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15 may 2012

Situación actual de la investigación de los contenidos perceptivo motrices, las habilidades básicas y la coordinación. Paradigma cognitivo.

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Si bien es cierto que la investigación actual sobre los contenidos perceptivo motrices y las habilidades básicas no representan el centro de interés de los estudiosos en la educación física y el deporte, podemos destacar sin embargo que distintos autores en el panorama actual siguen prestando atención al estudio del equilibrio y de la coordinación.

Autor(es):Sagrario del Valle Díaz, Ricardo de la Vega Marcos, Natalia Quiñones Serrano.
Entidades(es): Facultad de CC del Deporte (UCLM), Facultad de Formación del Profesorado (UAM), Facultad de CC del Deporte (UCLM).

Congreso: IV Congreso Internacional de Ciencias del Deporte y la Educación Física. (VIII Seminario Nacional de Nutrición, Medicina y Rendimiento Deportivo)
Pontevedra, España, 10-12 Mayo 2012
ISBN: 978-84-939424-2-7
Palabras Clave: :Contenidos pereceptivo motrices, habilidade motrices, coordinación, perspectiva funcional-estructural, paradigma cognitivo.

Situación actual de la investigación de los contenidos perceptivo motrices, las habilidades básicas y la coordinación. Paradigma cognitivo.

RESUMEN COMUNICACIÓN/PÓSTER

Si bien es cierto que la investigación actual sobre los contenidos perceptivo motrices y las habilidades básicas no representan el centro de interés de los estudiosos en la educación física y el deporte, podemos destacar sin embargo que distintos autores en el panorama actual siguen prestando atención al estudio del equilibrio y de la coordinación. ¿A qué se debe esta falta de interés? ¿Qué ocurre en la actualidad? ¿Hacia dónde se encaminan los estudios?…

Quizás aporte luz al respecto entender que el afán por medir y cuantificar fruto de un Paradigma basado en el producto, representativo desde finales del S. XIX hasta los años 80 (S. XX), hacen proliferar numerosos estudios sobre los contenidos perceptivo motrices y las habilidades básicas influenciados por la necesidad de aplicar los modelos psicométricos provenientes de la psicología al campo de la educación física. Pero actualmente, ¿Por qué existe una falta de interés hacia los contenidos perceptivo motrices, las habilidades básicas, la coordinación cuando es fundamental implementarlos para conseguir un desarrollo integral de la persona? Sobre estos aspectos vamos a presentar una revisión de la literatura intentando organizar las aportaciones halladas, para establecer cuáles podrían ser las futuras líneas de investigación en este ámbito.

1. Justificación Teórica:

Si bien es cierto que la investigación actual sobre los contenidos perceptivo motrices y las habilidades básicas no representan el centro de interés de los estudiosos en la educación física y el deporte, podemos destacar sin embargo que distintos autores en el panorama actual siguen prestando atención al estudio del equilibrio y de la coordinación. ¿A qué se debe esta falta de interés? ¿Qué ocurre en la actualidad? ¿Hacia dónde se encaminan los estudios?…

Quizás aporte luz al respecto entender que el afán por medir y cuantificar fruto de un Paradigma basado en el producto, representativo desde finales del S. XIX hasta los años 80 (S. XX), hacen proliferar numerosos estudios sobre los contenidos perceptivo motrices y las habilidades básicas influenciados por la necesidad de aplicar los modelos psicométricos provenientes de la psicología al campo de la educación física. Este hecho es evidente si pensamos que la epistemología de las ciencias de la actividad física respecto a su objeto de estudio denominado “relación físico-educativa” estaba tomando carta de naturaleza.

Si lo pensamos detenidamente todavía surgen dudas al respecto cuando tanto psicólogos como profesores de educación física reivindican para sí el trabajo de la psicomotricidad, hecho que según de qué campo se trate adquiere unas características u otras. Por ejemplo, el trabajo de la psicomotricidad desde las ciencia de la psicología es más estático frente al carácter dinámico que configura a la psicomotricidad en la educación física (ahora denominado desarrollo de los contenidos perceptivo motrices, las habilidades básicas y la coordinación a lo largo de todo el ciclo vital).

