. Al igual que este icono puede representar una imagen a seguir, en la actualidad, ocurre lo mismo con las imágenes ofrecidas por los medios de comunicación (Pope et al., 2000b). El mito de Adonis indica: “Los hombres de verdad tienen músculos y la falta de músculo refleja una falta de masculinidad o virilidad”, sumado al mito de trasformación: “Si cambio mi cuerpo, cambiará mi vida, si mejoro mi aspecto físico, mejorará mi autoestima”, pueden ser también precedentes de este trastorno. (Facchini, 2006)

El Complejo de Adonis aunque se consideró un sinónimo de vigorexia, realmente no es así. Complejo de Adonis es una subcategoría dentro de la vigorexia. Las principales diferencias radican en que el Complejo de Adonis se dirige única y exclusivamente al género masculino, mientras que la vigorexia también pueden padecerla ambos sexos (Pope et al., 1997). Aunque existan algunas connotaciones diferentes casi inapreciables en cada término, todos significan lo mismo, hemos creído conveniente utilizar el término de vigorexia para referirnos a este trastorno en el desarrollo de este trabajo.

2. INDICADORES EN LA APARICIÓN DE VIGOREXIA

2.1 Indicadores Internos

Podríamos apuntar las posibles causas de aparición de este trastorno en la influencia sociocultural, psicológica, biopsicosocial y bioquímica del hombre. Socioculturales en cuanto al poder que los medios de comunicación tienen sobre las personas afectadas. Psicológicas porque las personas que lo padecen han tenido una historia en la niñez conflictiva (De la Serna, 2004). Biopsicosocial en cuanto a los hábitos culturales que tiene la persona afectada con el objetivo exclusivo de poseer un cuerpo atlético y musculoso, modificaciones de conducta para conseguirlo y por lo tanto alteración del sistema nervioso así como del muscular para conseguirlo. Y por último Bioquímico por la liberación de las endorfinas y adrenalina que libera el cuerpo cuando realiza ejercicio y por lo tanto la satisfacción que reporta el mismo después de un entrenamiento (Baile, 2005; Maida y Armstrong, 2005).

2.2 Indicadores Externos

Para poder detectar la aparición de este trastorno en un adolescente, debemos conocer las características que padecen las personas que lo sufren. A continuación exponemos las principales características de las personas que padecen vigorexia. Nuestro objetivo como docentes cercanos a nuestros alumnos, es saber identificar  los síntomas y comportamientos más frecuentes del trastorno, para ello hemos propuesto un orden de aparición de dichos síntomas para su mejor detección.

