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25 nov 2013

Teorías sobre la motivación en el contexto deportivo

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La motivación es considerada, tradicionalmente, como una de las variables psicológicas cruciales en cuanto a su influencia sobre el rendimiento.
Autor(es): Roberto J. García Sandoval; José C. Caracuel Tubío
Entidades(es): Universidad Autónoma de Tamaulipas (México), Universidad de Sevilla (España)
Congreso: XIV Congreso Internacional sobre la Psicología del deporte
Pontevedra, 14 al 16 de Noviembre de 2013
ISBN: 978-84-939424-6-5
Palabras Clave: Motivación, Teorías, Rendimiento, Deporte

Teorías sobre la motivación en el contexto deportivo

Resumen:

La motivación es considerada, tradicionalmente, como una de las variables psicológicas cruciales en cuanto a su influencia sobre el rendimiento. En el presente trabajo se presentan las más conocidas teorías acerca de los procesos motivacionales que han sido aplicadas al contexto deportivo, destacando y relacionando sus características generales y las correspondientes a su utilización en la práctica deportiva. Se finaliza formulando una propuesta conceptual de la motivación. La motivación es considerada, tradicionalmente, como una de las variables más importantes por su influencia sobre el rendimiento (Roberts, 1995). Pero ni el concepto de motivación ni los llamados procesos motivacionales son vistos de la misma forma por el conjunto de la Psicología.  A continuación se irán revisando las principales teorías motivacionales al uso, tanto en sus aspectos más generales y conceptuales como en las características más conspicuas aplicadas y aplicables al contento del deporte y del ejercicio.

Motivación de logro

La motivación de logro es una predisposición del sujeto que busca una meta específica (logro o éxito) y se fundamenta sobre las que considera necesidades básicas del individuo: afiliación, superación, poder, etc. (Moreno et al., 2006; Murray, 1938). Pérez y Caracuel (1997), señalan que la búsqueda de motivos de logro sigue dos tendencias opuestas ya sea de manera positiva o negativa que se reflejan en la autoestima del sujeto. Ello se concreta en tres criterios de logro más comunes: demostrar habilidad, lograr la autosuperación y ser aprobado socialmente. En el terreno deportivo, los deportistas motivados sobre todo por el logro pretenderán evitar el fracaso y sentirse orgullosos de sus logros; son aquéllos que  buscan demostrar sus habilidades y conseguir éxitos. En este sentido, un deportista con un alto nivel de motivación de logro elegirá tareas complejas que le permitan demostrar sus habilidades y destrezas o dominio y en las que pueda conseguir sus logros.

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Teoría de la ansiedad de prueba

Como ya demostraran Watson y Rayner (1920), por ansiedad se entiende la reacción emocional suscitada en un individuo ante algún tipo de amenaza de peligro acontecimiento nocivo o no deseado, etc., generalmente señalado por algún estímulo. En esta misma línea, Estes y Skinner (1941), –en su estudio sobre las propiedades cuantitativas de la ansiedad– la identifican como un efecto supresor de la conducta causado por un estímulo, previamente condicionado, emparejado con otro estímulo o situación de naturaleza aversiva. Es sobradamente conocido, los primeros estudios se iniciaron a principios del siglo XX con Yerkes y Dodson (1908), quienes plantearon una función curvilínea en forma de “U”  invertida que relacionaba ansiedad y rendimiento, llegando a la conclusión de que a  bajos niveles de implicación y/o activación del sujeto frente a la prueba, el rendimiento era asimismo bajo pero, conforme se incrementan dichos niveles, el rendimiento va subiendo, pudiendo alcanzar un tope máximo. Sin embargo este crecimiento no se prolonga indefinidamente, pues si los mencionados niveles de activación e implicación aumentan, el rendimiento vuelve a descender. Desde otro punto de vista, la ansiedad es considerada como manifestaciones de tipo  cognitivo o fisiológico que logran alterar el rendimiento del individuo ya sea positiva o negativamente. Los factores cognitivos hacen hincapié en las preocupaciones del sujeto ante un examen o competencia a desarrollar, lo que le podría hacer dudar de sus capacidades, su ejecución o su rendimiento, pudiendo conducirle a malos resultados. Los factores fisiológicos hacen referencia a situaciones de orden emocional que afectan a la ejecución del sujeto y se refiere a síntomas físicos de ansiedad: tensión muscular, aumento de las pulsaciones, sudoración, malestar estomacal, dolor de cabeza, etc., (Liebert y Morris, 1960). La ansiedad de prueba interviene considerablemente en las competiciones deportivas e influye en los resultados de los deportistas. Cuando un deportista muestra niveles de ansiedad altos su rendimiento puede verse afectado considerablemente (Torres, Torregrosa y Roca, 2007). Los valores de ansiedad son bajos cuando las experiencias han sido positivas en cuanto a rendimiento deportivo; sin embargo si aumenta el nivel de ansiedad se produce una bajada en el rendimiento, aumentando la correlación  existente entre estas dos variables. No obstante, existe una dicotomía en relación a cómo los deportistas consideran la ansiedad: los deportistas que se consideran capaces o con una orientación a la tarea con metas más complejas, la consideran como favorecedora de su rendimiento, mientras que los deportistas con una orientación a la tarea pero con metas más sencillas, la consideran perjudicial; lo mencionado puede tener variaciones de acuerdo al deporte, la edad, el género y el tiempo de práctica  (Pozo, 2007).