Por tanto, bajo este telón de fondo, en los años 80, con el advenimiento de las teorías del procesamiento de la información el estudio de las conductas motrices cambió de orientación y como expresaba Singer (1980), los procesos cognitivos implicados en el aprendizaje de habilidades demostraron ser más complicados de lo que hasta el momento se pensaba.
Durante los últimos veinte años han proliferado las investigaciones que desde una perspectiva cognitiva tratan de dar respuesta a cuestiones como: ¿Qué es lo que diferencia a una persona que tiene éxito en la acción de otra cuya pericia no es significativa? ¿Cuál es la relación entre el conocimiento de las acciones, las habilidades que se realizan y la consecución del objetivo? ¿Cómo llega uno a ser competente? ¿Cuáles son las variables que influyen en el éxito? (De la Vega, Del Valle, Maldonado y Moreno, 2008).

Numerosos son los interrogantes que se nos plantean en torno a la importancia que adquiere el conocimiento sobre las acciones motrices.
Como señala Ruiz (1994), si conocer significa aprender sobre algo, está claro que los estudios que giran en torno al conocimiento de las acciones generan la posibilidad de que los sujetos aprendan, estableciéndose así puentes de unión con otras áreas como el estudio de la enseñanza del deporte, la didáctica de la educación física, el aprendizaje motor, etc.

Desde esta propuesta, los años ochenta fueron fructíferos en cuanto al alumbramiento de nuevas investigaciones donde se hacía constar elementos que hasta la fecha no se habían tomado en cuenta gracias al influjo que ejerció el pensamiento centro europeo. Aunque es preciso recordar que la llamada revolución cognitiva se produjo en el ámbito anglosajón puesto que los investigadores del continente no necesitaban ser convencidos de la necesidad de estudiar los procesos superiores o de tomar en cuenta las formas de organización interna del sujeto, porque ya lo hacían desde hace tiempo.

De ahí que autores como Hotz (1985) señalaran que en el aprendizaje motor era necesario la existencia de un verdadero pensamiento psicomotor implicado directamente en la elaboración del esquema interno, de la representación mental que guía el desarrollo de la acción. Esta idea es crucial pero tiene una interpretación u otra según desde el prisma desde donde se mire. No es lo mismo tener en cuenta conceptos como pensamiento psicomotor, esquema interno, representación mental en la toma de decisiones (perspectiva estructural-funcional), planteando un modelo de desarrollo de la representación mental donde se explica qué se entiende por representación motriz pero no se profundiza en cómo se adquiere y se desarrolla en el sujeto. No muestra la funcionalidad y posterior estructura propiamente dicha en cuanto a los niveles en la adquisición de la representación, su redescripción en caso de que exista una mejora, cómo construye el sujeto los significados, hecho que sí presta atención la perspectiva funcional-estructural (De la Vega, Del Valle, Maldonado y Moreno, 2008).

Autores pioneros en el estudio del conocimiento sobre las acciones que destacaron el componente cognitivo como antesala de la estructura que proponemos a continuación, podemos citar a Malho (1969), que resalta la importancia de un pensamiento psicomotor, creador y productor en la educación física y deportiva; Newel y Barclay (1982) y Wall (1986); Marteniuk (1976) quien destacó el papel de la atención, la memoria, la planificación, el componente de la retroalimentación en las acciones motrices y deportivas; Bernstein (1967) cuya aportación se dirigía hacia la necesidad de dotar de una participación activa al aprendiz puesto que no repite el movimiento mecánicamente una y otra vez, sino que aprende a solucionar dicho problema motor; Keogh y Sudgen (1985); Magill (1985); French y Thomas (1987); Ripoll (1982); Rigal (1990); Bakker, Whiting y Van der Drug (1992); Tenenbaum y Bar-Eli (1992); Ruiz (1992, 1993), Oña, Martinez, Moreno y Arellano (1993); Oña (1994); Williams, Davids y Williams, (1999).