  1. La principal característica es que se autoperciben débiles y flojos cuando realmente son fuertes y musculosos (Pope, Katz y Hudson, 1993; Pope, Phillips y Olivardia, 2000). Las personas que padecen vigorexia nunca están satisfechos con su propio cuerpo aunque sus músculos estén completamente definidos y desarrollados, se autopercibirán siempre débiles como consecuencia de la distorsión de su imagen corporal que padecen (Navarra, 2003). Se trata de una competición consigo mismo para llegar hasta el límite máximo que puedan alcanzar sus músculos (Irie, 2001).
  2. Son personas que no aceptan que tienen un problema. Es por ello por lo que las personas que están cerca deben estar atentas a los posibles cambios que sufre tanto su cuerpo como su mente, así como en su comportamiento (Pope et al., 2000b).
  3. El trastorno se asocia a un pasado atormentado, generalmente, las personas que padecen vigorexia han sufrido problemas de sobrepeso y los demás niños se han burlado de él. También influye una mala relación con la madre o el padre en la infancia y como consecuencia el niño puede llegar a desarrollar este cuadro clínico para llamar la atención de sus padres/madres (Olivardia, 2001; Arbinaga y Caracuel, 2003; Maida y Armstrong, 2005).
  4. Suelen ser personas inseguras de sí mismas y con autoestima baja. Esta inseguridad hace pensar al individuo que su vida no tiene sentido y como consecuencia existe la tentación hacia el suicidio (Pope et al., 2005).
  5. Debido a su insatisfacción corporal se sienten poco atractivas para el sexo opuesto (Hernández, Guillem y Hernández, 2005). Existe un estudio que pone de manifiesto esta insatisfacción corporal, en el cual participaron como muestra 200 varones estadounidenses, franceses y holandeses. Las respuestas obtenidas de un test de autopercepión corporal reflejaba que los participantes opinaban que el cuerpo ideal preferido por las mujeres tenía más de 13 Kg. de masa muscular que sus cuerpos reales. Otro estudio similar en países occidentales reveló que las mujeres prefieren hombres menos musculosos (Pope, Gruber, Mangweth et al., 2000a).
  6. La vestimenta que utilizan estas personas se dirige a camuflar sus defectos, aparentemente inapreciables para las demás personas. Este ritual de camuflaje se denomina “grooming” y se caracteriza por vestir con ropas holgadas (Facchini, 2006) o usar múltiples capas de ropa (Olivardia, 2001) para camuflar su cuerpo, debido a la insatisfacción corporal que padecen. Además estas personas evitan asistir a sitios públicos donde tengan que exhibir su cuerpo, como por ejemplo, la piscina o la playa (Pope, Gruber et al., 1997).
  7. Ingieren dietas restrictivas basadas en hidratos de carbono y proteínas y nada de grasas, esto favorece el desarrollo de la masa muscular. Debido a esta característica la vigorexia tiene como comorbilidad Trastornos de la Conducta Alimenticia por su esfuerzo en controlar su metabolismo (Hitt, 2000). Gastan un promedio de tres horas planificando y preparando la comida que van a ingerir (Pope, Phillips et al., 2000).
  8. Emplean un promedio de tres horas diarias pensando en la insatisfacción corporal que padecen (Schnirring, 2000). Aunque hay autores que afirman que estos pensamientos están presentes durante todo el día (Pope et al., 2000b). Olivardia (2001) apunta en una de sus investigaciones que estas personas gastan una media de 325 minutos, más de cinco horas al día, pensando lo pequeños que son o pensando cómo pueden llegar a ser más fuertes.
  9. Las conductas de verificación tales como comparar continuamente sus cuerpos con las demás personas de su misma talla (Pope et al., 1997), mirarse al espejo constantemente para comprobar el cambio corporal producido por los excesivos entrenamientos (Ragg y Brothman, 2004), son otras de las características frecuentes en las personas con vigorexia. El promedio de ocasiones que pueden observarse ante el espejo es de 9,2 veces al día y en los casos más severos, el promedio aumenta a 50 veces al día (Pope et al., 2000b; Olivardia, 2001). El espejo emite un juicio subjetivo, en la imagen de la persona que padece este trastorno el reflejo queda alterado, debido a que el sujeto es incapaz de verse con objetividad. El espejo trabaja más desde la proyección que desde la reflexión y emite la imagen exacta de lo que se refleja, pero la persona con vigorexia altera este reflejo reduciéndolo a la mitad (Cartoccio, 2004).
  10. Estas personas acuden una media de 6 horas diarias al gimnasio, si su rutina de entrenamiento se ve modificada sufren un sentimiento de culpa, de preocupación y de ansiedad extrema (Facchini, 2006). Para compensar realizan horas extras de levantamiento de pesas (Pope, Gruber et al., 1997). Las personas con vigorexia pueden seguir realizando conductas y comportamientos autodestructivos, como por ejemplo continuar levantando pesas aun estando lesionado (Maida y Armstrong, 2005) con el fin de trabajar sus músculos.
  11. Este tipo de trastorno se asocia a fisicoculturistas o en su defecto a la persona que realiza ejercicios de fuerza, como el levantamiento de pesas. El tiempo dedicado al ejercicio compulsivo para encontrar el cuerpo musculoso deseado, puede sacrificar hasta las relaciones más afines (Hernández, Guillem y Hernández, 2005). Un aspecto importante dentro de esta característica es saber hacer un análisis diferencial entre la persona que realiza esta conducta para paliar una distorsión muscular y una persona que practique este tipo de ejercicios por placer (Wachs et al., 2005).
  12. Otra característica relevante de la aparición de este trastorno es el uso de Esteroides Anabolizantes e incluso sustancias ilegales. El principal motivo por el cual usan este tipo de suplementos es porque sus músculos pueden alcanzar dimensiones muy elevadas, impensables sin el uso de los mismos (Facchini, 2006; Pope et al., 1993; Pope, Gruber, Choi, Olivardia y Phillips, 1997; Pope et al., 2000b; Raudenbush y Meyer, 2003). Los esteroides anabolizantes son ilegales a excepción de prescripción médica. El colectivo médico no los prescribe a atletas que quieran aumentar su masa muscular debido a las consecuencias negativas que conllevan para la salud del individuo (Kanayama, Pope, Cohane y Hudson, 2003). Los esteroides anabolizantes se pueden encontrar en el mercado negro, donde la mayoría de productos están adulterados y por tanto no tienen ninguna garantía sanitaria. Curiosamente en los gimnasios también se pueden conseguir con facilidad. Se encuentran en forma de pastillas o de inyectables y sirve para aumentar la masa muscular del individuo (Pope et al., 2000b). Estas son “drogas de la imagen corporal” como las denomina Kanayama, que no se utilizan por su acción psicoactiva, sino por su efecto sobre la autoimagen (Kanayama et al., 2001). Las personas con vigorexia usan-abusan de Esteroides Anabolizantes aún siendo conscientes de los riegos que éstos reportan a su salud. El problema son los adolescentes que comienzan con el consumo ignorante de la nocividad para su salud (Pope, et al.,  2000; Martell, 2006).
  13. Descuidan las responsabilidades diarias e incluso las obligaciones. Las personas que padecen este trastorno pueden llegar a disminuir su rendimiento a nivel académico si se trata de estudiantes, llegando a abandonar incluso sus estudios. Su potencial de rendimiento, tanto en el trabajo como en el estudio se ve disminuido por el cansancio acumulado en las sesiones entrenamiento (Pope et al., 2000b; ANRED, 2005).
  14. Descuidan las relaciones sociales como consecuencia de las horas que pasan en el gimnasio. Además una de las consecuencias es la auto-marginación perdiendo amistades e incluso no socializando con sus familiares. El principal problema es la creencia por parte del sujeto con vigorexia de que las personas que le rodean critican su aspecto físico “poco musculoso y débil”, cuando en realidad son fuertes y musculosos (ANRED, 2005).
  15. En menor medida pero no por ello menos importante, la influencia de la orientación sexual es más prevalente en sujetos homosexuales que en sujetos heterosexuales (De la Serna, 2004).