Teoría de la atribución

La atribución se define como un constructo psicológico que hace referencia a cómo las personas realizan juicios sobre su conducta con base en experiencias previas y de sus relaciones de causalidad a través de los procesos cognoscitivos (Mendelsohn, 2001). Las personas realizan atribuciones acerca de lo que les ocurre, en dos variantes, como lo señala Heider (1958): una disposicional y otra situacional, según las cuales los individuos tienden a adjudicar al éxito la primera variante y al fracaso la segunda. Los éxitos, logros y buenos resultados propician autoestima alta y son eficaces por el proceso de esfuerzo realizado para obtener la tarea; por contra, cuando las personas no logran obtener el éxito y fracasan pueden llegar a una depresión crítica, ya que se atribuyen a sí mismos los malos resultados (Rotter, 1966). Si se parte de este mismo autor, el sujeto puede identificar dónde radica las causas de la aparición del efecto de sus acciones; dichas causas pueden ser tanto internas como externas; la primera tiene que ver con el sujeto como causante de todo y la segunda con aquellos factores externos que permiten la aparición del efecto (Mendelsohn, 2001). Para Pérez y Caracuel (1997), existen errores comunes en el proceso de atribución y éstos consisten fundamentalmente en que tendemos a atribuir los éxitos a factores propios mientras que los errores solemos adjudicarlos a factores externos. Cuando el resultado es positivo lo atribuimos a causas estables y el sujeto aumenta su motivación, pero cuando es negativo lo atribuimos a causas inestables, lo que puede producir una baja autoestima y baja motivación. En el deporte de competición se producen resultados favorables y no favorables; el deportista al término de las competencias, realiza atribuciones sobre las causas del resultado. Como se dijo, si fue positivo lo suele atribuir a causas propias y si es negativo a causas externas (Heider, o.c.; Spink, 1978; Spink y Roberts, 1980). Las experiencias pasadas influyen considerablemente en las posteriores. Si el resultado anterior fue favorable su estado de ánimo y sus expectativas tienden a ser positivos; por el contrario, si el deportista obtuvo un fracaso, tenderán a ser negativos. Por su parte, aquellos deportistas con una atribución al locus de control interno adjudican los resultados a factores individuales; por lo contrario, aquellos deportistas con un locus de control externo, los atribuyen a factores externos, lo que permite demostrar la importancia de la teoría de las atribuciones  en el deporte.