No cabe duda que los años ochenta consolidan una nueva línea de investigación que propugna que los sujetos cuando reciben las informaciones sobre las habilidades a practicar, las analizan, elaboran su plan de acción, reclaman esquemas de acción para generar una respuesta compatible con lo requerido, y mantienen, o corrigen, sus movimientos en función de los resultados que van constatando (ciclo perceptivo-motor).

Es por tanto, que a finales del S. XX se produce una inflexión en el campo de las ciencias del deporte cuyo objeto de conocimiento es el “movimiento” o la “relación físico-educativa”, siendo por ello que Del Valle y De la Vega (2008) señalan la importancia del ámbito perceptivo (donde se contemplan los contenidos perceptivo motrices, las habilidades básicas y la coordinación), bajo el paradigma cognitivo, donde es necesario establecer un orden en cuanto a los estudios que proliferan, teniendo en cuenta que se establecen unas prioridades distintas a las que se habían contemplado hasta el momento.

Así, los autores citados anteriormente señalan que son múltiples las investigaciones a las que estamos asistiendo por parte de aquellos científicos que tratan de delimitar algo tan complejo como es la adaptación intencional mediante acciones motrices específicas. En base a lo que plantea Suárez y Hernández (2007), se observa que analizan una serie de elementos que pueden considerarse clave a la hora de abordar el tema de estudio que dará lugar a la organización de las distintas teorías que expondremos más adelante. Entre dichos elementos en primer lugar encontramos al propio sujeto, con sus condiciones psicológicas, físicas y su potencial de desarrollo, que condicionan las habilidades que se adquieren poniendo claros límites. Sin perder de vista que de la conducta del sujeto debe emanar siempre un correlato mental.

La estructura, funciones y cualidades de estos correlatos mentales serán el tema de discusión y divergencia.
En segundo lugar encontramos laconducta que el sujeto adquiere, que puede ser imitada de un modelo o bien tratarse de una acción nueva. No obstante, las distintas teorías tienen en cuenta las estructuras internas de representación del conocimiento, aunque no existe un acuerdo en torno a cuáles son las mismas y cuál es su funcionalidad (aspecto que nosotros añadimos a lo que exponen los autores anteriormente citados). Por último, el elemento clave es el resultado de la conducta del sujeto que podrá ser más o menos adecuado al modelo de ejecución  manejado.

Bajo este telón de fondo, intentamos mostrar la convergencia y las divergencias de ciertos modelos de estudio que admiten la etiqueta de cognitivos aunque entre ellos son muy distantes. Se trata de ofrecer un análisis en sentido amplio, asumiendo que los bordes que los delimitan en muchas ocasiones son imprecisos. Se acepta en todas las teorías que no conocemos el mundo directamente sino que lo representamos por medio de símbolos, esquemas, operaciones, modelos mentales, imágenes, proposiciones, conceptos, centrando el análisis en alguna clase de actividad organizadora del sujeto. Dicha función organizativa es el eje central sobre el que se está discutiendo en la actualidad. La idea de almacenamiento de la información, consubstancial al paradigma cognitivo, supone cierta organización de la estructura cognitiva, que está claramente en contra de una visión meramente acumulativa. Cuando se analiza la procedencia de esta función organizativa y según los orígenes que se admitan, empiezan a plantearse las diferencias.

En todos los casos es el sujeto quien elabora las representaciones (esquemas) y son estas representaciones las que determinan las formas de actividad subjetiva, es decir que la conducta está regulada y regida por ellas y no por el ambiente externo. Sin olvidar que en general, se admite que todo el paradigma cognitivo se caracteriza por otorgar cierta preponderancia al sujeto en el acto del conocimiento, teniendo en cuenta que el concepto de actividad es lo que varía considerablemente desde las posiciones más cercanas al procesamiento de la información hasta posiciones más constructivistas. Una cosa es procesar información y otra muy diferente es construir significados, siendo difícil distinguir con claridad dónde termina una tradición y comienza la otra (Otero, 2007).