4. PREVALENCIA DE LA VIGOREXIA

Es difícil estimar el grado de prevalencia de la vigorexia en un número exacto de individuos. Al tratarse de un trastorno “moderno” y “novedoso” existen pocas investigaciones que nos faciliten datos sobre la misma. En España el Consejo General de Colegios Farmacéuticos calcula que existen unos 700.000 casos de vigorexia (Martell, 2006). La población de riesgo que padece o pueda desarrollar dicho trastorno, prevalece en cuanto a edad de aparición en sujetos entre 15 y 35 años (Pope et al.,  1997; Olivardia et al., 2000; Olivadia, 2001). Con respecto al género se puede sospechar que un sustancial número de hombres más que de mujeres pueden padecer este tipo de trastorno (Pope et al., 1993; Pope, Gruber et al., 1997; Pope et al., 2000a; Olivardia, 2000; Hitzeroth, Wessels et al., 2001). Se estima que el género de las personas que padecen este trastorno es de 80 % hombres frente a un 20% de mujeres (Muñoz y Martínez, 2007). En España el profesor Caracuel apunta que la vigorexia se observa en adolescentes entregados compulsivamente al ejercicio con pesas, sin otro objetivo que no sea el de aumentar su masa muscular (Castillo, 2004). Es en estas edades cuando nuestra labor como docentes ha de ser crítica con respecto a cambios bruscos producidos en el físico, carácter y/o comportamiento de nuestros alumnos/as.