Teoría del establecimiento de metas

La Teoría del establecimiento de metas, establecida por Locke en 1968, se define como la motivación que tiene un individuo para ejercer una determinada actividad, a través de la emisión de conductas direccionadas  que definen el nivel de esfuerzo que se tiene que ejercer para cumplir la meta u objetivo. Dicha teoría nos proporciona los fundamentos y procedimientos necesarios para poder llevar a cabo nuestras metas y conseguir el éxito deseado. Un buen establecimiento de metas                –concretas, bien definidas y con cierta dificultad- permite que no se vaya a la deriva y que se tenga control de lo que se desea realizar, logrando mantener la motivación y regulando el esfuerzo. Locke y Lataham (1990), sugieren los siguientes pasos para conseguir las metas u objetivos deseados. 1º) Determinar qué se desea conseguir (meta); con ello se orienta el objetivo para organizar las estrategias y los planes para conseguir lo deseado. 2º) Graduar plazos para lograrlo; éstos han de ser realistas y fijarse a corto, medio y largo plazo. 3º) Obtener resultados motivantes, que regulen el esfuerzo y aproximen la meta. Por último, los resultados que se vayan obteniendo deben poseer estándares de comparación para poder evaluar el proceso y el esfuerzo. El establecimiento de metas en el deporte es considerado como sustancial para el desarrollo de los deportistas tanto en su instrucción como en las competencias. El entrenador es un agente mediador entre los deportistas y las metas establecidas; conocer las metas de equipo le permite establecer los grados de dificultad de acuerdo a la realidad del mismo; fijar metas a corto, medio y largo plazo incrementará la motivación. Las metas establecidas en un inicio pueden ser modificadas según sea la situación o circunstancias del contexto. Para conseguir un mejor rendimiento es necesaria establecer compromisos de equipo, que habrán de estar relacionados y ser compatibles con las metas individuales. Asimismo, para que los deportistas se encuentren motivados es conveniente proporcionar retroalimentación que permita analizar objetivamente su participación y el rendimiento.

Teoría de la autoeficacia

Hace referencia a las habilidades y recursos de un sujeto para realizar con éxito una tarea, entendidas como aquellas capacidades que permiten a una persona percibir su propia eficacia (Bandura, 1977). En general, las personas que tienen un alto nivel de autoeficacia percibida tienden a realizar o ejecutar más exitosamente sus tareas que aquellas personas que demuestran un nivel bajo de autoeficacia. No obstante no siempre que se tiene un nivel de autoeficacia elevado se llevará a cabo, necesariamente, una ejecución excelente (Feltz 1988). Bandura (citado por Feltz, 1995), señala cuatro tipos de fuentes de información importantes para predecir la autoeficacia de la conducta del sujeto: logros de ejecución, experiencias vicarias, persuasión y estados psicológicos. En el deporte, como en cualquier otro ámbito, es necesario poseer un buen nivel de eficacia y percibirlo apropiadamente, lo que permitirá desarrollar una capacidad adecuada para la ejecución de la tarea. No obstante, hay que tener en cuenta que igualmente negativo es el exceso de confianza en la propia eficacia que, por ejemplo, puede traer consigo la derrota en el deporte por subestimar al rival, o a ejecutar mal una tarea por no organizarse correctamente. Algunos autores estableen ciertas pautas a seguir por entrenadores y deportistas para incrementar la percepción de eficacia de estos últimos: a) Los ejercicios que se planeen en  los entrenamientos deben permitir al deportista aumentar su nivel de confianza para no abandonar; b) Los ejercicios tendrán una coherencia acordes a sus habilidades y capacidades físicas y psicológicas; c) Asimismo, deberán ser del agrado de los deportistas de modo que puedan demostrar las habilidades y destrezas que les requiere cada actividad; d) Para aumentar su confianza es necesario que las comparaciones del deportista sean con él mismo y no con sus iguales; e) El entrenador procurará reafirmar la importancia del gusto por la tarea y el mantenimiento de las motivación intrínseca y no por el resultado (Joloy, 2006; Mancilla y Martínez, 2004; Torre, Cárdenas y García, 2001). En el deporte, el ejercicio físico y, podría decirse, en la vida en general, es indispensable sentirse eficaz para incrementar el rendimiento y disminuir el abandono.