Por tanto, consideramos que uno de los objetivos fundamentales hacia donde se deben orientar las próximas investigaciones, no es otro que el de arrojar luz en el camino hacia dónde se debe dirigir el estudio de los contenidos perceptivo motrices, las habilidades básicas y la coordinación dentro del paradigma cognitivo, identificando dos aspectos que creemos que son imprescindibles en la actividad que realiza el sujeto cuando se le plantea una situación motriz a resolver, por un lado la perspectiva estructural-funcional (posiciones más cercanas al procesamiento de la información) y por otro la perspectiva funcional-estructural (posición más cercana al constructivismo), cuestión actualmente crítica en la investigación que pensamos que es necesaria abordar por existir la necesidad de que tales postulados se organicen a partir de una cierta lógica.

Antes de dar paso al estado actual del tema es preciso profundizar en las características que conlleva establecer una diferenciación denominada perspectiva estructural-funcional y perspectiva funcional-estructural, para sentar las bases de la discusión teórica (para un análisis más extenso, ver De la Vega, Del Valle, Maldonado y Moreno, 2008):

1.1. Perspectiva estructural-funcional y perspectiva funcional-estructural:

Se entiende por perspectiva estructural-funcional aquel análisis que se hace de los movimientos del sujeto desde el procesamiento de la información, ya que asumimos que se pueden entender formalmente como estructuras articuladas que no excluyen una función concreta. La pregunta que plantean sobre su articulación interna se puede tratar de muy diversas formas: en referencia a la fijación de objetivos en cada momento, al aspecto objeto de estudio que se destaque y al esquema formal que sirva de base a la estructuración.

Según Suárez y Hernández (2007), los elementos determinantes utilizados frecuentemente en las disquisiciones sobre el tema son: la utilización de la memoria, el uso de la atención, la organización de la práctica, la retroalimentación sensorial, la motivación, cuyas aplicaciones prácticas en la educación física y el deporte ya están dando su fruto. Los métodos de investigación más utilizados en dichos estudios (Magill, 1993), son: la observación directa, las pruebas de retención y las pruebas de transferencia. Las medidas más usadas para evaluar el rendimiento dentro de cada uno de estos modelos son las siguientes: tiempo de reacción; tiempo de ejecución; tiempo de respuesta; medidas del error; análisis gráfico del movimiento; velocidad y aceleración denominado habitualmente como tracking; las medidas cinemáticas; la electromiografía y algunos test que tratan de acercarse la comprensión de cómo percibe, analiza e interpreta el deportista las situaciones (por ejemplo el Cuestionario de Estilo de Decisión en el Deporte (Ruiz y Graupera, 2005).

Si atendemos a tales postulados habría que decidir si priman objetivos científicos o prácticos. En el primer caso, el interés recae sobre el análisis generalizador de movimientos, es decir, sobre la estructura de ejecución de un movimiento; en el segundo, en cambio, recae sobre el fraccionamiento didáctico metodológico de un movimiento, esto es sobre su estructura de adquisición. La delimitación de la función de los componentes y su vinculación es diferente dependiendo de estas dos posibilidades.

Los análisis del movimiento pueden referirse por una parte a la regulación motriz (estructura de la regulación) y por otra al comportamiento motor externo (estructura de comportamiento). Otra distinción particularmente importante resulta de un examen más detallado de la estructura y función de la regulación en cuanto a la representación se refiere. Es aquí donde hallamos el punto central de la cuestión. En este planteamiento se asume la importancia de la representación dentro del modelo como un elemento más de la estructura, no se descarta la función que realiza dentro del modelo, pero no se profundiza en su naturaleza propiamente dicha. De ahí la necesidad de distinguir dentro de la literatura cognitiva a la que estamos asistiendo en el ámbito de la actividad física y del deporte (a la hora de estudiar los contenidos perceptivo motrices, las habilidades básicas y la coordinación), entre la perspectiva estructural-funcional y la perspectiva funcional-estructural.