El nivel socioeconómico de las personas que padecen este trastorno podríamos deducir que es medio – alto (Muñoz y Martínez, 2007). Los datos en los que basamos dicha afirmación es que el consumo de Esteroides Anabolizantes es de elevado coste económico, pudiendo gastar al mes una media de 200 euros (Pope, Gruber et al., 1997; Fachini, 2006; Pope et al., 2005) aproximadamente. Además del coste de las dietas específicas y de suplementos energéticos, así como las inscripciones y mensualidades del gimnasio al que acuden asiduamente.

La prevalencia de padecer vigorexia en la población de riesgo se estima entre el 9,3% y el 10% de los varones entre 15 y 35 años, que practican fisicoculturismo y que usan-abusan de esteroides anabolizantes. Estos porcentajes pueden verse en incremento en sujetos que participan en competiciones de fisicoculturismo (Pope et al.,  1997; Olivardia, 2001).

5. PREDICCIÓN DEL USO-ABUSO DE ESTEROIDES ANABOLIZANTES

Para la detección del uso-abuso de esteroides anabolizantes debemos atender a los cambios sufridos físicos y/o conductuales de nuestros alumnos. Las clases de Educación Física sitúan el marco perfecto de predicción de este tipo de consumo. La práctica de actividad física en nuestras clases permite observar el estado físico de cada uno de nuestros alumnos. La apariencia física delata el uso-abuso de esteroides anabolizantes por parte de un sujeto. Existen señales físicas que sugieren el consumo de los mismos. Atendiendo a los conocimientos anteriormente citados y utilizando nuestro sentido crítico podemos apreciar a aquellos alumnos susceptibles de padecer vigorexia. Un alumno que padece vigorexia tendrá un cuerpo musculoso, especialmente el torso, un indicador de uso-abuso de esteroides anabolizantes es la hipertrofia del músculo trapecio. Generalmente éste músculo es difícil de definir y la acción de los esteroides anabolizantes androgénicos sobre el mismo favorece su rápido desarrollo. Otro indicativo es el excesivo acné, en adolescente este signo es más difícil de interpretar debido al acné juvenil propio en estas edades, pero si un alumno sufre más de un indicativo citado, hemos de sospechar (Baile, 2005; Pope et al., 2000b).

Existe una fórmula que permite detectar si un alumno usa-abusa de estas sustancias ilegales. Para calcularla es necesaria realizar la medición de la altura del alumno en metros y del peso en kilogramos. Una vez efectuado estos pasos continuamos con la medición antropométrica de seis pliegues cutáneos en el caso de alumnos (tríceps, subescapular, pectoral, abdominal, supraespinal y muslo frontal) y tres en el caso de alumnas (tríceps, supraespinal y muslo frontal). Para hallar el porcentaje de grasa total se utilizará la siguiente fórmula creada por Jackson y Pollock (citado por Kouri et al., 1995):

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 11.

Esta fórmula permite obtener la grasa corporal total del alumno/a. Las letras “BF” es la grasa corporal que obtendremos finalmente (para su posterior aplicación en la fórmula Fat-Free Mass Index), la incognita “x” es la suma de la grasa de los seis o tres pliegues cutáneos (en función del género del alumno) y por último la incognita “y” es la edad actual del sujeto. El resultado final de esta fórmula, dará el porcentaje de grasa total del individuo y nos permitirá utilizar este dato en la fórmula Fat-Free Mass Index (Kouri et al., 1995), más conocida como FFMI. Esta fórmula nos da a conocer el índice de masa libre de grasa de una persona. La forma de hallar el FFMI corresponde al desarrollo de la aplicación de esta fórmula para el género masculino:

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 11.