Teoría de la Autodeterminación

Este constructo teórico hace referencia al significado que para un individuo supone participar en actividades que le permitan demostrar su competencia, su autonomía y su relación, variables psicológicas que intervienen en su motivación autodeterminada (Deci y Ryan, 1985, 2000, 2002; Balaguer, Castillo y Duda, 2008). La teoría tiene su fundamento en la orientación de los comportamientos voluntarios, que el sujeto elija qué conducta emitir en  contexto del cual forma parte en ese momento. Deci y Ryan (oo.cc.), destacan que la teoría de la autodeterminación está integrada por cuatro mini teorías: teoría de la evaluación cognitiva, teoría de la integración orgánica, teoría de las necesidades básicas  y la teoría de las orientaciones de la causalidad, que a su vez se encuentran consolidadas o jerarquizadas. En general, parece que los deportistas con orientación a la tarea y motivación intrínseca, puntuaron más alto en el perfil autodeterminado, mientras que los deportistas con orientación al resultado (ego) y desmotivación presentaron valores altos en el perfil no autodeterminado, lo que podría corroborar y fortalecer la validez explicativa de la teoría de la autodeterminación. Esta teoría, en el ámbito del deporte y el ejercicio físico, es considerada fundamental para que el deportista se encuentre motivado intrínsecamente y perdure más tiempo en su actividad (Moreno, Cano, González-Cutre,  y Ruiz 2008).

Valoración y propuestas a modo de conclusiones

Como suele acontecer en Psicología, al intentar las teorías ofrecer explicaciones a partir de conceptos preexistentes a la propia Psicología, o claramente no psicológicos, sus interpretaciones suelen pecar de incompletas y, a veces, claramente especulativas. Por otra parte, aquellas que partan de concepciones distintas del hombre, además poder resultar o no erróneas, son inconmensurables entre sí, con lo que el sueño de algunas personas de aglutinar en una todas las teorías existentes acerca de un mismo fenómeno y el no menos erróneo aserto de que “todas tienen algo bueno (útil)”, resultan ilegítimos en su misma esencia. No escapa a estos presupuestos el concepto de motivación que si bien en origen pudo tener un sentido genuinamente psicológico, en la actualidad forma parte del lenguaje común y su uso abarca acepciones ordinarias. Las teorías seleccionadas más arriba constituyen un reducido espectro de las muchas existentes, y quizá representan las más clásicas (Logro, Ansiedad) y las más actuales (Autoeficacia, Autodeterminación). Sin embargo, la que nos parece más efectiva es la del Establecimiento de metas, si bien más que una teoría –en sentido epistémico- resulta ser más un procedimiento para motivar a los individuos que han de rendir, bien sea en el deporte, en el trabajo o en otras facetas de la vida. Desde nuestra perspectiva conceptual,  el término motivación hace referencia a la mayor o menor probabilidad de que un determinado comportamiento sea llevado a cabo. Esta formulación resulta engañosamente simple puesto que, aun cuando el concepto sí lo sea (como debe suceder con todo concepto), tratar de determinar en la realidad una probabilidad concreta de emisión u omisión de una conducta determinada, por parte de un individuo específico, es tarea ardua ya que entra en juego “una constelación de variables” (Kantor, 1967) de índole disposicional -tanto situacionales como históricas- algunas de las cuales resultan difícilmente identificables, en particular las de tipo histórico por la imposibilidad de retrotraerse el individuo de facto a su pasado y, desde luego, de poder alterarlo o manejarlo. De esta forma, la mayor parte de los conceptos enunciados por otras teorías, en especial logro, eficacia (resultados), ansiedad, atribuciones, metas/objetivos u orientación –términos que en su mayoría corresponden al vocabulario ordinario, no técnico- hacen referencia a ese conjunto de variables disposicionales que forman parte del Campo conductual –de nuevo Kantor (1967)- e influyen, junto a otras, en la determinación de la probabilidad de ocurrencia de una conducta concreta. Así pues, se haría necesario, por este orden:
  1. Revisar los conceptos cuya existencia y validez como términos propiamente psicológicos damos por sentada a causa de la tradición histórica y el volumen de investigaciones y teorías acerca de ellos. En este pack entraría, lógicamente, el término motivación, como se ha indicado.
  2. Identificar las variables reales y auténticas que están relacionadas verdaderamente con lo psicológico, entendido esto como un fenómeno emergente en el individuo humano a partir de su substrato bio-fisio-neurológico –incapaz por sí mismo de producir lo psicológico- y de su superestrato histórico social. Ambos en interacción moldearán lo psicológico, al menos en sus inicios, ya que progresivamente el ser humano –por medio de la experiencia y el aprendizaje- se va desligando de lo biológico, de lo concreto, del aquí y el ahora, de lo aparente y, gracias a la función lingüística y su mediación interactiva, el individuo parece volar solo, al margen de restricciones concretas y moviéndose en terrenos conceptuales, carentes de referencialidad puntual.
En suma, una visión diferente de la Psicología como fenómeno de la naturaleza, es conveniente; ya hay quienes apuntan en esta dirección que, humildemente, hemos esbozado más arriba.