Respecto a la perspectivafuncional-estructural, los movimientos del sujeto suponen en general modificaciones ordenadas con vistas a cumplir determinados objetivos. Si el interés recae sobre la funcionalidad de la estructura de dicho movimiento, se nos plantean tres problemas básicos, vinculados entre sí: ¿cómo se optimiza el orden de los movimientos a nivel funcional de forma reproducible, teniendo en cuenta las exigencias de la tarea y de la experiencia? (problema del aprendizaje), ¿por qué y hasta qué punto se eligen y se intentan unos movimientos organizados y no otros? (problema de la intencionalidad), ¿hasta qué punto la reproducción y la intencionalidad presuponen una representación interna y cómo surge y está constituida dicha representación?, ¿cuál es su función y su estructura y qué problemas específicos aparecen en el sujeto en torno a dicha cuestión? (problema de la representación). Eje sobre el que pivota el planteamiento de la cuestión. Si no somos capaces de distinguir cómo las representaciones dan cuenta de la actuación o la controlan o cómo se construye el conocimiento, a partir de la coordinación de las acciones, es difícil distinguir con claridad dónde termina el aspecto estructural-funcional y dónde comienza el aspecto funcional-estructural en los estudios emergentes sobre la actividad física y el deporte.

Aprovechamos aquí para realizar una reflexión al respecto, si bien en un momento dado se prescinde de la psicología de la medición psicométrica en el desarrollo de los estudios de los contenidos perceptivo motrices, las habilidades básicas y la coordinación, en la perspectiva funcional-estructural se vuelve a tomar como base la psicología pero desde un punto de vista constructivista propio de las teorías mentalistas, que basan los logros en el desarrollo de un sujeto epistémico activo y no en el resultado.
En la perspectiva funcional-estructural existe una teoría epistemológica que explica cómo se origina y cómo se modifica el conocimiento, hecho diferenciador entre los estudios que ordenaremos dentro de cada una de las perspectivas citadas.

Según Zamora (2006), la teoría epistemológica que circunda en la funcionalidad y en la estructura de la representación tiene como hipótesis de base que el conocimiento es una construcción que realiza el sujeto a partir de su experiencia previa mediante su interacción con el medio circundante. Esto quiere decir que cada sujeto tiene que construir su propio conocimiento y que no puede sólo recibirlo elaborado por otros. Como teoría epistemológica, el constructivismo se opone a las teorías empiristas que afirman que el conocimiento es una copia de la realidad, producida por intermediación de los sentidos. Según las teorías empiristas, basta observar cuidadosamente una situación motriz para conocerla. Así mismo, el constructivismo se opone a las teorías racionalistas que suponen que el conocimiento es una elaboración pura del sujeto, quien al nacer, viene dotado de ciertas estructuras cognoscitivas que le permiten hacer esa elaboración con independencia de la realidad. Según las teorías racionalistas bastan las elaboraciones racionales para conocer la realidad.

El constructivismo epistemológico se sitúa entonces en una posición intermedia respecto al empirismo y al racionalismo: el sujeto realiza elaboraciones mentales que le permiten interpretar lo que observa en las distintas situaciones, siendo el conocimiento el producto de tales interpretaciones fruto de la actividad interiorizada que realiza.
Por tanto, situados en el interior del sujeto cognoscente, los elementos determinantes en dicho planteamiento son (Piaget, 1974): a) la conciencia del objetivo que se pretende alcanzar; b) la conciencia del éxito o fracaso de la acción. Estos dos elementos (objetivos y resultados) serían conscientes en toda acción intencional, mientras que los medios utilizados para conseguirlos pueden permanecer inconscientes (recordemos el concepto de coordinación inferencial en la adquisición de nuevas formas de conocimiento del modelo piagetiano).