Esta fórmula “FFMI” (Fat-Free Mass Index) cuya traducción literal es el índice de masa libre de grasa, está compuesta por “Wt” es el peso medido en kilogramos, “BF” es el porcentaje de grasa corporal obtenido en la fórmula anterior y por último “Ht” es la medida de la altura en metros. El porcentaje de musculatura lo podemos contemplar a través del índice de masa libre de grasa (FFMI). Para el género masculino la interpretación de los datos obtenidos se realiza de la siguiente manera: un índice de masa libre de grasa de 18 Kg/m² como poco musculoso, un FFMI de 22 Kg/m² como musculoso y un FFMI de 25 – 26 Kg/m² como límite superior de musculatura, sospechoso del uso de esteroides anabolizantes (Gruber et al., 1998; Kouri et al. 1995; Pope, Gruber y col., 2000).

Para el género femenino la fórmula varía eliminando el sumatorio final. El significado es el mismo pero la interpretación difiere con respecto al género masculino.

Contenido disponible en el CD Colección Congresos nº 11.

En alumnas un FFMI de 13 Kg/m² representa una mujer con poca masa muscular, un FFMI de 15 Kg/m² corresponde a una mujer con una musculatura normal. Cuando obtengamos resultados de un FFMI de 17 Kg/m² corresponderá a una mujer con apreciada masa muscular y por último un FFMI de 22 Kg/m²  o más de 22 Kg/m² es difícil de alcanzar sin el uso-abuso de esteroides anabolizantes (Gruber et al., 1998; Kouri et al. 1995).

6. CONCLUSIÓN

La principal consecuencia de este problema social es que las personas que padecen alguna manifestación de trastorno asociado a la imagen corporal, como es la vigorexia, son reacias a reconocer que tienen un problema. Los adolescentes que padecen este trastorno no hablan de sus “problemas” porque interiormente piensan que los chicos de su edad no se preocupan o no deberían preocuparse por la apariencia física. Estos chicos nunca hablan de lo que piensan ni de lo que sienten acerca de sí mismos. Los padres a su vez no preguntan ni hablan acerca de cómo se sienten sus hijos, por lo que éstos son capaces de ocultar el problema hasta límites insospechables (Pope et al., 2000b).

Padres y profesores de los adolescentes no pensamos que este trastorno pueda llegar a ser grave y serio. Quizás al ser novedoso la mayoría de las personas desconocemos las consecuencias negativas que pueda tener la vigorexia sobre un individuo. Las personas que lo padecen sólo acuden al médico por alguna otra complicación derivada de alguna conducta asociada al trastorno. Los efectos negativos producidos por el uso de esteroides anabolizantes androgénicos, son las principales causas por las que acuden al médico (De la Serna, 2004). Para ayudar a detectar el trastorno de la vigorexia familiares y profesores, deberíamos prestar especial atención a los posibles cambios sufridos en el individuo. Tanto a nivel corporal como psicológico así como observar minuciosamente si el sujeto realiza conductas de verificación con asiduidad, como mirarse al espejo o pesarse varias veces al día, si come adecuadamente incluso comidas grasas, si habla sobre insatisfacción corporal, si tiene pérdida de concentración, practica ejercicios de fuerza especialmente levantamiento de pesas, etc… (Ragg y Brothman, 2004). Los profesores/as de Educación Física tenemos responsabilidades con respecto a nuestros alumnos/as, por lo que en el momento de identificar alguno de estos signos debemos ponernos en contacto con padres y médicos con el fin de poder prevenir la vigorexia en nuestros alumnos.

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