Referencias

Balaguer, I., Castillo, I. y Duda, J., (2008). Apoyo a la autonomía, satisfacción de las necesidades, motivación y bienestar en deportistas de competición: un análisis de la Teoría de la Autodeterminación. Revista de Psicología del Deporte, 17(1), 123-139. Bandura, A., (1977). Teoría del aprendizaje social. Madrid: Espasa Calpe, 1982. Deci, E.L. y Ryan, R.M., (1985). Intrinsic motivation and self-determination in human  Behavior. New York: Plenum Deci, E.L. y Ryan, R.M., (2000). The "what" and "why" of goal pursuits: Human needs and the self-determination of behaviour. Psychological Inquiry, 11, 227-268. Deci, E.L. y Ryan, R.M., (2002). Handbook of self-Determination research. New York: The University of Rochester Press. Estes, K. y Skinner, B.F., (1941). Algunas propiedades cuantitativas de la ansiedad. En B. F. Skinner: Registro acumulativo (572-584). Barcelona: Fontanella, 1972. Feltz, D., (1988). Feltz, D. L. (1988). Self-confidence and sports performance. En K. B. Pandolf (Ed.), Exercise and Sport Sciences Reviews, (pp. 423-457). New York: MacMillan. Feltz, D. (1995) Comprensión de la motivación en el deporte: una perspectiva de auto            eficacia. En Roberts, G. (Ed), Motivación en el deporte y el ejercicio, (pp. 123-138). Bilbao: Desclée de Brouwer. Heider, F., (1958). The psychology of interpersonal relations. New York: Wiley. Kantor, J.R. (1967). Psicología Interconductual. México: Trillas, 1978 Joloy, E. (2006). Autoeficacia y motivación en el deporte en jóvenes universitarios. http//www.efdeportes.com, 10(92). Consultado en enero de 2008. Locke, E. A. (1968). Toward a theory of task motivation and incentives. Organizational Behavior and Human Performance.3, 157-189. Locke, E. A. y Latham, G. P. (1990). A theory of goal setting and task performance.          Englewood Cliffs, NJ: Prentice-Hall. Mendelsohn, D.C. (2001). La motivación en el futbol.http//www.efdeportes.com, 7(37). Consultado en septiembre de 2006. Moreno, J. A., Cano, F., González-Cutre, D. y Ruiz, L. M. (2008): Perfiles motivacionales en salvamento deportivo. Motricidad. European Journal of Human Movement, 20, 61-74. Pérez, E.A. y Caracuel, J. C., (1997). Psicología de la motivación y la emoción. Sevilla: Kronos. Pozo, A. (2007). Intensidad y dirección de la ansiedad competitiva y expectativas de           resultados en atletas y nadadores.  Revista de Psicología del Deporte, 16(2), 137-150. Roberts, G.C. (1995). Motivación en el deporte y el ejercicio. Bilbao: Desclée de Brouwer. Rotter, J.B., (1966). Generalized expectancies for internal versus external control of reinforcement. Psychological Monographs, 30(1), 1-26. Spink, K.S., (1978). Win-loss causal attributions of high school basketball players. Canadian Journal of Applied sport sciences: Journal canadien des sciences appliquées au sport, 3, 195 - 201. Spink, K.S. y Roberts, G.C., (1980). Ambiguity of outcome and causal attributions. Journal of Sport Psychology, 2, 237 - 244. Torres, M.L. Torregrosa M. y Roca J. (2007). Características del “flow”, ansiedad y estado         emocional, en relación con el rendimiento de deportistas de elite. Cuadernos de Psicología        del Deporte, 7(1), 25-44. Watson, J.F. y Rayner, R., (1920). Condicionamiento de reacciones emocionales. Reproducido en R. Ulrich, T. Stachnik y J.Mabry, (compils.), (1966): Control de la conducta humana. México: Trillas. Original en Journal of Experimental Psychology, 3, 1-14. Yerkes, R.M. y Dodson, J.D., (1908). The relation of strength of stimulus to rapidity habit-formation. Journal of Comparative Neurology and Psychology, 18, 459-482.

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