Así pues, la toma de conciencia se iniciaría en la periferia para encaminarse a las regiones centrales de la acción, en las que pueden encontrarse el reconocimiento de los medios empleados y las razones de su elección o modificación. Sin olvidar que el proceso de conocimiento no parte exclusivamente del sujeto o del objeto, sino de la interacción entre los dos (Moreno, 1988). Lacasa y Villuendas (1988) señalan que la toma de conciencia es un proceso a través del cual el sujeto se representa su propia actividad, física o mental, reconstruyéndola por medio de representaciones interiorizadas. El resultado de esa interiorización se exterioriza y se hace presente a un observador cuando la persona expresa dicha representación por medio de diferentes códigos simbólicos. Uno de esos códigos es el lenguaje oral. La toma de conciencia puede considerarse, por tanto, como una dimensión del conocimiento de sí mismo relacionada directamente con el yo activo.

Volviendo al problema de las razones de la toma de conciencia, cuya ley general parte de los resultados de la acción para remontarse a su mecanismo interno, cuando se persigue un fin en relación con un determinado objeto, estamos asimilando éste a un esquema práctico y, en la medida en que exista la conciencia del fin y del resultado de la acción, el esquema se convierte en concepto y la asimilación se hace representativa. Esta capacidad de representación posibilita la evocación de diferentes situaciones y su comparación (Moreno, 1988). A sabiendas que lo que le permite al sujeto conocer las condiciones de funcionamiento del sistema es la metacognición (Melot y Nguyen-Xuan, 1981). En definitiva, la toma de conciencia consiste esencialmente en atribuir significado a la acción que realiza la persona cuando interactúa con el objeto. Este proceso adquiere una dimensión funcional, ya que facilita la actividad práctica, la planificación de la acción y el control de la actividad. De este modo, los procesos implícitos en la toma de conciencia contribuyen a la autorregulación de la acción (Del Valle, 1999).

Una vez contemplados los elementos que configuran la perspectiva funcional-estructural pasemos a detallar los métodos de investigación más utilizados en estos estudios (De la Vega, 2002): la observación directa, la entrevista clínica, los autoinformes, el empleo de estrategias de acercamiento que permitan establecer, con la máxima exactitud posible, qué nivel de competencias alcanza el sujeto, por ejemplo, el empleo de dibujos, vídeo, muñecos articulados en los que el sujeto identifica la propia acción realizada o el juego diseñado para conocer cómo entienden los jugadores los movimientos tácticos que deben realizar en un partido, dan una idea de la importancia de la creatividad investigadora en el interés por comprender en qué momento se encuentra la evolución del conocimiento del sujeto cuando resuelve una situación motriz. Las medidas más usadas para evaluar a los sujetos dentro del modelo funcional-estructural son las siguientes: la representación del esquema general de la acción que facilita el control posterior de la actividad; la formación de coordinaciones que regulan la acción y que pueden ser verbalizadas; el grado de dificultad de la toma de conciencia de la acción; la precisión en los niveles de representación del movimiento tras un proceso de autoobservación. Si atendemos a tales postulados habría que decidir: si priman objetivos científicos o  prácticos.

En el primer caso el interés recae sobre el análisis generalizador de movimientos, es decir, sobre los diferentes niveles en la comprensión de la ejecución del movimiento; en el segundo, en cambio, recae sobre el fraccionamiento didáctico metodológico de un movimiento, esto es sobre la función constructiva que el sujeto realiza en la adquisición de conocimientos. La delimitación de la función de los componentes y su vinculación es diferente dependiendo de estas dos posibilidades.
De ahí que el estudio de los contenidos perceptivo motrices, las habilidades básicas y la coordinación tengan otro tratamiento donde, si interesa un objetivo científico se deberían estudiar los diferentes niveles de comprensión de los contenidos que conforman la comprensión del cuerpo (tono, actitud y  postura, esquema corporal, lateralidad o equilibrio), la comprensión del entorno (el espacio, el tiempo, la velocidad), la comprensión de las habilidades motrices (desplazamientos o manipulaciones) y la coordinación. Y si interesa un objetivo práctico (fraccionamiento didáctico) el interés recaerá en la necesidad de establecer objetivos concretos de trabajo por edades para conseguir constatar los resultados.

Una vez establecidos los postulados básicos que diferencian las dos perspectivas analizadas en la organización lógica de los estudios emergentes en el ámbito de la actividad física y el deporte, desde el paradigma cognitivo, pasemos a exponer el estado actual del tema para concluir con una exposición detallada de las ventajas y desventajas que supone establecer un criterio de selección como el que hemos planteado.
Con el advenimiento de la era moderna y postmoderna, la especialización, la obsesión por conseguir mejores marcas dado el creciente nivel de rendimiento nacional e internacional,  exige el estudio propiamente del movimiento plasmado en las muchas modalidades deportivas que exigen una constante intensificación del entrenamiento, olvidando la importancia de los contenidos perceptivo motrices, las habilidades básicas y no tanto la coordinación, objetivo más propio de la “relación físico-educativa”.

Como revisión sucinta en dicha necesidad que prima de hallar modelos ideales de técnicas deportivas o modelos de comprensión táctica observamos teorías desde dos puntos de vista bien diferenciados:

  1. Perspectiva del observador externo: alumbrado por el paradigma empirista, en el cual, los fenómenos se explican a partir de un sujeto que se adapta a las exigencias del medio ambiente. Debido a esta interacción, el sujeto percibe directamente sin necesidad de ninguna elaboración mental previa, existiendo un alto componente utilitario en la percepción de objetos y situaciones. Es decir, las teorías denominadas dentro de  los sistemas dinámicos con un alto componente ecológico profundizan en el análisis de la relación entre las limitaciones ambientales y las morfológicas existiendo dos fuentes de control: el ambiental, donde el sujeto se mueve y la relacionada con el practicante, entre cuyos representantes podemos destacar a Schöner, Zanone y Kelso (1992); Williams, Davids, Burwitz y Williams (1992); Kelso (1995, 1997); Eggert, Rivas y Straube (2005); Bennet, Ashford, Rioja y Elliot (2004); Bennet, Ashford, Rioja, Coull y Elliot (2006); Araújo, Davids y Hristovski (2006); Araujo, Davids y Chow(2009) y Araujo (2009).
  1. El problema desde la visión interna del sujeto: Desde dicha visión interna, se sabe por ejemplo que en la planificación y el control de los movimientos participan de distinta forma diferentes áreas del SNC, pero numerosos detalles siguen permaneciendo en la sombra y son pocos los estudios que hallamos en relación con el deporte. Asimismo, muchas cuestiones referidas a la representación interna de los movimientos están explicadas solo en sus inicios o aún están por analizar, por ejemplo: ¿Qué rasgos de un movimiento se pueden analizar? ¿Qué componentes funcionales y estructurales contiene la representación? ¿Cómo se representan los movimientos complejos?, hechos destacados en los estudios de Delgado, Oña y Zubiaur (1998); Del Valle (1999); Rychecki (2001); Sánchez, Oña y Párraga (2001); Ruiz, Graupera, Gutierrez, Miyahara (2001, 2003); De La Vega (2001, 2002); Cabello, Oña, Carazo, Rivas y Ferro (2004); Cervelló, del Villar, García, Iglesias y Sanz (2005); Solá (1998, 2005); Del Valle, Mendoza, Sánchez, De la Vega (2007); De la Vega, Del Valle, Maldonado y Moreno (2008); Teorías que se pueden aplicar al estudio de los contenidos perceptivo motrices, las habilidades básicas y la coordinación sin ningún problema.

1.2. Futuras líneas de investigación:

Hecha la distinción en el estudio de las actividades motrices es conveniente realizar investigaciones en ambas perspectivas estructural-funcional y funcional-estructural para poder dar respuesta a la mejora cualitativa y cuantitativa de los contenidos perceptivo motrices, las habilidades básicas y la coordinación.
Por el momento, es aconsejable investigar más desde el marco referencial de la perspectiva funcional-estructural que apenas está tomando carta de naturaleza en el ámbito de las ciencias del deporte para plantearse el estudio de los contenidos perceptivo motrices, las habilidades básicas y la coordinación. Destacar la tesis doctoral sobre el equilibrio invertido de Del Valle (1999).

Es evidente que en la actualidad los estudios de corte estructural-funcional están muy consolidados y marcan la línea de trabajo en nuestros días, que aunque muy importantes, es necesario abrir otras nuevas vías de investigación en pos del progreso.
En este sentido, consideramos que un gran aporte del estudio psicométrico al desarrollo de esta perspectiva de investigación, es la profundización en técnicas cualitativas de análisis de la información que superen las limitaciones reduccionistas impuestas por la mayoría de los análisis cuantitativos permitiendo, de esta forma, que se pueda analizar de un modo sistemático procesos complejos en la interacción de la persona con el medio como, por ejemplo, los procesos de toma de conciencia y de comprensión cuya delimitación y operativización resultan complicados dificultando su replicabilidad.

Por lo que respecta al análisis de los contenidos perceptivo motrices, las habilidades básicas y la coordinación, no podemos obviar la interdependencia sociológica que cualquier fenómeno posee y que nos obliga a plantear la necesidad de analizar las características sociales y sus repercusiones en este ámbito de estudio. Así, una de las áreas más prometedoras es la que relaciona el desarrollo de las tecnologías de la información y de la comunicación con los contenidos perceptivo motrices, las habilidades básicas y la coordinación, puesto que se tratará la creación de ambientes propicios y lo más parecidos a la realidad para el desarrollo de ciertas competencias que optimicen los procesos que nos ocupan.

En este sentido, incluso debe valorarse el acercamiento del ocio informático al desarrollo de los contenidos revisados en este libro, puesto que se crean nuevas formas de relación persona-entorno que son susceptibles de ser revisadas y analizadas desde el ámbito profesional y académico, con el riesgo añadido de la complejidad que requiere al tratarse de avances exponenciales, que requieren adaptaciones muy rápidas que resultan difíciles de realizar.
El uso de la neurociencia cognitiva (en línea del neuroconstructivismo), también es otro campo que habría que estudiar y que ya ocupa líneas muy relevantes de estudio e investigación.

Se plantean preguntas como: ¿qué áreas cerebrales se activan en la comprensión de las diferentes los contenidos que conforman la comprensión del cuerpo (tono, actitud y  postura, esquema corporal, lateralidad o equilibrio), la comprensión del entorno (el espacio, el tiempo, la velocidad), la comprensión de las habilidades motrices (desplazamientos o manipulaciones) y la coordinación?; podrían darnos pie al entendimiento de lo que ocurre en el interior del sujeto cuando toma decisiones en las distintas acciones motrices. Resulta muy interesante la capacidad plástica y de adaptación de nuestro cerebro, de manera que el proceso de interacción con el entorno permite que se amolden, desarrollen, potencien e inhiban las neuronas que en nuestro cerebro tejen intrincadas redes que permiten la acomodación posterior del sujeto y el logro de nuevas formas de equilibrio.

La tecnología biomédica, en este contexto, permite la creación de equipos de trabajo multidisciplinares, en donde médicos, fisiólogos, psicólogos, licenciados y graduados en ciencias del deporte y demás profesionales tienen cabida.
Por último, debemos enfatizar la relevancia que en la actualidad se otorga a la teoría general de los sistemas dinámicos en tanto que permite crear un modelo molar de comprensión de muy diferentes fenómenos en donde sólo desde una interpretación compleja y global del mismo se pueden alcanzar respuestas concretas.

Una de las principales fortalezas de esta línea es la necesidad de no limitar el estudio a un hecho en particular, obligando a analizar las complejas interacciones que se producen, dando lugar a posiciones eclécticas que podrían ayudarnos a comprender cómo resuelve el sujeto situaciones motrices complejas en el deporte o respecto a los contenidos perceptivo motrices, las habilidades básicas y la coordinación, de ahí que se combinen los métodos de medición para hallar la necesidad de establecer un modelo en la comprensión de las acciones motrices nuevas. Hecho que hasta ahora la literatura no tiene respuesta al respecto.

 

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